domingo, 20 de agosto de 2023

Las vidas que no viví - Patricia Almarcegui

 


Las vidas que no viví, Patricia Almarcegui, Candaya, 2023, 140 págs.

Existe una tentación en la que los críticos literarios solemos caer con demasiada frecuencia: analizar una novela a la luz de la biografía de su autor o autora. Creo que, en su justa medida y justificando el vínculo, puede ser esclarecedor para la lectura de la obra. Obviamente no me refiero a ciertos intentos de psicoanalizar la mente del escritor deduciendo de los problemas de sus personajes supuestos traumas personales del creador. Este tipo de elucubraciones deben quedar fuera de una crítica literaria seria, pero algunos datos de la biografía de la autora pueden arrojar luz a la hora de estudiar su obra. En el caso que nos ocupa, Las vidas que no viví, creo que resulta obvia la importancia que han tenido dos lugares que son centrales en la novela, Menorca e Irán, en la vida de la escritora. Patricia Almarcegui reside en la isla balear y es una profunda conocedora del país asiático, al que ha dedicado su libro Conocer Irán (2018).  

Ambas coordenadas vitales explican la relación que se establece en el libro entre dos territorios que, aparentemente, nos pueden estar más alejados (geográfica y culturalmente). De un lado tenemos una apacible y pequeña isla mediterránea que solo en las últimas décadas ha visto su idiosincrasia amenazada por un turismo que poco a poco la va tomando como ya hizo con sus vecinas Mallorca, Formentera e Ibiza. De otro lado, está la magnética Persia, nación con una rica cultura pero con un presente político convulso y vista desde ojos europeos con demasiados prejuicios basados, en su mayor parte, en el desconocimiento de su realidad. Almarcegui otorga el protagonismo a estos dos lugares para ir mostrándonos en fragmentos que va intercalando a lo largo de la novela episodios de la historia de Irán (un terrible atentado, pero también el gusto de uno de sus gobernantes del pasado por la fotografía o la filmación de la primera de sus películas que ganó un premio en el festival de Cannes) y de Menorca (naufragios, el asedio por una imponente flota turca o el asentamiento en la isla de unos guerreros fenicios).  

Esta dicotomía que en toda la novela se establece entre Irán y Menorca queda personificada por las dos protagonistas del libro: la iraní Pari y la española Anna. Se trata de dos mujeres fuertes, con un pasado complicado y que, tras encontrarse en un hotel abandonado de la isla que ha sido ocupado por un grupo de ciudadanos hartos de la especulación, se hacen amigas. La amistad entre Anna y Pari echa raíces, y nunca mejor dicho, en el huerto del hotel ocupado que ambas cuidan incluso cuando son conscientes de que pronto serán desahuciadas. La iraní fue la primera en trabajar el bancal abandonado, arriesgándose a penetrar en una propiedad que no era suya a pesar de ser una mujer inmigrante. Para Anna, bióloga especializada en paisajismo y jardines, el lugar es una forma de reencontrarse con el hortal familiar en el que pasó lo mejor de su infancia y del que sus padres se tuvieron que deshacer. Las referencias a las plantas son frecuentes en todo el libre; Almarcegui las incluye en la narración con una prosa cuidada y poética en la que destacan las alusiones cromáticas. Por ejemplo, deslumbra la maestría con la que la autora describe las distintas tonalidades del mismo color que se pueden encontrar en las distintas zonas de Menorca: verde pistacho, verde esmeralda, verde jade, verde menta… 

En esta reivindicación de la naturaleza laten dos tendencias que se van abriendo paso en la literatura contemporánea cada vez con mayor frecuencia. Por un lado, el ecologismo que, ejemplificado especialmente en Anna, alerta de las consecuencias del cambio climático y de la necesidad de adaptar nuestros jardines a climas cada vez más áridos. Por otro lado, la lucha vecinal por dotar de vida al hotel abandonado, antes de que se convierta en un establecimiento de lujo, está determinada por los estragos que el turismo desbocado está causando en Menorca y en tantos otros rincones del Mediterráneo. Almarcegui resume perfectamente lo que sufren islas como esta (que van poco a poco expulsando a sus propios habitantes) en la siguiente frase: “Ese deseo que no cesa de vivir en el paraíso” (pág. 39). 

Estos problemas que la sobreexplotación turística ha traído a la isla balear contrastan con la acogida a migrantes que el hotel ocupado ofrece. Entre ellos destacan los de la pequeña comunidad iraní en Menorca, que a menudo usan este enclave como punto de paso hacia otros países. El libro nos muestra las dificultades de la emigración narrando el largo periplo (de aeropuerto en aeropuerto, de un control fronterizo a otro) que lleva a Mana, el nieto de Pari desde su Irán natal hasta la localidad en la que se ha establecido su abuela. Allí llega el joven en plena transición a mujer, uniéndose así a una especie de comunidad femenina creada por las dos protagonistas, su amiga Laia y la pequeña hija de Anna. La sororidad que se establece entre todas contrasta con las dificultades que han tenido que sufrir a lo largo de su vida Pari y Anna por su condición de mujeres independientes: marginación, incomprensión familiar, maternidad en solitario, relaciones tóxicas, etc.  

A pesar de que el encuentro entre ambas mujeres en torno al hotel menorquín ocupado es el punto culminante de la novela, en realidad, esta se centra más en la trayectoria previa de las dos antes de llegar a este momento que a lo sucedido allí. Almarcegui opta por otorgar mayor relevancia al pasado, creando una novela que, si le sumamos los episodios ya citados de la historia de Irán y Menorca, acaba poseyendo una estructura fragmentaria y en la que son frecuentes los saltos temporales. En cualquier caso, estas características convierten a Las vidas que no viví en una novela sugerente en la que pese a su brevedad (apenas ciento cuarenta páginas) la autora trata numerosos e interesantes temas en torno a dos mujeres, Anna y Pari, y dos lugares, Menorca e Irán, que se hermanan en la obra.   


Reseña publicada en La Verdad 



viernes, 30 de junio de 2023

Viejas danzas españolas - Cristina Morano

 


Viejas danzas españolas, Cristina Morano, La Marca Negra, 2023, 260 págs., 20€. 

 

            Desde 2008 hay una tendencia muy interesante (y necesaria) en la narrativa española que pone el foco en las causas y en las consecuencias de la crisis que comenzó alrededor de aquel año y cuyos efectos aún hoy estamos sufriendo. Dentro de esta temática social se puede encuadrar este peculiar e intenso libro de Cristina Morano, autora que ya se ocupó de la precariedad en su confesional y estupendo Hazañas de los malos tiempos (2014).  

            Esta nueva novela, una más de una autora que parece haberse asentado en la narrativa mientras que mantiene su fructífera carrera como poeta, tiene como tema principal la corrupción, mal que Morano sitúa en el centro de una sociedad, la nuestra, corrompida por los favores entre empresarios y políticos que debilitan el correcto funcionamiento de nuestra democracia. Si bien no existen alusiones directas a ningún espacio real, la ciudad en la que se desarrolla la trama guarda muchos parecidos con Murcia, y, en concreto, con algunos de sus clubes de fútbol, universidades privadas o empresas cárnicas. 

            Para crear esta sátira política que es Viejas danzas españolas, la autora opta por el protagonismo político, repartido en tres grupos de personajes. Los primeros serían aquellos que luchan contra la corrupción desde un partido político asambleario de izquierdas. Morano rinde homenaje a todas aquellas personas que desde orígenes muy distintos y situaciones personales dispares se unen para enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso. El libro nos muestra con cierta desesperanza los problemas (económicos, legales, organizativos) a los que se enfrentan estos militantes, pero también la importancia de su labor para señalar las irregularidades cometidas por los mandamases. En este grupo de ciudadanos que decide ir un paso más allá de la mera protesta y buscar las pruebas que lleven a juicio a los corruptos, destaca Roseta Cacho, una antigua camarera de hotel a la que la precariedad laboral y económica llevaron a la militancia.  

            El segundo colectivo, el opuesto al anterior, estaría formado por aquellos políticos, empresarios y esbirros de estos últimos que buscan enriquecerse a toda costa y para los que las leyes son molestas trabas que hay que evitar. Con gran acidez, Morano describe las (tristemente) habituales corruptelas que se cocinan en despachos públicos, en reservados de restaurantes o en el propicio espacio del palco de un estadio de fútbol. Este último lugar es el lugar donde reina el presidente del club local, un siniestro personaje que tiene a su cargo a un pequeño ejército de antiguos futbolistas sin éxito que lo mismo le sirven una copa de escocés que le dan una paliza a quien se interfiere en sus turbios negocios. Otro de los personajes que se mueve como pez en el agua en este mundo de favores, recalificaciones y connivencia con el delito es el presidente de la universidad privada local, Salcedo.  

            Junto a estos dos bandos existen dos personajes fundamentales también en el libro. Por un lado está Inmaculada Sinaí, una cantante de origen humilde, acostumbrada desde joven a animar las fiestas de los ricos y que es requerida para cantar en el palco del campo de fútbol. El otro es el jaguar Darién, cuyas andanzas seguimos desde su selva originaria hasta un circo local de donde escapa y se convierte en una especie de fantasma en la ciudad que acabará interaccionando con la trama principal. Su presencia otorga al libro ese aire de fábula que el subtítulo adelanta.  






jueves, 22 de junio de 2023

Gozo - Azahara Alonso



Gozo, Azahara Alonso, Siruela, 2023, 230 págs., 15€.

Gran parte de nuestra sociedad está construida sobre los cimientos del valor del trabajo. Ya saben aquello de que el trabajo es salud. Azahara Alonso realiza en este ensayo con tintes de novela autobiográfica un potente alegato contra esa necesidad de trabajar que se ha convertido para mucha gente en el único eje de sus vidas. Lo hace, además, vinculando sus reflexiones teóricas, sustentadas en una amplia y variada bibliografía sobre el tema del abandono del empleo y otros aledaños, con una experiencia personal muy concreta que estructura el libro mediante un relato de su año en Gozo. 

Y es que el Gozo del título, además del sustantivo común que hace referencia al hedonismo que parecen buscar aquellos que abandonan el trabajo, es también el topónimo de la isla de Malta en la que la autora pasó una temporada. En plena crisis económica de 2010, este libro se une a la amplia e interesante bibliografía literaria sobre esta coyuntura, Alonso y su pareja deciden trasladarse a un desconocido territorio en el centro del Mediterráneo. Con una extensión de unos 67 km2, algo inferior a la de Formentera, por ejemplo, Gozo es un enclave que vive de los turistas que recalan allí para pasar un día o, como mucho, una semana, desde la isla principal del país. Los protagonistas realizan con su mudanza la primera transgresión de una serie de ellas: se convierten en habitantes de un lugar en el que normalmente solo habitan los nacidos allí. La segunda y principal ruptura de expectativas (con respecto a las de sus vecinos pero también a las de familiares y amigos) es que más allá de un curso de inglés que recibe durante las primeras semanas, la protagonista se dedica al dolce far niente, aunque con la precariedad que unos menguantes ahorros le permiten.  

A raíz de esta situación, poco habitual en una sociedad regido por el utilitarismo de sus acciones, la autora reflexiona con inteligencia sobre hasta qué punto se puede escapar del trabajo. A parte de este tema central, aborda también asuntos relacionados con la inacción; por ejemplo, cuestiona las supuestas bondades del turismo, que se muestra aquí como un engranaje más de la sociedad capitalista para tener contento a sus trabajadores. Para ejemplificar las contradicciones de esta industria, relata el caso de Ruth, una habitante de Gozo que ha viajado a numerosos países pero que no había vuelto desde su niñez al punto más emblemático y fotografiado de su pequeña isla. Aboga también por la necesidad del ocio y de la pereza y recuerda con nostalgia los largos veranos de su infancia en los que había tiempo suficiente para una sensación de la que el adulto contemporáneo parece huir: el aburrimiento. 

A partir de las situaciones peculiares que vive en Gozo, donde poco a poco va integrándose en la pequeña sociedad local aunque no consiga entender la compleja lengua autóctona, Alonso construye un estupendo libro en el que confluyen elementos de la novela, las memorias y el ensayo. 


lunes, 19 de junio de 2023

Maddie y las fronteras - Edurne Portela

 Maddie y las fronteras, Edurne Portela, Galaxia Gutenberg, 2023, 248 págs, 18,50€.


Propone el género de la biografía lo que podemos considerar una premisa imposible: resumir en unas cuantas páginas toda la vida de una persona. Hasta las existencias más breves y, aparentemente, anodinas se pueblan de recovecos difíciles de recorrer en su totalidad en un solo libro. Estamos acostumbrados a que las grandes biografías de personajes históricos alcancen extensiones de varios centenares de páginas, cuando no se acercan al millar. El biógrafo trata de recopilar el mayor número de detalles posibles de la vida del biografiado para que el lector pueda hacerse una idea aproximada, incompleta pero veraz, de lo que significó su existencia. Este carácter de obra necesariamente parcial que tienen todas las biografías convenció a la escritora Edurne Portela de que la novela era el género más adecuado para reconstruir la vida de María Josefa Sansberro.

Tal y como explica en el extenso y crucial epílogo de Maddie y las fronteras, la autora conoció a través de dos investigadores de Oiartzun la historia de una mujer que llevó una vida repleta de desventuras en el País Vasco francés de la primera mitad del siglo XX. Además de ser testigo, y a veces protagonista, de algunos de los hechos históricos más destacados de las primeras décadas de la centuria, María Josefa, Maddi (pronunciado “Mayi”) tal y como se la conocía, tuvo una personalidad poco habitual entre las mujeres de su época. Ante la escasez de los datos históricos sobre ella que con tesón y mucho trabajo recopilaron los dos investigadores locales, Izarraitz Villaluce y Joxemari Mitxelena, Portela optó por la novela antes de por la biografía. Según explica en el prólogo, la ficción le permitía otorgar a su historia una mayor profundidad y viveza y aunque los detalles o diálogos del libro hayan sido creados siguiendo motivaciones literarias, los principales hechos se ajustan a lo ocurrido en la realidad.

La escritora vasca opta, además, por un tipo de focalización muy peculiar y arriesgada, que justifica en el epílogo, y que nos lleva a conocer la historia de Maddi en primera persona, contada por ella misma, y en presente. Este último recurso a veces ralentiza la narración, ya que obliga a la narradora a contar la acción mientras que está siendo testigo de ella, pero también posee un gran valor: nos permite identificarnos con la protagonista de manera mucho más eficaz que con otro tipo de focalización. Además, la escritora emplea en algunos momentos otras dos técnicas muy útiles para la historia: la segunda persona (con la que Maddi se dirige a Dios o a San Ignacio) o el flujo de conciencia (con el que se recogen de manera directa y desordenada los pensamientos de la protagonista en episodios marcados por la tensión).

Pero si relevantes para determinar la calidad de la novela son las elecciones técnicas de la autora, definitiva es la creación del personaje de ficción de Maddi a partir de la persona real de la que tan pocos datos han conseguido rescatar del olvido los investigadores de Oiartzun. Estamos ante una mujer fuerte, con una personalidad determinada por una vida repleta de dificultades que, sin embargo, no la han llevado a moverse un ápice de sus convicciones e ideales. Así, por ejemplo, a pesar de que se le prohíbe recibir la comunión por ser una mujer divorciada, Maddie no duda en acudir al cura durante la misa en la iglesia del pueblo para que sea él el que se niegue a darle el cuerpo de Cristo a una persona tan religiosa como ella. Estamos, por lo tanto, ante una mujer normal y corriente, no esperen aquí narraciones de aventuras extraordinarias, pero que pasó toda su vida traspasando algunos de las barreras que se le imponían. La lucha de Maddi contra varios de estos impedimentos se convierte en el eje principal de la novela.  

El primer límite que marca la existencia de la protagonista es de carácter geográfico: la frontera. Tras nacer en Oiartzun, Maddi pasa pronto a Francia y vive casi toda su vida en Iparralde, el País Vasco francés. Tras un matrimonio fallido y varios empleos precarios, consigue convertirse en la directora, en realidad, en prácticamente su única trabajadora, de un pequeño hotel rural que ha comprado su amigo Louis. La privilegiada situación de este establecimiento, situado cerca de la montaña que separa Francia de España, permiten que Maddie se convierta en parte de un grupo de contrabandista, a los que da apoyo, esconde y a los que, en ocasiones, se une. El trasiego entre ambos lados de la frontera que en principio tiene una motivación económica, completar los magros beneficios del hotel, deviene en una red de asistencia a disidentes políticos y refugiados cuando las consecuencias de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial llegan hasta este rincón de los Pirineos.

El segundo tipo de límite que traspasa Maddie es simbólico, ya que está dibujado por las convenciones sociales. Su carácter fuerte y decidido, su independencia y la peculiar relación que establece con Louis, una sólida amistad que acaba convirtiéndose en un matrimonio de conveniencia, se convierten en el combustible ideal para avivar las habladurías del pueblo. Si a la ecuación se le suma un niño de origen incierto y el divorcio de Maddie de su primer marido, estamos ante uno de esos habituales episodios de marginación que sufren muchas mujeres en los pueblos por no seguir las convenciones, por ser diferentes. Sin embargo, ni esta ni otras muchas dificultades que sufre la protagonista a lo largo la novela consiguen mellar su fuerza y determinación.

Maddie y las fronteras es un libro cuya mayor virtud es conseguir rescatar del olvido a una mujer valiente y fuerte que supo romper muchas de las barreras que su época le imponía. Además, nos muestra situaciones terribles sufridas por personas cuyo único delito fue el de la valentía y que jamás deben caer en el olvido. Portela consigue, en definitiva, una novela vibrante mediante la creación de un personaje de ficción magnético que recorre los mismos y difíciles caminos que la auténtica Maddie tuvo que recorrer.


Reseña publicada en La Verdad. 



domingo, 28 de mayo de 2023

El año del desierto - Pedro Mairal



El año del desierto, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2023 (2005), 365 págs., 21€.

 

Tras el éxito de La uruguaya (2016), novela que encumbró a Pedro Mairal y cuya adaptación cinematográfica pronto se estrenará, la editorial Libros del Asteroide continúa con las reediciones de las novelas del autor argentino. Después de publicar en España Una noche con Sabrina Love (1998) y Salvatierra (2008), el sello barcelonés nos trae El año del desierto, dieciocho años después de que apareciera en el país natal del autor. Si bien esta obra mantiene el cronotopo de las anteriores, la Argentina (o el Uruguay) contemporáneo, ofrece un gran giro con respecto a las demás determinada por el carácter distópico de la obra.

Y es que desde el principio nos encontramos con un Buenos Aires muy parecido al real en 2005 pero que está sufriendo dos ataques simultáneos que determinarán que estemos ante un plano temporal alternativo al real. El primero es una insurrección de la población del resto del país que se enfrentan a los de la capital en una especie de guerra civil que convierte a Buenos Aires en una ciudad sitiada. El otro ataque posee un carácter más difuso y paranormal, ya que bajo el nombre de “la intemperie” se define un fenómeno que acaba con los edificios convirtiendo las manzanas en baldíos. Simultáneamente al avance de la “intemperie”, que va poco a poco acercándose al centro de la capital desde los barrios del extrarradio, se ha producido una especie de regresión tecnológica, provocada por el hecho de que los ordenadores primero, los móviles después y la televisión finalmente dejen de funcionar.

A este incierto contexto se debe enfrentar María, la protagonista y narradora del libro, una joven secretaria veinteañera que ve cómo su mundo se derrumba (a veces, literalmente). Así, sufre en poco tiempo una mudanza con su padre, la expulsión de su trabajo en una torre de oficinas y la pérdida de contacto con su novio, Alejandro, que se ha unido a las facciones que se oponen a un gobierno cada vez más autoritario. Ante esta situación totalmente nueva e inesperada, la chica parece optar por el desconocimiento, ya que nunca termina de comprender el nuevo mundo en el que vive. En él María irá siendo víctima de durísimos golpes que se encadenan durante un libro que no da tregua ni a la protagonista, por sus continuos problemas, ni al lector, por una prosa de ritmo vertiginoso en el que los episodios se suceden quizá a veces cayendo en la monotonía.

En esta caída a los infiernos de María lo más interesante son los distintos escenarios que Pedro Mairal imagina y que se sitúan siempre en lo inconcebible pero sin entrar en lo imposible. Así, por ejemplo, al comienzo de la novela las distintas manzanas de la ciudad de Buenos Aires se convierten en repúblicas autónomas primero, con su propia organización interna, y en islas unidas con puentes y túneles después, cuando el miedo a salir a la calle, donde parece que campan a sus anchas los criminales, se acentúa. Más tarde será descrito el campo argentino, que parece haber retrocedido varios siglos y por donde pululan bandas de criminales y extrañas tribus.

Como toda novela distópica, El año del desierto puede tener una lectura social; en concreto, el libro de Mairal encuentra muchos (demasiados) ecos en la historia de Argentina (desapariciones, dictaduras militares, crisis económicas). 

Reseña publicada en El Noroeste. 



sábado, 27 de mayo de 2023

Martinete del rey sombra - Raúl Quinto


 

Martinete del rey sombra, Raúl Quinto, Jekyll & Jill, 2023, 176 págs, 17€.

    Dice un viejo adagio que la historia la escriben los vencedores. Las guerras, las conquistas o los choques entre pueblos o facciones se nos narran desde la perspectiva de aquel bando que consiguió imponer su fuerza y que acaba, también, imponiendo su relato. Esta ley es especialmente rígida cuando el lado derrotado o maltratado está formado por personas alejadas del acceso a la cultura o, incluso, a la alfabetización. Es lo que ha ocurrido en casi toda la historia de España con el pueblo gitano, etnia que secularmente ha ocupado un espacio marginal en la sociedad peninsular, lo que ha provocado que siempre hayan aparecido como sospechosos o, directamente, culpables de cualquier crimen.

La práctica ausencia de registros escritos propios sobre el pueblo gitano determina la finalidad pero también la configuración textual de ‘Martinete del rey sombra’. Raúl Quinto pretende sacar a la luz uno de los tantos episodios vergonzantes que ha sufrido este grupo: la Gran Redada de 1749. Sin embargo, la escasez de información provoca que los gitanos acaben siendo personajes secundarios de una obra protagonizada por los culpables de esta terrible persecución: Fernando VI y el marqués de la Ensenada.

Con un estilo lleno de metáforas y símiles, recordemos que Quinto posee una larga trayectoria como poeta, algo que queda patente en su prosa, el autor nos ofrece veintidós capítulos a modo de viñetas en las que se relatan, con numerosos saltos espaciales y temporales, algunos de los episodios más significativos pero también simbólicos de este intento de exterminio que llevó a cabo el ilustrado estado español del siglo XVIII. Entre ellas destaca la segunda, la que describe la noche del 30 de julio de 1749 en la que la Gran Redada dio comienzo. Son páginas muy líricas pero también de una gran dureza en la que el lector asiste a la violencia del asalto de los soldados a las casas de los gitanos y al desamparo de estos. Se trata de una noche que remite irremediablemente a la que sufrirían casi dos siglos después los judíos en Alemania, pero que emparenta también con el “Romance de la Guardia Civil española” de García Lorca.

A partir de ahí acompañamos la penitencia de un pueblo que no ha cometido otro delito que el de ser “el otro”. Las autoridades separan a los hombres de las mujeres y los niños pequeños, empleando a los primeros prácticamente como esclavos en los astilleros de Cádiz o Cartagena con el fin de actualizar la anticuada flota militar española. Por su parte, las mujeres y los bebés son aislados en distintos espacios en los que deben sobrevivir entre la miseria y la desorganización de los gobernantes, que nunca saben qué hacer con este pueblo indomable. Quinto espiga los pocos testimonios escritos sobre el pueblo gitano para reconstruir su nebuloso origen y su sufrimiento durante este intento de genocidio.

Mucho más documentados están los pormenores de la política española de la época y las biografías de los responsables de la Gran Redada, que fue ideada por el obispo Vázquez Tablada, organizada por el marqués de la Ensenada y sancionada por el rey Fernando VI. Son estos dos últimos los personajes principales del libro, que penetra con sagacidad en sus respectivas personalidades, tan diferentes como sus orígenes. Ensenada aparece como un político habilísimo, de cuna menos noble que la de sus competidores, pero con un don de gentes que lo convirtió en el hombre más poderoso del reino. Fernando VI es retratado, por el contrario, como un rey débil, acuciado por las intrigas palaciegas y que solo obtiene apoyo total en su esposa, cuya muerte acabará con su ya precaria estabilidad mental.

Al igual que el pueblo que la protagoniza, del que según se cuenta probablemente se mezcló con los moriscos en algún momento de la historia de España, ‘Martinete del rey sombra’ es mestizo, un híbrido entre varios géneros. El ya citado tono lírico que poseen muchos de los fragmentos atraviesa unas páginas que se mueven casi siempre entre lo factual y lo inventado, entre la historiografía y la novela. Quinto se ha documentado profusamente para reconstruir todas las piezas de esta historia, tal y como queda consignado en la nota final, donde cita las obras de varios historiadores que le han servido de apoyo bibliográfico. Es especialmente palpable esta veta ensayística del libro en los vericuetos de la alta política del siglo XVIII que se nos desgranan en varios de los episodios, pero también en el capítulo titulado “El largo pueblo de los caminos”. En él se nos narran las principales hipótesis, nunca confirmadas, sobre el origen del pueblo gitano; su posible germen en la expulsión que sufrieron en la lejana ciudad de Kannauj, situada en la India, y el nomadismo que desde entonces fue su sino parecen explicar su carácter errante. 

La naturaleza más ficcional del libro se observa en aquellos sucesos sobre los que existen menos datos o en los que se quiere mostrar una cercanía que la historiografía no suele ofrecer, como ocurre con algunos de los capítulos dedicados a Ensenada o Fernando VI. Especialmente palpable es esta tendencia en el relato de las vicisitudes sufridas por los gitanos durante los años que siguieron a la Gran Redada, donde se mezcla la poca información disponible con una reconstrucción novelada de los hechos. Un ejemplo de ello lo encontramos en el capítulo sobre la reclusión de las mujeres y los niños pequeños en la casa de misericordia de Zaragoza; allí asistimos a cómo las indomables gitanas se rebelan continuamente contra sus carceleros o intentan, a veces con éxito, huir de lo que no era otra cosa que un presidio.

‘Martinete del rey sombra’ es, en definitiva, un libro necesario, que con su pulso literario nos sumerge en un suceso casi desconocido y vergonzante de nuestro pasado. Raúl Quinto arroja luz sobre un intento de exterminio que ha ocupado demasiado tiempo las sombras de la historia de España. 

Reseña publicada en La Verdad:



miércoles, 17 de mayo de 2023

Cerbantes Park - Carlos Robles Lucena


 


Cerbantes Park, Carlos Robles Lucena, Navona, 2022, 280 págs., 19€.

    Los parques de atracciones suelen ser vistos con cierta superioridad, cuando no con verdadero desprecio, por los intelectuales. Las élites culturales, si tal sintagma mantiene hoy en día lógica y vigencia, los consideran burdos lugares de esparcimiento para la clase media creados por grandes compañías que buscan más que su entretenimiento su dinero. Incluso los parques temáticos, que parecen estar sostenidos por un entramado intelectual algo más sólido que los que simplemente son una mera acumulación de atracciones de feria, suelen vincularse a fenómenos de lo que un día fue considerado la “baja cultura”. Muchos de estos prejuicios sobre los parques de atracciones en sí y sobre las diferencias entre la “alta cultura” y el consumo de productos culturales aparecen en Cerbantes Park, la inteligentísima y mordaz novela de Carlos Robles Lucena.

            En ella el Comisario, uno de los dos protagonistas del libro, idea la construcción de un parque temático literario diferente, menos orientado al consumo que a conseguir que sus clientes (“lectores” en la terminología de la empresa) vivan una experiencia cultural inmersiva relacionada con algunas de las grandes obras de la literatura universal. Su obsesión por los parques de atracciones se remonta a su juventud, cuando consiguió una beca que le iba a permitir viajar por las ferias clásicas de Europa para después escribir un ensayo que reivindicara este tipo de espacios. Sin embargo, el proyecto encalló en la primera escala, Viena, donde visitó el famoso Prater pero donde también conoció a su futura mujer, la adinerada Almudena, de la mano de la cual entra en el lucrativo mundo del arte contemporáneo. Es solo años después, al volver a su localidad natal, una ciudad dormitorio trasunto de Tarrasa, cuando decide retomar su afición y ofrecer a la ciudad donde creció en una familia obrera un aliciente cultural y económico. Las contradicciones entre sus aspiraciones y sus ideales acabarán afectando a la propia naturaleza del proyecto.  

            El contrapunto al resuelto, exitoso y algo snob Comisario lo representa Jacob, un antiguo amigo del barrio de aquel que, al contrario que el otro protagonista, no ha conseguido triunfar y al que su experiencia como editor lo dejó en una situación económica de precariedad. Si el Comisario es el empresario cuyos contactos ponen en marcha Cerbantes Park, Jacob es el intelectual comprometido hasta el integrismo con la cultura que vela por la ortodoxia de un proyecto cuyo nombre ha de llevar incluso la grafía original del apellido del creador del Quijote. Entre ambos, y con la ayuda de un equipo multidisciplinar, crean en la riera de su ciudad natal un peculiar parque en el que los “lectores” pueden vivir en primera persona experiencias como la de degustar la casa de dulces de Hansel y Gretel, recibir en una playa artificial los ladridos del perro de Ulises o visitar el Nautilus. 

            Con estos mimbres, Robles Lucena crea una historia plagada de referencias literarias, donde la intertextualidad desborda el espacio del Cerbantes Park para rebosar las páginas del libro con la presencia de numerosas citas a autores y libros, algunos de los cuales quedan consignados en la nota final, que convierten a la novela en una reivindicación de la literatura. Además, Cerbantes Park es una potente sátira que dispara con gracia pero sin piedad contra los esnobismos de la élite cultural, las ínfulas de la burguesía, los tejemanejes de las instituciones y las contradicciones del mercado editorial (Jacob define Sant Jordi como “una fiesta literaria realizada con todo aquello que les gusta de la literatura a los que no les gusta la literatura”).


Reseña publicada en La Verdad:



jueves, 13 de abril de 2023

Anoxia - Miguel Ángel Hernández


 

Anoxia, Miguel Ángel Hernández, Anagrama, 2023, 272 págs., 18€.

 

            Después de cuatro novelas, la obra literaria del escritor murciano Miguel Ángel Hernández se ha consolidado como una de las más interesantes de su generación. Lo ha hecho desarrollando en su trayectoria dos temas fundamentales: el mundo del arte y el duelo. Si en sus novelas anteriores Hernández se centraba en uno u otro asunto, en Anoxia los mezcla con acierto ofreciéndonos una obra desasosegante.

            La gestión de la tristeza por el duelo ya estaba en el centro de su novela anterior, El dolor de los demás (2018), en la que reconstruía el asesinato y posterior suicidio que cometió su mejor amigo de la infancia. En cierta manera el título de aquella también podría aplicarse también a esta, ya que la protagonista, Dolores, debe tratar con personas que acaban de perder a sus seres queridos y ha de hacerlo sin empatizar demasiado con ellas para no reabrir sus propias heridas, especialmente la muerte de su marido. Lo ha de hacer por el curioso y macabro encargo que un misterioso anciano, Clemente, le ha realizado: fotografiar a difuntos. Con el paso del tiempo, y mientras va conociendo más al hombre, Dolores irá volviendo una y otra vez a los tanatorios y desentrañando la historia familiar del anciano. A su vez, todo ello la retrotraerá a las muertes de su propia familia y se preguntará si gestionó bien su matrimonio, lastrado durante años por el cuidado de su padre enfermo.

            El segundo de los temas centrales del libro, el mundo del arte, coincide con el que Hernández trató en Intento de escapada (2013) y El instante de peligro (2015). Los tejemanejes de la gestión pública de las obras artísticas están aquí encarnados por Alfonso, el director del Archivo Fotográfico Regional, un despiadado y egocéntrico gestor que usa a Dolores para conseguir la colección de fotografías post-mortem de Clemente. Estas peculiares instantáneas, que obsesionan al anciano hasta hacerlo cruzar ciertos límites morales, adquieren una gran relevancia en el libro, donde son frecuentes las descripciones técnicas de las fotografías y daguerrotipos que Dolores y Clemente realizan o que este último colecciona. De nuevo, al igual que en los dos libros antes citados, Miguel Ángel Hernández otorga protagonismo a un objeto artístico y reflexiona sobre las posibilidades que ofrece.

            Otro elemento relevante de Anoxia es el cronotopo de la novela: la mayor parte de la trama se ubica en la costa del Mar Menor, en un pueblo sin nombre que podemos identificar con Los Alcázares, en la segunda mitad de 2019. El autor sitúa a los personajes en medio de las riadas que la localidad sufrió en esta época y de la contaminación del mar que llevó a que la orilla de la laguna se llenara de peces muertos. Este episodio de anoxia que da título al libro encuentra su paralelismo en la falta de aire de Clemente, que ve como su fin se acerca y que busca en Dolores a su heredera en la realización de fotografías post-mortem.

            El libro aúna con maestría los dos temas antes citados con el homenaje a la resiliencia del pueblo marmenorense. Además, Hernández dosifica perfectamente la tensión vivida por Dolores, la protagonista del libro, en una trama que va creciendo en intensidad y con una prosa en la que destaca el uso de las frases breves yuxtapuestas como pequeñas sentencias.  


Reseña publicada en El Noroeste:



jueves, 23 de marzo de 2023

14 de abril - Paco Cerdá

 



14 de abril, Paco Cerdá, Libros del Asteroide, 2022, 18€, 250 págs.  

 

 

Algunas fechas de la Historia de España son tan significativas que con un número y una referencia al mes todo el mundo sabe de qué estamos hablando; el 11-M, el 23-F o el 14 de abril fueron días que cambiaron para siempre a nuestro país y cuyo eco aún hoy resuena. Paco Cerdá se responde en este libro a la pregunta de si se puede escribir una obra dedicada por completo a una de estas jornadas y la respuesta es este estupendo fresco sobre el 14 de abril de 1931, el día en el que se proclamó la Segunda República.  

Al no tratarse de un ensayo histórico, sino de una obra literaria, el auto opta por una forma de narrar muy libre que otorga al conjunto una frescura y una amenidad que no están reñidas con el rigor más absoluto. El libro sigue un orden cronológico que nos lleva del amanecer del día 14 a la madrugada del 15, en un repaso por la evolución en España de una jornada que llevó al país a despertarse monárquico y a acostarse republicano. Además, la obra está formada por numerosos capítulos breves centrados cada uno de ellos en uno de los protagonistas del día. Se pone así el énfasis en el carácter colectivo de la hazaña realizada por el pueblo español de cambiar de régimen en muy poco tiempo y, mayoritariamente, pacíficamente. 

Las excepciones de este día de alegría desatada pero no violenta ocupan el comienzo de cada de sección del libro, que se convierten en necrológicas dedicadas a algunos de las víctimas mortales (la mayoría por balas perdidas en manifestaciones o incluso accidentes) de la jornada. Entre el resto de las decenas de personajes que protagonizan este 14 de abril, encontramos desde pequeñas historias de trabajadores, mariscadoras o soldados, pero también de cómo vivieron el día artistas como la actriz Margarita Xirgu o el periodista y escritor Josep Pla y también las que ponen en foco en los mandatarios. Así, entre los políticos y militares que tuvieron un papel fundamental en que la República se estableciera en España ese día, destaca el foco que se pone en el rey Alfonso XIII. Acompañamos al gran perdedor de la jornada desde sus reuniones en el Palacio Real con sus ministros, que le comunican que lo mejor es que abandone el país, hasta su huida atravesando el país de madrugada y su llegada a Cartagena, donde toma el barco que lo alejará para siempre del país sobre el que ha reinado durante décadas.  

Otro elemento fundamental del libro es la prosa que emplea Cerdá, muy alejada del ensayo más plúmbeo y que toma el pulso a la calle con una lengua cercana a la oralidad. Incluye en la obra numerosos fragmentos de discursos, poemas, canciones, noticias o libros escritos sobre este día, lo que junto a la mezcla de idiomas (gallego o catalán) otorgan a su prosa una especial viveza. Consigue así el autor que el libro se lea de manera muy amena y que conozcamos detalles pequeños  

Este carácter divulgativo del libro no está reñido como ya hemos señalado con el máximo rigor científico en unos hechos que no se ficcionalizan sino que simplemente se narran poniendo el foco en los detalles. Prueba de esta seriedad en la comprobación de la veracidad de los hechos citados es el extenso apéndice final dedicado a citar las fuentes empleadas y en el que Cerdá la dificultad de una obra tan minuciosa como esta. 


Reseña publicada en El Noroeste:




martes, 14 de marzo de 2023

Las voces de Adriana - Elvira Navarro


 

Las voces de Adriana, Elvira Navarro, Random House, 2023, 144 págs., 18€. 

 

         “¿Hasta dónde nos acompañan los muertos?” se pregunta Adriana, la narradora de esta novela, al final de la primera parte. Una cuestión tan trascendental no posee una respuesta única ni un único acercamiento correcto, pero la protagonista de este estupendo libro, uno más, de Elvira Navarro, parece querer indagar en las cenizas de su familia (reducida casi a la mínima expresión) y opta por darle voz a su madre y a su abuela, ambas fallecidas.  

         Lo hace en la tercera y última parte de la novela, en la que escuchamos alternativamente las voces de las tres mujeres (Adriana también ofrece su propia experiencia) para trazar un retrato femenino de una familia que, como todas, ha sufrido diversos avatares. En el monólogo de la abuela, nacida en los años veinte y con una larga vida que la llevó a superar las nueve décadas, encontramos la visión de una mujer de pueblo profundamente cristiana que sufrió numerosas muertes en su familia (sus hermanos durante la Guerra Civil, sus hijos con el paso del tiempo). La madre de Adriana representa esa generación de mujeres que pudo estudiar y que a pesar de ser mucho más independientes que las anteriores vieron como su vida estuvo dirigida por la autoridad del padre. Adriana nos habla en esta sección del libro sobre una relación que mantuvo con un hombre casado (y luego divorciado) a través de los poemas que ella misma escribe. 

         Destaca esta tercera parte del libro, además de por la profundidad en el análisis de la incardinación de las mujeres en el sistema familiar, por la originalidad de la narración. Aunque la abuela y la madre relatan sus experiencias en primera persona, estos personajes son conscientes de que es Adriana la autora de los textos y a veces se quejan de no reconocerse en las palabras que su nieta e hija, respectivamente, pone en sus bocas. Por ejemplo, después de que se reproduzca un episodio fundamental en la familia, la abuela le reprocha a Adriana que “ha escrito lo que le ha dado la gana”. Encontramos una triple identidad autorial (los personajes, la narradora, la autora) de una gran originalidad y eficacia para construir un relato polifónico pero a la vez marcado por la visión de la generación más joven.  

         No menos destacada es la parte central del libro, dedicada a la casa del pueblo, espacio fundamental para la familia materna, pero también para Adriana, ya que pasa allí con sus abuelos gran parte de su infancia mientras sus padres trabajan en la ciudad. Navarro nos ofrece una magnífica descripción topográfica de la vivienda en la que muestra de manera detallada los sonidos o los olores que la protagonista asocia a cada estancia. Este repaso a los espacios que marcaron su infancia termina con una alusión a unas “presencias” que notaba en una de las habitaciones y que podemos identificar con los (muchos) muertos de la familia.  

         La primera parte de Las voces de Adriana, la más extensa pero la menos relevante desde mi punto de vista, nos describe cómo el padre de la protagonista asimila la muerte de su mujer. Mientras que Adriana, una investigadora que intenta terminar su tesis doctoral, se encierra en su soledad, su padre parece querer olvidar su viudedad lanzándose a una carrera desenfrenada por conocer mujeres a través de aplicaciones para ligar. Esta búsqueda compulsiva de nueva pareja se ve acompañada por el gasto irresponsable de sus ahorros y por una vida poco saludable que acabará provocándole un ictus.  


Reseña publicada en El Noroeste.