domingo, 30 de septiembre de 2018

Qué mundo tan maravilloso - Lola López Mondéjar


Qué mundo tan maravilloso, Lola López Mondéjar, Páginas de Espuma, 2018, 186 págs., 17€.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Que la ciudad se acabe de pronto - Trifón Abad


Que la ciudad se acabe de pronto, Trifón Abad, Malbec, 2018, 180 págs. 10€.

La literatura fantástica actual no necesita de monstruos, vampiros o fantasmas para despertar la inquietud en los lectores. Incluso cuando estos aparecen lo hacen desde la cotidianidad y no provoca un susto en los personajes, sino más bien perplejidad, como si no terminaran de entender que en el mundo seguro en el que viven puedan existir este tipo de seres o de fenómenos. La mayoría de los cuentos que integran Que la ciudad se acabe de pronto, el primer libro publicado por el murciano Trifón Abad, siguen esta orientación ya que en ellos irrumpe algo extraño que provocará el giro en la trama.
Abad dispone una gran variedad de irrupciones en unos relatos que destacan por su prosa sencilla y directa y por sus personajes aparentemente normales pero que suelen esconder tras su fachada algún tipo de obsesión. Esa mecha que los lleva a recorrer un camino diferente al trazado y a provocar ese giro en el argumento puede ser algo tan importante como encontrar un cadáver en mitad de un camino o algo tan banal como la llamada de un compañero de trabajo en la madrugada. Con estos elementales mimbres, el autor de Que la ciudad se acabe de pronto nos ofrece una serie de cuentos que mantienen siempre el interés del lector, despojándose de todo lo superfluo y huyendo de la excesiva reflexión, y que están protagonizados por personajes comunes pero de orígenes geográficos muy distintos.
Así, el primer relato, “Ciento treinta coronas”, se desarrolla en la República Checa y nos muestra a un viajante que se encuentra un cuerpo y la extraña relación que establece con él. Vlasta, que así se llama  el protagonista del relato, se beneficiará de una confusión provocada por el traslado del cadáver en su carro que determinará el sorprendente final del cuento. En “Silenter” nos trasladamos a los Estados Unidos de los años 70, donde un extraño invento elimina el ruido; con el paso del tiempo, los habitantes del pueblo donde se desarrolla la acción descubrirán los peligros de este artilugio. Lo más parecido que hay en el libro a ese monstruo al que hacíamos referencia es la hiedra descontrolada que da título a “Parthenocissus tricuspidata” y que avanza sin control en el chalé de una familia.
Otro relato que también sigue este esquema de introducir la inquietud en las apacibles vidas de sus protagonistas es “Humo en la casa azul”, uno de los mejores del conjunto. Este cuento narra la decadencia física y mental de un profesor español que pasa una temporada en Canadá y que achaca a su extraño vecino indio. También se obsesiona con otra persona, en este caso con un antiguo compañero de colegio que resultó ser un genio, el narrador de “Kulzom”. En “Sobre el corazón de mi padre”, también escrito en primera persona, el elemento fantástico de nuevo vuelve a ser de carácter vegetal y crece en el interior del progenitor del narrador.
Los tres últimos relatos del libro están ubicados en un contexto actual y cercano y cuentan la relación de un hombre con su pareja y con el juego, “Timbas”, las dificultades de cultivar la amistad y el amor en un entorno laboral, “Marketing de guerrilla”, y la complicidad entre un niño y su abuelo, “Filias”. El volumen se completa con dos relatos cercanos a la fábula: “El diestro”, narrado por una mano derecha que odia a la izquierda, y “Reino del silencio”, una distopía ubicada en un país donde los habitantes tienen prohibido hacer casi cualquier sonido.

Reseña publicada en El Noroeste:


miércoles, 29 de agosto de 2018

Ordesa - Manuel Vilas


Ordesa, Manuel Vilas, Alfaguara, 2018, 387 págs., 19€.

Se enfrenta Manuel Vilas en su último libro a una de las mayores paradojas que le pueden acaecer a un adulto: ser padre sin dejar de ser hijo. En nuestra infancia y juventud los roles parecen estar muy claros: nosotros somos los vástagos de dos personas con más experiencia en la vida que nos reñirán y guiarán para ir escribiendo nuestro camino. Las personas que, años después, se convierten en padres, también tienen, a priori, los roles claros e intentan repetir con sus hijos los aciertos y evitar los errores que sus progenitores tuvieron con ellos. Pero a menudo nos olvidamos de que un adulto también puede ser un hijo. De esto trata, entre otras muchas cosas, Ordesa, que arranca cuando el autor se queda huérfano pasados los cincuenta años.
Vilas relata en este libro a través de su propia experiencia la dolorosa huella que deja, también en una persona de cincuenta años, la desaparición de dos figuras fundamentales en nuestras existencias como son la de nuestro padre y nuestra madre.
Mediante la rememoración de episodios de distintas épocas de su vida, el autor nos va contando los altibajos que sufre su relación con sus padres a lo largo de los años. Desde la idolatría que siente por ellos en su infancia, al desapego de la juventud y ciertos desencuentros, especialmente con la madre, en la edad adulta. Con esa mira irónica tan propia de Vilas, asistimos al retrato de una familia bastante peculiar, incluyendo casos rayanos en la locura de varios de sus tíos. El autor relata escenas que supusieron hitos importantes en la historia familiar, pero también momentos más anecdóticos que vuelven a la memoria del narrador tras el fallecimiento primero del padre y después de la madre.
El Vilas huérfano que escribe Ordesa es un hombre sumido en una crisis personal provocada por alcoholismo, su divorcio y el abandono de su profesión de docente. Es un hombre que acaba de perder a su madre y que trata de salvar su relación con sus dos hijos adolescentes, en una situación que le pone en la piel de sus propios padres.
A partir del recuerdo de la vida de sus desaparecidos progenitores, aparece otro de los temas habituales en la narrativa de Vilas: España, título de uno de sus libros, por cierto. Describe, a partir de su experiencia personal, los anhelos y fracasos de las familias de clase media de los años sesenta y setenta y cómo ha cambiado el país desde que su padre, representante de productos textiles, recorriera las carreteras aragonesas  y catalanas hasta sus propios viajes entre Zaragoza y Madrid. En la capital, Vilas asiste como invitado a una recepción del Rey a Luis Goytisolo, el premio Cervantes del año. Esta escena, contada con el sarcasmo propio de Vilas, simboliza de alguna manera un triunfo para una familia humilde como la suya.
Además de por la valentía al mostrar las intimidades familiares y personales, Ordesa  destaca por su estilo. Manuel Vilas es, al fin y al cabo, uno de los mejores poetas del país, de hecho, en el epílogo se incluyen varios poemas de temática similar al libro, por lo que su manera de escribir no es la de un narrador al uso. Además de por sus metáforas y el empleo de frases sentenciosas cercanas al aforismo, la prosa del autor de Barbastro destaca por un ritmo muy peculiar determinado por las enumeraciones y la frecuente concatenación de oraciones breves.


lunes, 20 de agosto de 2018

Temporada de huracanes - Fernanda Melchor




Temporada de huracanes, Fernanda Melchor, Random House,  2017, 224 págs., 17€.

Existen muchas formas de narrar un asesinato en una novela. El autor puede centrarse en la víctima y ofrecer su punto de vista hasta que fallece. También puede optar por lo contrario y relatar lo sucedido desde el punto de vista del asesino. Una opción muy habitual en la literatura es emplear la perspectiva del policía o detective que investiga lo sucedido; se trata de la estructura más habitual en la novela negra. Sin embargo, Fernanda Melchor opta en esta magnífica y cruda obra que es Temporada de huracanes por una opción diferente: darle la voz a varios personajes secundarios que fueron testigos o colaboradores en el homicidio.
A través de una narración enfebrecida, compuesta por oraciones extensísimas y carentes de puntos y aparte, el lector acompaña a cinco personajes cuya versión sobre el asesinato van introduciendo junto a las palabras del narrador mediante el estilo indirecto libre. Las dos únicas excepciones a esta forma de narrar tan absorbente son el primer capítulo, en el que se relata brevemente el descubrimiento del cadáver de la Bruja, y el último. Además, en el segundo la voz que se escucha parece ser colectiva y representa a los vecinos de la asesinada; en este capítulo se nos cuenta de manera sucinta la biografía de la Bruja, un personaje en cuya historia se mezcla lo real y lo legendario y que vive atrincherada en la casa que heredó, junto al apelativo y el trabajo de curandera, de su madre.
En los demás capítulos vamos descubriendo poco a poco más sobre la existencia de la víctima, la identidad del asesino y los motivos que le llevaron cometer el crimen. Además de todo lo que rodea al homicidio, a lo largo del libro vamos descubriendo la desolada realidad de los habitantes de La Matosa, el pueblo mexicano donde habitaba la Bruja, y de la cercana y también ficticia ciudad de Villa. Se trata de hombres y mujeres cuya vida está azotada por la violencia, la pobreza, la falta de expectativas y la desesperanza.
Se puede percibir una brecha entre la configuración de los personajes masculinos y los femeninos. Los hombres aparecen, en su mayoría, como unos vagos que dependen económicamente de las mujeres y que pasan su tiempo entre los burdeles, las cantinas y los catres en los que sudan sus resacas. Ellas, por el contrario, tienen mucha más fuerza de decisión y a pesar de que sufren la rémora de los hombres y, a menudo, su violencia, tienen claro su objetivo e intentan lograrlo con determinación.
Otro tema importante en Temporada de huracanes es el sexo, casi nunca asociado al amor y siempre descrito de manera descarnada. Así, encontramos un catálogo de comportamientos de distinto tipo que van de la zoofilia a la pederastia pasando por la masturbación compulsiva y la prostitución masculina y femenina. Además, los conflictos con la identidad sexual propia con los que conviven varios de los personajes tendrán mucha importancia en el asesinato de la Bruja.
Con su estilo descarnado y su temática brutal, Temporada de huracanes se convierte en una obra de referencia por su maestría a la hora de tratar sin ambages temas de gran dureza. 

Reseña publicada en El Noroeste.



jueves, 26 de julio de 2018

Estrella distante - Javier Fernández y Fanny Marín



Estrella distante, Javier Fernández y Fanny Marín (sobre la novela de Roberto Bolaño), Random House, 2018, 180 págs., 18€.

¿Qué hace que un escritor sea considerado un clásico? Desde luego todos estaremos de acuerdo en que lo primero y fundamental es que sea leído durante mucho tiempo. En segundo lugar, podemos añadir otros criterios más etéreos como su importancia en la historia de la Literatura, su carácter original o su calidad. Sin embargo, creo que existe en nuestra época un tercer criterio que debemos añadir para considerar a un autor como un referente y es que sus libros hayan inspirado a otros artistas, no sólo escritores, en obras posteriores.  Este volumen, en el que Javier Fernández y Fanny Marín adaptan al formato de la novela gráfica una de las obras menores de Roberto Bolaño, viene a demostrar que la trascendencia del narrador y poeta chileno se mantiene intacta quince años después de su muerte.
Calificar de menor Estrella distante no es en absoluto un desprecio a esta novela, sino una manera de calibrar su impacto cuando la comparamos con esos monumentos narrativos que son Los detectives salvajes (1998) y 2666 (2004). Este libro no se puede entender sin las obras que la preceden y la suceden en la línea cronológica de las publicaciones de Bolaño y en el contexto en el que apareció. Tras varios años viviendo en Cataluña alejado de los focos del éxito editorial y labrándose una carrera jalonada por premios menores, aquel casi desconocido escritor latinoamericano publica en 1996 dos libros en Seix Barral y en Anagrama, dos de los sellos barceloneses de referencia. El primero de estos volúmenes fue el originalísimo La literatura nazi en América, una supuesta antología, en la estela de las que perpetraron décadas antes Borges y Bioy Casares, de escritores ultraderechistas del continente. Entre ellos aparecía un tal Carlos Wieder, que protagonizaría Estrella distante, la  otra novela de Bolaño que apareció en aquel 1996.
La adaptación que Fernández y Marín han llevado a cabo es fiel al original, pero, obviamente, adaptándolo al lenguaje de la novela gráfica. Como es natural se prescinde de gran parte del texto original y se juega con él; percibimos un adelgazamiento extremo de la parte escrita, incluso si lo comparamos con otras novelas gráficas, mientras que se le otorga un mayor protagonismo a lo visual, para la que Fanny Marín emplea exclusivamente el blanco y negro. Aunque en esta reseña no calificaremos la calidad del dibujo, por desconocimiento de este arte no porque no nos haya encantado, podemos señalar varios aspectos destacados de las ilustraciones como el cambio en el tipo de trazo en la historia de Petra o el carácter desdibujado que siempre tienen los retratos de Wieder, acorde con su misteriosa personalidad.
En cuanto al guion, Fernández, especialista en la obra de Bolaño y vinculado desde hace años al mundo del cómic, nos ofrece desde la perspectiva del alter ego del escritor chileno, Arturo Belano, la errática trayectoria de Wieder. Comienza con su asistencia, bajo un nombre falso, a un taller poético en el Chile de Allende y la creación de artefactos poéticos en el cielo cuando se descubre que es piloto militar. Tras una exposición fotográfica en la que sale a la luz su sádico carácter, Wieder desaparecerá durante años aunque tiempo después un detective le seguirá la pista a través de sus publicaciones en extraños fanzines europeos. Este peculiar artista comparte protagonismo con otros personajes que el joven Belano/Bolaño conoce en los talleres poéticos, como sus profesores Soto y Stein y sus compañeros Bibiano y las hermanas Garmendia. Este grupo literario se verá sacudido por el golpe de Estado tras el cual conocen la verdadera identidad de Wieder.

Reseña publicada en El Noroeste:


sábado, 7 de julio de 2018

Mandíbula - Mónica Ojeda


Mandíbula, Mónica Ojeda, Candaya, 2018, 288 págs., 17€.

Narrar la adolescencia siempre me ha parecido uno de los objetivos más ambiciosos a los que se puede enfrentarse un escritor. El proceloso mundo interior de un joven que vive un proceso de cambio tan brutal como al que nos enfrentamos a esa edad suele ser difícil de reproducir en un relato. Sin embargo, la ecuatoriana, afincada en España, Mónica Ojeda logra ese objetivo en esta estupenda novela que es Mandíbula. Lo consigue quizás gracias a su juventud, acaba de cumplir treinta años, que la acerca generacionalmente a las adolescentes a las que retrata, pero, sobre todo, por una solvencia como narradora que ya anunció en su anterior novela, Nefando, y que confirma en esta.
La primera herramienta que utiliza para este adentramiento en el mundo adolescente es el lenguaje; especialmente logrados son los párrafos en los que escuchamos la voz de Fernanda, una de las chicas protagonistas, en sus conversaciones con su psicólogo. Ojeda reproduce con frescura y sin caer en la parodia, el lenguaje propio de una quinceañera ecuatoriana de clase alta que mezcla las palabras propias del dialecto de la zona con numerosas expresiones en inglés.
Además de mediante el lenguaje, el retrato del grupo de jóvenes protagonistas se completa con la descripción de su vida diaria, de sus aficiones y de sus clases. Asistimos con ellas a una exclusiva fiesta en la que Fernanda y Annelise, las dos cabecillas, logran impresionar a los universitarios que las han invitado creyéndolas inocentes púberes. Ellas dos también serán las que ideen las peligrosas pruebas de valentía a las que someten al resto de sus amigas en el edificio abandonado en el que pasan las tardes. Allí, e inspiradas en los relatos de terror que leen en Internet, las creepypastas, las chicas realizan una serie de ceremonias de inspiración satánica dedicadas a un dios blanco cuya teogonía Annelise va inventado sobre la marcha.
Como es lógico por la juventud de las protagonistas, el colegio forma una parte sustancial de sus vidas. Las seis asisten a un centro elitista del Opus Dei donde juegan, a veces de manera un tanto sádica, a rebasar los límites que sus profesores les imponen. Allí será donde Fernanda y Annelise se encuentren con Clara, una profesora de Literatura que acaba de llegar al colegio tras una traumática experiencia en su anterior centro de trabajo. Su vulnerabilidad y su carácter nervioso provocarán que las chicas centren en ella sus dotes de manipulación y la lleven a situaciones límites.
Este último personaje protagonista, Clara, es otro de los hallazgos de Mandíbula. Se trata de una mujer atenazada por el miedo, que disfruta corrigiendo con minuciosidad las redacciones de sus alumnas, pero que se paraliza cuando alguna de ellas la toca. Además, está marcada por la extraña relación que mantuvo con su madre, que se adentró en terrenos incestuosos, y que han marcado su forma de relacionarse con los demás e incluso su manera de vestirse. A lo largo del libro iremos conociendo las motivaciones que llevaron a la atormentada Clara a la situación que se expone en el capítulo inicial y que nos muestra a su alumna Fernanda secuestrada por ella en una remota cabaña.
Con estos mimbres, Mónica Ojeda crea una novela polifónica, de ritmo vigoroso y ambiente opresivo que la confirma como una de las narradoras latinoamericanas del momento.

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 22 de junio de 2018

Si sale cara - Rubén J. Triguero



Si sale cara, Rubén J. Triguero, Boria, 2018, 144 págs., 15€.

Hasta hace unos años se hablaba mucho de la “crisis de los 40”; con este término se hacía referencia a la supuesta decadencia física que las personas vivimos cuando encaramos esa década. Afortunadamente, la actitud de los “cuarentones” ha cambiado mucho en los últimos tiempos y las personas de esta edad suelen llevar una vida tan activa como los veinteañeros. Sin embargo, sí que se mantiene, aunque no quizás a esa edad concreta, la parte existencial de esa crisis. Me refiero a ese momento en el que las esperanzas e ilusiones de la juventud chocan con la realidad más prosaica y con la rutina diaria. Sobre este tema versan los tres primeros cuentos de Si sale cara, el primer libro publicado por Rubén J. Triguero.
Se trata de tres relatos muy diferentes pero que comparten el desasosiego que aborda a tres hombres de mediana edad al constatar que sus proyectos vitales no han podido ser llevados a cabo. En “El viento que azota las copas de los árboles”, una mujer le echa en cara a su marido que su empeño por centrarse en una carrera literaria que no termina de arrancar está provocando que la situación económica familiar sea insostenible. Mientras, la hija de ambos juega despreocupada en el parque donde sus padres discuten en una escena que acabará centrando la atención del texto. Otra difícil situación familiar es la que vive el protagonista de “Estación lejano paraíso”. En este relato encontramos una minuciosa descripción, quizás demasiado, de la triste jornada laboral de un hombre que odia su trabajo casi tanto como a su hija adolescente y a su mujer. El último de los cuentos de esta trilogía inicial es “Migración de aves”; en él, el desengaño de dos antiguos amigos viene determinado por la corrupción del sistema judicial en el que ambos trabajan. La actitud ante esta situación será muy distinta y mientras que el abogado no la soporta, el juez sabe aguantar e intenta convencerse de que no existe alternativa.
En los otros cuatro relatos de este libro cuya lectura va mejorando con el paso de las páginas, encontramos dos textos centrados en la relación entre un niño y su padre. De nuevo, Rubén J. Triguero nos enfrenta ante dos situaciones opuestas, ya que mientras que en “El río que se desborda” el progenitor cuida de su hijo y le protege de las críticas de los demás por el origen de su fortuna, en “Una larga espera” se relata como la esperanza de un chaval por pasar una tarde con su padre va desapareciendo.
Como podemos comprobar, la ordenación de los relatos de Si sale cara posee una lógica interna que también se observa en los dos últimos relatos. Si bien no tienen un tema común como las anteriores secciones, ambos comparten cierto tono alegórico y el hecho de que sus protagonistas se enfrenten a sus respectivos destinos. “Un dios irrevocable” es un cuento ambientado en una férrea dictadura en la que un escritor de renombre debe elegir si colaborar u oponerse al régimen. El volumen se cierra con la fábula titulada “Ízar”, nombre de un pésimo escalador que decide romper con su pasado y con la desconfianza de sus amigos ascendiendo una montaña de enorme dificultad.

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 12 de junio de 2018

Una noche con Sabrina Love - Pedro Mairal



Una noche con Sabrina Love, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2018, 151 págs., 17€.

Pedro Mairal tuvo un improbable éxito en España con su última novela: La uruguaya (2016). Pocos podían pensar que una obra escrita por un autor argentino casi desconocido y publicado por una editorial independiente se iba a convertir en un pequeño fenómeno gracias al boca a boca de un grupo cada vez más nutrido de lectores. Sin embargo, el desparpajo y la agilidad de aquella obra ha permitido esta reedición de la ópera prima narrativa de Mairal: Una noche con Sabrina Love.
Publicada originalmente en 1998, esta novela convirtió a un joven poeta en un autor de éxito gracias al Premio Clarín y a la adaptación cinematográfica que unos años después protagonizó Cecilia Roth. El huracán mediático que sufrió Mairal durante aquellos días es relatado por el propio autor en el prólogo de esta edición con la gracia e ironía habitual en su prosa. Se trata de un texto que casi por sí mismo justifica la decisión de Libros del Asteroide de rescatar una novela que se puede entender, en algunos aspectos, como una precuela de La uruguaya, ya que ambos comparten elementos como el viaje, el protagonista masculino y la presencia de dos mujeres casi contradictorias.
Una noche con Sabrina Love se ha definido a menudo como una especie de road movie argentina, algo cierto, ya que la primera parte del libro relata la odisea que vive Daniel, el adolescente protagonista de la obra, para poder llegar hasta Buenos Aires desde la provinciana ciudad del norte del país en la que habita. Sin embargo, creo que la novela se ajusta más al Bildungsroman, género literario que se centra en el proceso de aprendizaje de un joven. Y es que a lo largo de la historia, que no se alarga más allá de unos pocos días en la vida de este joven huérfano y obsesionado con el sexo, Martín sale por primera vez a la vida y conoce, tanto en la carretera como en la capital, a un grupo variado de mujeres y hombres que le van enseñando su forma de entender el mundo en conversaciones en las que el protagonista suele escuchar más que hablar.
El libro tiene un planteamiento inicial sorprendente y un tanto delirante: Martín gana un sorteo televisivo que le permitirá pasar una noche con la actriz porno del momento: Sabrina Love. Pero para poder hacer realidad esta fantasía, el joven tendrá que solventar varias dificultades que irán jalonando su camino. La primera y más importante es poder llegar a Buenos Aires a tiempo para recibir su premio a pesar de las inundaciones que han aislado su ciudad natal y de los escasos recursos económicos del joven. Además, Daniel tendrá que enfrentarse a sus inseguridades y miedos ante la noche con Sabrina, ya que será su primera experiencia sexual.
La narración posee la agilidad que ya encontrábamos en La uruguaya, aunque aquí en ocasiones se eche en falta cierto reposo al sucederse de manera vertiginosa las escenas. También destaca por la ternura con la que se retrata a Daniel, que, a pesar de momentos tan duros como algunos ataques en la ruta y el recuerdo vívido de la muerte de sus padres en un accidente de tráfico, consigue sobreponerse gracias a esa inocencia que acaba incluso siendo su mayor atractivo para las mujeres que conoce y para los lectores.

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 28 de mayo de 2018

El dolor de los demás - Miguel Ángel Hernández



El dolor de los demás, Miguel Ángel Hernández, Anagrama, 2018, 307 págs., 18€.

La Huerta murciana es una comarca bastante peculiar. Posee ese aislamiento típico de los lugares de campo en el que las tradiciones están muy arraigadas y tanto las amistades como los odios se heredan de generación en generación. Sin embargo, los huertos, carriles y acequias que la forman están muy cerca de una ciudad de tamaño medio como es Murcia, con su pujante vida cultural, su vibrante centro y sus plazas rebosantes de gente. En este contexto, en el que los comportamientos más atávicos aún perviven dentro del séptimo municipio más poblado de España, se desarrolla El dolor de los demás, la tercera novela del escritor y profesor Miguel Ángel Hernández.
La obra parte de un hecho atroz que el autor vivió de cerca cuando comenzaba su etapa como universitario: su mejor amigo y vecino se suicidó tras asesinar a su hermana mayor. Esta traumática situación fue, sin embargo, superada en su momento por Hernández, que se refugió en sus estudios y en su nueva vida en la Facultad. No obstante, y como es lógico, la herida seguía allí y se volvió a abrir por motivaciones literarias, ya que se convenció de que era una historia que tenía que contar. Así, la investigación que llevó a cabo para conocer todos los detalles del homicidio y la propia escritura de la novela enfrentaron al narrador murciano con sus miedos actuales y con ese pasado en la Huerta que aún permanecía latente.
En El dolor de los demás fluyen paralelos dos textos muy diferentes estilísticamente, pero que ayudan a conformar este ajuste de cuentas con el pasado que es el libro. Por un lado, tenemos la narración en primera persona de esa investigación, que llega a adquirir tintes policiacos cuando acompañamos al autor a consultar archivos judiciales, recortes de periódicos y vídeos de informativos, sobre el homicidio de Nicolás, el amigo inseparable durante la infancia, a su hermana Rosi. A este núcleo central de la novela, Hernández añade una narración más lírica, con esas frases cortas y el uso de la segunda persona que ya tenían los diarios personales que ha publicado en los últimos años, sobre lo que vivió y sintió durante las horas y días posteriores a la Nochebuena en la que la tragedia tuvo lugar.
Más allá de la reconstrucción de los hechos, de la indagación sobre los motivos del asesino (las habladurías que escucha de los vecinos en el mesón de la Huerta dan una pista) y de la vindicación de la figura de la víctima, el relato es un ajuste de cuentas del autor con su propio pasado. A lo largo de las páginas van apareciendo los reproches de familiares o vecinos que le consideran casi un intruso tras dos décadas alejado del escenario de su infancia, pero también los remordimientos propios por esa huida de un contexto asfixiante pero que al fin y al cabo definió al adulto que hoy es. 
Hernández opta para contar esta historia tan personal por la autoficción, la presencia de la experiencia actual y pasada inundan las páginas de la novela, y por la metaficción, el narrador reflexiona constantemente sobre la forma correcta de contar los hechos. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurre con otros muchos autores que emplean ambas técnicas, el narrador murciano evita en todo momento la impostura y consigue que El dolor de los demás destile verdad y conmueva a los lectores de una novela que se sitúa por méritos propios entre lo mejor de la narrativa española contemporánea. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 13 de mayo de 2018

Crímenes del futuro - Juan Soto Ivars



Crímenes del futuro, Juan Soto Ivars, Candaya, 2018, 320 págs., 18€.

Escribir un libro ambientado en el futuro siempre me ha parecido uno de los ejercicios más difíciles a los que se puede enfrentar un escritor. Si se opta por la ciencia ficción, se suele caer en exageraciones tecnológicas o en otorgar el protagonismo a robots demasiado parecidos a los seres humanos. Si, por el contrario, el autor sigue el camino de la distopía,  los hechos posteriores suelen demostrar que casi siempre se queda corto en la descripción de la decadencia moral o en la deriva autoritaria de las sociedades humanas. Soto Ivars ha sido sagaz en esta novela ambientada en una época futura, y ha decidido basarse en lo que sí conoce, el presente y el pasado, para crear esa España de finales del siglo XXI.
Por un lado, la novela contiene numerosas referencias a nuestra actualidad tanto social como política. Europa, territorio que parece haber perdido definitivamente su hegemonía en el contexto mundial, ha abolido las democracias y apostado por un gobierno de tecnócratas, denominado el “Ente”, que sigue las directrices del llamado “capitalismo racional”. Hallamos en este sistema un claro eco tanto del liberalismo actual como del descrédito de nuestra clase política. Además, las calles de Madrid están dedicadas a economistas y políticos de nuestra época, al Presidente Aznar por ejemplo, y tanto Cataluña como el País Vasco han conseguido su tan ansiada independencia.
Por otro lado, Crímenes del futuro se despliega hacia el pasado, ya que la España del porvenir se parece en muchos aspectos a la de la posguerra de los años 40 o 50. Desde la foto elegida para la portada, el de una niña pobre de la Barcelona de hace medio siglo, hasta el lenguaje empleado por algunos de los personajes, pasando por la enorme diferencia entre pobres y ricos, las enfermedades que asolan a gran parte de la población, el hambre, los vagones de tercera que llevan a los campesinos a la capital y la desconfianza con la que se mira en la universidad a los alumnos hijos de obreros, todo nos traslada a la España más oscura del franquismo.
En este futuro tan reconocible, Soto Ivars relata la historia de tres mujeres en tres etapas importantes de la historia futura de España: antes, durante y después de una nueva guerra. En la primera sección, acompañamos a Julia desde un pueblo de la meseta hasta Madrid, adonde llegará a estudiar gracias a una beca que ha conseguido con muchos esfuerzos. En la capital entrará en contacto con la efervescencia de los arrabales en los que se quiere acabar con las injusticias impuestas por el Ente. Tras la guerra, el protagonismo recae en Pálida, una mujer pobre y ciega que pasará de la represión a la ayuda médica del nuevo régimen surgido tras la contienda bélica. La parte central evita narrar la guerra y supone una elipsis, casi se puede hablar de una historia independiente, ya que se centra en la experiencia que viven Margarita, una modelo, y su novio fotógrafo, en una isla desierta mientras España se desangra.
Soto Ivars se consagra con Crímenes del futuro como un novelista de primer orden con una obra que posee un comienzo impactante, una segunda parte excepcional, y una sección final que, aunque de un interés menor que el resto de la obra, logra cerrar brillantemente esta historia sobre un futuro muy reconocible.

Reseña publicada en El Noroeste: