sábado, 7 de julio de 2018

Mandíbula - Mónica Ojeda


Mandíbula, Mónica Ojeda, Candaya, 2018, 288 págs., 17€.

Narrar la adolescencia siempre me ha parecido uno de los objetivos más ambiciosos a los que se puede enfrentarse un escritor. El proceloso mundo interior de un joven que vive un proceso de cambio tan brutal como al que nos enfrentamos a esa edad suele ser difícil de reproducir en un relato. Sin embargo, la ecuatoriana, afincada en España, Mónica Ojeda logra ese objetivo en esta estupenda novela que es Mandíbula. Lo consigue quizás gracias a su juventud, acaba de cumplir treinta años, que la acerca generacionalmente a las adolescentes a las que retrata, pero, sobre todo, por una solvencia como narradora que ya anunció en su anterior novela, Nefando, y que confirma en esta.
La primera herramienta que utiliza para este adentramiento en el mundo adolescente es el lenguaje; especialmente logrados son los párrafos en los que escuchamos la voz de Fernanda, una de las chicas protagonistas, en sus conversaciones con su psicólogo. Ojeda reproduce con frescura y sin caer en la parodia, el lenguaje propio de una quinceañera ecuatoriana de clase alta que mezcla las palabras propias del dialecto de la zona con numerosas expresiones en inglés.
Además de mediante el lenguaje, el retrato del grupo de jóvenes protagonistas se completa con la descripción de su vida diaria, de sus aficiones y de sus clases. Asistimos con ellas a una exclusiva fiesta en la que Fernanda y Annelise, las dos cabecillas, logran impresionar a los universitarios que las han invitado creyéndolas inocentes púberes. Ellas dos también serán las que ideen las peligrosas pruebas de valentía a las que someten al resto de sus amigas en el edificio abandonado en el que pasan las tardes. Allí, e inspiradas en los relatos de terror que leen en Internet, las creepypastas, las chicas realizan una serie de ceremonias de inspiración satánica dedicadas a un dios blanco cuya teogonía Annelise va inventado sobre la marcha.
Como es lógico por la juventud de las protagonistas, el colegio forma una parte sustancial de sus vidas. Las seis asisten a un centro elitista del Opus Dei donde juegan, a veces de manera un tanto sádica, a rebasar los límites que sus profesores les imponen. Allí será donde Fernanda y Annelise se encuentren con Clara, una profesora de Literatura que acaba de llegar al colegio tras una traumática experiencia en su anterior centro de trabajo. Su vulnerabilidad y su carácter nervioso provocarán que las chicas centren en ella sus dotes de manipulación y la lleven a situaciones límites.
Este último personaje protagonista, Clara, es otro de los hallazgos de Mandíbula. Se trata de una mujer atenazada por el miedo, que disfruta corrigiendo con minuciosidad las redacciones de sus alumnas, pero que se paraliza cuando alguna de ellas la toca. Además, está marcada por la extraña relación que mantuvo con su madre, que se adentró en terrenos incestuosos, y que han marcado su forma de relacionarse con los demás e incluso su manera de vestirse. A lo largo del libro iremos conociendo las motivaciones que llevaron a la atormentada Clara a la situación que se expone en el capítulo inicial y que nos muestra a su alumna Fernanda secuestrada por ella en una remota cabaña.
Con estos mimbres, Mónica Ojeda crea una novela polifónica, de ritmo vigoroso y ambiente opresivo que la confirma como una de las narradoras latinoamericanas del momento.

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 22 de junio de 2018

Si sale cara - Rubén J. Triguero



Si sale cara, Rubén J. Triguero, Boria, 2018, 144 págs., 15€.

Hasta hace unos años se hablaba mucho de la “crisis de los 40”; con este término se hacía referencia a la supuesta decadencia física que las personas vivimos cuando encaramos esa década. Afortunadamente, la actitud de los “cuarentones” ha cambiado mucho en los últimos tiempos y las personas de esta edad suelen llevar una vida tan activa como los veinteañeros. Sin embargo, sí que se mantiene, aunque no quizás a esa edad concreta, la parte existencial de esa crisis. Me refiero a ese momento en el que las esperanzas e ilusiones de la juventud chocan con la realidad más prosaica y con la rutina diaria. Sobre este tema versan los tres primeros cuentos de Si sale cara, el primer libro publicado por Rubén J. Triguero.
Se trata de tres relatos muy diferentes pero que comparten el desasosiego que aborda a tres hombres de mediana edad al constatar que sus proyectos vitales no han podido ser llevados a cabo. En “El viento que azota las copas de los árboles”, una mujer le echa en cara a su marido que su empeño por centrarse en una carrera literaria que no termina de arrancar está provocando que la situación económica familiar sea insostenible. Mientras, la hija de ambos juega despreocupada en el parque donde sus padres discuten en una escena que acabará centrando la atención del texto. Otra difícil situación familiar es la que vive el protagonista de “Estación lejano paraíso”. En este relato encontramos una minuciosa descripción, quizás demasiado, de la triste jornada laboral de un hombre que odia su trabajo casi tanto como a su hija adolescente y a su mujer. El último de los cuentos de esta trilogía inicial es “Migración de aves”; en él, el desengaño de dos antiguos amigos viene determinado por la corrupción del sistema judicial en el que ambos trabajan. La actitud ante esta situación será muy distinta y mientras que el abogado no la soporta, el juez sabe aguantar e intenta convencerse de que no existe alternativa.
En los otros cuatro relatos de este libro cuya lectura va mejorando con el paso de las páginas, encontramos dos textos centrados en la relación entre un niño y su padre. De nuevo, Rubén J. Triguero nos enfrenta ante dos situaciones opuestas, ya que mientras que en “El río que se desborda” el progenitor cuida de su hijo y le protege de las críticas de los demás por el origen de su fortuna, en “Una larga espera” se relata como la esperanza de un chaval por pasar una tarde con su padre va desapareciendo.
Como podemos comprobar, la ordenación de los relatos de Si sale cara posee una lógica interna que también se observa en los dos últimos relatos. Si bien no tienen un tema común como las anteriores secciones, ambos comparten cierto tono alegórico y el hecho de que sus protagonistas se enfrenten a sus respectivos destinos. “Un dios irrevocable” es un cuento ambientado en una férrea dictadura en la que un escritor de renombre debe elegir si colaborar u oponerse al régimen. El volumen se cierra con la fábula titulada “Ízar”, nombre de un pésimo escalador que decide romper con su pasado y con la desconfianza de sus amigos ascendiendo una montaña de enorme dificultad.

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 12 de junio de 2018

Una noche con Sabrina Love - Pedro Mairal



Una noche con Sabrina Love, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2018, 151 págs., 17€.

Pedro Mairal tuvo un improbable éxito en España con su última novela: La uruguaya (2016). Pocos podían pensar que una obra escrita por un autor argentino casi desconocido y publicado por una editorial independiente se iba a convertir en un pequeño fenómeno gracias al boca a boca de un grupo cada vez más nutrido de lectores. Sin embargo, el desparpajo y la agilidad de aquella obra ha permitido esta reedición de la ópera prima narrativa de Mairal: Una noche con Sabrina Love.
Publicada originalmente en 1998, esta novela convirtió a un joven poeta en un autor de éxito gracias al Premio Clarín y a la adaptación cinematográfica que unos años después protagonizó Cecilia Roth. El huracán mediático que sufrió Mairal durante aquellos días es relatado por el propio autor en el prólogo de esta edición con la gracia e ironía habitual en su prosa. Se trata de un texto que casi por sí mismo justifica la decisión de Libros del Asteroide de rescatar una novela que se puede entender, en algunos aspectos, como una precuela de La uruguaya, ya que ambos comparten elementos como el viaje, el protagonista masculino y la presencia de dos mujeres casi contradictorias.
Una noche con Sabrina Love se ha definido a menudo como una especie de road movie argentina, algo cierto, ya que la primera parte del libro relata la odisea que vive Daniel, el adolescente protagonista de la obra, para poder llegar hasta Buenos Aires desde la provinciana ciudad del norte del país en la que habita. Sin embargo, creo que la novela se ajusta más al Bildungsroman, género literario que se centra en el proceso de aprendizaje de un joven. Y es que a lo largo de la historia, que no se alarga más allá de unos pocos días en la vida de este joven huérfano y obsesionado con el sexo, Martín sale por primera vez a la vida y conoce, tanto en la carretera como en la capital, a un grupo variado de mujeres y hombres que le van enseñando su forma de entender el mundo en conversaciones en las que el protagonista suele escuchar más que hablar.
El libro tiene un planteamiento inicial sorprendente y un tanto delirante: Martín gana un sorteo televisivo que le permitirá pasar una noche con la actriz porno del momento: Sabrina Love. Pero para poder hacer realidad esta fantasía, el joven tendrá que solventar varias dificultades que irán jalonando su camino. La primera y más importante es poder llegar a Buenos Aires a tiempo para recibir su premio a pesar de las inundaciones que han aislado su ciudad natal y de los escasos recursos económicos del joven. Además, Daniel tendrá que enfrentarse a sus inseguridades y miedos ante la noche con Sabrina, ya que será su primera experiencia sexual.
La narración posee la agilidad que ya encontrábamos en La uruguaya, aunque aquí en ocasiones se eche en falta cierto reposo al sucederse de manera vertiginosa las escenas. También destaca por la ternura con la que se retrata a Daniel, que, a pesar de momentos tan duros como algunos ataques en la ruta y el recuerdo vívido de la muerte de sus padres en un accidente de tráfico, consigue sobreponerse gracias a esa inocencia que acaba incluso siendo su mayor atractivo para las mujeres que conoce y para los lectores.

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 28 de mayo de 2018

El dolor de los demás - Miguel Ángel Hernández



El dolor de los demás, Miguel Ángel Hernández, Anagrama, 2018, 307 págs., 18€.

La Huerta murciana es una comarca bastante peculiar. Posee ese aislamiento típico de los lugares de campo en el que las tradiciones están muy arraigadas y tanto las amistades como los odios se heredan de generación en generación. Sin embargo, los huertos, carriles y acequias que la forman están muy cerca de una ciudad de tamaño medio como es Murcia, con su pujante vida cultural, su vibrante centro y sus plazas rebosantes de gente. En este contexto, en el que los comportamientos más atávicos aún perviven dentro del séptimo municipio más poblado de España, se desarrolla El dolor de los demás, la tercera novela del escritor y profesor Miguel Ángel Hernández.
La obra parte de un hecho atroz que el autor vivió de cerca cuando comenzaba su etapa como universitario: su mejor amigo y vecino se suicidó tras asesinar a su hermana mayor. Esta traumática situación fue, sin embargo, superada en su momento por Hernández, que se refugió en sus estudios y en su nueva vida en la Facultad. No obstante, y como es lógico, la herida seguía allí y se volvió a abrir por motivaciones literarias, ya que se convenció de que era una historia que tenía que contar. Así, la investigación que llevó a cabo para conocer todos los detalles del homicidio y la propia escritura de la novela enfrentaron al narrador murciano con sus miedos actuales y con ese pasado en la Huerta que aún permanecía latente.
En El dolor de los demás fluyen paralelos dos textos muy diferentes estilísticamente, pero que ayudan a conformar este ajuste de cuentas con el pasado que es el libro. Por un lado, tenemos la narración en primera persona de esa investigación, que llega a adquirir tintes policiacos cuando acompañamos al autor a consultar archivos judiciales, recortes de periódicos y vídeos de informativos, sobre el homicidio de Nicolás, el amigo inseparable durante la infancia, a su hermana Rosi. A este núcleo central de la novela, Hernández añade una narración más lírica, con esas frases cortas y el uso de la segunda persona que ya tenían los diarios personales que ha publicado en los últimos años, sobre lo que vivió y sintió durante las horas y días posteriores a la Nochebuena en la que la tragedia tuvo lugar.
Más allá de la reconstrucción de los hechos, de la indagación sobre los motivos del asesino (las habladurías que escucha de los vecinos en el mesón de la Huerta dan una pista) y de la vindicación de la figura de la víctima, el relato es un ajuste de cuentas del autor con su propio pasado. A lo largo de las páginas van apareciendo los reproches de familiares o vecinos que le consideran casi un intruso tras dos décadas alejado del escenario de su infancia, pero también los remordimientos propios por esa huida de un contexto asfixiante pero que al fin y al cabo definió al adulto que hoy es. 
Hernández opta para contar esta historia tan personal por la autoficción, la presencia de la experiencia actual y pasada inundan las páginas de la novela, y por la metaficción, el narrador reflexiona constantemente sobre la forma correcta de contar los hechos. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurre con otros muchos autores que emplean ambas técnicas, el narrador murciano evita en todo momento la impostura y consigue que El dolor de los demás destile verdad y conmueva a los lectores de una novela que se sitúa por méritos propios entre lo mejor de la narrativa española contemporánea. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 13 de mayo de 2018

Crímenes del futuro - Juan Soto Ivars



Crímenes del futuro, Juan Soto Ivars, Candaya, 2018, 320 págs., 18€.

Escribir un libro ambientado en el futuro siempre me ha parecido uno de los ejercicios más difíciles a los que se puede enfrentar un escritor. Si se opta por la ciencia ficción, se suele caer en exageraciones tecnológicas o en otorgar el protagonismo a robots demasiado parecidos a los seres humanos. Si, por el contrario, el autor sigue el camino de la distopía,  los hechos posteriores suelen demostrar que casi siempre se queda corto en la descripción de la decadencia moral o en la deriva autoritaria de las sociedades humanas. Soto Ivars ha sido sagaz en esta novela ambientada en una época futura, y ha decidido basarse en lo que sí conoce, el presente y el pasado, para crear esa España de finales del siglo XXI.
Por un lado, la novela contiene numerosas referencias a nuestra actualidad tanto social como política. Europa, territorio que parece haber perdido definitivamente su hegemonía en el contexto mundial, ha abolido las democracias y apostado por un gobierno de tecnócratas, denominado el “Ente”, que sigue las directrices del llamado “capitalismo racional”. Hallamos en este sistema un claro eco tanto del liberalismo actual como del descrédito de nuestra clase política. Además, las calles de Madrid están dedicadas a economistas y políticos de nuestra época, al Presidente Aznar por ejemplo, y tanto Cataluña como el País Vasco han conseguido su tan ansiada independencia.
Por otro lado, Crímenes del futuro se despliega hacia el pasado, ya que la España del porvenir se parece en muchos aspectos a la de la posguerra de los años 40 o 50. Desde la foto elegida para la portada, el de una niña pobre de la Barcelona de hace medio siglo, hasta el lenguaje empleado por algunos de los personajes, pasando por la enorme diferencia entre pobres y ricos, las enfermedades que asolan a gran parte de la población, el hambre, los vagones de tercera que llevan a los campesinos a la capital y la desconfianza con la que se mira en la universidad a los alumnos hijos de obreros, todo nos traslada a la España más oscura del franquismo.
En este futuro tan reconocible, Soto Ivars relata la historia de tres mujeres en tres etapas importantes de la historia futura de España: antes, durante y después de una nueva guerra. En la primera sección, acompañamos a Julia desde un pueblo de la meseta hasta Madrid, adonde llegará a estudiar gracias a una beca que ha conseguido con muchos esfuerzos. En la capital entrará en contacto con la efervescencia de los arrabales en los que se quiere acabar con las injusticias impuestas por el Ente. Tras la guerra, el protagonismo recae en Pálida, una mujer pobre y ciega que pasará de la represión a la ayuda médica del nuevo régimen surgido tras la contienda bélica. La parte central evita narrar la guerra y supone una elipsis, casi se puede hablar de una historia independiente, ya que se centra en la experiencia que viven Margarita, una modelo, y su novio fotógrafo, en una isla desierta mientras España se desangra.
Soto Ivars se consagra con Crímenes del futuro como un novelista de primer orden con una obra que posee un comienzo impactante, una segunda parte excepcional, y una sección final que, aunque de un interés menor que el resto de la obra, logra cerrar brillantemente esta historia sobre un futuro muy reconocible.

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 24 de abril de 2018

La vida en Suecia - Rafael Gómez Sales



La vida en Suecia, Rafael Gómez SalesEolas, 2017, 228 págs., 15€.

El murciano Rafael Gómez Sales llevaba unos años desarrollando una incipiente carrera literaria con lentitud pero también con perseverancia. Mientras se formaba en talleres de escritura creativa iba siendo acreedor de diversos premios menores tanto de narrativa como de poesía. Finalmente, el año pasado recibió el 55º premio Fundación Monteleón por este libro de cuentos titulado La vida en Suecia.
Llama la atención lo extenso del volumen, que supera las doscientas páginas e incluye dieciocho cuentos de extensión media. Mientras que otros autores noveles, Gómez Sales debuta con este libro, se deciden por óperas primas ligeras que incluyen sólo aquellos relatos de los que están muy seguros, el narrador murciano nos ofrece, como vemos, una colección extensa. Aunque el libro se puede hacer un poco repetitivo ya que los dieciocho cuentos tienen una factura similar, el autor sale airoso de la empresa y ofrece un debut solvente con una serie de relatos bien escritos en los que el nivel medio no baja de notable. Estamos ante relatos de corte realista, ubicados en espacios cercanos y en un tiempo contemporáneo y protagonizados por personajes aquejados por problemas muy dispares pero comparten cierta sensación de orfandad ante el mundo que les rodea.
Entre los mejores relatos de La vida en Suecia se encuentra, por ejemplo, “Nicho familiar”, que parte de una situación llamativa: los hijos de un hombre que acaba de fallecer descubren que repartió su herencia entre todos sus ellos de manera equitativa, pero que al primogénito le dejó las llaves de un trastero cuya existencia nadie conocía. Tras demorar la apertura del enigmático espacio y elucubrar sobre su contenido, halla una faceta desconocida de su padre cuando por fin descubre qué hay dentro. La misma temática, las relaciones familiares, posee otro de los cuentos más logrados del conjunto: “El juego de los últimos días”. En él el narrador se reencuentra con su hermano Rei, que vive con una especie de autismo provocado años atrás por un accidente. Estamos ante un relato narrado con ternura en el que los dos hermanos redescubren esa intimidad que compartieron en la infancia.
“El vecino incómodo” es, por su parte, uno de los textos más originales del libro. El cuento parte de la llegada de unos nuevos vecinos que rompen la tranquilidad de un personaje solitario  que verá cómo su vida se comenzará a mover en torno a los ruidos que la pareja realiza en el piso contiguo. “El vecino incómodo” acaba desembocando en un interesante juego de identidades que nos lleva a preguntarnos por cómo pueden influir en nuestras vidas esos perfectos desconocidos de cuyas intimidades sólo nos separa un fino tabique. El último relato que destacaremos también se sale de ese realismo imperante y se adentra en un territorio que podemos situar dentro del relato fantástico más sutil. Nos referimos a “Funeral”, un enigmático cuento en el que un profesor universitario habituado a las aventuras extramatrimoniales en los congresos a los que asiste, se encuentra con que una chica con la que se ha acostado en Edimburgo comienza a seguirlo.
Son sólo cuatro ejemplos de un libro interesante y bien escrito que augura a Rafael Gómez Sales una sólida carrera en la Literatura tras esta admirable ópera prima. 

Reseña publicada en El Noroeste.


jueves, 5 de abril de 2018

Y ahora, lo importante - Beatriz Navas



Y ahora, lo importante, Beatriz Navas, Caballo de Troya, 2018, 253 págs., 15,90€.

Todos los lectores de diarios tenemos bastante de voyeurs. Nos gusta conocer de primera mano la vida íntima de los autores que reflejan, con la distancia de la escritura que se sabe que será publicada, aspectos privados de su día a día y reflexiones personales. Cuando nos acercamos a diarios de escritores conocidos, como los de Andrés Trapiello, existe además un interés por disfrutar del estilo o de la capacidad discursiva de su prosa. Pero, ¿qué podemos esperar de las anotaciones de una quinceañera sobre su anodina vida? La respuesta la responde (parcialmente) Y ahora, lo importantede Beatriz Navas.
El libro se nos presenta como la transcripción del diario que llevó esta crítica de cine madrileña durante los años 1992 y 1993, cuando era una adolescente que comenzaba el instituto. En el epílogo, además de los motivos que le llevaron a publicar el libro y que se explican, en parte, por la intención de mostrar una imagen diferente de aquella simbólica época del pasado reciente de España, Navas afirma que, salvo algunos cambios menores, relacionados con la privacidad de terceras personas, el texto original ha sido respetado. Por ello, lo primero que choca de Y ahora, lo importante es su estilo directo y juvenil, en el que se ha sacrificado la búsqueda de la excelencia en la prosa por la autenticidad del tono y del léxico.
El diario se centra, especialmente, en el simbólico 1992, año en el que “todo” parecía estar pasando en nuestro país. La joven Bea se une a la efervescencia nacional y vive con pasión y orgullo acontecimientos de los que es testigo como las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla o la inauguración del Museo Thyssen en el contexto de la capitalidad europea de la cultura de Madrid. Este retrato directo de la España del 92 es seguramente lo más atractivo del libro; a los grandes acontecimientos se suman los problemas que aquella fachada institucional no lograba tapar como el terrorismo etarra, la inseguridad, la crisis económica, las agresiones racistas, las drogas, etc. Todos ellos aparecen en el diario de Bea tanto en sus propias meditaciones como en los titulares de los periódicos que copia en cada nueva entrada.
Pero Bea es, no lo olvidemos, una adolescente de clase media-alta, algo rebelde e instruida, su conocimiento de música y cine superan a los de los demás chavales de su edad, pero una chica de catorce años al fin y al cabo. Y como tal, el grueso del diario gira en torno a sus relaciones con sus amigas y con los chicos. Durante la mayor parte del libro asistimos a una sucesión de historias adolescentes de fiestas, borracheras, coqueteos con las drogas blandas, enamoramientos y desenamoramientos. Lo que se puede considerar algo lógico en el diario de una chica tan joven acaba convirtiéndose en el mayor defecto del libro, que cae pronto en una monotonía que puede cansar al lector.
Aunque encontramos las frustraciones, el idealismo, la espontaneidad y el miedo al futuro propios de la época, la Bea adolescente apenas cita en estas páginas el principal problema de su vida, tal y como la Bea adulta reconoce en el epílogo, como era la difícil situación provocada por el divorcio de sus padres.


martes, 13 de marzo de 2018

Oriente Medio, Oriente roto - Mikel Ayestarán



Oriente Medio, Oriente roto, Mikel Ayestarán, 17€, Península, 2017, 302 págs.

Muchos de los que hemos estudiado Periodismo hemos fantaseado alguna vez con ser corresponsales de guerra. Esa imagen clásica y romántica del reportero que se jugaba el tipo en contiendas lejanas para poder mandar una crónica desde primera línea de frente atrajo la febril imaginación de muchos jóvenes periodistas. Sin embargo, con el paso del tiempo, la mayoría hemos acabado en cómodas redacciones o en otros trabajos diferentes; sólo unos pocos, entre los que se encuentra Mikel Ayestarán, el autor de este libro, consiguieron llevar a cabo ese sueño que, como comprobamos en este Oriente Medio, Oriente roto, muy poco tiene que ver con lo imaginado.
Y es que en pleno siglo XXI, tanto el periodismo como las guerras han cambiado mucho con respecto a esa época dorada del reporterismo bélico que se vivió hace ya varias décadas. Tal y como refleja el periodista vasco, la atención de los medios de comunicación occidentales hacia las guerras que asolan con tanta frecuencia Oriente Medio, el espacio geográfico en el que se ha especializado Ayestarán, fluctúa rápidamente. Lo que hoy es portada, en unas semanas apenas tendrá espacio en informativos y periódicos, por lo que el reportero debe acostumbrarse a visitar numerosos lugares en guerra en poco tiempo.
Un episodio del libro que muestra cómo la actualidad manda la vive el autor en Saná, la capital de Yemen. Mientras cubre las protestas que se viven en este convulso país, Ayestarán recibe una llamada desde la redacción de su periódico que le informa de la muerte de Bin Laden y le conmina a viajar a la ciudad pakistaní donde ha sido asesinado por tropas de élite nortemericanas. El periodista guipuzcoano cuenta esas gestiones que nunca aparecen en las crónicas y que lo llevan a aporrear, literalmente, la puerta de la embajada pakistaní en Saná para hacerse con un visado que le permita cubrir la candente noticia.
Ayestarán organiza el libro geográfica y cronológicamente, de tal forma que cada capítulo resume su cobertura de distintas guerras o crisis políticas en países como Afganistán, Túnez, Egipto, Georgia, Siria o Líbano. Así, las grandes contiendas internacionales se mezclan con otras guerras menos conocidas y con los estallidos de la llamada Primavera Árabe, que el periodista vasco sigue con cercanía y conocimiento. En cada capítulo se cuenta brevemente la historia reciente del país, para, a continuación ofrecer episodios concretos y declaraciones de los protagonistas en las revueltas o de miembros de esa población civil tan vulnerable a estos avatares. A veces, la narración posee una gran tensión, como el relato de la emboscada de la que escapa por los pelos en Siria, mientras que otras la emoción de lo relatado embarga al reportero, como el bebé que es engullido por la multitud de refugiados que invade un tren en Macedonia.
La propia naturaleza fragmentaria del libro y su ordenación cronológica hace que el lector acabe algunos capítulos, especialmente aquellos que narran sucesos más alejados en el tiempo, con ganas de saber más. Sin embargo, Ayestarán consigue con este entretenido libro un doble objetivo: informarnos sobre la última década de conflictos políticos y bélicos en Oriente Medio y dar a conocer las interioridades de  la profesión de reportero de guerra, desterrando muchos de los tópicos que se le asocian.


domingo, 4 de marzo de 2018

Un paseo por la desgracia ajena - Javier Moreno




Un paseo por la desgracia ajena, Javier Moreno, Salto de Página, 2017, 170 págs., 16€.

Una pareja en traje de baño aparece haciéndose un selfie en la ilustración de portada de Un paseo por la desgracia ajena de Javier Moreno. La parte superior de esta imagen nos muestra una situación divertida y desenfadada que es habitual en nuestras playas verano tras verano: gente disfrutando de su periodo de vacaciones y haciéndose fotos para compartir el momento posteriormente con sus amigos. Sin embargo, en la sección inferior la escena adquiere un carácter alarmante al mostrarnos a la barca en la que está la pareja hundiéndose y, sobre todo, la amenazante silueta de un tiburón que se dirige hacia ellos.
Esta portada funciona como una perfecta metáfora de los relatos que componen este nuevo libro de este autor murciano afincado en Madrid. Moreno nos muestra la podredumbre que se esconde tras la fachada lustrosa de las casas de la burguesía. A lo largo de las páginas del libro vamos conociendo, como voyeurs que observan sin ser vistos las intimidades de las familias de su vecindario, comportamientos que se alejan de la imagen idealizada que queremos dar en las fotos que subimos a las redes sociales. Los diecisiete relatos de este soberbio libro acaban configurando ese paseo por la desgracia de esos otros, que son tan parecidos a nosotros mismos aunque nos resistamos a aceptarlo, que el título anuncia.
El volumen comienza con cuatro relatos que no dan respiro al lector y que anticipan el altísimo nivel que vamos encontrar a lo largo de todo el libro. En ellos aparecen familias que muestran una imagen externa ideal pero que esconden secretos, resquemores y traumas difíciles de superar. En este primer grupo de relatos destaca “La criada”, una brutal sátira que pone a la burguesía frente al espejo de sus propias contradicciones. El tono se hace mucho más liviano en las dos siguientes narraciones: “El coche fúnebre”, texto en el que la presión que puede llegar a ejercer un padre sobre un hijo se mezcla con el humor negro, y “El sueño más dulce”, donde el protagonista sufre un irónico castigo por su gula.
Las novedosas dinámicas que establecen en las relaciones sociales las nuevas tecnologías están en la base de tres de los relatos del conjunto. En “Phoenix” una web permite recibir mensajes póstumos de los muertos; en “ELLO” todas las decisiones están mediatizadas por esta aplicación; mientras que en “Selfie-vamps” se lleva al extremo la moda de la autofoto. Uno de los personajes de este cuento reaparece en “D.J”, relato que desarrolla un tema, los límites de la publicidad moderna, que ya aparecía en la última novela de Javier Moreno.
La aburrida vida de los matrimonios burgueses protagoniza “Reyes magos”, que confronta las atildadas conversaciones entre un grupo de padres con la brutalidad de las relaciones de sus hijos, y “Dos parejas”, sobre las consecuencias de un intercambio sexual entre dos matrimonios amigos. “En busca del fuego” y “El discurso del método” comparten escenario, el centro de Madrid, y protagonistas que desentonan con el entorno, un finlandés puesto de setas y un hombre que actúa como estatua humana respectivamente.
Con estos cuentos Moreno se aleja de esa narrativa un tanto críptica que encontrábamos en sus novelas Alma (2011) y 2020 (2013) y apuesta por la sátira social que ya hallábamos en Acontecimiento (2015) en un libro que lo confirma como uno de los mejores escritores de su generación.  

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 25 de febrero de 2018

El fin del mundo - Ismael Orcero Marín




El fin del mundo, Ismael Orcero Marín, Boria, 2018, 85 págs., 12€.

La famosa y ya manida frase de Gracián sobre las bondades de la brevedad se suele cumplir frecuentemente con el cuento. No me refiero por supuesto a que los relatos más exiguos sean mejores que los extensos por norma general; es difícil, por ejemplo, comparar dos obras maestras de la narrativa como son “El dinosaurio” de Monterroso y “Casa tomada” de Cortázar, ya que se trata de textos muy diferentes. Lo que defiendo es que, por regla general, un cuento gana cuando se desprende de todo aquello que no es esencial y se deja guiar por la concisión. Por supuesto que existen grandes relatos caracterizados por la morosidad, pero, especialmente con los autores noveles, la brevedad suele ser una buena elección.
Esta reflexión viene al hilo del primer libro del escritor cartagenero, afincado en Molina de Segura, Ismael Orcero Marín. Los diez relatos que componen El fin del mundo se despachan en apenas ochenta páginas y ello no impide que al lector le sean suficientes para disfrutar de un puñado de historias interesantes y bien rematadas, en las que la querencia por el género fantástico destaca junto al uso de la ironía. Con esta decena de cuentos que se mueven entre las cuatro y las doce páginas, Orcero evita aburrir al lector y opta por inicios muy directos que le meten de lleno en historias en las que lo sobrenatural suele colarse en situaciones aparentemente cotidianas.
El volumen comienza con uno de los textos más breves y brutales del conjunto: “El banquete”. En él un extraño accidente de tráfico en mitad del desierto pone a prueba la relación entre los supervivientes. “El inquilino” está directamente relacionado con “Tesoro”; en ambos aparece el mismo personaje, Elvira, y un minigolf abandonado. También coinciden los dos en estar protagonizados por mujeres solas que se enfrentan con valentía tanto a esa soledad como al mismo hecho sobrenatural que tiene lugar en sus respectivas casas.
El giro fantástico que sólo aparece al final del relato une a varios de los textos de El fin del mundo; en “La picota”, Carmen tiene que enfrentarse a una especie de caza de brujas moderna en su pueblo. Las creencias mágicas de los habitantes de las zonas rurales también protagonizan “La caverna”, uno de los textos más diferentes del conjunto por estar escrito en primera persona y en forma de carta. De temática similar, aunque argumento muy diferente, encontramos “El ángel que nos guarda”, sobre las indagaciones de un sacerdote sobre un curandero rural.
En “El fin del mundo” asistimos a un relato postapocalíptico con la irrupción de unos animales enloquecidos en la tranquilidad otoñal de una urbanización de playa. El libro termina con, “El pozo”, un nuevo texto con final sorprendente pero peor conseguido que los anteriores.
Mucho más atractivo es el cuento titulado “Mamá robot”, en el que aparece un robot, de cocina en este caso, que imita el comportamiento y las recetas de la madre del protagonista, pero que también recoge sus defectos. Por su parte, “Mala hierba” parte de una extraña enfermedad tropical para desembocar en un relato sobre la locura de los dictadores, en un relato con una evidente influencia de la literatura hispanoamericana tal y como Orcero reconoce en el epílogo.

Reseña publicada en El Noroeste.