domingo, 24 de marzo de 2019

Factbook. El libro de los hechos - Diego Sánchez Aguilar



Factbook. El libro de los hechos, Diego Sanchez Aguilar, Candaya, 2018, 350 págs., 18€.


A pesar de que se trata de un periodo muy reciente y cuyas consecuencias aún estamos viviendo, la crisis económica que sufrió España entre el final de la primera década del siglo XXI y el comienzo de la segunda ha protagonizado ya varias novelas. Al corpus formado por obras como La trabajadora (2014) de Elvira Navarro o Asamblea ordinaria (2016) de Julio Fajardo se debe añadir este Factbook. El libro de los hechos de Diego Sánchez Aguilar. Se da la circunstancia de que los tres autores citados pertenecen a la misma generación, nacieron entre 1974 y 1979, una de las que sufrió de manera más directa (aunque, ¿alguna no lo hizo?) aquella época de recortes, paro y precariedad laboral.

Sánchez Aguilar, que debuta con asombrosa solvencia en la novela, ofrece una visión muy crítica y con una sólida base política no sólo de la crisis sino del sistema capitalista, sus contradicciones y servidumbres. Una de las citas iniciales, la otra es de la poeta Ana Pérez Cañamares, es nada menos que de Warren Buffet, que alardea de que los ricos van ganando la guerra de clases. El mundo que imagina Sánchez Aguilar, una especie de historia paralela de la España contemporánea que se desgaja de la actual desde el 15M de 2011, sería seguro del agrado del magnate norteamericano.

Y es que tras la victoria del partido político surgido de aquellas protestas, las élites económicas y políticas toman el control y tras anular los resultados y conseguir que Esperanza Aguirre asuma la presidencia, inician una deriva autoritaria mediante una serie de reformas políticas y económicas ultraliberales. Los recortes en los derechos sociales y en la libertad de expresión suponen, por ejemplo, la eliminación de la “deficitaria” educación pública. En este contexto surge una nueva red social, Factbook, que acoge a los indignados con el sistema y cuyo brazo armado cuelga de los toros de Osborne a los presidentes de la CEOE y del FMI y a una empresaria cuyo nombre recuerda al de Ana Botín.

Ante a esta situación Sánchez Aguilar nos muestra tres tipos de actitudes, representadas cada una de ellas por los tres protagonistas del libro. Por un lado, tenemos al colaborador con el sistema, papel que ejerce un informático innonimado que lucha desde su ordenador contra Factbook para defender la democracia que aún piensa que hay España. Conocemos sus puntos de vista sobre esta extraña red social, en las antípodas de Facebook, y sobre los disidentes, a los que no duda en calificar como terroristas, a través de sus respuestas en una entrevista cuyas preguntas no se nos muestran.

La actitud crítica frente a falta de libertades está representada por Rosa, una profesora que en su juventud militó en grupos antisistema y que se frustra al comprobar que las manifestaciones en las que participa y sus firmas en Change.org no sirven para nada. Factbook y la peculiar atracción del toro de Osborne, símbolo de la resistencia, le proporcionarán una manera de canalizar su ira. El más interesante de los tres protagonistas, por simbolizar la inacción, es Gustavo, expareja de Rosa y guionista de series de éxito cuyo egocentrismo le aleja de la actitud beligerante de ella y le lleva a elegir como salida la criogenización.

Sánchez Aguilar nos presenta un retrato nada complaciente de la sociedad española contemporánea en un libro que a pesar de su densidad ideológica y discursiva, apenas tiene diálogos, se lee con fruición. 

Reseña publicada en El Noroeste:


sábado, 9 de marzo de 2019

El animal más triste - Juan Vico

 

El animal más triste, Juan Vico, Seix Barral, 2019, 200 págs., 16€.

Las dos primeras partes de El animal más triste, la última novela de Juan Vico, se desarrollan en la misma comarca del Prepirineo catalán. Sin embargo, mientras que en la primera, que tiene lugar en la actualidad, un grupo de amigos urbanitas se reúnen en el pueblo donde dos de ellas se han instalado, en la segunda sección un maestro de la República enseña en una aldea situada en un valle cercano que en el presente ha quedado abandonada. La cercanía geográfica contrasta con la diferencia de contexto de los personajes de ambas partes, marcada por las décadas que han transcurrido. Si el docente de 1936 debe luchar contra la incultura y la cerrazón de los habitantes del pueblo, los burgueses de la actualidad se enfrentan a situaciones de índole más personal. Vico muestra cómo ha cambiado la sociedad española en este tiempo y lo que nos pueden parecer, tras conocer las cuitas del maestro, problemas sin importancia, son, en realidad, síntoma de que el país logró hace tiempo gran parte de los avances por los que luchaba el profesor en la gris España previa a la Guerra Civil.

Este es sólo uno de los temas que pone en juego un libro que, a pesar de no sobrepasar las doscientas páginas, es rico en referencias de diverso tipo, erigiéndose como un relato heterogéneo que escapa a una fácil clasificación temática. La trama, especialmente en la tercera y última parte, avanza como fuera de plano y vamos conociendo de manera indirecta las separaciones, las infidelidades y los embarazos del grupo de amigos que se reúnen en el pueblo en la primera parte. Esta forma de narrar hace que el lector pueda terminar el libro con cierta insatisfacción, como necesitando saber más de los protagonistas.

La primera parte reúne en el pueblo a tres antiguos amigos, Marta, Roberto y Jonás (el narrador), y a sus respectivas parejas, Solange, la joven Paula y Cecilia. El grupo se completará con Silvia, una tatuadora vecina del pueblo donde Marta y Solange se han establecido y al que han invitado al resto. Durante unos días disfrutan de la gastronomía local, pasean por el pueblo y por la aldea abandonada del valle cercano y desconectan de sus interesantes trabajos de la ciudad. Sobrevuela el encuentro el peso del pasado, especialmente de la obra literaria de un amigo fallecido que se hace presente con el visionado de El animal más triste, un cortometraje que Roberto, Marta y Jonás filmaron en su época universitaria. 

Tras la historia del maestro republicano, una reivindicación de aquellos héroes cuya vocación docente les llevó a los pueblos más aislados y que recuerda Historia de una maestra de Josefina Aldecoa, volvemos al presente del grupo de amigos que protagonizan el libro. En esta última sección los distintos personajes se van alternando en la narración de los meses que siguen a la reunión en el pueblo, lo que termina de otorgar al libro ese carácter proteico. Aunque los hechos relatados son similares, problemas de índole sentimental, profesional y artístico, los tonos empleados son muy diferentes. El estilo un tanto pedante de Jonás de la primera parte, con continuas referencias cinematográficas como corresponde a su trabajo como crítico, se ve sucedido ahora, por el irónico de Roberto, el lacónico de Cecilia, el erudito, plagado de citas literarias, de Marta, o el descriptivo, sin apenas verbos, de Solange.  

Reseña publicada en El Noroeste:

domingo, 17 de febrero de 2019

Hamaca - Constanza Ternicier



Hamaca, Constanza Ternicier, Caballo de Troya, 2017, 152 págs., 16€.

Narrar la infancia y la adolescencia siempre ha sido difícil. Salvo libros que poseen un enorme valor por el contexto en el que fueron escritos, pienso en el Diario de Ana Frank, o experimentos interesantes pero no del todo satisfactorios, me refiero al diario de adolescencia que recuperó Beatriz Navas en Y ahora, lo importante (2018), no escuchamos la voz real de menores de edad. Otra opción más frecuente es la creación de un narrador infantil que cuente, desde su original perspectiva, sus vivencias; a los numerosos ejemplos precedentes en la literatura en español, Caperucita en Manhattan (1990) de Carmen Martin Gaite sería un destacado ejemplo, se viene a sumar este Hamaca de Constanza Ternicier.
Se trata de su primera novela, publicada originalmente en su Chile natal en 2015 y reeditada dos años después en esta edición, pero la segunda que comentamos en estas páginas tras la notable La trayectoria de los aviones en el aire (2016). Ambas coinciden en el protagonismo femenino y en una manera de narrar pausada y no demasiada exhaustiva, que invita al lector a asomarse a episodios concretos de la vida de las protagonistas, Amparo aquí, Amaya en la otra, y a reconstruir a partir de ellos sucesos importantes para el desarrollo de la historia.
Hamaca posee un título de naturaleza metonímica, ya que hace referencia al lugar de descanso de la madre de la narradora que queda vacío tras su desaparición, inmóvil en medio del patio de la casa familiar como un recordatorio perenne de su ausencia. El libro relata el proceso mediante el cual Amparo descubre qué ha pasado con su progenitora a la vez que afronta los cambios propios de la adolescencia. Así, los habituales ritos iniciáticos propios de la edad, las primeras relaciones amorosas, las primeras borracheras y coqueteos con las drogas, deben ser afrontados por la protagonista desde la doble orfandad que vive por la desaparición de la madre y la inacción del padre, recluido en una habitación de la casa en la que se dedica a montar puzles.
Esta conflictiva etapa de su vida es narrada por la voz adolescente de Amparo, que observa el mundo que le rodea y los cambios que vive con una mirada que mezcla la inocencia y la perplejidad. Significativo de esta forma de analizar el mundo es cuando describe al dictador Pinochet como “un hombre gordo que le cae mal a toda mi familia y a mí también”.
Pero, a pesar de la dureza de la situación familiar de Amparo y de su incomprensión sobre la relación de sus padres, Hamaca no es un libro triste y ofrece en gran parte de su desarrollo una trama con episodios más desenfadados e incluso humorísticos. En esta parte más liviana del libro tienen un peso importante amigos de la narradora, como su vecina Rosario o Alberto, su estrafalaria abuela, la criada de esta, Estela, o su enigmático podólogo, Tristán, que establecerá una ambigua relación con Amparo. Todos ellos acabarán coincidiendo en la escena final del libro: una comida en la que se producirá una especie de epifanía mediante la cual la protagonista disipará las dudas que tenía sobre el pasado de su familia.


Reseña publicada en El Noroeste:



martes, 12 de febrero de 2019

Por qué la literatura experimental... - Ben Marcus y Rubén Martín



Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos. Con unos pinitos de pedantería, Ben Marcus y Rubén Martín Giráldez, Jekyll & Jill, 2018, 160 págs. 15€.

En uno de los fragmentos más delirantes de este ensayo, Ben Marcus cuenta que el escritor norteamericano Jonathan Franzen recibió un día un extraño paquete cuyo remitente firmaba como FC2. El hecho de que Franzen no lo esperara, de que el nombre recordara a firma del terrorista Unabomber (FC por Freedom Club) y, también reconozcámoslo, cierto alarmismo, le llevaron a creer que podía tratarse de un artefacto explosivo. Sin embargo, aquel paquete contenía solamente un libro editado, eso sí, por un sello, FC2, dedicado a esa literatura experimental que tanto odia el autor de Las correcciones. Cuando llegó a mi casa un paquete de parte de la editorial Jekyll & Jyll no pensé en que se trataba de una bomba, no soy tan paranoico como Franzen, pero después de leer el libro me he dado cuenta de que se trata de un artefacto de potente onda expansiva.
Ya el título es una bofetada a las convenciones de la literatura actual: un ataque directo a un autor famoso, el reconocimiento de la pedantería de uno de sus textos y una extensión que hace casi imposible citarlo en cualquier artículo o conversación. El contenido no rebaja el nivel de mordacidad e ironía a lo largo de los tres textos independientes que integran el volumen y que tienen el mismo objetivo: defender la literatura experimental frente a los ataques de aquellos que abominan de la dificultad lingüística o estructural.
He de reconocer que mi primera reacción ante el texto de Marcus fue de sospecha; me gustan las novelas de Jonathan Franzen y temía que un intelectual sabihondo destrozara la trilogía con la que tanto he disfrutado (Las correcciones, Libertad y Pureza). Sin embargo, Marcus no lanza sus dardos contra el Franzen escritor, sino a sus artículos críticos en los que ha sido especialmente beligerante con los escritores que se alejan de la claridad. El autor del texto, muy acertadamente, pone en entredicho que un grupo de literatos de escasa repercusión supongan, tal y como sostiene el afamado narrador norteamericano, un peligro para la literatura. Además, Ben Marcus lanza un ataque directo a la argumentación de su oponente dialéctico asegurando que sus novelas son, según los tests que miden la claridad de un texto (sí, los yanquis tienen este tipo de herramientas), más difíciles que las de autores supuestamente experimentales como William Gaddis.
El segundo texto del volumen es un ensayo que su autor, Rubén Martín Giráldez, define con ironía como “pinitos en pedantería”. El texto es una muestra de erudición sobre el tema: hay decenas de citas, especialmente importantes son las de Rafael Sánchez Ferlosio, y hasta 64 notas al pie de página, mezclada con altas dosis de humor y con un manejo exuberante del lenguaje que se aleja de la prosa funcionarial que tanto abunda por estos lares. Además, Martín Giráldez se adelanta a sus críticos y reconoce que no puede ofrecer un catálogo de narrativa experimental. Quizás peque aquí de exceso de humildad ya que sus últimos libros, Magistral (2016) y El fill del corrector/Arre, arre, corrector (2018), este último pergeñado junto Adrià Pujol, se encuentran entre lo más original publicado en España en esta década.
El libro, que se cierra con otro breve artículo de Marcus (una especie de captatio benevolentia irónica), es, en su conjunto, una lúcida e interesantísima defensa de la literatura más arriesgada y menos acomodaticia.

Reseña publicada en Manifiesto Azul 19.


lunes, 4 de febrero de 2019

El calendario de Dios - Rubén Castillo


El calendario de Dios, Rubén Castillo, Boria, 2018, 330 pags., 16€.

Muchos se han interrogado sobre las razones que llevan a alguien a escribir; contar una historia o una experiencia personal, expresar unos sentimientos o criticar algún comportamiento humano se encuentran entre las respuestas más habituales. Sin embargo, no es tan frecuente inquirir por las razones que llevan a un escritor, aún en plenas condiciones físicas y mentales, a anunciar que no volverá a entregar una nueva obra a la imprenta. Este es el caso de Rubén Castillo, escritor murciano de larga trayectoria en la narrativa y con una incursión en la poesía, que ha anunciado que El calendario de Dios será su último libro.
Castillo demuestra con el que es su canto de cisne literario que mantiene el nivel que ya demostró en libros precedentes, como en el notable volumen de relatos Muro de las lamentaciones (2017), y nos ofrece un relato de ritmo ágil que consigue mantener el interés del lector a lo largo de sus más de trescientas páginas. El narrador, además, no se limita a contar la historia, sino que intercala frecuentes reflexiones tras las que intuimos la voz del escritor murciano y su forma de entender las contradicciones de nuestra sociedad.
El calendario de Dios está protagonizado por Horacio, un hombre de unos cuarenta años que tiene el don de adivinar el futuro. Desde que descubrió esta cualidad en su adolescencia, gracias a la orientación de Leo, un amigo de su padre que se convirtió  en su mentor, ha sido cuidadoso y a pesar de que se dedica profesionalmente a leer las cartas del tarot, ha tratado de no llamar mucho la atención dosificando la información que les daba a sus clientes. Sin embargo, la visita de Matías, un anciano enfermo y solo al que decide alegrar sus últimos meses anunciándole el número ganador de la lotería, le hace romper sus propias normas. Como en los cuentos populares, la transgresión de una prohibición conlleva un castigo para el protagonista, que tendrá que sufrir, tras la confesión de Matías de que gracias a Horacio es millonario, el interés ajeno por sus poderes.
Con estos mimbres, una persona con un poder sobrenatural, otros narradores hubieran optado por el relato fantástico, pero Rubén Castillo elige el thriller para su novela, haciendo vivir a Horacio en una continua huida para salvaguardar su integridad ante aquellos que lo ven como un instrumento para lograr sus objetivos. A pesar de este planteamiento inicial, El calendario de Dios no se convierte en un remedo de película de acción hollywoodiense ya que el protagonista se mueve por escenarios tan castizos como barberías, pensiones y cafeterías de los barrios más populares de Madrid, además de Santa Pola y Cuenca.
La narración de la trepidante huida de Horacio, desencadenada por la indiscreción de Matías, se mezcla con el recuerdo de episodios de la vida del adivino que marcaron su devenir. Así, vamos conociendo a sus padres, a su primera novia, con quien comprobó por primera vez la peligrosidad de su don, a su vecino o a sus suegros. Especial importancia en la trama, tanto en su pasado como en la manera en la que Horacio afronta su escapada, tendrán Rebeca, su ex mujer, y Leo. Ambos serán piezas básicas en el sorprendente tramo final de El calendario de Dios.

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 20 de enero de 2019

Biblioteca bizarra - Eduardo Halfon




Biblioteca bizarra, Eduardo Halfon, Jekyll&Jill, 2018, 120 págs., 18€.

En cada ocasión que escribo una reseña de un nuevo libro  de Eduardo Halfon, y esta es la cuarta, tengo la sensación de estar escribiendo lo mismo. Y es que la narrativa de este escritor guatemalteco, que ha vivido durante gran parte de su vida en Estados Unidos, posee una unidad poco común en la literatura contemporánea. Los lectores de Halfon sabemos que todos sus textos poseen un tono muy personal, entre la ternura y la ironía, y que giran en torno a unas pocas obsesiones: las relaciones familiares, el oficio de escritor o la identidad. Sin embargo, cada nuevo libro ofrece algo original a una trayectoria literaria que es una búsqueda constante de respuestas que no acaba con el punto y final. Lo que al principio podríamos considerar erróneamente como intentos de encontrar una voz son, en realidad, nuevos pasos hacia delante en una de las carreras más sólidas de la narrativa hispánica contemporánea.
Biblioteca bizarra es, por su propia concepción como una recopilación de textos publicados previamente en diversas revistas y periódicos, uno de los libros más heterogéneos de Halfon, si bien su manera de escribir provoca que cada una de las seis partes formen un continuum con las demás y con el resto de su obra. El primero de los capítulos, el que da título al volumen, integra una serie de anécdotas de variado origen todas ellas con los libros y las bibliotecas como nexo. El narrador nos presenta personajes en el límite de la verosimilitud que poseen relaciones con sus ejemplares que van de la excentricidad a la obsesión. No puede faltar entre este curioso catálogo una historia de índole familiar, la visita a la biblioteca sionista de una tía abuela, que acaba con otro de los temas habituales en su literatura: la difícil relación con el padre.
Los dos siguientes textos de Biblioteca bizarra se encuentran entre los más emotivos que recuerdo de la prosa del escritor guatemalteco. “Halfon boy” cuenta la gestación y el nacimiento de su hijo Leo con una ternura lógica en un padre primerizo. A pesar del carácter tan personal del momento, o quizás por ello, Halfon no puede evitar incluir referencias a su “otra familia”, la literaria, en este caso a la vida y a la obra del poeta William Carlos Williams. “Los desechables” tiene un punto de partida totalmente opuesto: al final de una gira promocional por Colombia se dirige a dar una charla a unos drogadictos en rehabilitación. El narrador opta por otorgarles la palabra y el lector conoce sus terribles historias y, como contraste, una serie de preguntas sobre lo que pueden aportar los escritores ante problemas de este cariz.
Tras un texto más breve, sobre Chejov y la ciudad francesa de Saint-Nazaire, el libro se cierra con dos capítulos que abordan la difícil relación con su país natal. En el primero, “La memoria infantil”, Halfon va hilando diversos recuerdos de sus primeros años que acaban con su salida de Guatemala con apenas diez años debido a la inestabilidad política. “Mejor no andar hablando demasiado” retoma su relación con el país tras una elipsis que coincide con su estancia de trece años en Estados Unidos y narra sus inicios como escritor. Como si de una situación pendular se tratara, una década después de establecerse de nuevo en el país tiene que salir debido a las amenazas que recibe tras publicar su primera novela.


Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 7 de enero de 2019

Fantasmas de la ciudad - Aitor Romero Ortega


Fantasmas de la ciudad, Aitor Romero Ortega, Candaya, 2018, 238 págs., 16€.

La narrativa española contemporánea es, salvo excepciones como, por ejemplo, El dolor de los demás (2018) de Miguel Ángel Hernández o Intemperie (2013) de Jesús Carrasco, eminentemente urbana. El porcentaje de población que habita en las grandes aglomeraciones hace tiempo que superó al de los pueblos, pero, además, en ellas se ubican los grandes centros de poder, incluidos los culturales, por lo que funcionan como polo de atracción para artistas de toda índole. Fantasmas de la ciudad, el primer libro de relatos de Aitor Romero, participa de esta tendencia general a utilizar espacios urbanos, el título ya nos da una pista, y ofrece ocho variantes de la relación que establece el hombre moderno con la metrópoli.
El primer cuento se aleja del tono del resto del libro ya que no ofrece un relato de ficción propiamente dicho, sino un texto de cariz histórico que repasa la vida de León Trotski y su paso por España en general y Barcelona en particular. Al igual que han hecho en épocas recientes autores como David Torres en Palos de ciego (2017) o Alicia Kopf en Hermano de hielo (2016), Romero entrevera episodios históricos con su propia experiencia. “El aeropuerto del sur” me parece el menos inspirado de un conjunto muy notable; aunque la elección del aeródromo, el “no lugar” por excelencia de nuestra sociedad, es original para este remedo de “La autopista del sur”, tanto el título como la cita inicial adelantan al lector que el relato seguirá unos derroteros similares al texto de Cortázar.
En “Naima” las ciudades se convierten en sitios de paso que apenas dejan huella en la enigmática protagonista, que se establece sucesivamente en París, Barcelona, Madrid y Buenos Aires sin encontrar nunca su sitio ni poder escapar de la canción de Coltrane que tanto gusta a su padre y que le dio nombre. “Hotel Torino” nos propone una forma de viajar diferente a la habitual: el protagonista vuelve a Roma para tratar de revivir un iniciático periplo de juventud y como homenaje tanto a su progenitor como al escritor Cesare Pavese. Un viaje a Nashville, una ciudad que obsesiona al narrador por un disco de Bob Dylan, es el punto de partida de la primera parte de “Spaguetti Western”; el texto se completa con una coda donde se narra el contexto de creación del relato en Grenoble. En “Puentes de Bosnia” las ciudades balcánicas heridas aún por la guerra sirven como metáfora para los dos amantes que las recorren y que también han sufrido la metralla de un divorcio y de la muerte de una hermana.
Barcelona, ciudad natal del escritor, es el escenario de los dos relatos restantes: “La colmena”, que narra la historia de Kubalita, un héroe de barrio que desentona con la urbe cosmopolita que ahora es la capital catalana, y “Fantasmas de la ciudad”, en la que la falta de inspiración de un autor de éxito le lleva a reencontrarse con su ciudad. Paradójicamente este relato termina con el escritor teniendo que huir a un pequeño pueblo de la costa para poder escribir desde allí su novela sobre sus años de juventud en la urbe. Romero parece decirnos que la atracción que sufren los personajes de sus estupendos relatos por las ciudades apenas les deja otra posibilidad que vivirlas con pasión.

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 14 de diciembre de 2018

Mamíferos que escriben - Manuel Moyano


Mamíferos que escriben, Manuel Moyano, Newcastle, 2018, 101 págs., 8€.

Se pregunta Manuel Moyano al final de este libro si la literatura nos aísla del mundo o nos hace vivir la realidad de manera más intensa. Señala, además, que se trata de una enfermedad, de esas que se contraen en la infancia y que se convierten en crónicas ya que no te abandonan durante el resto de tu vida. No sé si el hecho de equipararla a una dolencia no es un tanto exagerado, pero sí es cierto que a los que nos apasiona leer solemos desarrollar cierta obsesión por la palabra impresa. Frente a aquellas personas que pueden subsistir sin libros a su alrededor o que apenas se dejan enganchar cada cierto tiempo por el fenómeno editorial de la temporada, los que leemos a diario formamos una religión peculiar en la que cada devoto tiene a unos cuantos autores en su panteón particular. Para estos pocos locos que veneran de manera obsesiva a los autores que les han impactado está dirigido Mamíferos que escriben.
El autor, como no podía ser de otra forma, se reconoce como parte de este tipo de lector para el que no es suficiente cerrar el libro y guardarlo en los anaqueles de su atiborrada biblioteca. Para Moyano, al igual que para tantos miles de letraheridos, la lectura no termina con la palabra “fin” y desea ir más allá, continuar en ese mundo de ficción en el que ha habitado durante días. Una de las maneras más eficaces de evitar la orfandad que provoca la última página es buscar información sobre el autor del texto, tratando de hallar en su biografía o en sus palabras ecos de la obra que nos ha impactado. A algunos de nosotros, Moyano se cuenta entre ellos, esta necesidad de conocer mejor el rastro que dejaron los autores nos lleva a emprender viajes a los lugares en los que vivieron en busca de no sabemos muy bien qué. Sin embargo, cuando estamos allí, en la mesa en la que pergeñó los primeros proyectos de su obra maestra o en el catre en el que expiró, nos sentimos más cerca de la concepción de ese libro que tanto nos hizo disfrutar.
Moyano incluye en su panteón personal a una docena de creadores y ofrece dos tipos de textos breves sobre ellos: los biográficos y los geográficos. En los primeros realiza un repaso de sus vidas, de sus obras o de alguna circunstancia poco conocida y llamativa; en los segundos cuenta viajes que él realizó a los lugares donde los autores vivieron. Aunque el narrador molinense (aunque nacido en Córdoba, reside desde hace décadas en Molina de Segura) muestra gran habilidad en resumir en unas pocas páginas las vivencias y las obras de creadores como Bioy Casares, Paul Auster, Bob Dylan, Stanley Kubrick, Bukowski o Lovecraft, mezclándolas siempre con su propia experiencia como lector, melómano o cinéfilo, son, a mi juicio, los relatos de viajes los más interesantes.
Así, acompañamos a Moyano mientras sigue las huellas de Cunqueiro en Mondoñedo, de Borges en Ginebra, de García Lorca en Granada, de Dylan Thomas en Gales, de Kipling en Sussex o lee los mensajes de los fans en la tumba de Cortázar en París. No es extraño que este pequeño homenaje a sus autores favoritos que es Mamíferos que escribe se cierre con un capítulo titulado “El viajero literario”, en el que resume otros periplos que ha realizado movido por los mismos motivos y en el que acaba reflexionando sobre esta enfermedad tan maravillosa que es la lectura. 

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 25 de noviembre de 2018

El jardinero - Alejandro Hermosilla



El jardinero, Alejandro Hermosilla, Jekyll & Jill, 2018, 190 págs., 17,50€.

Desde el comienzo de los tiempos, si hacemos caso a la Biblia, los jardines han sido espacios valorado por los seres humanos; qué era si no el paraíso sino un jardín cuidado con mimo por Dios del que Adán y Eva fueron expulsados. Con el paso del tiempo, los jardines se convirtieron en un sucedáneo de esa naturaleza salvaje de la que habíamos huido, una manera de rodearnos de la vegetación de bosques y selvas pero de manera controlada. Es en uno de estos espacios donde se desarrolla la nueva novela del cartagenero Alejandro Hermosilla, publicada, de manera primorosa como suelen hacer, por Jekyll & Jyll con portada del ilustrador Tomás Hijo.
El libro parte de otro valor que se suele dar al jardín: el de estatus social. Hoy en día se valoran mucho más en el mercado inmobiliario aquellos barrios con abundantes zonas verdes. En siglos pretéritos los grandes señores no concebían sus mansiones sin el añadido de un enorme jardín perfectamente cuidado. Es una familia nobiliaria de época aparentemente medieval la protagonista de la novela de Hermosilla y la contratación de un extraño jardinero que se adueñará de su jardín el detonante de sus problemas. Por error el conde ofrece a este empleado un contrato vitalicio, lo que le permite holgazanear a su gusto sin miedo a ser despedido y a descuidar el trato de las plantas. Con el paso del tiempo, la dejadez del jardinero se torna en insubordinación y comienza a socavar el poder de la familia en el condado a la vez que va ganando influencia entre sus miembros.
Esta versión de los hechos está determinado por la fuente que el lector tiene de los mismos: el hijo menor de los condes. Este personaje, que cuenta en primera persona lo que va sucediendo en los dominios familiares, se nos presenta al principio como un ser obsesivo, que detesta al jardinero y que sueña con convertirse en el heredero por delante de sus hermanos mayores. Con el paso de las páginas, esa obsesión deviene en locura y el argumento se torna en una sucesión, a veces sin orden ni aparente lógica, de la violencia y las orgías que se suceden en el castillo y que no sólo están protagonizadas por el jardinero y sus secuaces, sino también por los padres, hermanos y por el mismo protagonista.
Esta narración enfebrecida, que va alternando párrafos breves y largos sobre distintos personajes y momentos de la historia, se alimenta de las imprecaciones al jardinero, de la lascivia de su familia (especialmente de la madre, que tiene una relación incestuosa con su hijo menor) y de las continuas alucinaciones del narrador. Hermosilla elabora un texto con un gran ritmo y con una trama abigarrada que se va enredando y bifurcando continuamente como la vegetación de un jardín descontrolado en la que lo real y lo aparente se mezclan a través de la voz del narrador. Además, pone en juego temas como las difíciles relaciones familiares, la amistad y las diferencias de clases sociales, el jardinero no deja de ser un vasallo que se niega a cumplir órdenes.
El relato principal se completa con una serie de fragmentos, de inspiración enciclopédica pero también con la original impronta de Hermosilla, en los que se citan libros y episodios históricos en los que los jardineros tuvieron protagonismo. 

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lunes, 12 de noviembre de 2018

Lo que está y no se usa nos fulminará - Patricio Pron




Lo que está y no se usa nos fulminará, Patricio Pron, Random House, 2018, 172 págs., 17€.

La originalidad es un valor muy importante en la literatura. La mayoría de los escritores transitan por caminos ya desbrozados por sus antecesores, limitándose a ofrecer a los lectores sus historias de una manera similar, aunque nunca igual, a otros autores que les precedieron. Sin embargo, unos pocos escritores arriesgan nuevas formas de internarse en los espesos bosques de la narración. No siempre las trochas que abren llevan a algún sitio concreto o sirven de inspiración para posteriores expediciones, pero siempre se les debe el reconocimiento por el riesgo que corren. Dentro de este grupo de narradores que ofrecen al lector libros originales podemos encuadrar a Patricio Pron y su último volumen de relatos hasta la fecha: Lo que está y no se usa nos fulminará.
Desde el primer cuento, Pron, autor argentino afincado desde hace una década en España, sorprende por la manera de narrar la historia. En la mayoría de la docena de textos que integran el libro hallamos estructuras, perspectivas o estilos que producen un extrañamiento en el lector y que destacan, además, por su variedad. Hallamos, por ejemplo, un cuento en el que se mezclan varios idiomas; se trata de “La repetición” y posee fragmentos en inglés y en portugués. En “Quien te observa en el espejo desaparecerá contigo” se prescinde de los puntos y se multiplican, dificultando a veces la comprensión del texto, los paréntesis. “Salon des refusés”, por su parte, va ofreciendo varios desarrollos posibles para una acción, negando a continuación lo que se acaba de narrar, en una estrategia que se relaciona directamente con la cita de Ricardo Piglia que acompaña el relato.
También hay juegos con la identidad del autor, al protagonista de “La bondad de los extraños” se le llama P y el de “Este es el futuro que tanto temías en el pasado” recibe el nombre de Patricio Pron, y con la extensión de los textos, “Umeak kontatu zuena / Lo que contó la niña” es mucho más breve que el resto ya que tiene dos páginas. Además, y como se puede comprobar en los relatos citados, el autor rompe también con las convenciones de los títulos, muchos de ellos son largos y otros están en otro idioma, como deja patente el del libro, tomado de una canción de Luis Alberto Spinetta. En cuanto a la estructura del relato, también sorprende el uso de fragmentos de un formulario de inmigración para separar las partes de “Oh, invierno, sé benigno”, la inclusión de una historia resumida, por ejemplo en “Uno de esos padres”, o el salto temporal a su propio pasado que sufre el protagonista de “Las luces sobre su rostro”.
Comparados con estos recursos, los temas que Pron desarrolla no son tan originales y lo relacionan con algunos de sus compañeros de generación. Entre los habituales en otros narradores que también aparecen aquí podemos citar las relaciones familiares, las dudas sobre la identidad, las veleidades del mundo literario y la vuelta a la juventud. Más personal es el cuestionamiento de los movimientos revolucionarios argentinos de los años setenta que realiza el narrador de “Un divorcio de 1974”.
Lo que esta y no se usa nos fulminará es, en definitiva, un libro que aborda asuntos habituales en la narrativa contemporánea, pero desde perspectivas novedosas que ofrecen un enorme aliciente al lector sin dificultar la comprensión de las historias relatadas. 

Reseña publicada en El Noroeste: