miércoles, 22 de septiembre de 2021

Arde Torrevieja - J. M. Sala


 Arde Torrevieja, J. M. Sala, Antipersona, 2021, 234 págs.,14 €.

 

Justo a la mitad de este libro, una enfermera pronuncia unas palabras que creo que definen muy bien lo que sienten los tres protagonistas de la historia: “Estamos en Torrevieja. Tarde o temprano nos va a pasar algo. La pregunta es cuándo” (114). Esta manera de entender la vida en la ciudad alicantina como una condena que antes o después habrá que cumplir es la que comparten Sonia, Juan y el Rojo, pero la diferencia es que cada uno la afronta de una forma muy distinta.

Sonia, quizás por su juventud, apenas tiene dieciséis años, aún no ha perdido la ilusión aunque es consciente de la mediocridad en la que viven la mayoría de los habitantes de Torrevieja y de la escasez de oportunidades que una ciudad volcada en atraer a un turismo de borrachera ofrece a sus jóvenes. Gracias a la inocencia que aún conserva y a su interés por los estudios (sueña con una carrera como astronauta), la chica confía en que podrá labrarse un futuro. Además, parece encontrar en un foro de internet, bajo el alias de Ghost16, a una especie de alma gemela con la que comparte unos gustos musicales que nadie parece tener en su instituto.

Juan, el hermano de Sonia, representa aquello de Torrevieja de lo que la chica quiere huir. Con sólo un par de años más que ella, y aunque ha conseguido independizarse y vivir en un apartamento inmundo junto al Tocao, un amigo que actúa como su conciencia, el chico se siente maltratado por todos. Cree que sus jefes en las obras en las que trabaja tratando de adecentar la ciudad para los visitantes no lo respetan y siente que los turistas ingleses y alemanes (los chanes, en terminología local) se burlan de los jóvenes torrevejenses como él impunemente. Ante esta marginación, la respuesta de Juan es una creciente ira que el Tocao irá alentando.

Por su parte, el Rojo parece el mejor situado de los tres aparentemente. A sus veintipocos años es capataz en las obras en las que Juan es peón y tiene una casa en una de las nuevas urbanizaciones de la ciudad donde convive con su pareja. Sin embargo, Arturo, su verdadero nombre, vive atenazado por un dolor de espalda que no quiere reconocer para no perder su posición en el engranaje de la construcción y, sobre todo, por los remordimientos. El Rojo es consciente de las penosas condiciones laborales de sus subordinados y debe luchar contra sí mismo para no denunciarlo, como le piden su padre y un sindicalista que acude a la obra.

Las vidas de estos tres personajes tan distintos en su manera de enfrentar las adversidades se entrecruzan en una historia que se desarrolla en un solo día: el 16 de junio de 2002. Si interesante es la manera mediante la que J. M. Sala va centrando la focalización alternativamente en Sonia, Juan y el Rojo, lo más destacado del libro es la cartografía física, moral e histórica que hace de Torrevieja, verdadera protagonista del libro. Estamos ante una ciudad muy peculiar, con poca historia y que hipotecó su futuro al turismo que buscaba su clima benigno, sus playas (alguna de ellas artificial, como la que construyen el Rojo y Juan) y sus bares con alcohol barato.

El autor nos muestra la época dorada de la burbuja inmobiliaria en una sátira despiadada contra los desmanes de los gobiernos municipales y de las grandes constructoras en un día que, poco a poco, irá encaminándose a una noche apocalíptica en la que la naturaleza parecerá querer vengarse de la acción del hombre y en la que, finalmente, los tres protagonistas conocerán su condena.  

Reseña publicada en El Noroeste:



domingo, 5 de septiembre de 2021

El diablo tras el jardín - Ginés S. Cutillas

 

El diablo tras el jardín, Ginés S. Cutillas, Pre-textos, 2021, 255 págs., 18€.          

Son muchos y muy profundos los cambios que sufrimos entre los doce y los catorce años. Se trata de una etapa de grandes transformaciones que hacen que dejemos de ser el niño que ha ido aprendiendo poco a poco a vivir a convertirnos en el adolescente que tomará su propio camino. Estos dos años, que antes se vivían al final del colegio y ahora al comienzo del instituto, son los que retrata Ginés S. Cutillas en su última novela en el personaje de Tito.

El protagonista de la obra queda perfectamente definido por el autor y sufre a lo largo de las páginas de El diablo tras el jardín una gran evolución que es narrada con precisión y ternura no exenta de crudeza. Se trata, al comienzo de la historia, de un niño que vive en el barrio del Cabañal de Valencia a principios de los años 80. Tras la muerte de su abuelo, decide explorar la casa que este les ha dejado a él y a su hermano en herencia, y a la que acceden sin que sus padres lo sepan. Allí descubren que el recientemente fallecido les ha legado una especie de reto en su enorme biblioteca: ir leyendo una serie de libros iniciáticos, especialmente seleccionados para jóvenes, en los que ha escondido unos billetes a modo de recompensa. Tito y su hermano Ximo deciden realizar esta lectura junto a sus amigos y compartir con ellos el dinero.

Como ocurre en todo grupo de personas, y especialmente cuando se trata de adolescentes, enseguida surgen entre los amigos las complicidades, las risas, los piques, el amor y los celos. Lo que durante los primeros meses serán emocionadas lecturas colectivas de clásicos como Robinson Crusoe o los cuentos de Poe, con el paso del tiempo, y tras el siempre difícil periodo estival en el que el grupo se separará, se tornará pronto en una sucesión de desavenencias que llevarán a Tito a verse arrastrado, por primera vez en su vida, por la pasión y el deseo erótico.

En paralelo a las fluctuaciones de sus relaciones con sus amigos, el protagonista irá descubriendo una serie de secretos familiares que lo harán despertar, como Lazarillo tras el golpe en la estatua con forma de toro, de la inocencia infantil. Las fotografías de su abuelo dispersas por la casa y las conversaciones con el fantasma del hermano de este le mostrarán las sombras de su querido antepasado. Por otro lado, se verá involucrado en la crisis que vive el matrimonio de sus padres y será el depositario de los secretos de cada uno de sus progenitores, que tendrá que mantener obligado por su alto sentido del honor.

Construye esta emotiva historia Ginés S. Cutillas con una estructura un tanto peculiar relacionada con su tendencia a escribir microrrelatos, género en el que es un consumado experto. El diablo tras el jardín está organizada en sesenta y seis breves capítulos, de unas tres o cuatro páginas de media de extensión, que funcionan también de manera aislada ya que se centran en distintas escenas de la acción. Además, el libro posee un importante componente intertextual ya que los libros que el grupo de amigos lee suelen tener su paralelismo en lo que viven; así, Romeo y Julieta se relacionará con el amor de Tito por Inma, las historias de Sherlock Holmes con su indagación sobre los secretos familiares y las relaciones entre la pandilla con El señor de las moscas


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domingo, 22 de agosto de 2021

Literatura - Daniel Remón


 Literatura, Daniel Remón, Seix Barral, 2021, 222 págs., 18€.


Durante el confinamiento, tras los primeros días de shock, fueron varias las voces que alertaron, entre jocosas e irónicas, que seguramente se estarían escribiendo las primeras novelas sobre el coronavirus. Se trata de un impulso normal en un arte que tiende a reflejar, en su vertiente más realista, los vaivenes de la sociedad en la que se inscribe. Pues bien, menos de un año después del primer estado de alarma por el virus en España llegó a las librerías esta novela del guionista Daniel Remón en el ese confinamiento está muy presente.

En defensa del autor hemos de aclarar que la inclusión de la pandemia posee un carácter lógico y no se erige como el tema central de los varios de los que se ocupa el libro. El confinamiento que comenzó en marzo de 2020 aparece en el marco de la novela, en el nivel extradiegético según la terminología específica de la narratología, que cuenta el contexto de creación de Literatura. Y es que el componente metaliterario posee una gran importancia en esta primera novela de Remón: el libro nos cuenta cómo el autor le promete a su sobrino Teo que le escribirá un cuento con los ingredientes que el niño ha elegido (un pirata, una bruja buena y otra mala, una pistola, un hombre de hojalata, etc.).

Este doble componente metaliterario y autobiográfico de la historia marco es, en mi opinión, el principal acierto del autor, que sabe construir con precisión y soltura una estructura que en otras manos hubiera podido convertirse en aburrida o poco creíble. La naturaleza de esta parte del libro le vale para tratar temas como las relaciones familiares, son frecuentes las referencias a anécdotas que Teo, por su edad, no conoce, o el poder evocador y también curativo, la promesa al sobrino surge durante una enfermedad del niño, que posee la literatura. Incluso la presencia de una situación tan reciente y traumática para todos como fue el confinamiento posee, como hemos dicho, una lógica interna inapelable y ayuda a entender mejor ese proceso de escritura que está en la base del marco del relato.

Sin embargo, es precisamente en la historia central del libro donde la novela flaquea. El relato se presenta como un cuento infantil que el tío escritor crea para el sobrino lector, y narratario o receptor directo de la historia, con la condición que incluya esos elementos que Teo eligió. Esta parte del libro cuenta el destino de una maleta repleta de dinero procedente de la corrupción de un político que acaba de ingresar en prisión y que pasará de mano en mano. Así, seguimos el devenir de este preciado objeto de deseo por Madrid, un pequeño pueblo aragonés y Londres. Se trata de un relato que pronto abandona ese tono infantil y que se dispersa en una sátira contra la corruptelas de la política y la defensa de valores alejados de la riqueza con una sucesión de personajes que no acaban de quedar bien definidos.

A pesar de ello, y sobre todo gracias a esa sección del libro de carácter metaliterario y autobiográfico, Daniel Remón debuta en la novela con una historia interesante sobre el poder de la narración y los vínculos que esta ayuda a establecer entre las distintas generaciones de una misma familia. 


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martes, 17 de agosto de 2021

Trans - Laura Jane Grace

 


Trans. Confesiones de una punk anarquista y vendida. Laura Jane Grace y Dan Ozzi, Altamarea, 2021, 306 págs., 20€.

 

En la música punk, quizás  por encima de cualquier otro género, la autenticidad es un valor que se enfatiza casi tanto (o incluso más) que la calidad. Por eso, cuando un grupo nacido en el underground alcanza notoriedad comienza a ser sospechoso y si ficha por una gran discográfica es tachado, definitivamente, de vendido. Es lo que le ocurrió a Against Me!, el cuarteto de punk rock creado y liderado por Tom Gabel cuando, tras unos inicios en la autogestión y con giras por casas okupas, fue contratado por Sire (una filial de Warner) y amplió su público hacia el mainstream. Los punks más integristas iniciaron un boicot que se tradujo en abucheos, pintadas e incluso vandalización de su autobús de gira. Against Me! había perdido, a ojos de sus primeros fans, la autenticidad. Sin embargo, Gabel vivía en su interior una lucha mucho más violenta que el de ser  o no un verdadero punk: tratar de aceptar que era una persona transexual.

Trans es un libro que arroja mucha luz sobre el duro y largo proceso que vive una persona hasta realizar una transición de género. El libro recorre en primera persona toda la vida desde el nacimiento de Tom Gabel hasta que se convirtió en quien siempre quiso ser: Laura Jane Grace, una mujer. Así, acompañamos a la cantante desde sus primeras dudas sobre su género, el descubrimiento de Madonna en televisión se convierte en una epifanía de lo que quería ser, hasta que por fin da el paso de someterse a un tratamiento hormonal cumplidos los treinta años. Entre medias asistimos a años de dudas, compras secretas de ropa de mujer, arrepentimientos, propósitos de enmienda, recaídas y, finalmente, la aceptación de su identidad. A pesar de ser una persona que se movía en un ambiente (supuestamente) tolerante, Gabel vivía su disforia con vergüenza y como un agobiante secreto.

Y es que otro aspecto que llama la atención es que para una persona criada en los años ochenta como lo fue la autora, la transexualidad era un tema casi desconocido, tabú, y no cambió mucho la situación cuando, movida por esa necesidad de encontrar su identidad, se integró en el ambiente anarquista y punk de su estado: Florida. Ni siquiera encuentra esa libertad para ser quien de verdad es en las interminables giras en las que se embarca y que se convierten en un excusa para tratar de olvidar su disforia con alcohol, drogas y sexo ocasional. Contrasta esta lentitud en su transición con la que realizan algunos de sus fans más jóvenes, que aceptan su verdadero género mucho más pronto gracias a la normalización de la transexualidad que la sociedad ha vivido durante las últimas décadas.

Este proceso de transición es, seguramente, lo más interesante del libro; la autora explica sin tapujos las dudas que la asaltan, los problemas físicos que vive, la caída en la depresión durante el tratamiento y, sobre todo, el difícil momento de comunicárselo a los demás. Al tratarse de un personaje público, Laura Jane Grace decide hacer público su transición en una entrevista con la revista Rolling Stone, recibiendo una gran respuesta por parte de su público y de la comunidad trans. Más complicada es la comunicación con su padre, su hija y, sobre todo, con su mujer; lo que en un principio es comprensión y acompañamiento, pronto deriva en una grave crisis.

Trans es un libro honesto, directo y esclarecedor, en el que Laura Jane Grace, con la ayuda del escritor Dan Ozzi y con numerosos fragmentos de su diario, repasa su vida en la música y, especialmente, nos ayuda a entender el difícil proceso que sufrió hasta aceptar que era una mujer.

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domingo, 25 de julio de 2021

La vida pequeña - El arte de la fuga, J. Á. González Sáinz


La vida pequeña. El arte de la fuga, J. A. González Sainz, Anagrama, 2021, 208, págs., 18€. 
 

Entre las novedades editoriales actuales la novela suele monopolizar las mesas de las librerías o los recursos publicitarios de los sellos que dispongan de un presupuesto para estos menesteres comerciales. En algunos casos, especialmente cuando el autor es un mediático columnista, los ensayos también llaman la atención al lector medio buscando que gaste su dinero en ellos. En estos casos, suele ocurrir que se trata de obras polemistas o de carácter divulgativo, ya que parece que sólo ambos tipos de libros pueden conseguir el éxito de ventas. Por eso es insólito y reconfortante que una editorial de la importancia de Anagrama apueste por un libro como este, alejado de ese tipo de escritura, breve y rabiosa, que se ha desarrollado en las redes sociales y que ha contaminado algunas obras literarias.  

Y es que este libro de J. Á. González Sáinz parece, en algunos aspectos, un anacronismo que no encaja con ese ruido mediático y con esa obsesión por lo último que observamos en internet cada día. Se trata una obra reposada, de un autor maduro que destila sin prisa unas reflexiones que no versan sobre la última polémica o la siguiente moda, sino que tiene un objetivo mucho más amplio y ambicioso. El escritor soriano nos ofrece a los lectores en estas páginas una serie de enseñanzas que ha aprendido de tres fuente inagotables pero que muchos olvidan hoy en día: la experiencia, el lenguaje y la literatura.  

Aunque no es un dietario, ni unas memorias ni conocemos detalles íntimos ni grandes eventos de la vida del autor, esta se deja traslucir en muchos de los sesenta fragmentos que componen El arte de la fuga. Cuando el autor nos relata algunas anécdotas de su infancia o de sucesos más recientes, como ese baño en una recóndita y paradisíaca cala mediterránea que acaba con un escatológico encuentro o esa tarde en la ribera de un río en la que sufre la estridente música de dos jóvenes bebedores de cerveza, lo hace para reflexionar sobre las vilezas y también las virtudes del ser humano. A lo largo del libro González Sainz va desgranando una filosofía de vida basada en la búsqueda de la tranquilidad moral, huyendo de las redes sociales y de la televisión, y física, reelaborando el tópico del beatus ille.  

Precisamente en el elogio de la naturaleza y del campo aparece uno de los muchos escritores que cita el autor en el libro y que se convierten en referentes culturales y morales. Se trata, como el lector puede suponer, de Henry David Thoreau y su famoso ensayo Walden, que se une a otros literatos como Albert Camus, Baltasar Gracián, Paul Celan o Simone Weil, cuyas palabras reproduce con frecuencia formando una especie de guía espiritual laica.  

El tercer aspecto que refulge en El arte de la fuga es el propio lenguaje. Lo hace tanto por cómo está escrito el libro, ofreciendo una variedad poco habitual en la literatura actual, como por las cavilaciones en torno a la propia lengua. Por ejemplo, son varias las referencias a las expresiones habituales cuando era niño, una manera de sintetizar cómo se entendía en aquella época la vida, o a la etimología de las palabras, labor para la que suele echar mano del Tesoro del lexicógrafo del siglo XVI Sebastián de Covarrubias.

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viernes, 9 de julio de 2021

Teatro fantasma - Ismael Orcero





Teatro fantasma, Ismael Orcero Marín, Boria, 2021, 130 págs., 15€. 

 

Posee este Teatro fantasma una cualidad poco habitual en la literatura de nuestro tiempo: la sutileza. En una época de escritores hiperconscientes de su propia obra, que no dejan ningún cabo suelto y buscan sorprender al lector en cada página, se agradecen libros como este que aportan una frescura no reñida con la calidad de su prosa. Los textos de Orcero parecen reflexiones espontáneas del autor pero revestidas con lo que tiene que tener toda obra literaria testimonial: una autenticidad en la expresión de los sentimientos. Por lo tanto, no esperen los lectores sesudas indagaciones sobre el alma humana (la propia y la ajena), porque encontrarán textos mucho más ligeros pero no por eso menos interesantes.  

Y es que la treintena de prosas que integran el volumen, con una extensión que va de la media página a las cinco, nos abren una ventana a los pensamientos del autor que ofrece textos en los que mezcla anécdotas propias y ajenas con pensamientos más o menos hondos, según sea el tema tratado. Lo hace con un estilo sencillo pero no exento de acertadas metáforas que logran profundizar en la cotidianeidad de estas estampas. No estamos ante cuentos, ni ante poemas en prosa ni siquiera ante páginas de un diario, pero una mezcla de estos tres géneros podría definir bastante acertadamente estos textos.  

En cuanto a los temas que Orcero trata en el libro destacan tres: la familia, el hogar y el trabajo. Se trata de tres temas habituales en este tipo de libros autobiográficos, pero que el autor trata con originalidad, con una mezcla de ironía y cierta nostalgia, y que mezcla en muchos de sus textos. Así, uno de los fragmentos puede empezar por una anécdota de la infancia, continuar con una reflexión sobre su cotidianeidad y terminar con una vuelta a ese pasado que le sirvió como arranque al texto.  

La niñez del autor ocupa una parte importante del libro, con ese recuerdo entrañable de los juegos infantiles, la pesca con el padre o las promesas de regalos de la madre. Sin caer en la idealización, asistimos a reconocibles escenas familiares en un pequeño piso de la Cartagena de los años ochenta. Uno de estas situaciones del pasado, el aborto que sufrió su madre antes de que el autor y su hermano nacieran, sirve como enlace con el presente cuando son él y su pareja los que pierden un hijo durante el embarazo. Asistimos entonces a la recuperación del trauma en el hogar que comparte con la esposa, Diana, y que ocupa un lugar importante en el libro como sitio donde escribir, observar a los demás mediante un catalejo o escuchando por el patio de vecinos, y que finalmente deben abandonar. Muchas de estas intimidades van acompañadas por fotografías del álbum del propio autor que define como “teatro fantasma”, en expresión que da título al volumen.    

El tratamiento del tercero de los temas del libro, el trabajo, muestra la variedad de registros que el autor emplea en el libro. Somos testigos de episodios duros mientras que el autor está en el paro y debe asistir, sin éxito, a diversas entrevistas; se narra también la monotonía del trabajo en jornadas que empiezan antes del amanecer; pero, en otras ocasiones, los personajes que pululan por la oficina son descritos desde una óptica más desenfadada. Esta vertiente humorística del libro alcanza su culmen en las irónicas transcripciones de las frases de hombres con los que coincide el autor y que responden al estereotipo de “cuñado”.

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domingo, 13 de junio de 2021

Videoclub - Aarön Sáez

 



Videoclub, Aarön Sáez, La Fea Burguesía, 2021, 120 págs., 12€.

 

Un síntoma inequívoco de que has dejado atrás la juventud es el hecho de que tu generación comience a cultivar con fruición la nostalgia. Supone este ejercicio que épocas pasadas de tu vida, la infancia y la primera juventud  normalmente, ya están a varias décadas de distancia y son percibidas con esa óptica positiva que los recuerdos colectivos adquieren en los adultos. Es lo que nos ha ocurrido en los últimos años a los nacidos en la primera mitad de los 80, que comenzamos a idealizar aspectos de nuestra vida que a principios de los 90, cuando éramos unos críos, nos parecían de lo más anodino: como los videoclubes.

Es este espacio el que elige Aarön Sáez como símbolo de su infancia por el claro componente generacional que posee: en primer lugar, por la importancia que tenía para los niños y adolescentes de aquella época como espacio donde abastecerse de películas, videojuegos y chucherías. Y, en segundo lugar, por la práctica desaparición de este tipo de tiendas, que quedarán para siempre, salvo resurgimiento vintage en los próximos años, asociados a su época de esplendor: las últimas décadas del siglo XX.

Y es que lo primero que llama la atención de Videoclub es su reivindicación sin tapujos de esa nostalgia reciente y poderosa por los primeros años 90. El autor llena el libro de referentes de la cultura pop de su generación (programas de televisión, competiciones futbolísticas, películas) y construye una historia con un pie en el presente y con el otro en un idealizado pasado de meriendas y videojuegos con gráficos poligonales. El espacio donde convergerán pasado y futuro será el Teka, el videoclub noventero que el inefable David, el protagonista de la novela, querrá reconstruir, más que como un negocio como un museo de un pasado que echa de menos.

Este planteamiento desenfadado del libro, que sigue las peripecias que vive el protagonista ayudado por sus amigos y familiares para abrir el videoclub, esconde una lectura mucho más seria. Y es que David es un treintañero sin oficio ni beneficio, un nini, que parece querer volver al pasado porque el presente no le satisface. Representa a esos jóvenes que no han alcanzado sus objetivos vitales y que se ven anclados en casa de sus padres sin posibilidad de emanciparse.

Además, Sáez sorprende con una variedad de registros asombrosa en una autor novel y en una novela tan breve y, aparentemente, ligera. Algunos capítulos tienen un carácter casi oral, otro refleja un grupo de Whatsapp de los amigos de David o reproduce minuto a minuto la mañana del protagonista o se componen únicamente de diálogos de los personajes o usan el formato epistolar. Además de las numerosas referencias a los años noventa, el autor emplea el recurso de la hipertextualidad: imitar el estilo del texto que toma como fuente. Es lo que hace, por ejemplo, en el capítulo que reproduce un programa del concurso Un, dos, tres, responda otra vez. También emplea algunos giros de la trama habituales en las comedias de Hollywood de los ochenta y noventa, como descubrir que lo que se cree vivir se está soñando, viajar al pasado o que un misterioso personaje aparezca en la tienda.

En definitiva, Videoclub es una interesante novela cuyo envoltorio pop no debe ocultarnos su variedad compositiva y que retrata la infancia de esa generación a la que le parece una gran idea visionar en bucle el Mundial de Fútbol de 1994.


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sábado, 29 de mayo de 2021

El arte de mantenerse a flote - Eric Luna

 


El arte de mantenerse a flote, Eric Luna, Boria, 2021, 125 págs. 14€.

 

El género del relato, gracias a su versatilidad, ofrece la posibilidad al autor de ocuparse en un mismo libro de muchos temas diferentes. Además, la brevedad de este tipo de narraciones permite que en un volumen un escritor pueda ofrecer al lector acercamientos desde varias perspectivas al mismo asunto, creando así series de relatos sobre un mismo tema. Esta última opción es la que encontramos en El arte de mantenerse a flote, el nuevo libro del murciano Eric Luna.

Un vistazo al índice de la obra ya nos muestra cómo Luna ha optado por agrupar estos doce cuentos en una serie de secciones que guardan bastante homogeneidad en su interior, especialmente las dos primeras. Estamos, por lo tanto, ante temas que preocupan, cuando no obsesionan, al autor que nos ofrece varias historias sobre personajes en el filo que logran sobrevivir con trabajos precarios que odian pero que no consiguen acabar completamente con sus ansias de libertad.

La primera de estas secciones, que lleva por título “Días de Jägger y hierbabuena”, tiene como protagonistas a tres camareros. Pero lo que puede parecer anecdótico y una elección aleatoria del trabajo del personaje se convierte por la reiteración y por la temática de las narraciones en un tríptico sobre las grandezas y, sobre todo, las miserias de trabajar en un bar sirviendo al público. Este tríptico comenzaría por la consecución del trabajo, episodio que acontece al final de “Granada blues”; en este cuento Izan vuelve a la ciudad andaluza derrotado y, como indica el narrador, con miedo a que las cosas hayan cambiado pero también a que no lo hayan hecho. “El trabajo no estaba tan mal”, el más sarcástico de los tres, nos cuenta una pequeña venganza de un camarero a esos clientes maleducados que todo trabajador de la hostelería debe aguantar. El bloque se cierra con “Nighthawks”, en el que estos trabajadores se convierten en superhéroes.

El componente social de “El trabajo no estaba tan mal”, las condiciones laborales de los camareros, adquiere absoluto protagonismo en el siguiente bloque de cuentos: “Apocapitalismo”. Como este neologismo adelanta, el lector se adentrará en las consecuencias apocalípticas que el capitalismo más despiadado produce en los trabajadores. Así, en “Moloch 3000” una inquietante máquina llega a un almacén a vigilar a los empleados y en “Vacaciones creativas indefinidas” el sistema no permite el tiempo sabático que el protagonista necesita. El componente distópico de estos relatos continúa en los otros dos de la sección: “No me sirven en el electrobar”, sobre un detective expulsado de la sociedad, y en el inquietantemente actual “El síndrome cara de póquer”, en el que unas extrañas máscaras impiden a las personas esbozar cualquier gesto.

Más heterogénea es la última parte, “¿No vas a volar alto, pájaro libre?”, que, sin embargo, también incluye dos cuentos similares. Se trata de “Tríptico chileno” y “Mecanografía”, ambos escritos en primera persona y protagonizados por Isaac Velasco, un español que ha emigrado a Chile huyendo de la crisis económica de principios de la segunda década del siglo XXI. Estamos ante historias más realistas y personales, posiblemente autobiográficas, en las que encontramos los mejores pasajes del libro, como la relación que establece el narrador con Diego, otro español expatriado. El notable libro de Luna se completa con otros dos relatos sobre personajes que intentan mantenerse a flote, leitmotiv y título del conjunto, y con una divertida sátira.


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martes, 11 de mayo de 2021

Páradais - Fernanda Melchor


 Páradais, Fernanda Melchor, Random House, 2021, 160 págs., 16€.

 

La adolescencia y sus problemas han protagonizado en las últimas décadas numerosas novelas. Desde El guardián entre el centeno (1951) de Salinger, referente en esta temática, hasta obras más recientes como Las lealtades (2018) de Delphine de Vigan, han sido muchos los autores que se han sentido atraídos por ese maremágnum de emociones que asolan al ser humano en el (casi siempre) traumático paso de la infancia a la juventud. Tras la genial Temporada de huracanes (2017), una de las mejores obras escritas en español en los últimos años, la mexicana Fernanda Melchor nos ofrece un nuevo y fascinante acercamiento a la adolescencia en Paradáis, su última novela.

El libro está protagonizado por dos adolescentes muy diferentes pero que están unidos por sufrir una marginación que los lleva a formar una extraña pareja que encuentra en la violencia la forma de canalizar la ira que van acumulando en su día a día. Polo, el verdadero protagonista del libro, es un chico de clase social baja que acude cada día a trabajar sin ganas a Páradais, la urbanización de lujo que lo ha contratado como jardinero y chico para todo. A través de un efectivo estilo indirecto libre, conocemos desde la óptica del chaval todas las humillaciones que sufre a manos de Urquiza, su jefe, su madre, que lo acusa cada mañana de ser un gandul, de los ricachones para los que trabaja o de su prima Zorayda, que ha usurpado su cama al quedarse embarazada y lo ha desterrado a un simple jergón.

Polo se siente un cero a la izquierda, un volcán lleno de odio que pronto estallará y que tan sólo encuentra el cariño en Milton, su primo mayor y mentor. Sin embargo, cuando este se une a una banda criminal que se ha instalado en el pueblo, lo disuade para que siga su camino delictivo. Lo que el primo considera como un consejo para que evite sus errores, Polo lo toma como una traición que acentúa aún más su orfandad vital. Conforme esa ira va fermentando en el interior del protagonista, él sólo halla en el alcohol la única manera de mitigar ese terrible dolor que lo. Es ahí donde conoce a Franco.

Al contrario que Polo, este es un adolescente rico que vive en el paraíso (Páradais) de la urbanización, nombre que contrasta con el irónico topónimo del cercano pueblo donde habita la familia del protagonista: Progreso. Sin embargo, y a pesar de que sus abuelos lo colman de regalos y del dinero con el que ambos jóvenes compran el alcohol con el que entumecerse cada noche, Franco se siente también un perdedor por su obesidad y por cómo su vecina lo ignora. Esta atracción sexual hacia este personaje femenino, la madura e inaccesible Marián, se transformará en una obsesión que arrastrará a Franco y también a Polo.

Con un estilo cargado de mexicanismos y de expresiones obscenas que reproduce con fidelidad la manera de hablar de Polo, Fernanda Melchor construye una breve e intensa novela en la que la violencia, la lujuria, la pobreza y el desarraigo vuelven a ser ingredientes fundamentales en una nueva entrega de una de las autoras más interesantes de la narrativa hispánica contemporánea. 

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domingo, 18 de abril de 2021

Tierra fresca de su tumba - Giovanna Rivero


 

Tierra fresca de su tumba, Giovanna Rivero, Candaya, 2021, 174 págs., 16€.

 

En uno de los seis relatos que componen este libro de Giovanna Rivero uno de los personajes anuncia a sus sobrinos, casi como una maldición, que “ser boliviano es una enfermedad mental”. Tal diagnóstico parece marcar el devenir de los protagonistas de estas narraciones que tienen en común presentarnos a personas que guardan una relación lateral, adjetivo que pronto explicaré, con Bolivia y cierta tendencia a la locura en ellos o en familiares cercanos que determinan el carácter sombrío de estos relatos.

La nacionalidad boliviana de los protagonistas de estas historias los sitúa a todos ellos en una posición de “alteridad” con respecto a este país. En primer lugar, porque varios de ellos pertenecen a minorías dentro del país sudamericano como los menonitas, en “La mansedumbre”, o los japoneses, en “Cuando llueve parece humano”. En segundo lugar, porque los protagonistas del resto de relatos han emigrado para establecerse en Canadá, Estados Unidos u otro país sudamericano, desde donde tienen una relación ambivalente con Bolivia en la que se mezclan la nostalgia con el odio al país de origen. La protagonista de “Socorro” lo define así: “la extranjería se hacía real en el regreso y no en el afuera”.

La enfermedad sería el otro nexo que hallamos entre los personajes de este libro. En “Hermano ciervo”, un joven estudiante de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, tiene que participar en un peligroso ensayo clínico que le provoca una extraña mancha en la espalda para poder subsistir en el país junto a su pareja. En “Socorro” es la locura la que marca el carácter de la tía de la narradora, que mediante un discurso que alterna las alucinaciones y la clarividencia le habla del pasado de su familia. Por su parte, la dipsomanía de la tía Annie es la dolencia que provoca la deriva de los protagonistas de “Piel de asno”, dos hermanos huérfanos que perdieron a sus padres en Bolivia y que hallan entre los indios que conocen al mudarse a Canadá la familia que su tía no es capaz de crear para ellos.

Otro rasgo fundamental en el libro es la fuerza de los personajes femeninos, voz y protagonistas en todas las historias de Tierra fresca de su tumba. Elise, la joven menonita violada por un hombre de su comunidad en “La mansedumbre”, decide no callarse ni aceptar la explicación que el pastor intenta dar al ultraje que ha sufrido, un acto del diablo, provocando así la expulsión de su familia del grupo. Al igual que ocurre en “Piel de asno”, será con un indígena con el que Elise y su padre sellarán una alianza que les permitirá vengarse. En “Pez, tortuga, buitre” una madre necesita conocer todos los detalles de la muerte de su hijo en un naufragio de la boca de su compañero en el bote en el que deambularon durante semanas por el mar. Por su parte, la japonesa de “Cuando llueve parece un asno” mantiene una extraña relación con su hija y con la chica a la que ha alquilado una habitación, con la que tiene unos lazos familiares que provocarán el insólito final.

Seis magníficas historias de un marcado tono sombrío, cercanas a veces al realismo mágico o a la literatura fantástica, que nos muestran que a menudo la enfermedad mental no va intrínsecamente unida al hecho de ser boliviano, sino al ser humano.