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domingo, 21 de junio de 2020

Diario de Luxemburgo - Juan Antonio Franco López



Diario de Luxemburgo, Juan Antonio Franco López, Creaciones Luxemburgo, 2020, 172 págs., 15€.


Existe una palabra que en los últimos años se ha puesto de moda al hablar de psicología: empatía. Se trata de un sentimiento del que carece gran parte de la población española con respecto a los inmigrantes; por mucho que nos solidaricemos con su situación, es difícil ponernos en su lugar, porque no hemos sufrido esta experiencia tan brutal. Incluso los españoles que tuvieron que emigrar durante la reciente crisis económica lo hicieron con unas condiciones, afortunadamente, mucho mejores que los que cruzan el Estrecho. 

Para cultivar esta empatía hacia el otro, hacia el inmigrante, especialmente entre los más jóvenes, es fundamental que aparezcan libros como este Diario de Luxemburgo de Juan Antonio Franco López. Se trata de un testimonio de primera mano de una época no demasiado lejana, apenas un par de generaciones de la actual juventud, de cuando Europa recibía mano de obra barata proveniente de nuestro país. Años en los que muchos españoles huían de la pobreza y, a veces también, de la Dictadura, para prosperar igual que hoy lo intentan los sudamericanos, africanos o ciudadanos del este de Europa que eligen nuestro país como destino.

El libro recoge el diario que escribió un emigrante español, Antonio, durante los meses que pasó trabajando en Luxemburgo en 1964. El responsable de la edición es su nieto, Juan Antonio, que recibió poco antes de que su abuelo muriera el texto original que Antonio había guardado durante décadas. Dos generaciones distintas unidas por la necesidad de contar una historia que no sólo definió a su familia, sino a una parte importante de la población española de los años 60.

Antonio va contando de manera sencilla y franca las experiencias que vive desde que parte de la murciana estación del Carmen hasta que el diario se interrumpe seis meses después. Tras el extenuante viaje repleto de incomodidades, cambios de trenes, dificultades para entenderse con los franceses y el frío del invierno europeo, el protagonista y sus amigos, Paco, Macareno, Perico y el Tremendo, arriban por fin a Luxemburgo, donde con la ayuda de otros españoles encuentran alojamiento y trabajo.

A partir de ahí se suceden los días de extenuante faena abriendo zanjas, preparando canales o moviendo ladrillos. Antonio debe aguantar el trato vejatorio de los jefes, que desconfían de esos desharrapados del sur que son para él los peones españoles, y unas condiciones que hoy nos indignarían y que provocan que los accidentes laborales sean frecuentes. Pero lo peor, tal y como refleja el autor del diario en las páginas más íntimas, son los periodos de descanso en los que el recuerdo de la familia y el poco dinero que logra ahorrar provocan sus lágrimas.

Sin embargo, también se ofrece en Diario de Luxemburgo la perspectiva más positiva de la vida del emigrante. Destacan entre ellas las juergas con Walter, un trabajador alemán que hace buenas migas con Antonio, la fascinación por el paisaje centroeuropeo, el compañerismo entre los emigrantes o la sorpresa por las modernas costumbres de las mujeres luxemburguesas.

Estamos ante un libro que más que por sus méritos literarios debo recomendar por sus valores sociales y por ser un testimonio de primera mano de una parte reciente de nuestra historia, una época en la que el español era el otro.  

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 8 de abril de 2019

Una cierta edad - Marcos Ordóñez




Una cierta edad, Marcos Ordóñez, Anagrama, 2019, 335 págs., 18€.

Suelen poseer los diarios de madurez un tono reposado fruto de la experiencia vital del autor y de la lejanía de la agitación propia de la juventud. Libros como el de Iñaki Uriarte, reseñado en estas mismas páginas hace unos años y con el que el de Ordóñez guarda semejanzas, nos presentan a personas cuyo conocimiento de la vida otorga a sus reflexiones gran profundidad sin perder chispa ni, a veces, ironía. El propio título de este diario, Una cierta edad, hace referencia a esa época en la que se encuentra el narrador barcelonés, entre los cincuenta y tres y los cincuenta y nueve años, en la que senectud comienza a aproximarse.
El envejecimiento es uno de los temas que atraviesa las páginas del libro; si el paso del tiempo agobia a cualquier ser humano, cuando este comienza a cobrar sus facturas en la salud, el asunto deviene casi en obsesión. Si bien el ritmo de trabajo de Ordóñez es alto y su lucidez no ha tenido ninguna merma, su cuerpo ha sufrido ya varios avisos en forma de cáncer, superado poco antes de iniciar la redacción de este diario, y de ataques de pánicos, relatados con minuciosidad aquí. Muy significativa en relación con este tema es la escena en la que una chica le cede el asiento en el metro y el autor se siente en la necesidad de exagerar su vejez.
Una cierta edad recoge seis años de anotaciones ordenadas cronológicamente (de 2011 a 2016)  pero alejadas de la sistematicidad de otros diaristas, no se consigna la fecha exacta. Los textos son variados tanto en su extensión, de una sola línea a un par de páginas, como en su concepción, los hay que son meros apuntes mientras que otros podrían haber sido publicados como artículos de opinión en un periódico. En cuanto a los asuntos que trata, aunque también los hay de índole más íntima, la presencia de su mujer Pepita y de su gata Rosalía es constante, destacan los relacionados con las dos ocupaciones principales de Marcos Ordóñez: crítico teatral y escritor.
El mundo de la literatura es uno de esos temas recurrentes en las anotaciones de Ordóñez, si bien aquí las reflexiones sobre libros que le interesan se mezclan con las que tienen como objeto su propia obra. Destaca en este ámbito una entrada en la que el autor ofrece consejos para evitar el bloque creativo (pág. 283) y que se puede relacionar con otra, valiosísima para los que se inician en este campo, sobre cómo realizar una crítica teatral (pág. 251).
Las reseñas de obras de teatro que publica cada semana en el diario El País lo han convertido en un referente sobre el teatro representado en España. Como es lógico, los actores, directores y dramaturgos, las representaciones y las obras dramáticas tienen gran peso en el diario. Son múltiples las anécdotas sobre el mundillo que relata y los homenajes a gente del teatro, especialmente tras su fallecimiento, se suceden. Entre estos personajes destaca la presencia de Nuria Espert, “Lady Espert” según el cariñoso apelativo del autor.
Cuando el lector termina Una cierta edad se queda con ganas de que Marcos Ordóñez siga escribiendo en su diario y pronto nos ofrezca una continuación de este libro y es que se agradece tanto su agudeza como  la magnanimidad con la que trata a la mayoría de personas que pululan por estas páginas. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


jueves, 5 de abril de 2018

Y ahora, lo importante - Beatriz Navas



Y ahora, lo importante, Beatriz Navas, Caballo de Troya, 2018, 253 págs., 15,90€.

Todos los lectores de diarios tenemos bastante de voyeurs. Nos gusta conocer de primera mano la vida íntima de los autores que reflejan, con la distancia de la escritura que se sabe que será publicada, aspectos privados de su día a día y reflexiones personales. Cuando nos acercamos a diarios de escritores conocidos, como los de Andrés Trapiello, existe además un interés por disfrutar del estilo o de la capacidad discursiva de su prosa. Pero, ¿qué podemos esperar de las anotaciones de una quinceañera sobre su anodina vida? La respuesta la responde (parcialmente) Y ahora, lo importantede Beatriz Navas.
El libro se nos presenta como la transcripción del diario que llevó esta crítica de cine madrileña durante los años 1992 y 1993, cuando era una adolescente que comenzaba el instituto. En el epílogo, además de los motivos que le llevaron a publicar el libro y que se explican, en parte, por la intención de mostrar una imagen diferente de aquella simbólica época del pasado reciente de España, Navas afirma que, salvo algunos cambios menores, relacionados con la privacidad de terceras personas, el texto original ha sido respetado. Por ello, lo primero que choca de Y ahora, lo importante es su estilo directo y juvenil, en el que se ha sacrificado la búsqueda de la excelencia en la prosa por la autenticidad del tono y del léxico.
El diario se centra, especialmente, en el simbólico 1992, año en el que “todo” parecía estar pasando en nuestro país. La joven Bea se une a la efervescencia nacional y vive con pasión y orgullo acontecimientos de los que es testigo como las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla o la inauguración del Museo Thyssen en el contexto de la capitalidad europea de la cultura de Madrid. Este retrato directo de la España del 92 es seguramente lo más atractivo del libro; a los grandes acontecimientos se suman los problemas que aquella fachada institucional no lograba tapar como el terrorismo etarra, la inseguridad, la crisis económica, las agresiones racistas, las drogas, etc. Todos ellos aparecen en el diario de Bea tanto en sus propias meditaciones como en los titulares de los periódicos que copia en cada nueva entrada.
Pero Bea es, no lo olvidemos, una adolescente de clase media-alta, algo rebelde e instruida, su conocimiento de música y cine superan a los de los demás chavales de su edad, pero una chica de catorce años al fin y al cabo. Y como tal, el grueso del diario gira en torno a sus relaciones con sus amigas y con los chicos. Durante la mayor parte del libro asistimos a una sucesión de historias adolescentes de fiestas, borracheras, coqueteos con las drogas blandas, enamoramientos y desenamoramientos. Lo que se puede considerar algo lógico en el diario de una chica tan joven acaba convirtiéndose en el mayor defecto del libro, que cae pronto en una monotonía que puede cansar al lector.
Aunque encontramos las frustraciones, el idealismo, la espontaneidad y el miedo al futuro propios de la época, la Bea adolescente apenas cita en estas páginas el principal problema de su vida, tal y como la Bea adulta reconoce en el epílogo, como era la difícil situación provocada por el divorcio de sus padres.


domingo, 7 de enero de 2018

Hermano de hielo - Alicia Kopf



Hermano de hielo, Alicia Kopf, Alpha Decay, 2016, 256 págs., 20€.

Cada cierto tiempo aparecen iluminados en la Literatura que anuncian con gran boato el fin de la novela. Abogan por dejar atrás un género que consideran apolillado y que podía responder a las necesidades narrativas del siglo XIX, pero que no puede encerrar en su monotonía el vibrante y acelerado siglo XXI. Sin embargo, pasan los años y siguen apareciendo novelas que logran reflejar las cuitas del hombre contemporáneo, demostrando la capacidad de adaptación de este género que lo mismo sirve para definir monumentos como el Ulises como para agrupar en los centros comerciales los best sellers más tópicos.
A pesar de ello, la validez incuestionable de la novela, se agradecen que los nuevos tiempos traigan libros como esteHermano de hielo que se alejan de los formatos tradicionales para proponer un discurso novedoso y heterogéneo. Como un rompehielos que atraviesa los límites de los géneros, el segundo libro de Alicia Kopf transita por las llanuras del ensayo, sube las cotas heladas del diario más descarnado y termina en las costas de la literatura de viaje.
El libro comienza, tras ofrecer en uno de los primeros capítulos un texto un tanto confuso y metafórico que no termina de encajar con el resto de la obra, como una investigación sobre la historia de las expediciones polares. Este tema interesa a la autora de manera casi obsesiva durante unos años, durante los cuales va recopilando de manera desordenada libros o artículos que narran las grandes hazañas de los conquistadores de los Polos. De manera amena, documentada pero ágil, Kopf relata las razones que llevaron a estos intrépidos aventureros de principios del siglo XX a enfrentarse a las llanuras heladas de la Antártida o del Polo Norte.
Este primer tema le sirve a la autora para, de manera alegórica, introducir un segundo asunto que ha acabado dando nombre al libro: la enfermedad de su hermano. Debido a un tipo de autismo, M., el hermano mayor de Kopf, es incapaz de tomar decisiones por sí mismo y se queda “congelado” si su hermana o su madre no le dicen en cada momento lo que debe hacer. Aparecen en estas páginas el enorme trabajo que para su progenitora, separada del padre desde hace años, supone cuidar a M. o las dudas sobre su propia responsabilidad en el futuro de su hermano.
Este carácter confesional del libro, el más atractivo del conjunto, trata también otros temas personales como la rebeldía de su adolescencia, las parejas, el proceloso mundo de las exposiciones en las que Kopf participa como artista y la difícil relación con su padre y con la familia de este. Este último tema es sin duda el más duro de tratar por la autora, que usa la elipsis para evitarlo al reproducir la conversación que sobre este asunto tiene con su psicólogo. Emplea incluso la autocensura, evitando dar más datos sobre las causas de la ruptura con su padre.
El libro termina con un diario sobre un viaje en solitario a Islandia, un final lógico para un libro en el que la soledad y el hielo han estado tan presentes. Sin embargo, este periplo no ofrece a la autora la epifanía que algunos lectores esperábamos, sino que acaba convirtiéndose en uno de esos viajes anodinos con los que el turismo de masas ha logrado aplacar hasta las tierras más indómitas. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 31 de julio de 2016

Diarios (1999-2003) - Iñaki Uriarte


Diarios (1999-2003), Iñaki Uriarte, Pepitas de Calabaza, 2010, 184 págs., 15€.

Salvo excepciones destacadas como la de Andrés Trapiello, la escritura diarística española no ha alcanzado el desarrollo del que goza en otras literatura europeas. Ni el éxito de otros géneros del yo (la autobiografía o la autoficción) ni el desarrollo de una herramienta tan cercana como el blog han supuesto un aumento del número y de la calidad de los diarios publicados en nuestro país. Por ello produce cierta sorpresa el pequeño éxito de crítica y de público (selecto, eso sí) que han cosechado los tres volúmenes de diarios de Iñaki Uriarte. Tras la lectura del primero de ellos podemos confirmar que lo que anunciaban los elogios de voces tan respetadas como las de Enrique Vila-Matas, Jordi Gracia o Manuel Jabois se cumple con creces.
En un género en el que el material narrativo proviene de la experiencia propia, el lector siente curiosidad por la biografía del autor; la que proporciona la solapa de este primer volumen es tan sucinta que más que situar, descoloca. Tan sólo se cita la fecha de nacimiento de Uriarte (1946) y los nombres de las ciudades en las que nació (Nueva York), creció (San Sebastián) y vive (Bilbao), y, sin embargo, pocas biografías son tan precisas como ésta. Urrutia, conocido en los círculos literarios vascos por su labor como crítico en un periódico, se jacta en el libro de no haber tenido jamás que realizar un trabajo serio. Su pertenencia a una familia con cierto poder económico y su propia actitud vital, entre el dandismo y la independencia, le han convertido en una especie de Bartleby que responde “preferiría no hacerlo” ante cualquier oferta de laboral.
Esta particular forma de afrontar la vida que posee Urrutia no implica que su existencia haya sido aburrida; en uno de los fragmentos recuerda que estuvo en la cárcel y que negoció con drogas, aunque con ironía señala que la mayor parte del tiempo vivido ha sido tranquilo. El pasado es uno de los temas recurrentes en este diario: la infancia perdida, los años universitarios y las vicisitudes de sus padres (españoles en Nueva York que se establecieron en San Sebastián al poco de nacer el autor) se cuentan con un tono más entrañable que el resto.
Mucho más mordaz se muestra cuando relata su vida pública el Bilbao de principios de siglo; en estos fragmentos suele satirizar, sin caer en el ataque cruel, a escritores y políticos con los que alterna y de los que cuenta anécdotas a veces hirientes, pero salvaguardando en estos casos su anonimato. El tono vuelve a ser relajado cuando narra episodios de su vida íntima junto a su mujer o a su gato y los viajes que emprende a Italia o a Benidorm. Urrutia huye de la petulancia del intelectual que despreciaría sus rascacielos y sus playas abarrotadas y describe la ciudad costera como su verdadero refugio.
La ausencia de obligaciones laborales, salvo los textos para el periódico, permiten al autor dedicarse con fruición a los libros. Se muestra como un lector voraz y desordenado que trufa sus textos de numerosas citas de sus autores predilectos: Montaigne, Borges, Machado, Proust, etc. El respeto a estos maestros parece que impele a Urrutia a escribir una serie de anotaciones con un estilo sobrio y (aparentemente) sin pretensiones, que con el tiempo se han convertido en este magnífico libro.
Reseña publicada en El Noroeste:



lunes, 16 de noviembre de 2015

Hazañas de los malos tiempos - Cristina Morano / Perder ciudades - Hilario J. Rodríguez



















Hazañas de los malos tiempos, Cristina Morano, Newcastle Ediciones, 2015,  90 págs., 6€ / Perder ciudades, Hilario J. Rodríguez, Newcastle Ediciones, 2015, 74 págs., 6€.

Se estrena la editorial murciana Newcastle, dirigida por Javier Castro Flórez, con dos libros interesantes pero bastante diferentes. Por un lado está Perder ciudades, una crónica de dos viajes que le sirve a Hilario J. Rodríguez para tratar  temas diversos, y, por otro, Hazañas de los malos tiempos, en el que Cristina Morano toca temas mucho más personales entre el diario íntimo y el esbozo narrativo.
El libro de Rodríguez, escritor y crítico gallego afincado en Estados Unidos, narra dos viajes que realizó a Rusia y a África (Gambia y Senegal) acompañado en el primero por su madre y en el segundo por su hijo. Sin embargo, el autor se aleja pronto de la crónica habitual e incluye reflexiones y anécdotas relacionadas, a veces tangencialmente, con el país que visita. En el ruso, mientras de manera fragmentaria va relatando los lugares a los que acude junto a su progenitora, desgrana historias sobre los artistas, Chejov, Tolstoi o Eisenstein, cuyas casas visitan. Además de la presencia de la madre y de algunas reflexiones sobre las fotos que hacemos cuando viajamos, lo más destacado de la parte rusa del libro es la sucinta biografía de Luis Bazal, un familiar que vivió una azarosa existencia durante en la época de la Guerra Civil.
El carácter fragmentario del libro se mantiene en los capítulos dedicados al viaje africano. El autor renuncia a narrar cronológicamente el periplo y nos ofrece varias reflexiones sobre la idiosincrasia africana ejemplificadas por varios pintorescos personajes. A pesar de la brevedad de esta parte, leemos varias peripecias, como el problema mecánico en mitad de la selva que el conductor se toma con extrema tranquilidad, que ejemplifican perfectamente las peculiaridades (desde la óptica europea) de África.
Mucho más personal, aunque casi igual de breve, es el libro Hazañas de los malos tiempos de Cristina Morano. La obra comienza reproduciendo una serie de entradas publicadas en las redes sociales y que mantienen el estilo directo y la heterogeneidad de este tipo de webs. La última parte, también procedentes de un blog, son fragmentos de lo que la propia autora define como un “Diario satírico político-social”. Desde una perspectiva menos íntima y con un estilo cercano a esas notas de sociedad a las que se aluden en el título, Morano nos proporciona una galería de personajes en la que caben políticos, futbolistas, los reyes y personas anónimas.
Entre la sección “Posts” y “Notas de sociedad” leemos la parte que da título al libro y que lo convierte en una pequeña joya que el lector no debe perderse. Se trata de una especie de autobiografía reciente en la que Morano narra lo vivido (lo sufrido, más bien) desde que la agencia creativa en la que trabajaba cerró y se quedó en el paro. Narra la autora unos años en los que las penurias económicas desestabiliza su vida y la sumen en una espiral de trabajos escasos y mal pagados y precariedad absoluta. Opta Morano por no esconder los momentos en los que su ánimo es más bajo, la ruptura sentimental que vive y la necesidad de pedir ayuda a amigos y familiares, construyendo así un testimonio de enorme crudeza sobre las consecuencias personales de la crisis.
Ambos libros significan un gran inicio para esta nueva y prometedora editorial centrada en la no ficción que es Newcastle.


Reseña publicada en El Noroeste: