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jueves, 29 de septiembre de 2022

Espejos - Ary Malaver


Espejos, Ary Malaver, Valparaíso, 2022, 258 págs., 15€.

 

Con tan solo hojear este libro cualquiera descubrirá que Espejos no es una obra más. Esta primera afirmación al comienzo de una reseña crítica puede parecer demasiado hiperbólica; en un mercado saturado de nuevos títulos que luchan en las librerías por atraer la atención del lector, la originalidad es una cualidad muy valorada. Sin embargo, esa primera hojeada basta para constatar que desde la maquetación del texto Espejos posee una serie de rasgos que lo hacen sorprendente y, lo que es más importante en literatura, interesante gracias a una serie de características singulares que repasaremos a continuación.

Esa peculiar forma de los textos del libro en el papel a la que aludíamos es en forma de nota a pie de página. Los 233 fragmentos del libro de Ary Malaver aparecen en la parte inferior de la hoja, numerados y con una raya negra horizontal en la sección izquierda de la página que los separa del resto. Sin embargo, estos dos centenares largos de notas al pie no se corresponden, en principio, con ningún texto, ya que el resto de la hoja, la parte superior, queda en blanco. El autor subvierte así uno de los principios básicos de la literatura, ya que el texto no existe, o al menos no está presente de manera directa, y el paratexto, que habitualmente posee una labor auxiliar, secundaria y casi parasitaria, se convierte aquí en el protagonista.

Esta peculiar disposición gráfica de Espejos es seguramente la característica más llamativa del libro, pero no la única que hace de este un volumen original. De hecho, este tipo de modificaciones del lugar del texto en la página tiene una gran tradición en la literatura, por ejemplo, con los caligramas de los vanguardistas o con las experimentaciones del OuLiPo, un grupo francés de escritores de los años 60 y 70 del siglo XX. Sin ir más lejos, el poeta cartagenero José Alcaraz usó una estructura similar a la de Espejos en su poemario Edición anotada de la tristeza (2013).

Por eso, Malaver, va más lejos y también subvierte la relación habitual entre título y texto. Al comienzo del libro tenemos lo que podríamos considerar un índice, que se repite al final del volumen con la numeración de las páginas, con los títulos de los textos. Sin embargo, y como ya hemos señalado, en las páginas de Espejos no volvemos a encontrar esos títulos, ni los textos que el lector está acostumbrado a hallar, sino esas notas a pie de página que abandonan su lugar secundario y toman el protagonismo de la obra ante el vacío de título y texto.

Pero Malaver, autor peruano afincado en Estados Unidos, no se conforma con estas transgresiones textuales, sino que extiende su gusto por la heterodoxia al contenido de los 232 textos. No es fácil adscribir Espejos a un género literario determinado. La brevedad e independencia de la mayoría de los textos lo podría relacionar con la minificción, ese hiperónimo en el que se engloban géneros de corta extensión como el aforismo, el haiku o el microrrelato (los tres presentes en este libro). No olvidemos que Ary Malaver ha cultivado la minificción, en su anterior libro Incidentes (2019) y la ha estudiado, en su ensayo La brevedad como poética (2019). El libro culmina su apuesta por la heterogeneidad con su variedad temática (la mitología, la espiritualidad, la intertextualidad, la reivindicación del papel de la mujer en la Historia, etc.) y lingüística (además de español, hay fragmentos en inglés o francés). 


Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 31 de mayo de 2020

Microrrelatos - José Moreno Villa



Microrrelatos, José Moreno Villa, edición de Darío Hernández, Málaga, Azimut, 2019, 72 págs., 15€.
El proceso de conformación del canon del microrrelato en España se ha enfrentado a dos etapas totalmente opuestas; en un primer lugar, los especialistas se topan con una gran escasez en el corpus del género en las décadas de su formación hasta su consolidación. Tras una etapa en la que esta forma narrativa es cultivada por un número cada vez mayor de autores, en los años anteriores y posteriores al cambio de milenio, entraríamos en una segunda etapa totalmente diferente a la primera. A partir de la “democratización” de la publicación que trae aparejada el desarrollo de Internet, nos encontramos con un proceso de atomización. En estos últimos años el género es cultivado por una cantidad numerosísima de autores y el corpus se convierte en inabarcable.
Este libro editado por el especialista en minificción Darío Hernández viene a ayudar con el primero de los problemas expuestos: nos ayuda a conocer los microrrelatos de un autor que, por derecho propio, debe figurar en el canon de la primera época del minicuento español: José Moreno Villa. Hernández es autor de una tesis doctoral y de una antología, Un centímetro de seda (2016), centradas en los orígenes del género en España, es decir: las Vanguardias y el Modernismo. Por lo tanto, se trata de un teórico con un profundo conocimiento de esta etapa de la minificción en nuestro país y que detectó la necesidad de que, al igual que ha ocurrido con otros autores como Federico García Lorca o Juan Ramón Jiménez, los microrrelatos más breves del autor malagueño se agruparan en un volumen.
Esta labor filológica de rescate y puesta en contexto es la primera virtud del libro; Darío Hernández rescata los textos narrativos brevísimos de un escritor con el que se enfrenta a una doble dificultad que no hallaban, por ejemplo, las editoras de la minificción de García Lorca y Juan Ramón: la menor relevancia en el canon literario de la época de José Moreno Villa y los pocos microrrelatos que publicó. La primera traba quedó solventada por el interés de la editorial Azimut, malagueña como el autor de estos textos. A la segunda se enfrenta el antólogo actuando con rigor y evitando la tendencia de algunos críticos a dar gato (cualquier texto breve) por liebre (minicuento). Así, Microrrelatos hace honor a su sucinto y definitorio nombre y nos presenta tan sólo diecinueve minicuentos que son completados con otras tantas ilustraciones de Daniela Miazzo y con una interesante y necesaria introducción crítica de Darío Hernández.
En cuanto a los textos de Moreno Villa, todos procedentes del misceláneo volumen Evoluciones. Cuentos, Caprichos, Bestiario, Epitafios y Obras paralelas (1918), se agrupan en tres secciones y un anexo. En la primera podemos incluir los dos microrrelatos que, bajo el epígrafe de “caprichos”, reducen a la extensión de la página impresa dos leyendas medievales. A continuación leemos una serie titulada “Sabandijas humanas” en la que hallamos siete retratos de otros tantos personajes de Las meninas de Velázquez. El narrador los describe con una gracia y una cercanía que provoca la sensación de que está en la misma habitación del cuadro.
Este mismo desenfado, tan habitual en la literatura de la época, está en los nueve textos del breve “Bestiario”. Además de dos textos finales sobre este género, nos encontramos con breves descripciones de animales como el perro, la rana o el asno en el que la prosa vuelve a destacar por la frescura, rayana a veces en la oralidad, que lleva al narrador a incluir frecuentes onomatopeyas o sus propias palabras hacia los animales o las reflexiones de estos. Este libro tan necesario para reivindicar la figura de Moreno Villa se cierra con “Juicio”, texto en el que el alma de un hombre debe responder a una pregunta de Dios.

Reseña publicada en la revista Quimera:

miércoles, 15 de mayo de 2019

Incidentes - Ary Malaver



Incidentes, Ary Malaver, Valparaíso, 2019, 102 págs., 15€.


Para muchos teóricos, la minificcion abarca todo texto literario de extrema brevedad. Esta definición incluiría a ensayos mínimos, teatro corto o micropoesía; sin embargo, en la práctica, el término acaba siendo un sinónimo de microrrelato y cuando hablamos de minificción solemos hacerlo de textos narrativos que no llegan a las dos páginas y que suelen  resolverse en unas pocas líneas. Creo que no hace un gran favor al género que los escritores más jóvenes sigan repitiendo un esquema que, si bien ha demostrado su versatilidad, puede acabar cansando al lector. Por eso se agradecen libros como este Incidentes de Ary Malaver en el que, partiendo de la premisa de la brevedad, y por lo tanto ubicándose dentro de la minificción, ofrece diversas variantes.

Y es que, si bien todos los textos de este breve libro se rigen por la concisión, salvo el titulado “puppa, papa” que se alarga hasta las cuatro páginas, apenas encontramos minicuentos en el sentido clásico del término ya que no siguen las pautas de maestros como Luis Mateo Díez o Ana María Shua, autora del prólogo de este Incidentes, por cierto. Malaver, escritor peruano afincado en Estados Unidos, es profesor universitario y especialista en minificción (como otros grandes cultivadores del género como David Lagmanovich o David Roas, por ejemplo) y conoce muy bien sus entresijos. De hecho, la publicación de este libro de ficción coincide con la de su ensayo sobre el microrrelato La brevedad como poética. Malaver parece optar por abrir nuevos caminos en la minificción y ofrecer un conjunto heterogéneo al lector.

Desde el punto de vista genérico, podemos agrupar los textos del libro en varios grupos bastante cohesionados entre sí que, sin embargo, se van mezclando a lo largo de las páginas otorgándole al libro esa variedad a la que antes aludíamos. En primer lugar encontramos una serie de textos que se acercan más al tipo canónico de microrrelato que todos conocemos, tienen personajes y una mínima trama, pero evitan ofrecer estructuras cerradas optando más por lo filosófico, como si de fábulas modernas se tratara. A esta sección pertenecerían, por ejemplo, “hallar, soltar” (todos los títulos están en minúscula), sobre las relaciones de pareja de una mujer, o “sueños de una camarera”, que recuerda al mundo onírico de Borges.

Otro grupo, más cohesionado que el anterior, propone la existencia de un supuesto cuaderno boliviano que el autor encontró en un autobús de este país. A lo largo de Incidentes se reproducen varios fragmentos de este manuscrito en un curioso juego metatextual. Pero como señalábamos antes, el volumen estira los límites de la minificción e incluye textos líricos, que destacan por su extrema brevedad. Esta sección poética del libro está compuesta casi íntegramente por haikus, ese tipo de poema de origen japonés que se centra en un detalle y que ocupa tres líneas. Destacan varias haikus dedicados a Ana, una monja androide. Incidentes se completa con poemas que juegan con la disposición gráfica en la página (caligramas), un relato donde lo importante es la fonética (“elevan helio segundo lores”) y fragmentos en inglés.

Como el laberinto circular que ilustra de portada parece sugerir, este libro busca sorprender al lector en cada nueva página, ofreciendo un volumen que en su eclecticismo tiene su principal virtud.


viernes, 30 de junio de 2017

Fragmentos de un mundo acelerado - José Óscar López



Fragmentos de un mundo acelerado, José Óscar López, Balduque, 2017, 201 págs., 14€.

Ciento siete relatos. Ciento siete  inicios con sus respectivos finales. Ciento siete títulos que abren ciento siete mirillas por las que asomarnos al mundo. Ciento siete universos inabarcables de los que sólo conocemos un mínimo fragmento que explota cuando pasamos la página. José Óscar López nos ofrece en su último libro ciento siete microrrelatos que forman una obra de gran magnitud dentro de sus doscientas páginas.
Un número tan desorbitado de narraciones, aunque se muevan dentro de la extensión canónica del minicuento o lo superen ligeramente, hace muy difícil resumir en unas pocas líneas la esencia de un libro caracterizado, como anuncia el título, por su carácter fragmentario.  El autor ha querido compartir con nosotros su visión panóptica del universo no a través de un único y completo relato, sino mediante esta miríada de historias que forman el volumen. Crea así un libro en el que la unidad viene dada por el medio, el microrrelato, que utiliza para volcar sus obsesiones más variadas. Sabedor que un número tan alto de narraciones puede agobiar al lector, José Óscar López agrupa los ciento siete textos en diez secciones según algunos rasgos comunes que comparten, aunque nadie espere una homogeneidad de temáticas en un libro como este que toma la fragmentariedad por bandera.
La primera de ellas se titula Historia de las grandes ideas y nos ofrece algunos relatos cercanos a la ciencia ficción, con personajes de un futuro cercano pero bastante diferente al nuestro; destaca dentro de esta sección “La máquina”, narración de gran intriga con la que se abre el volumen. Del futuro saltamos al espacio en Principios de astronomía, compuesta por  una docena de microrrelatos entre los que sobresale  “Un superhombre”, reinterpretación de la historia de Supermán. En Una temporada en el infierno encontramos varios relatos sobre el tema de la muerte, como el desasosegante “Sala de espera” o el metaficcional “Digamos que un relato de terror”. Una intención similar posee “Novela negra en veinte líneas”, que se incluye dentro de los textos de temática literaria de Escuela de artistas.

La siguiente sección, Así me quedé sin conversación, es quizás la que contenga un mayor número de relatos destacados; con el sutil nexo de lo insólito uniéndolos a todos ellos, podemos citar aquellos que ponen en juego situaciones relacionadas con las redes sociales: “La frase” y “No, no era divertido en absoluto”. Las parejas son las protagonistas de la sección La construcción diaria del amor, con variantes metaliterarias como “En su casa”, mientras que dentro del Catálogo de patologías del siguiente apartado sobresale “La transformación”, con un tema tan tradicional en la minificción como es el del sueño. Otro de ellos sería la duda sobre la identidad propia, presente en “Desconocidos me saludan”, microrrelato incluido en la sección Los reyes cansados, una de las más heterogéneas del volumen. Más concreción tiene Aventuras sin fin, donde la sorpresa de lo inesperado se cuela en la cotidianeidad; un buen ejemplo de ello sería “Historia de un entrecot”, narración de un desayuno a  base de un filete que el protagonista se ve obligado a consumir. El tema de la muerte vuelve a aparecer en la última sección, La muerte no es el fin, donde la fina barrera que puede existir entre la somnolencia y el más allá protagoniza “Soñar con un cadáver”.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Vosotros, los muertos - Ginés S. Cutillas


Vosotros, los muertos, Ginés Cutillas, Cuadernos del Vigía, 2016, 101 págs., 14€.

Una de las particularidades del microrrelato, género peculiar en muchos aspectos, es su necesidad de impactar al lector. La famosa teoría de Julio Cortázar de que el cuento gana por K.O. se lleva al paroxismo en este hermano pequeño del relato, que posee apenas unas líneas para remover al receptor del texto. Por ello, muchos de los rasgos de la minificción están asociados a ese fin y existen temas que funcionan mejor que otros en estos parámetros textuales. Entre los que mejor acomodo encuentran está la presencia de la muerte, con sus múltiples variantes, de algún personaje. Se trata de un hecho trascendental, pero, a la vez, cotidiano  que desde siempre ha obsesionado al ser humano. En el caso concreto del microrrelato,  algunos de los mejores representantes del género han publicado libros en los que el tema de la muerte está muy presente; a los nombres de Max Aub, y sus Crímenes ejemplares, y Fernando Iwasaki, con Ajuar funerario, podemos unir el de Ginés Cutillas, que entra por derecho propio en esta selecta nómina con Vosotros, los muertos.
En Vosotros, los muertos encontramos diversas variantes sobre ese tránsito entre la vida y el más allá. Hay muertes alegres, “That`s life”; conciencia tras la muerte, “De lo efímero de los rectángulos azules”; extrañas personificaciones de la parca, “Desubicados”; personajes que se burlan de los fallecidos, “Interroguen al sepulturero”; decesos en pleno acto sexual, “La petite mort”; agobiantes descripciones del Más Allá, “El légamos del Hades”; resurrecciones por las que hay que pagar, “El negocio”; o asesinatos inesperados, “Asuntos de familia”. El libro es un amplio catálogo de las distintas maneras que tiene el ser humano de enfrentarse a la muerte y de las insospechadas formas que ésta le puede sobrevenir.
El autor incluye, además, alusiones a algunos de los grandes del género, reconociendo así la deuda contraída con estos referentes; destaca el homenaje a Borges, cuyo nombre de pila se le otorga al bibliotecario de “Recuerdos”. También encontramos lo que el propio autor define como una “micronovela policiaca en veinte capítulos y un epílogo”; se agradece la audacia de Cutillas de intentar dar una vuelta de tuerca al género, si bien el resultado no se encuentre entre lo mejor del libro. Entre los que sí están entre los microrrelatos más destacados del conjunto, que no escasean, podemos citar dos muy diferentes en cuanto a extensión: “El último hombre”, uno de los más largos y redondos, y “Terermoto”, un divertido juego de palabras de apenas un par de líneas.

 Cutillas nos ofrece una obra sólida y de gran interés, un excelente libro de minicuentos, algo no tan sencillo de lograr como la brevedad del género podría hacer pensar. Los autores de libros de minificción caen con demasiada frecuencia en el uso de trucos evidentes, en repeticiones de tono o estilo o en  la acumulación casi infinita de textos,  haciéndole un flaco favor al género, que, por culpa de estas publicaciones fallidas, parece que no resiste la repetición en un volumen de demasiados minicuentos del  mismo autor.  Pero Ginés Cutillas demuestra que conoce muy bien el género, al que le acaba de dedicar el ensayo titulado Lo bueno, si breve, etc. (2016), y evita esos errores en uno de los mejores libros de microrrelatos que se han publicado en España en los últimos años. 
Reseña publicada en El Noroeste. 

viernes, 30 de septiembre de 2016

Ultramar - Rubén Santiago


Ultramar, Rubén Santiago, Malbec, 2016, 150 págs., 12€.
 El microrrelato es, por razones obvias, el género narrativo en el que el lector encuentra un mayor número de relatos diferentes en un mismo libro. En un volumen de apenas cien páginas podemos leer decenas de textos distintos sin relación alguna entre sí, más allá de agrupaciones temáticas o de la unidad estilística que les da haber sido creados por el mismo autor. Este hecho provoca que los libros de este género tengan cierta tendencia a la dispersión, ofreciendo a menudo un número ingente de historias protagonizadas cada una de ellas por personajes nuevos para el lector. Por ello acierta el escritor murciano Rubén Santiago al ubicar todos los microrrelatos de este, su primer libro, en un mismo contexto: el mar.
A pesar de esta unidad dada por el espacio marítimo, los textos de Ultramar se caracterizan por su heterogeneidad formal, algo lógico si se tiene en cuenta que el volumen incluye más de ciento veinte minicuentos. El autor conoce bien las distintas variantes que ofrece el género y nos presenta a lo largo de las páginas varias de las tipologías que crearon los maestros de la narrativa brevísima y que Rubén Santiago sabe utilizar con sagacidad convirtiéndose en un digno heredero. El lector agradece esa doble tendencia centrífuga, con las variantes tipológicas, y centrípeta, el contexto marino siempre está presente, que posee el libro a la hora de enfrentarse a la recepción de un volumen que se ha de degustar con calma y, siguiendo una metáfora acuática, a pequeños sorbos.
Entre esas variantes propias del microrrelato que hallamos en Ultramar podemos citar, por ejemplo, el empleo de un título larguísimo, recurso que encontramos en la página 85. Otros textos ofrecen un giro inesperado en la historia que busca sorprender al lector con un desenlace que el inicio del texto no hacía presagiar. Entre los minicuentos que mejor emplean este recurso, no siempre bien utilizado por los autores de minificción, podemos destacar “Primer naufragio” (pág. 132), en el que el último párrafo nos sitúa en un contexto totalmente diferente al esperado. Aunque no son muchos, también encontramos en el libro varios de esos microrrelatos más breves que llevan la narración a su mínima expresión sin perder su poder evocador. Un buen ejemplo de ello es sin duda “El sentido de la vida” (pág. 39), que dice así “Quiso huir; así que navegó en busca del horizonte hasta ir menguando y desaparecer en la nada”.
Entre todas las variantes de historias marinas que encierra Ultramar destacan dos disposiciones que aparecen con distinta frecuencia en el libro. La primera, y más habitual, es la recreación de episodios históricos o literarios asociados al mar. Por las páginas del libro aparecen barcos míticos como el Titanic, el Beagle, el Sirius o el Arca de Noé y personajes por todos conocidos como Miguel de Cervantes, el Dr. Livingston, Cousteau, Cristóbal Colón o Peter Pan. La otra tendencia relevante, no tanto por su frecuencia sino por tener un carácter más profundo, es la defensa ecologista del mar y el rechazo a los efectos perniciosos de la acción humana en él, que hallamos en textos como “El séptimo continente” (pág. 137).
Con todo ello tenemos un conjunto de relatos de calidad irregular, algo habitual en el género de la minificción, pero con suficientes logros para que su lectura resulte atractiva. 
Reseña publicada en El Noroeste. 

sábado, 16 de mayo de 2015

Cincuenta microrrelatos de la Generación del 50 - Óscar Gallegos




Cincuenta microrrelatos de la Generación del 50, Óscar Gallegos, Trashumantes, 2014. 

Existe un corpus muy amplio de microrrelatos del siglo XX que aún no se han editado como textos pertenecientes a este género. Si bien podemos leer a los grandes nombres de la época de formación de la minificción (Cortázar, Borges, Arreola, Monterroso) en antologías de distinto tipo, otros autores menos conocidos pero muy interesantes ven como sus minicuentos aparecen desperdigados en varios volúmenes. 

Por eso se agradecen antologías como esta que acaba de publicar el especialista en microrrelato Óscar Gallegos y que recopila medio centenar de textos de autores peruanos de la Generación del 50. Apuesta el compilador por presentar el mayor número posible de escritores; un total de dieciocho autores, a los que conocemos también mejor gracias a la biografía que de cada uno aparece al final del libro. 

El amplio número de narradores provoca que la calidad de los relatos sea muy distinta, haciendo que nos preguntemos si el volumen no mejoraría incluyendo más minicuentos de menos escritores. Sin embargo, esa amplitud permite encontrar autores tan singulares como Raquel Jodorowsky, de la que leemos tres fábulas, género al que podemos adscribir varios de los textos del libro; o Antonio Gálvez Ronceros, que reproduce el habla popular, algo poco habitual en el género. 

Entre las narraciones más destacadas están "El héroe" de Luis Loayza, una historia en primera persona con referencias a la mitología; "Yo" de Felipe Buendía; que desarrolla con originalidad el tema del doble; "La historia del búho y sus lentes" de Manuel Velásquez, otra de las fábulas a las que hacíamos referencia; "El amor de una gallina" de Luis León Herrer, que mezcla surrealismo y humor; "Una madre" de Carlos Meneses, también surrealista pero mucho más amarga; y "El regresivo" de Óscar Acosta, que recuerda la historia de Benjamin Button. 

En definitiva, Gallegos nos ofrece una muestra amplia, y por lo tanto desigual, de los microrrelatos escritos por esta generación de autores peruanos. 

lunes, 20 de octubre de 2014

La vida imposible - Eduardo Berti



La vida imposible, Eduardo Berti, Páginas de Espuma, 2014, 16€.

La lectura de un libro de microrrelatos tiene unas peculiaridades que la hacen distinta a la del resto de géneros narrativos. Al tratarse de relatos de una extensión normalmente inferior a una página, el lector tiene que entrar y salir constantemente del mundo ficcional que plantea cada historia, algo que no ocurre con las novelas o con los cuentos. A la vuelta de cada hoja nos espera una trama diferente protagonizada por personajes distintos y que nos depararán un final desconocido. Por ello se suele aconsejar que la lectura de un libro de microrrelato sea, al contrario de lo que se podría esperar, lenta y espaciada en el tiempo, o por el contrario acabaremos un tanto saturados por la cantidad de historias que se suceden en pocas páginas.
Eduardo Berti conoce bien el género y emplea un recurso muy útil para que el receptor de la obra no se canse de esa sucesión de mundos ficticios y encuentre cierta coherencia en la obra completa. El centenar escaso de microrrelatos que componen este libro giran todos en torno al concepto que adelanta el título: son historias sobre hechos improbables, personajes extraños o proezas insólitas. Así, se nos cuenta la existencia de una mariposa en la que se transforma en oruga y no al revés (“Mariposa humana”); de un hombre que no tolera de ninguna forma ir vestido (“Sin ropa”); de otro que queda embarazado aún siendo varón (“El hijo”); o  de una mujer sin ombligo (“La última mujer”).
También comparten muchas de las narraciones de La vida imposible una estructura similar que apuntala esa sensación de unidad que Berti parece buscar en la obra. El narrador comienza aludiendo a una nación o ciudad concreta (Lituania, Montecarlo, Reikiavik) donde se ha producido ese hecho singular que se explica durante el relato. En algunas ocasiones, el autor no llega a desarrollar una trama, por mínima que sea, y se limita a narrar con cierto estilo periodístico la peculiaridad del caso citado. Se trata de los relatos menos logrados de la colección, ya que el lector espera un desarrollo mayor de la historia que queda finalmente como una mera anécdota.
Entre los temas tratados en los microrrelatos del libro, siempre desde la óptica de lo extraño, destacan los relacionados con la creación literaria. Es éste un asunto habitual en los libros de minificción y Berti lo incorpora muy acertadamente a su catálogo de rarezas desde distintas perspectivas. Así, en “Los libros por venir” se sueña con una biblioteca en la que los libros sólo apuntan un posible argumento para que alguien lo complete; en “Bovary” se utilizan todas las palabras del clásico de Flaubert para crear una nueva obra; mientras que en “Un arco equívoco” un traductor crea un libro eligiendo otra acepción, y no la lógica, de poemas o relatos en otros idiomas.

Termina el libro de Berti con una sección titulada “Ramonerías” y que mezcla greguerías, aforismos e incluso algún haiku. Son textos aún más concisos que los microrrelatos y que se mueven entre las definiciones imposibles: “Un sonámbulo: un paseador de sueños”; los juegos de palabras: “Los ateos rezan el padrevuestro”; y la paradoja: “Un amor propio no correspondido”. Entre los dos centenares de “Ramonerías”, encontramos esporádicamente, al igual que entre los microrrelatos, textos que demuestran la maestría de Berti en las distancias cortas.