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jueves, 7 de septiembre de 2017

Duelo - Eduardo Halfon



Duelo, Eduardo Halfon, Libros del Asteroide, 2017, 106 págs., 14€.

Nadie puede poner en duda que las circunstancias familiares en las que una persona se ha criado influyen decisivamente en su personalidad y en su manera de ver el mundo. Todos somos una suma de factores en la que nuestra nacionalidad, nuestra clase social o nuestra educación tienen mucho peso en la configuración de nuestra personalidad. Sin embargo, en la infancia, época decisiva en la forja de nuestra individualidad, el universo familiar posee una influencia decisiva en nuestra manera de aprender a relacionarnos con el mundo.
Muchos escritores han sido conscientes de ello y han dedicado novelas o poemarios a las peculiaridades de sus familias. El caso de Eduardo Halfon es diferente: el narrador guatemalteco es autor no de un volumen, sino de una serie de obras sobre su entorno familiar, formada ya por varios volúmenes a los que ahora se suma este Duelo. Se trata de un proyecto aún abierto y en el que Halfon lleva trabajando durante años ofreciendo a los lectores obras tan interesantes como Monasterio (2014) o Signor Hoffman(2015). Además de para afrontar esos problemas de identidad tan habituales en los autores contemporáneos, Halfon retrata a una familia que ha sufrido múltiples avatares. Hijo de una pareja judía afincada en Guatemala, el autor pertenece a una estirpe que, durante el último siglo, se ha ramificado por Siria, Líbano, México, Estados Unidos, Perú, Polonia o Israel y que sufrió el Holocausto nazi.
Duelo parte de un recuerdo infantil, o, para ser más precisos, la reconstrucción de un secreto familiar a partir de lo que el narrador, de niño, escuchó a sus padres. Se trata de la muerte del tío Salomón, el hermano mayor del padre, que, según cree recordar el narrador, se ahogó siendo un niño en el lago guatemalteco donde la familia poseía una vivienda. El autor, trasunto de Halfon en un juego de autoficción habitual en esta serie de libros, comienza a reconstruir la historia de Salomón a partir de sus propios recuerdos. Esta búsqueda tiene como punto de partida la única fotografía que del niño fallecido posee la familia y en la que se le ve sobre la nieve.
Comienzan entonces a sucederse los lugares y los tiempos que, como si de un puzle se tratase, acaban formando la historia de Salomón y, por extensión, de la familia del autor. Así, Halfon recuerda episodios sucedidos en su infancia en Guatemala, en Estados Unidos, donde pasó su adolescencia, y en Alemania, allí acude al campo de concentración donde su abuelo estuvo encerrado. Afloran rencillas familiares, peleas entre hermanos, dudas sobre lo acontecido y recuerdos más positivos en una indagación sobre las raíces de ese secreto familiar que envuelve la muerte de Salomón.
En esta suma de planos temporales y espaciales adquiere protagonismo la visita del autor al lago guatemalteco de Amatitlán, donde según creyó de pequeño se ahogó su tío Salomón. Allí acaba recordando, a través del testimonio de un antiguo empleado de su abuelo y con la mediación de una curandera, la verdad sobre el fallecimiento de su tío y la importancia de su muerte en el devenir de la familia. A orillas del contaminado lago Amatitlán, donde pasó algunos de los momentos más dichosos de su infancia, Halfon, autor cuyos libros parten más de las dudas que de las certezas, también se interroga sobre su identidad nacional, tan conflictiva como la familiar.

Reseña publicada en El Noroeste


martes, 22 de septiembre de 2015

Signor Hoffman - Eduardo Halfon



Signor Hoffman, Eduardo Halfon, Libros del Asteroide, 2015, 144 págs., 13€.

Pertenece el escritor Eduardo Halfon a una doble minoría dentro de la literatura escrita en español. Por un lado, su nacionalidad guatemalteca lo sitúa en una posición de inferioridad con respecto a sus colegas de países con mayor peso demográfico y editorial. Por otro, el hecho de ser judío también resulta llamativo, al menos desde el punto de vista español, por la escasez de escritores de este origen que viven en nuestro país. Halfon opta por usar esta doble excepcionalidad dentro del canon literario en español como punto de partida para Signor Hoffman.
El país natal de Halfon es el escenario de la mitad de las seis historias que componen la obra, que se mueven entre el testimonio y la autoficción. En los tres textos ubicados en el país centroamericano, el narrador viaja a otros tantos lugares de su nación. Comparten estas tres localidades su carácter provinciano, lejos de la capital, y humilde, aunque el objetivo de cada uno de los tres periplos es muy diferente. En el primero de ellos, Halfon busca la costa del Pacífico para pasar un día en la playa y descubre una escena entre pintoresca y cruda que no lo deja indiferente. En “Han vuelto las aves” la finalidad del viaje se cumple en el propio texto: dar a conocer la exitosa experiencia de una pequeña cooperativa cafetera del interior del país. El último relato del tríptico guatemalteco nos presenta al autor varado, por problemas burocráticos y mecánicos, en la frontera con Belice, adonde debía dirigirse para dar una conferencia.
Halfon se siente en cada uno de estos lugares como un extranjero dentro de su propia patria. El origen hebreo de su familia y el hecho de vivir fuera de Guatemala hacen que en estos pueblos no lo reconozcan como un compatriota, provocando en el autor un conflicto identitario que también aparece en los dos textos que giran en torno a su condición de judío. Retoma la difícil relación con sus raíces y sus ancestros que ya aparecía en su anterior libro: Monasterio. Si en aquel libro Halfon visita Israel para asistir a la boda de su hermana, en “Signor Hoffman” viaja hasta Italia para dar una charla en un antiguo campo de concentración. La equivocación del presentador con su apellido, de Halfon a Hoffman, queda como una anécdota frente al retrato cáustico del centro, reconstrucción del original, y de su director. Mucho mayor calado personal posee el viaje a Lodz, ciudad polaca en la que vivió su abuelo antes del Holocausto, narrado en “Oh gueto mi amor”. Recorre, acompañado de una singular dama polaca, las calles en las que creció el padre de su madre sin saber muy bien qué está buscando.
El viaje, a la Polonia de sus antepasados, a Italia, a los pueblos guatemaltecos, es un tema central en el libro y también aparece en el otro texto: “Sobrevivir los domingos”.  En él narra la historia de una mujer neoyorquina que ofrece un concierto gratuito de jazz en su apartamento todas las semanas como homenaje a su hijo muerto. El hecho de que el texto termine justo cuando el narrador está llegando al piso donde se celebra el concierto representa bastante bien ese carácter fragmentario, como de narración oral, que tienen los personalísimos y siempre interesantes libros de Halfon.

Reseña publicada en El Noroeste: