domingo, 20 de enero de 2019

Biblioteca bizarra - Eduardo Halfon




Biblioteca bizarra, Eduardo Halfon, Jekyll&Jill, 2018, 120 págs., 18€.

En cada ocasión que escribo una reseña de un nuevo libro  de Eduardo Halfon, y esta es la cuarta, tengo la sensación de estar escribiendo lo mismo. Y es que la narrativa de este escritor guatemalteco, que ha vivido durante gran parte de su vida en Estados Unidos, posee una unidad poco común en la literatura contemporánea. Los lectores de Halfon sabemos que todos sus textos poseen un tono muy personal, entre la ternura y la ironía, y que giran en torno a unas pocas obsesiones: las relaciones familiares, el oficio de escritor o la identidad. Sin embargo, cada nuevo libro ofrece algo original a una trayectoria literaria que es una búsqueda constante de respuestas que no acaba con el punto y final. Lo que al principio podríamos considerar erróneamente como intentos de encontrar una voz son, en realidad, nuevos pasos hacia delante en una de las carreras más sólidas de la narrativa hispánica contemporánea.
Biblioteca bizarra es, por su propia concepción como una recopilación de textos publicados previamente en diversas revistas y periódicos, uno de los libros más heterogéneos de Halfon, si bien su manera de escribir provoca que cada una de las seis partes formen un continuum con las demás y con el resto de su obra. El primero de los capítulos, el que da título al volumen, integra una serie de anécdotas de variado origen todas ellas con los libros y las bibliotecas como nexo. El narrador nos presenta personajes en el límite de la verosimilitud que poseen relaciones con sus ejemplares que van de la excentricidad a la obsesión. No puede faltar entre este curioso catálogo una historia de índole familiar, la visita a la biblioteca sionista de una tía abuela, que acaba con otro de los temas habituales en su literatura: la difícil relación con el padre.
Los dos siguientes textos de Biblioteca bizarra se encuentran entre los más emotivos que recuerdo de la prosa del escritor guatemalteco. “Halfon boy” cuenta la gestación y el nacimiento de su hijo Leo con una ternura lógica en un padre primerizo. A pesar del carácter tan personal del momento, o quizás por ello, Halfon no puede evitar incluir referencias a su “otra familia”, la literaria, en este caso a la vida y a la obra del poeta William Carlos Williams. “Los desechables” tiene un punto de partida totalmente opuesto: al final de una gira promocional por Colombia se dirige a dar una charla a unos drogadictos en rehabilitación. El narrador opta por otorgarles la palabra y el lector conoce sus terribles historias y, como contraste, una serie de preguntas sobre lo que pueden aportar los escritores ante problemas de este cariz.
Tras un texto más breve, sobre Chejov y la ciudad francesa de Saint-Nazaire, el libro se cierra con dos capítulos que abordan la difícil relación con su país natal. En el primero, “La memoria infantil”, Halfon va hilando diversos recuerdos de sus primeros años que acaban con su salida de Guatemala con apenas diez años debido a la inestabilidad política. “Mejor no andar hablando demasiado” retoma su relación con el país tras una elipsis que coincide con su estancia de trece años en Estados Unidos y narra sus inicios como escritor. Como si de una situación pendular se tratara, una década después de establecerse de nuevo en el país tiene que salir debido a las amenazas que recibe tras publicar su primera novela.


Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 7 de enero de 2019

Fantasmas de la ciudad - Aitor Romero Ortega


Fantasmas de la ciudad, Aitor Romero Ortega, Candaya, 2018, 238 págs., 16€.

La narrativa española contemporánea es, salvo excepciones como, por ejemplo, El dolor de los demás (2018) de Miguel Ángel Hernández o Intemperie (2013) de Jesús Carrasco, eminentemente urbana. El porcentaje de población que habita en las grandes aglomeraciones hace tiempo que superó al de los pueblos, pero, además, en ellas se ubican los grandes centros de poder, incluidos los culturales, por lo que funcionan como polo de atracción para artistas de toda índole. Fantasmas de la ciudad, el primer libro de relatos de Aitor Romero, participa de esta tendencia general a utilizar espacios urbanos, el título ya nos da una pista, y ofrece ocho variantes de la relación que establece el hombre moderno con la metrópoli.
El primer cuento se aleja del tono del resto del libro ya que no ofrece un relato de ficción propiamente dicho, sino un texto de cariz histórico que repasa la vida de León Trotski y su paso por España en general y Barcelona en particular. Al igual que han hecho en épocas recientes autores como David Torres en Palos de ciego (2017) o Alicia Kopf en Hermano de hielo (2016), Romero entrevera episodios históricos con su propia experiencia. “El aeropuerto del sur” me parece el menos inspirado de un conjunto muy notable; aunque la elección del aeródromo, el “no lugar” por excelencia de nuestra sociedad, es original para este remedo de “La autopista del sur”, tanto el título como la cita inicial adelantan al lector que el relato seguirá unos derroteros similares al texto de Cortázar.
En “Naima” las ciudades se convierten en sitios de paso que apenas dejan huella en la enigmática protagonista, que se establece sucesivamente en París, Barcelona, Madrid y Buenos Aires sin encontrar nunca su sitio ni poder escapar de la canción de Coltrane que tanto gusta a su padre y que le dio nombre. “Hotel Torino” nos propone una forma de viajar diferente a la habitual: el protagonista vuelve a Roma para tratar de revivir un iniciático periplo de juventud y como homenaje tanto a su progenitor como al escritor Cesare Pavese. Un viaje a Nashville, una ciudad que obsesiona al narrador por un disco de Bob Dylan, es el punto de partida de la primera parte de “Spaguetti Western”; el texto se completa con una coda donde se narra el contexto de creación del relato en Grenoble. En “Puentes de Bosnia” las ciudades balcánicas heridas aún por la guerra sirven como metáfora para los dos amantes que las recorren y que también han sufrido la metralla de un divorcio y de la muerte de una hermana.
Barcelona, ciudad natal del escritor, es el escenario de los dos relatos restantes: “La colmena”, que narra la historia de Kubalita, un héroe de barrio que desentona con la urbe cosmopolita que ahora es la capital catalana, y “Fantasmas de la ciudad”, en la que la falta de inspiración de un autor de éxito le lleva a reencontrarse con su ciudad. Paradójicamente este relato termina con el escritor teniendo que huir a un pequeño pueblo de la costa para poder escribir desde allí su novela sobre sus años de juventud en la urbe. Romero parece decirnos que la atracción que sufren los personajes de sus estupendos relatos por las ciudades apenas les deja otra posibilidad que vivirlas con pasión.

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 14 de diciembre de 2018

Mamíferos que escriben - Manuel Moyano


Mamíferos que escriben, Manuel Moyano, Newcastle, 2018, 101 págs., 8€.

Se pregunta Manuel Moyano al final de este libro si la literatura nos aísla del mundo o nos hace vivir la realidad de manera más intensa. Señala, además, que se trata de una enfermedad, de esas que se contraen en la infancia y que se convierten en crónicas ya que no te abandonan durante el resto de tu vida. No sé si el hecho de equipararla a una dolencia no es un tanto exagerado, pero sí es cierto que a los que nos apasiona leer solemos desarrollar cierta obsesión por la palabra impresa. Frente a aquellas personas que pueden subsistir sin libros a su alrededor o que apenas se dejan enganchar cada cierto tiempo por el fenómeno editorial de la temporada, los que leemos a diario formamos una religión peculiar en la que cada devoto tiene a unos cuantos autores en su panteón particular. Para estos pocos locos que veneran de manera obsesiva a los autores que les han impactado está dirigido Mamíferos que escriben.
El autor, como no podía ser de otra forma, se reconoce como parte de este tipo de lector para el que no es suficiente cerrar el libro y guardarlo en los anaqueles de su atiborrada biblioteca. Para Moyano, al igual que para tantos miles de letraheridos, la lectura no termina con la palabra “fin” y desea ir más allá, continuar en ese mundo de ficción en el que ha habitado durante días. Una de las maneras más eficaces de evitar la orfandad que provoca la última página es buscar información sobre el autor del texto, tratando de hallar en su biografía o en sus palabras ecos de la obra que nos ha impactado. A algunos de nosotros, Moyano se cuenta entre ellos, esta necesidad de conocer mejor el rastro que dejaron los autores nos lleva a emprender viajes a los lugares en los que vivieron en busca de no sabemos muy bien qué. Sin embargo, cuando estamos allí, en la mesa en la que pergeñó los primeros proyectos de su obra maestra o en el catre en el que expiró, nos sentimos más cerca de la concepción de ese libro que tanto nos hizo disfrutar.
Moyano incluye en su panteón personal a una docena de creadores y ofrece dos tipos de textos breves sobre ellos: los biográficos y los geográficos. En los primeros realiza un repaso de sus vidas, de sus obras o de alguna circunstancia poco conocida y llamativa; en los segundos cuenta viajes que él realizó a los lugares donde los autores vivieron. Aunque el narrador molinense (aunque nacido en Córdoba, reside desde hace décadas en Molina de Segura) muestra gran habilidad en resumir en unas pocas páginas las vivencias y las obras de creadores como Bioy Casares, Paul Auster, Bob Dylan, Stanley Kubrick, Bukowski o Lovecraft, mezclándolas siempre con su propia experiencia como lector, melómano o cinéfilo, son, a mi juicio, los relatos de viajes los más interesantes.
Así, acompañamos a Moyano mientras sigue las huellas de Cunqueiro en Mondoñedo, de Borges en Ginebra, de García Lorca en Granada, de Dylan Thomas en Gales, de Kipling en Sussex o lee los mensajes de los fans en la tumba de Cortázar en París. No es extraño que este pequeño homenaje a sus autores favoritos que es Mamíferos que escribe se cierre con un capítulo titulado “El viajero literario”, en el que resume otros periplos que ha realizado movido por los mismos motivos y en el que acaba reflexionando sobre esta enfermedad tan maravillosa que es la lectura. 

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 25 de noviembre de 2018

El jardinero - Alejandro Hermosilla



El jardinero, Alejandro Hermosilla, Jekyll & Jill, 2018, 190 págs., 17,50€.

Desde el comienzo de los tiempos, si hacemos caso a la Biblia, los jardines han sido espacios valorado por los seres humanos; qué era si no el paraíso sino un jardín cuidado con mimo por Dios del que Adán y Eva fueron expulsados. Con el paso del tiempo, los jardines se convirtieron en un sucedáneo de esa naturaleza salvaje de la que habíamos huido, una manera de rodearnos de la vegetación de bosques y selvas pero de manera controlada. Es en uno de estos espacios donde se desarrolla la nueva novela del cartagenero Alejandro Hermosilla, publicada, de manera primorosa como suelen hacer, por Jekyll & Jyll con portada del ilustrador Tomás Hijo.
El libro parte de otro valor que se suele dar al jardín: el de estatus social. Hoy en día se valoran mucho más en el mercado inmobiliario aquellos barrios con abundantes zonas verdes. En siglos pretéritos los grandes señores no concebían sus mansiones sin el añadido de un enorme jardín perfectamente cuidado. Es una familia nobiliaria de época aparentemente medieval la protagonista de la novela de Hermosilla y la contratación de un extraño jardinero que se adueñará de su jardín el detonante de sus problemas. Por error el conde ofrece a este empleado un contrato vitalicio, lo que le permite holgazanear a su gusto sin miedo a ser despedido y a descuidar el trato de las plantas. Con el paso del tiempo, la dejadez del jardinero se torna en insubordinación y comienza a socavar el poder de la familia en el condado a la vez que va ganando influencia entre sus miembros.
Esta versión de los hechos está determinado por la fuente que el lector tiene de los mismos: el hijo menor de los condes. Este personaje, que cuenta en primera persona lo que va sucediendo en los dominios familiares, se nos presenta al principio como un ser obsesivo, que detesta al jardinero y que sueña con convertirse en el heredero por delante de sus hermanos mayores. Con el paso de las páginas, esa obsesión deviene en locura y el argumento se torna en una sucesión, a veces sin orden ni aparente lógica, de la violencia y las orgías que se suceden en el castillo y que no sólo están protagonizadas por el jardinero y sus secuaces, sino también por los padres, hermanos y por el mismo protagonista.
Esta narración enfebrecida, que va alternando párrafos breves y largos sobre distintos personajes y momentos de la historia, se alimenta de las imprecaciones al jardinero, de la lascivia de su familia (especialmente de la madre, que tiene una relación incestuosa con su hijo menor) y de las continuas alucinaciones del narrador. Hermosilla elabora un texto con un gran ritmo y con una trama abigarrada que se va enredando y bifurcando continuamente como la vegetación de un jardín descontrolado en la que lo real y lo aparente se mezclan a través de la voz del narrador. Además, pone en juego temas como las difíciles relaciones familiares, la amistad y las diferencias de clases sociales, el jardinero no deja de ser un vasallo que se niega a cumplir órdenes.
El relato principal se completa con una serie de fragmentos, de inspiración enciclopédica pero también con la original impronta de Hermosilla, en los que se citan libros y episodios históricos en los que los jardineros tuvieron protagonismo. 

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 12 de noviembre de 2018

Lo que está y no se usa nos fulminará - Patricio Pron




Lo que está y no se usa nos fulminará, Patricio Pron, Random House, 2018, 172 págs., 17€.

La originalidad es un valor muy importante en la literatura. La mayoría de los escritores transitan por caminos ya desbrozados por sus antecesores, limitándose a ofrecer a los lectores sus historias de una manera similar, aunque nunca igual, a otros autores que les precedieron. Sin embargo, unos pocos escritores arriesgan nuevas formas de internarse en los espesos bosques de la narración. No siempre las trochas que abren llevan a algún sitio concreto o sirven de inspiración para posteriores expediciones, pero siempre se les debe el reconocimiento por el riesgo que corren. Dentro de este grupo de narradores que ofrecen al lector libros originales podemos encuadrar a Patricio Pron y su último volumen de relatos hasta la fecha: Lo que está y no se usa nos fulminará.
Desde el primer cuento, Pron, autor argentino afincado desde hace una década en España, sorprende por la manera de narrar la historia. En la mayoría de la docena de textos que integran el libro hallamos estructuras, perspectivas o estilos que producen un extrañamiento en el lector y que destacan, además, por su variedad. Hallamos, por ejemplo, un cuento en el que se mezclan varios idiomas; se trata de “La repetición” y posee fragmentos en inglés y en portugués. En “Quien te observa en el espejo desaparecerá contigo” se prescinde de los puntos y se multiplican, dificultando a veces la comprensión del texto, los paréntesis. “Salon des refusés”, por su parte, va ofreciendo varios desarrollos posibles para una acción, negando a continuación lo que se acaba de narrar, en una estrategia que se relaciona directamente con la cita de Ricardo Piglia que acompaña el relato.
También hay juegos con la identidad del autor, al protagonista de “La bondad de los extraños” se le llama P y el de “Este es el futuro que tanto temías en el pasado” recibe el nombre de Patricio Pron, y con la extensión de los textos, “Umeak kontatu zuena / Lo que contó la niña” es mucho más breve que el resto ya que tiene dos páginas. Además, y como se puede comprobar en los relatos citados, el autor rompe también con las convenciones de los títulos, muchos de ellos son largos y otros están en otro idioma, como deja patente el del libro, tomado de una canción de Luis Alberto Spinetta. En cuanto a la estructura del relato, también sorprende el uso de fragmentos de un formulario de inmigración para separar las partes de “Oh, invierno, sé benigno”, la inclusión de una historia resumida, por ejemplo en “Uno de esos padres”, o el salto temporal a su propio pasado que sufre el protagonista de “Las luces sobre su rostro”.
Comparados con estos recursos, los temas que Pron desarrolla no son tan originales y lo relacionan con algunos de sus compañeros de generación. Entre los habituales en otros narradores que también aparecen aquí podemos citar las relaciones familiares, las dudas sobre la identidad, las veleidades del mundo literario y la vuelta a la juventud. Más personal es el cuestionamiento de los movimientos revolucionarios argentinos de los años setenta que realiza el narrador de “Un divorcio de 1974”.
Lo que esta y no se usa nos fulminará es, en definitiva, un libro que aborda asuntos habituales en la narrativa contemporánea, pero desde perspectivas novedosas que ofrecen un enorme aliciente al lector sin dificultar la comprensión de las historias relatadas. 

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 5 de noviembre de 2018

Dicen de mí - Gabriela Wiener




Dicen de mí, Gabriela Wiener, Esto no es Berlín, 2018, 159 págs., 18€.

Muchas personas suelen afirmar que somos la imagen que proyectamos de nosotros mismos hacia los demás. Según esta idea, una persona no puede ofrecer un retrato cabal de su forma de ser, sus defectos y méritos por falta de perspectiva y por ser parte interesada en esa labor. Sin embargo, los le que conocen pueden realizar una descripción mucho más objetiva aunque también mediatizada por la cercanía de la relación que tienen. Esta idea entra en contradicción con la mayoría de libros que podemos encuadrar en la llamada literatura del yo, con la salvedad de las biografías, ya que en memorias, diarios o autobiografías el narrador trata como tema su propia vida.
La periodista y escritora Gabriela Wiener apuesta en su último libro, Dicen de mí, por soslayar, dentro de lo posible, los peligros que puede provocar escribir sobre sí mismo y da la palabra a amigos y familiares que hablan sobre ella. En el prólogo asegura que no es “un libro sobre el yo”, algo con lo que estamos de acuerdo ya que tras su lectura se puede comprobar que aunque el tema principal sea ella, son otras personas las que toman la palabra, por lo que se puede decir que es un libro sobre el “tú”.
Tanto este punto de partida, una obra en la que se repasa la vida del autor dándole el protagonismo a otra gente, como la estructura, cada capítulo es una entrevista en la que Wiener escribe tanto la introducción como las preguntas, son bastante novedosos en la literatura actual. Pero lo que más llama la atención en una época en la que cada vez hay más libros con trasfondo autobiográfico en las estanterías de las librerías españolas es su crudeza. El que crea que la madre, el marido, la mujer, la hija o los amigos de Wiener iban a ofrecer una imagen edulcorada de la autora e iban a soslayar sus conflictos con ella se equivoca. La narradora peruana viene, como recuerda su primer jefe en una de las entrevistas, del periodismo gonzo y ofrece en el libro un retrato crudo de sus intimidades para comprenderse mejor a sí misma y su relación con los demás.
A lo largo de la quincena de entrevistas que conforman el volumen, vamos conociendo en profundidad la forma de ser y las obsesiones de Wiener, en un retrato colectivo que está determinado por la relación entre la persona que responde y la autora y por las preguntas que ella va haciendo, que, si bien le permiten siempre tener cierto control sobre los temas tratados, no evitan nunca asuntos escabrosos. Así, se nos presenta a una persona con un fuerte carácter pero también con grandes inseguridades, que demanda mucha atención de los demás que no siempre devuelve. En el lado positivo de este completo retrato de Wiener, aparece una mujer valiente, que ha superado algunos complejos que lastraron su infancia y primera juventud en Lima y que desarrolla una interesante trayectoria literaria y periodística.
La única entrevista que carece de esa impronta de verdad que poseen todas no es, frente a lo que podría parecer, la que realiza a su hija de diez años, que muestra la conflictiva relación que existe entre una preadolescente y su madre, sino con el padre. Quizás sea por el hecho de que lleve gravemente enfermo mucho tiempo o que haya fallecido antes de que el libro se terminara, pero Wiener tiene un registro muy diferente en las preguntas que le realiza a su progenitor. La autora se sale del guion que sigue en el resto de cuestionarios y apenas le pregunta por ella misma, sino que se centra en la vida del padre y en su militancia política; además, evita cuestionarle por un tema que sí citará más tarde: el hecho de que su padre tuviera una familia paralela formada con otra mujer y una hija.
Uno de los temas que más aparece a lo largo del libro es el feminismo, movimiento en el que Wiener milita y que le lleva a cuestionar algunas situaciones del pasado. Especialmente revelador es el epílogo con el que se cierra el volumen y que narra el intento de realizar una entrevista a su antiguo novio que no llegó a buen puerto debido a la incapacidad de él de reconocer como un acto machista el brutal puñetazo que le asestó. Frente a ello, el novedoso proyecto de familia que comparten Wiener, su marido y su esposa, junto a los hijos que han tenido cada una de las mujeres con el hombre, es presentado como un triunfo frente a la sociedad patriarcal.
En definitiva, un libro distinto, valiente en su acercamiento al yo y que nos muestra que, en gran medida, somos la huella que dejamos en los demás.

domingo, 28 de octubre de 2018

Mujeres en la oscuridad - Ginés Sánchez

domingo, 30 de septiembre de 2018

Qué mundo tan maravilloso - Lola López Mondéjar


Qué mundo tan maravilloso, Lola López Mondéjar, Páginas de Espuma, 2018, 186 págs., 17€.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Que la ciudad se acabe de pronto - Trifón Abad


Que la ciudad se acabe de pronto, Trifón Abad, Malbec, 2018, 180 págs. 10€.

La literatura fantástica actual no necesita de monstruos, vampiros o fantasmas para despertar la inquietud en los lectores. Incluso cuando estos aparecen lo hacen desde la cotidianidad y no provoca un susto en los personajes, sino más bien perplejidad, como si no terminaran de entender que en el mundo seguro en el que viven puedan existir este tipo de seres o de fenómenos. La mayoría de los cuentos que integran Que la ciudad se acabe de pronto, el primer libro publicado por el murciano Trifón Abad, siguen esta orientación ya que en ellos irrumpe algo extraño que provocará el giro en la trama.
Abad dispone una gran variedad de irrupciones en unos relatos que destacan por su prosa sencilla y directa y por sus personajes aparentemente normales pero que suelen esconder tras su fachada algún tipo de obsesión. Esa mecha que los lleva a recorrer un camino diferente al trazado y a provocar ese giro en el argumento puede ser algo tan importante como encontrar un cadáver en mitad de un camino o algo tan banal como la llamada de un compañero de trabajo en la madrugada. Con estos elementales mimbres, el autor de Que la ciudad se acabe de pronto nos ofrece una serie de cuentos que mantienen siempre el interés del lector, despojándose de todo lo superfluo y huyendo de la excesiva reflexión, y que están protagonizados por personajes comunes pero de orígenes geográficos muy distintos.
Así, el primer relato, “Ciento treinta coronas”, se desarrolla en la República Checa y nos muestra a un viajante que se encuentra un cuerpo y la extraña relación que establece con él. Vlasta, que así se llama  el protagonista del relato, se beneficiará de una confusión provocada por el traslado del cadáver en su carro que determinará el sorprendente final del cuento. En “Silenter” nos trasladamos a los Estados Unidos de los años 70, donde un extraño invento elimina el ruido; con el paso del tiempo, los habitantes del pueblo donde se desarrolla la acción descubrirán los peligros de este artilugio. Lo más parecido que hay en el libro a ese monstruo al que hacíamos referencia es la hiedra descontrolada que da título a “Parthenocissus tricuspidata” y que avanza sin control en el chalé de una familia.
Otro relato que también sigue este esquema de introducir la inquietud en las apacibles vidas de sus protagonistas es “Humo en la casa azul”, uno de los mejores del conjunto. Este cuento narra la decadencia física y mental de un profesor español que pasa una temporada en Canadá y que achaca a su extraño vecino indio. También se obsesiona con otra persona, en este caso con un antiguo compañero de colegio que resultó ser un genio, el narrador de “Kulzom”. En “Sobre el corazón de mi padre”, también escrito en primera persona, el elemento fantástico de nuevo vuelve a ser de carácter vegetal y crece en el interior del progenitor del narrador.
Los tres últimos relatos del libro están ubicados en un contexto actual y cercano y cuentan la relación de un hombre con su pareja y con el juego, “Timbas”, las dificultades de cultivar la amistad y el amor en un entorno laboral, “Marketing de guerrilla”, y la complicidad entre un niño y su abuelo, “Filias”. El volumen se completa con dos relatos cercanos a la fábula: “El diestro”, narrado por una mano derecha que odia a la izquierda, y “Reino del silencio”, una distopía ubicada en un país donde los habitantes tienen prohibido hacer casi cualquier sonido.

Reseña publicada en El Noroeste:


miércoles, 29 de agosto de 2018

Ordesa - Manuel Vilas


Ordesa, Manuel Vilas, Alfaguara, 2018, 387 págs., 19€.

Se enfrenta Manuel Vilas en su último libro a una de las mayores paradojas que le pueden acaecer a un adulto: ser padre sin dejar de ser hijo. En nuestra infancia y juventud los roles parecen estar muy claros: nosotros somos los vástagos de dos personas con más experiencia en la vida que nos reñirán y guiarán para ir escribiendo nuestro camino. Las personas que, años después, se convierten en padres, también tienen, a priori, los roles claros e intentan repetir con sus hijos los aciertos y evitar los errores que sus progenitores tuvieron con ellos. Pero a menudo nos olvidamos de que un adulto también puede ser un hijo. De esto trata, entre otras muchas cosas, Ordesa, que arranca cuando el autor se queda huérfano pasados los cincuenta años.
Vilas relata en este libro a través de su propia experiencia la dolorosa huella que deja, también en una persona de cincuenta años, la desaparición de dos figuras fundamentales en nuestras existencias como son la de nuestro padre y nuestra madre.
Mediante la rememoración de episodios de distintas épocas de su vida, el autor nos va contando los altibajos que sufre su relación con sus padres a lo largo de los años. Desde la idolatría que siente por ellos en su infancia, al desapego de la juventud y ciertos desencuentros, especialmente con la madre, en la edad adulta. Con esa mira irónica tan propia de Vilas, asistimos al retrato de una familia bastante peculiar, incluyendo casos rayanos en la locura de varios de sus tíos. El autor relata escenas que supusieron hitos importantes en la historia familiar, pero también momentos más anecdóticos que vuelven a la memoria del narrador tras el fallecimiento primero del padre y después de la madre.
El Vilas huérfano que escribe Ordesa es un hombre sumido en una crisis personal provocada por alcoholismo, su divorcio y el abandono de su profesión de docente. Es un hombre que acaba de perder a su madre y que trata de salvar su relación con sus dos hijos adolescentes, en una situación que le pone en la piel de sus propios padres.
A partir del recuerdo de la vida de sus desaparecidos progenitores, aparece otro de los temas habituales en la narrativa de Vilas: España, título de uno de sus libros, por cierto. Describe, a partir de su experiencia personal, los anhelos y fracasos de las familias de clase media de los años sesenta y setenta y cómo ha cambiado el país desde que su padre, representante de productos textiles, recorriera las carreteras aragonesas  y catalanas hasta sus propios viajes entre Zaragoza y Madrid. En la capital, Vilas asiste como invitado a una recepción del Rey a Luis Goytisolo, el premio Cervantes del año. Esta escena, contada con el sarcasmo propio de Vilas, simboliza de alguna manera un triunfo para una familia humilde como la suya.
Además de por la valentía al mostrar las intimidades familiares y personales, Ordesa  destaca por su estilo. Manuel Vilas es, al fin y al cabo, uno de los mejores poetas del país, de hecho, en el epílogo se incluyen varios poemas de temática similar al libro, por lo que su manera de escribir no es la de un narrador al uso. Además de por sus metáforas y el empleo de frases sentenciosas cercanas al aforismo, la prosa del autor de Barbastro destaca por un ritmo muy peculiar determinado por las enumeraciones y la frecuente concatenación de oraciones breves.