viernes, 31 de julio de 2020

Cuadernos de tierra - Manuel Moyano





Cuadernos de tierra, Manuel Moyano, Menoscuarto, 2020, 165 págs., 17€.

En 1845, el escritor Henry David Thoreau se retiró a vivir a una cabaña que había construido en la orilla del pequeño lago Walden, a las afueras del pueblo de Concord (Massachusetts). Años después publicó Walden, la vida en los bosques, un ensayo en el que cuenta los meses que pasó en aquel apartado lugar y en el que defendía que el ser humano podía sobrevivir sin muchas de las “comodidades” que acumulamos en nuestros hogares. Aunque no cita a Thoreau, sí a su mentor Emerson, Manuel Moyano sigue en cierta medida en este Cuadernos de tierra la filosofía de Thoreau ya que relata varias excursiones que realizó para alejarse por unos días de su tranquila vida, construyendo así lo que podríamos definir como un Walden en movimiento.
Cumplidos los cuarenta y cuatro años, el narrador nacido en Córdoba y afincado en Molina de Segura, se vio impelido a echarse al camino por razones que ni él mismo se llega a explicar. Quizás sea por esa crisis de los cuarenta que sufren muchos hombres cuando el vigor de la juventud parece abandonarles, o para autoconvencerse de que no son esos burgueses que parecen por su vida familiar y su trabajo estable. En cualquier caso, y como le sucedía a Ned Merrill, el nadador de Cheever, una mañana de verano emprende una aventura cuyo objetivo real es ponerse a sí mismo a prueba.
Moyano decide remontar el río Segura hasta su nacimiento en una caminata que le enfrentará con sus propios límites y que, finalmente, no podrá culminar debido a un inoportuno esguince. Sin embargo, en las jornadas en las que, siguiendo el curso del río, lo llevan a travesar las ardientes tierras murcianas y albaceteñas, en las que debe refrescarse en acequias y pozas, dormir al raso y pedir agua a desconocidos para saciar la terrible sed que el sol agosteño le provoca, el caminante logra su objetivo más profundo. Si bien no alcanza la meta geográfica, el narrador consigue olvidar las preocupaciones cotidianas para adquirir una especie de estado de trance que sólo se consigue cuando se camina varias jornadas seguidas.
Son muchas las anécdotas de este y de los otros cuatro viajes a pie que le siguen (todos por las tierras del Sureste peninsular) y que muestran que el acto de vagabundear sin un fin concreto es visto por la mayor parte de la sociedad como algo raro cuando no sospechoso. Moyano deleita al lector con minuciosas descripciones de la flora y la fauna de los parajes que recorre y, lo que es más interesante, con las personas con las que se cruza. Estas últimas y las conversaciones que el autor mantiene con ellas serán las fuentes de la otra sección de este Cuadernos de tierra que comparte el protagonismo del libro con la narración de las caminatas: el relato de varios sucesos acaecidos en los pueblos que recorre.
Nuestro autor, que gracias a su experiencia como literato sabe detectar dónde hay una historia que merece ser contada, vuelve a los pueblos para recabar más información y se entrevista con testigos y expertos. Son historias como el cruel ajusticiamiento de tres hombres durante la Guerra Civil, el asesinato de un agricultor a manos de un vagabundo alemán y las vivencias de un nazi croata durante los años cincuenta, sesenta y setenta en un minúsculo pueblo alicantino.

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 20 de julio de 2020

Las alegres, Ginés Sánchez


Las alegres, Ginés Sánchez, Tusquets, 2020, 310 págs., 18€.


            Ya en su última novela, Mujeres en la oscuridad (2018), otorgaba Ginés Sánchez el protagonismo absoluto a los personajes femeninos. Eran aquellas mujeres, Tiff, Miranda y Julia, tres desconocidas que por diversos motivos acababan emprendiendo una huida juntas y conformando un grupo, una especie de sororidad, para vengarse de una serie de hombres poderosos que deseaban recuperar el misteriosos paquete que ellas custodiaban. Aunque tiene un planteamiento y un tono muy diferentes, Las alegres mantiene el leit motiv de la sororidad como respuesta a la violencia que los hombres ejercen hacia las mujeres. Sin embargo, los casos particulares de las protagonistas de Mujeres en la oscuridad, también los hay en este libro, se trasladan en Las alegres al ámbito público, provocando que la venganza se convierta, finalmente, en una cuestión de estado.

               Sánchez crea con habilidad una ciudad ficticia, Cheetah, que aglutina rasgos de varios territorios de América Latina pero que no podemos ubicar en unas coordenadas concretas. Imagina así una megalópolis que sufre una oleada de asesinatos machistas que provoca que una parte de la población, mayoritariamente femenina, se comience a organizar para hacerle frente. El Movimiento Artemisia Gentileschi  convoca manifestaciones y caceroladas como repudia al feminicidio; dentro de él se organiza el Comité Stella Valenzuela, nombre de una de las víctimas, amparado por un sacerdote y comandado por Sofía Navarro y Fernanda Salazar, que ofrecen apoyo a las mujeres maltratadas y patrullan las calles para evitar más ataques. Entre Sofía y Fernanda se produce un enfrentamiento sobre la conveniencia de utilizar la violencia como respuesta, posición que defiende Sofía y que acaba desembocando en la creación de Las Alegres, un comando terrorista que comienza a asesinar a hombres en Cheetah.

            Como vemos, la estructura en forma de muñeca rusa de las organizaciones feministas muestra las distintas formas de implicación en la lucha contra la violencia machista: la protesta, la colaboración y la venganza. La elección de esta última por parte de Las Alegres acaba provocando la que considero que es la escena central de la historia: el maltratador Ezequiel Silva sufre un ataque de pánico al dirigirse a su coche en un oscuro aparcamiento porque cree que puede ser la siguiente víctima del comando. Esta situación nos lanza una triste pregunta: ¿acaso sólo conociendo en carne propia el mismo miedo que muchas mujeres sufren en espacios públicos solitarios acabarán los maltratadores empatizando con sus víctimas? Se nos muestra así la deshumanización que estas sufren por parte de sus verdugos y que creo que es el mensaje principal de una novela que en ningún caso, tal y como deja claro el autor en la advertencia final, justifica la violencia.

            Otro de los aciertos del libro es su carácter polifónico y su protagonismo coral. El primero muestra diversas variantes de acercamiento al tema y es creado por el autor gracias a la mezcla de capítulos de narración más tradicional, con un narrador omnisciente en tercera persona, con otros, especialmente en la sección titulada “Las alegres”, que reproducen conversaciones, entrevistas, informes o pies de foto. En cuanto al protagonismo colectivo, nos ofrece diversas perspectivas de la historia, ya que acompañamos en varios capítulos a víctimas, maltratadores o a sus hijos. A pesar de esta variedad, Sánchez parece otorgar mayor peso a varios  preadolescentes, que en una edad tan problemática ejercen la violencia contra la mujer (Luiz y Benjamín), la sufren (Cynthia) o son testigos de ella (Hugo y Alessandro).

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 5 de julio de 2020

La invención de la realidad - Pedro Pujante



La invención de la realidad, Pedro Pujante, Murcia Libro, 2020, 172 págs., 12€.

Si uno es un lector atento y tiene ciertos conocimientos de literatura, es capaz de intuir sin dificultades las influencias que han recibido la mayoría de los autores que lee. Salvo un puñado de escritores radicalmente originales o que se muestran refractarios a mostrar sus filias, la gran parte de los que escribimos transitamos sendas abiertas previamente por aquellos literatos que más nos han marcado. Es el caso, sin duda, del autor murciano Pedro Pujante, autor de una sólida trayectoria dentro de la literatura fantástica y de la ciencia ficción en cuyos libros se perciben las huellas de sus lecturas, especialmente, de Enrique Vila-Matas o de Franz Kafka. De hecho, Las suplantaciones (2019), su última novela, es una reformulación de La metamorfosis y en Las regiones inferiores de la muerte (2018) aparece Vila-Matas como personaje.
Debido a este profundo conocimiento de sus referentes que se observa en sus novelas y cuentos, no es extraño que Pujante, que también es crítico e investigador, haya publicado este ensayo titulado La invención de la realidad, que recoge treinta y ocho artículos de tema literario. Colaborador habitual de varios medios de comunicación, el autor murciano maneja un estilo divulgativo, en el que mezcla con soltura la erudición y la amenidad. Además, la breve extensión de la mayoría de los artículos y la ausencia de algunas convenciones que lastran la fluidez de la recepción del ensayo académico (notas a pie de páginas, referencias bibliográficas) convierten este libro en una obra de gran interés para cualquier aficionado a la literatura, sea cual sea su nivel de conocimiento sobre ella. Pujante, además, tiene la capacidad de trazar genealogías entre obras que aparentemente están alejadas en el tiempo, en el espacio o incluso en el género (son muchas las películas que en el volumen se citan) para crear constelaciones culturales en torno a un tema determinado.
La invención de la realidad se divide en cuatro partes, de las cuales la primera es la más extensa y heterogénea. Tomando como formato la reflexión sobre un asunto relacionado con la literatura sustentada en diversos ejemplos de obras relacionadas con el tema elegido, en esta sección, homónima al libro, repasa varias de las grandes cuestiones que han obsesionado a los especialistas a lo largo de los siglos. Así, hay artículos dedicados al tema de la ficción, los inicios, los mitos, el colonialismo, los espacios de creación de los escritores, la “muerte” de la novela o los finales. También se visitan temas más extraños como la literatura creada desde la cárcel, la publicada post mortem, los farsantes o los personajes abúlicos. No faltan textos que se detienen en un autor concreto, Shakespeare, en una obra, Rayuela, o en un personaje, Hamlet.
Las otras tres secciones del libro están dedicadas a tres de las obsesiones del Pedro Pujante autor, por lo que se deduce de sus novelas y relatos, y, por lo que se ve aquí, también de su perfil como crítico. En los cinco artículos de la segunda parte disecciona algunos aspectos de la obra de Enrique Vila-Matas, demostrando una vez más un gran conocimiento de este narrador. En “Más allá de lo fantástico”, dedicada a este género, destaca el artículo sobre el rumano Mircea Cărtărescu, autor al que Pujante le dedicó recientemente un libro teórico. Esta interesante y amena colección de breves ensayos que es La invención de la realidad finaliza con otros seis textos, agrupados bajo el título de “En un futuro imaginario”, dedicados a géneros como la distopía o la ciencia ficción. 

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 28 de junio de 2020

Vacas - José Bocanegra



Vacas, José Bocanegra, La Marca Negra, 2020, 134 págs., 15€.

Ejerce la Cornisa Cantábrica una poderosa atracción para los habitantes del sur del país. Quizás sea por el verde de sus paisajes, por la tranquilidad de su vida rural o por el embravecido mar que aparece tras sus abruptos acantilados, pero es innegable ese magnetismo de nuestras antípodas españolas. Esta atracción es la que siente Vincent, el protagonista de Vacas, que deja durante un verano el Mar Menor donde habita para disfrutar de las olas del Cantábrico, mucho más adecuadas que las murcianas para practicar su afición: el surf.

La novela relata las semanas que este personaje y su fiel perra Greta pasan en diversas localidades de Cantabria, Asturias y el País Vasco. Vincent se va alojando en todas ellas en casas perdidas en el monte o ubicadas en pequeños pueblos y en las que le dejan pernoctar a cambio de echar una mano en las labores de acondicionamiento de la vivienda. Es una manera perfecta de viajar para alguien que, como él, nunca tiene dinero suelto en el bolsillo y quiere disfrutar de las imponentes playas cantábricas donde se integra sin problemas en la “tribu” surfista.

La variedad de viviendas en las que Vincent pasa sus vacaciones norteñas y el ambiente relajado y alternativo que proporcionan la mayoría de los anfitriones permiten que a lo largo de la novela, y del verano del protagonista, vayan apareciendo una multitud de personajes interesantes. Entre ellos destaca Ron, un antiguo marino, que le cuenta sus peripecias en barcos que recorrían el mundo entero como si de un autobús de línea se tratara, en plataformas petrolíferas del Mar del Norte o en aserraderos de las selvas paraguayas. Vincent, un tipo de espíritu independiente y errante como demuestra su manera de viajar y que su principal ocupación sea jugar al póker por internet, se siente irremediablemente atraído por las historias del veterano Ron.

El continuo movimiento que durante el verano viven Vincent y Greta, como las olas en el mar los arrastra constantemente la necesidad de encontrar un nuevo alojamiento, queda reflejado también en la particular manera de narrar de Bocanegra. El libro está compuesto por numerosos y breves capítulos que, a su vez, están integrados en su mayoría por frases cortas. En Vacas se percibe la influencia de novelas de la generación beat como La carretera de Kerouac, y no sólo por el subtítulo de “road novel”, sino por la concatenación de oraciones yuxtapuestas, brevísimas como imágenes que saltan un segundo a la retina del lector y que hacen un continuo uso de la elipsis y de la interjección “hum”,  

A esta manera de narrar, que puede desconcertar a lectores habituados a relatos más tradicionales, se le une cierta tendencia a lo onírico en algunos fragmentos. Se trata, por ejemplo, de las historias de Labret, un amigo del protagonista que tiene varias experiencias en un manicomio, y de la aparición del poeta murciano Soren Peñalver acompañado por unas vacas en una playa marmenorense. Las escenas protagonizadas por ambos personajes se intercalan en varias ocasiones en el relato del verano cantábrico de Vincent. Además, Bocanegra alterna la primera persona, la tercera e incluso la segunda, provocando que se acreciente esa variedad de formas discursivas que otorgan a este peculiar e interesante libro cierta imagen de collage.

domingo, 21 de junio de 2020

Diario de Luxemburgo - Juan Antonio Franco López



Diario de Luxemburgo, Juan Antonio Franco López, Creaciones Luxemburgo, 2020, 172 págs., 15€.


Existe una palabra que en los últimos años se ha puesto de moda al hablar de psicología: empatía. Se trata de un sentimiento del que carece gran parte de la población española con respecto a los inmigrantes; por mucho que nos solidaricemos con su situación, es difícil ponernos en su lugar, porque no hemos sufrido esta experiencia tan brutal. Incluso los españoles que tuvieron que emigrar durante la reciente crisis económica lo hicieron con unas condiciones, afortunadamente, mucho mejores que los que cruzan el Estrecho. 

Para cultivar esta empatía hacia el otro, hacia el inmigrante, especialmente entre los más jóvenes, es fundamental que aparezcan libros como este Diario de Luxemburgo de Juan Antonio Franco López. Se trata de un testimonio de primera mano de una época no demasiado lejana, apenas un par de generaciones de la actual juventud, de cuando Europa recibía mano de obra barata proveniente de nuestro país. Años en los que muchos españoles huían de la pobreza y, a veces también, de la Dictadura, para prosperar igual que hoy lo intentan los sudamericanos, africanos o ciudadanos del este de Europa que eligen nuestro país como destino.

El libro recoge el diario que escribió un emigrante español, Antonio, durante los meses que pasó trabajando en Luxemburgo en 1964. El responsable de la edición es su nieto, Juan Antonio, que recibió poco antes de que su abuelo muriera el texto original que Antonio había guardado durante décadas. Dos generaciones distintas unidas por la necesidad de contar una historia que no sólo definió a su familia, sino a una parte importante de la población española de los años 60.

Antonio va contando de manera sencilla y franca las experiencias que vive desde que parte de la murciana estación del Carmen hasta que el diario se interrumpe seis meses después. Tras el extenuante viaje repleto de incomodidades, cambios de trenes, dificultades para entenderse con los franceses y el frío del invierno europeo, el protagonista y sus amigos, Paco, Macareno, Perico y el Tremendo, arriban por fin a Luxemburgo, donde con la ayuda de otros españoles encuentran alojamiento y trabajo.

A partir de ahí se suceden los días de extenuante faena abriendo zanjas, preparando canales o moviendo ladrillos. Antonio debe aguantar el trato vejatorio de los jefes, que desconfían de esos desharrapados del sur que son para él los peones españoles, y unas condiciones que hoy nos indignarían y que provocan que los accidentes laborales sean frecuentes. Pero lo peor, tal y como refleja el autor del diario en las páginas más íntimas, son los periodos de descanso en los que el recuerdo de la familia y el poco dinero que logra ahorrar provocan sus lágrimas.

Sin embargo, también se ofrece en Diario de Luxemburgo la perspectiva más positiva de la vida del emigrante. Destacan entre ellas las juergas con Walter, un trabajador alemán que hace buenas migas con Antonio, la fascinación por el paisaje centroeuropeo, el compañerismo entre los emigrantes o la sorpresa por las modernas costumbres de las mujeres luxemburguesas.

Estamos ante un libro que más que por sus méritos literarios debo recomendar por sus valores sociales y por ser un testimonio de primera mano de una parte reciente de nuestra historia, una época en la que el español era el otro.  

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 7 de junio de 2020

Búnker - Toteking



Búnker, Toteking, Blackie Books, 2020, 232 págs., 20€.


Que un escritor debutante cuente con el apadrinamiento de Enrique Vila-Matas, seguramente el autor español que más ha influido a los narradores de las últimas décadas, llama la atención. Si a este marchamo, ratificado con un elogioso prólogo, se le suma que la ópera prima es publicada por una editorial tan respetada como Blackie Books, las expectativas ante el volumen se acrecientan. Sin embargo, ninguno de estos dos hechos llamará más la atención al lector que se acerque a Búnker que la profesión de su autor: rapero. Existen numerosos prejuicios, al menos en España, con respecto a este género musical, especialmente en los ambientes más rancios, que lo consideran como una manifestación cultural inferior, incluso con respecto a otros tipos de música.

Toteking, alias del sevillano Manuel González Rodríguez, es uno de los raperos de mayor éxito y prestigio en nuestro país. Pertenece a la generación que protagonizó el despegue del hip hop español a finales de los noventa y los primeros años del siglo XXI. Sus primeros discos, junto con los de la Mala Rodríguez, El Chojin, Violadores del Verso, Nach o sus paisanos de SFDK, supusieron un salto cualitativo y lo convirtieron en un icono del rap patrio, puesto que aún hoy mantiene. Dentro de este mundo, Toteking siempre fue visto en parte como un rara avis por unos intereses culturales, estudió Filología Inglesa, que pueden llegar a ser sospechosos en una género donde la autenticidad se mide por las experiencias callejeras que acumules. Es curioso que veinte años después de su debut discográfico, Toteking vuelva a situarse como un outsider, en esta ocasión dentro de la literatura.

El autor de Búnker es consciente de su excentricidad dentro del rap y de sus rarezas, algunas de ellas relacionadas con el Trastorno Obsesivo Compulsivo que sufre, y en el libro se detallan algunas de estas obsesiones. Tote se presenta al principio como un misántropo, el título de la introducción (“Odio”) es bastante definitorio, pero tras el profundo repaso a su vida que es el libro, acaba convenciéndose de que lo único que odia son algunos convencionalismos de la sociedad que le ha tocado vivir. Estamos pues ante un libro que se puede definir como de “autoconocimiento”, pero que evita lanzar un mensaje moral ni aleccionador y en el que la conclusión es sólo una consecuencia de ese repaso vital que el autor realiza.  

En Búnker encontramos algunos de los temas que ya han aparecido en sus canciones: la literatura, de la que se define como “yonqui”, la música, mucho más allá del hip hop, el cine, posee una colección inabarcable de películas, o el baloncesto. En casi todas estas aficiones se siente la huella del padre recientemente fallecido y al que se le dedica uno de los capítulos más emotivos.

El libro gustará especialmente a los aficionados a la música de Toteking; descubrimos sus orígenes en el rap, las anécdotas de las que surgieron algunas de sus canciones más conocidas y también las miserias de la fama y de la vida del artista. Sin embargo, y más allá del interés por conocer mejor a una de las estrellas del rap del país, Búnker puede agradar a un lector ajeno a este tipo de música gracias especialmente a capítulos de aliento más literario como “Salto”, en el que la estructura discursiva imita las asociaciones de ideas que se producen en la mente del autor, o “Gansbaai Hooligan”, donde la influencia de Vila-Matas es patente.

Reseña publicada en El Noroeste:



domingo, 31 de mayo de 2020

Microrrelatos - José Moreno Villa



Microrrelatos, José Moreno Villa, edición de Darío Hernández, Málaga, Azimut, 2019, 72 págs., 15€.
El proceso de conformación del canon del microrrelato en España se ha enfrentado a dos etapas totalmente opuestas; en un primer lugar, los especialistas se topan con una gran escasez en el corpus del género en las décadas de su formación hasta su consolidación. Tras una etapa en la que esta forma narrativa es cultivada por un número cada vez mayor de autores, en los años anteriores y posteriores al cambio de milenio, entraríamos en una segunda etapa totalmente diferente a la primera. A partir de la “democratización” de la publicación que trae aparejada el desarrollo de Internet, nos encontramos con un proceso de atomización. En estos últimos años el género es cultivado por una cantidad numerosísima de autores y el corpus se convierte en inabarcable.
Este libro editado por el especialista en minificción Darío Hernández viene a ayudar con el primero de los problemas expuestos: nos ayuda a conocer los microrrelatos de un autor que, por derecho propio, debe figurar en el canon de la primera época del minicuento español: José Moreno Villa. Hernández es autor de una tesis doctoral y de una antología, Un centímetro de seda (2016), centradas en los orígenes del género en España, es decir: las Vanguardias y el Modernismo. Por lo tanto, se trata de un teórico con un profundo conocimiento de esta etapa de la minificción en nuestro país y que detectó la necesidad de que, al igual que ha ocurrido con otros autores como Federico García Lorca o Juan Ramón Jiménez, los microrrelatos más breves del autor malagueño se agruparan en un volumen.
Esta labor filológica de rescate y puesta en contexto es la primera virtud del libro; Darío Hernández rescata los textos narrativos brevísimos de un escritor con el que se enfrenta a una doble dificultad que no hallaban, por ejemplo, las editoras de la minificción de García Lorca y Juan Ramón: la menor relevancia en el canon literario de la época de José Moreno Villa y los pocos microrrelatos que publicó. La primera traba quedó solventada por el interés de la editorial Azimut, malagueña como el autor de estos textos. A la segunda se enfrenta el antólogo actuando con rigor y evitando la tendencia de algunos críticos a dar gato (cualquier texto breve) por liebre (minicuento). Así, Microrrelatos hace honor a su sucinto y definitorio nombre y nos presenta tan sólo diecinueve minicuentos que son completados con otras tantas ilustraciones de Daniela Miazzo y con una interesante y necesaria introducción crítica de Darío Hernández.
En cuanto a los textos de Moreno Villa, todos procedentes del misceláneo volumen Evoluciones. Cuentos, Caprichos, Bestiario, Epitafios y Obras paralelas (1918), se agrupan en tres secciones y un anexo. En la primera podemos incluir los dos microrrelatos que, bajo el epígrafe de “caprichos”, reducen a la extensión de la página impresa dos leyendas medievales. A continuación leemos una serie titulada “Sabandijas humanas” en la que hallamos siete retratos de otros tantos personajes de Las meninas de Velázquez. El narrador los describe con una gracia y una cercanía que provoca la sensación de que está en la misma habitación del cuadro.
Este mismo desenfado, tan habitual en la literatura de la época, está en los nueve textos del breve “Bestiario”. Además de dos textos finales sobre este género, nos encontramos con breves descripciones de animales como el perro, la rana o el asno en el que la prosa vuelve a destacar por la frescura, rayana a veces en la oralidad, que lleva al narrador a incluir frecuentes onomatopeyas o sus propias palabras hacia los animales o las reflexiones de estos. Este libro tan necesario para reivindicar la figura de Moreno Villa se cierra con “Juicio”, texto en el que el alma de un hombre debe responder a una pregunta de Dios.

Reseña publicada en la revista Quimera:

domingo, 24 de mayo de 2020

Nevada - Claire Vaye Watkins


Nevada, Claire Vaye Watkins, Malastierras, 2019, 267 págs., 19€.


Posee el estado de Nevada un aura extraña, como de un lugar que no parece existir más allá de un decorado. Por supuesto, se trata sólo de una sensación provocada por los enormes casinos y por la cantidad de turistas que visitan sus ciudades, especialmente Las Vegas, una localidad única en todo el mundo y que parpadea cada noche en mitad de un desierto inhóspito. Sin embargo, los que pasamos un fin de semana en este territorio no somos conscientes de que es una ciudad como cualquier otra, con sus rutinas, sus familias y sus sombras más allá de las luces brillantes del Strip. La escritora norteamericana Claire Vaye Watkins dedica la mayoría de los relatos de su volumen a este peculiar estado que ha sido su hogar durante gran parte de su vida.

Con un estilo crudo y directo que recuerda a los relatos de Raymond Carver, Vaye Watkins nos presenta a unos personajes que se sienten desvalidos tras haber sufrido algún hecho traumático en sus vidas. Este suceso es a veces cotidiano, un embarazo de un hombre que no te quiere o el difícil equilibrio sentimental entre tres amigos, pero, a menudo, nos ofrece tintes más trágicos como la violación a una amiga de la que la protagonista se siente cómplice o el oscuro pasado de un padre. Los personajes de Nevada, como los de Carver, tratan de soportar el peso que acarrean con las drogas, el alcohol o una radical soledad que los aleje de las nocivas presencias de otras personas.

En un territorio árido como son las desérticas planicies del interior de California y Nevada, la vida de sus habitantes contrasta con el oropel de los cercanos casinos de Las Vegas. En la mayoría de los relatos nos encontramos con mujeres jóvenes que no saben qué itinerario seguirán sus vidas y cómo soportar las dificultades que sufren. Vaye Watkins comienza en “Fantasmas, cowboys” contándonos su traumática historia familiar: su padre fue miembro de la secta de Charles Manson. En “Rondine al nido” una mujer recuerda un duro episodio de su pasado, marcado por el sentimiento de culpa que su acción provocó en una amiga. La protagonista de “Ojalá estuvieras aquí”, por su parte, vive una crisis en su matrimonio, durante la visita a un antiguo novio, mientras que en “La archivista” es la tentación de volver a abortar la que acecha a la narradora.

Los agrestes paisajes del Oeste americano se configuran como un personaje más del volumen y adquieren especial relevancia en relatos como “Carabela portuguesa”, donde un solitario minero encuentra a una adolescente desmayada en el desierto, “Lo que menos falta nos hace”, cuento en el que el pueblo fantasma de Rhyolite une a dos desconocidos, o “Pasado perfecto, pasado continuo, pasado simple”, relato de cómo un turista italiano se refugia en un burdel tras la desaparición de su amigo. Incluso en el relato más diferente del conjunto, “Las excavaciones”, ambientado en la Fiebre del Oro de mitad del siglo XIX, el espacio físico sigue siendo el mismo. En este cuento tan diferente, que se presenta casi como un relato de aventuras, la desgracia vuelve a amenazar a los protagonistas, en forma de locura en este caso.

 Estamos, en definitiva, ante un libro excelente, con una narradora que logra algo tan difícil como es construir personajes que dejan huella en el lector.

Reseña publicada en El Noroeste:


miércoles, 13 de mayo de 2020

No entres dócilmente en esa noche quieta - Ricardo Menéndez Salmón



No entres dócilmente en esa noche quieta, Ricardo Menéndez Salmón, Seix Barral, 2020, 190 págs., 18€.


La relación entre un padre y un hijo es un tema recurrente en la literatura por su fuerte carga simbólica. Desde las amargas Cartas al padre de Kafka al abnegado progenitor de La carretera de Cormac McCarthy, son muchas las relaciones paterno-filiales que encontramos en libros tanto autobiográficos como de ficción. Dentro del primer grupo se integra este No entres dócilmente en esa noche quieta, el nuevo libro del novelista Ricardo Menéndez Salmón, que ofrece un retrato de los últimos treinta años de la vida de su padre, marcados por la enfermedad.

El autor asturiano se enfrenta, tras el fallecimiento del enfermo crónico que fue durante sus últimas décadas su progenitor, a los entresijos de la relación que ambos mantuvieron desde que en 1982 sufrió un grave problema cardiaco. Menéndez Salmón echa la vista atrás y se da cuenta de que su memoria ha borrado la época en la que su padre era un hombre sano, reduciéndolo para siempre a ese doliente en el que se convirtió y cuya enfermedad, o “su solemne interregno” (23), marcó para siempre a su familia. El libro es, ante todo, el retrato de un matrimonio y de su hijo único abrasados para siempre por el golpe indeleble de la dolencia.

El padre es, en principio, el protagonista del libro; sin embargo, es un sujeto paciente de los sentimientos que provoca su relación con la enfermedad y con la familia en su hijo. El autor utiliza la literatura para llenar los huecos de todas esas conversaciones no mantenidas, algo habitual en todas las familias, e intentar conocer mejor cómo afrontó sus últimos treinta años su padre. Este se presenta como un hombre inescrutable, disminuido física y moralmente por las operaciones y el alcoholismo que sufre durante una etapa de su vida y que sólo logra mitigar su sufrimiento con su meticuloso coleccionismo. El final de su vida, tras el avance de la enfermedad que va demediando su cuerpo y su resistencia, se presenta como un descanso a tanto sufrimiento.

La madre es un personaje que tiene una presencia escasa en el libro, pero un peso sustancial en el débil equilibrio familiar. Presentada como la esposa abnegada que supedita la mitad de su vida al cuidado del marido enfermo, el autor no profundiza demasiado en su figura, quizás para que la atención del lector se centre en el padre. Sin embargo, su estoicismo y su recuerdo emocionado en la despedida del cónyuge y su incredulidad ante su propia enfermedad final, aparecen como hitos esenciales en la historia.

El triángulo se cierra con el hijo, que indaga en la historia de su padre para comprenderse mejor y analizar con la perspectiva del tiempo y el de una historia ya finalizada, tras la muerte del padre, el peso de la enfermedad y del opresivo ambiente que vivió durante su adolescencia en su existencia posterior. Evita Menéndez Salmón realizar un juicio moral al padre y prefiere trazar su historia aprovechando su oficio de escritor. El autor reflexiona sobre la imposibilidad ontológica de la literatura para poner negro sobre blanco todos los objetivos que el autor tiene en su mente. El libro se construye, además, como una constelación de citas literarias, como si el narrador asturiano necesitara de las palabras de otros, comenzando por el verso de Dylan Thomas que da título al volumen, para hablar de un tema tan íntimo.

No entres dócilmente en esa noche quieta es un libro de una gran belleza que trata de manera cruda un asunto tan doloroso y con el que Menéndez Salmón trata de arrojar algo de luz sobre los rincones más oscuros de su historia familiar.

Reseña publicada en El Noroeste:



miércoles, 29 de abril de 2020

El infinito en un junco - Irene Vallejo




El infinito en un junco, Irene Vallejo, Siruela, 2019, 472 págs., 24€.


Todo autor de una obra literaria tiene como finalidad conseguir una respuesta positiva por parte de los lectores. Sea buscando una recepción mayoritaria, lo que se conoce como “éxito de público”, o minoritaria pero escogida, fenómeno para el que se emplea un sintagma mucho más ambiguo: “éxito de crítica”, todo autor piensa en el lector. Más conflictiva puede ser la relación con los receptores en el género del ensayo. En muchos casos estamos ante obras especializadas que favorecen la lectura de unos pocos expertos y que incluso menosprecian la del público en general, lo de la miel y la boca del asno, ya saben. Por eso llama la atención que un libro de divulgación se convierta en un fenómeno editorial sin perder la seriedad e incluso la erudición. Este difícil equilibrio lo ha conseguido El infinito en un junco de la aragonesa Irene Vallejo.

El poético título va acompañado por un subtítulo mucho más definitorio de lo que nos encontraremos en esta obra: “La invención de los libros en el mundo antiguo”. Filóloga clásica de formación, Vallejo mezcla rigor histórico en las referencias al origen de la lectura, las biografías de escritores y escritoras (estas últimas se reivindican para compensar, en parte, su marginación a lo largo de la Historia) y los episodios fundamentales en la evolución de las distintas tecnologías relacionadas con el libro, con pasajes más literarios e incluso autobiográficos. El infinito en un junco no es un texto para especialistas, sino un apasionante recorrido histórico por cómo hombres y mujeres de todas las épocas han colaborado en el desarrollo de la lectura y de la creación literaria. 

El libro se divide en dos partes dedicadas, respectivamente, a Grecia y a Roma. En la primera, titulada “Grecia imagina el futuro”, se pone de manifiesto la importancia que ha tenido la cultura helena, su lengua, su manera de entender el mundo, su relación con los libros, para la formación de Europa. En esta sección adquiere especial protagonismo la ciudad de Alejandría; fundada por Alejandro Magno en el norte de Egipto, se ha convertido en un símbolo de la cultura gracias al empeño de sus monarcas, desde Ptolomeo I, por recopilar todos los libros de la época.

En la parte dedicada a Roma, algo más breve que la anterior, Irene Vallejo confirma esa idea de que los romanos fueron, principalmente, imitadores de los griegos. Sin embargo, la autora no le quita mérito a los avances que esta cultura aportó al mundo del libro y al hecho de que fuera el único imperio de la Historia que aceptara la superioridad de la cultura de un territorio conquistado.

A pesar de que esta división del libro puede hacer creer que sigue una ordenación estricta, no es así. De hecho, salvo por esas dos partes, la obra se caracteriza por ir saltando de época en época y por mezclar historias, anécdotas (a veces ficcionalizadas) y biografías de escritores y lectores de diferentes lugares del mundo. Esta mezcolanza provoca que el libro a veces caiga en repeticiones: la historia de la biblioteca de Alejandría se cuenta varias veces, por ejemplo.

En cualquier caso, El infinito en un junco es una obra de una lectura absorbente y que mezcla con agilidad lo narrativo y lo expositivo en un emocionante homenaje a los libros.

Reseña publicada en El Noroeste: