lunes, 16 de febrero de 2015

Bienvenidos a Incaland - David Roas




Bienvenidos a Incaland, David Roas, Páginas de Espuma, 2014, 138 págs., 15€.

Dicen que la mejor manera de conocer un país es visitarlo con algún nativo, o bien, hacerlo en solitario para poder interactuar con la gente del lugar. Esta regla no escrita del perfecto viajero sigue David Roas en su último libro, Bienvenidos a Incaland, una crónica de su estancia en Perú.  Así, en la primera parte del volumen se deja acompañar por amigos peruanos que lo guían por Lima; mientras que en la segunda viaja en soledad a Cusco, la antigua capital del imperio inca.
En la sección limeña del libro, el narrador se topa con las particularidades de la vida en el Perú, esencialmente con su gastronomía y con su tráfico. Con el tono entre delirante y sarcástico que destila todo el volumen, asistimos a la demencial, desde el punto de vista europeo, danza de coches, furgonetas y autobuses que hacen de cualquier trayecto por Lima una suerte de ruleta rusa. Los amigos peruanos preparan al visitante una peculiar ruta turística que los llevará a visitar más bares que museos, aunque será en uno de ellos donde perpetren el robo de la máquina de escribir de Mario Vargas Llosa. Esta gamberrada derivará, gracias al efecto del alcohol, en una alucinada aventura que convertirá al Nobel peruano en el protagonista de El Padrino y de Pulp Fiction. La primera parte se completa con un capítulo en el que el narrador se pierde en un barrio limeño y con varios textos breves, titulados “Idiosincrasias limeñas”, que quizás desentonen con el resto.
En la segunda parte del libro, Roas nos narra su estancia en solitario en la ciudad de Cusco. Se trata éste de un enclave eminentemente turístico en el que hordas de visitantes extranjeros buscan la esencia del Perú inca y colonial. La pluma del narrador barcelonés se muestra aquí mucho más acerada que en la primera sección del libro y las páginas están repletas de un sarcasmo que ya encontrábamos en obras anteriores de Roas, como en su novela La estrategia del koala. Además de las críticas a la Iglesia y a la conquista española, los principales dardos van contra los turistas, especialmente norteamericanos, que pululan en torno a la Plaza de Armas cusqueña. Estos visitantes deambulan por el centro de la ciudad como si de zombis se tratara, así los retrata Roas, comprando compulsivamente y vistiendo ridículos chullos (gorros andinos). El protagonista se empeña en marcar continuamente las distancias con estos idiotizados visitantes, pero no siempre lo conseguirá y sufrirá la obstinada persecución de una niña que le reclama insistentemente un dólar por haber fotografiado a su llama.
Este parque temático en el que se ha convertido el centro de Cusco, el “Incaland” al que el título hace referencia, tiene su continuación en el famoso Machu Pichu. Tras un largo viaje en tren y una peligrosa ascensión en autobús, el narrador llega al monumento más famoso de Perú, pero allí no se produce la epifanía que tantos turistas buscan, precisamente por la masificación. Roas, descreído y harto de las aglomeraciones a esa altura del viaje, decide volver al pueblo a beber cerveza.

Se trata éste de un libro sarcástico, divertido, repleto de referencias históricas y culturales y que prende en el lector el deseo de visitar Perú, aún a riesgo de encontrarse con una llama, ese inquietante animal que acosa al autor durante buena parte de su periplo. 


domingo, 8 de febrero de 2015

Los extraños - Vicente Valero




Los extraños, Vicente Valero, Periférica, 2014, 171 págs., 16€.

Posee un valor polisémico el término que da título a esta primera novela del poeta y ensayista balear Vicente Valero. Por un lado, el vocablo “extraño” se puede entender como sinónimo de “diferente”, ya que los cuatro protagonistas poseen biografías que se salen de lo habitual en sus respectivas épocas. Pero Valero emplea durante el libro esta palabra con el sentido de “desconocido”, por ser también cuatro personas con las que tiene lazos familiares pero a los que, salvo un caso y brevemente, jamás conoció.
El hilo conductor de la obra es la reconstrucción de las biografías de cuatro familiares que vivieron vidas muy dispares, pero todas ellas caracterizadas por los vaivenes y por discurrir en diversos países. El narrador nos va presentando a cada uno de ellos por separado, pero siguiendo siempre un mismo método mediante el cual recopila información de las biografías de los protagonistas a través de cartas, fotografías, testimonios de quienes les conocieron o de visitas, en dos de los casos, a los países donde fallecieron. Es en esta repetición, que a veces se acerca a la monotonía, donde encontramos uno de los pocos aspectos negativos de una novela muy interesante y original.
El primero de esos cuatro “extraños” es quizás el menos estrafalario de todos; se trata del abuelo materno del protagonista, un militar que falleció sin llegar a la treintena tras varios años destinado en Marruecos. En su biografía destaca su cambio de vocación, de abogado a militar, y su breve amistad con el aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. Tras su historia, se narra la del estrafalario tío Alberto; un peculiar jugador de ajedrez con numerosos tics que, tras años emigrado, vuelve a España para reencontrarse con su hermano, el padre del autor. Esta irrupción supone un pequeño terremoto familiar para los adultos, pero una fuente de diversión para el narrador y su hermana.
También el nomadismo marca la vida del tercero de los “extraños”: Carlos Cervera. Acuciado por el deseo de vivir su vida libremente, es homosexual, y, sobre todo, de dedicarse al baile profesional, abandona siendo muy joven la Ibiza familiar para recorrer los escenarios de medio mundo con desigual suerte. Llegados a este punto el lector se extraña de que en este repaso a las biografías familiares del autor apenas haya tenido peso la Guerra Civil, omnipresente en el retrato de la mayoría de las familias españolas como muchos autores han reflejado. La historia del último de los protagonistas del libro viene a llenar este vacío y a incluir a Los extraños en la amplia bibliografía sobre este conflicto. El tío abuelo del autor puede parecer parcialmente un arquetipo de las novelas de esta temática: militar republicano exiliado tras la Guerra Civil en Francia. Sin embargo, su dedicación a la teosofía y el yoga y su carácter de vegetariano lo convierte en un personaje aún más interesante.

Estos son, el ajedrecista, los dos militares y el artista, los cuatro personajes de los que se nos cuenta sus peripecias vitales. Pero, tras finalizar el libro, el lector toma conciencia de que el único protagonista es el autor y que, más que narrar cuatro biografías de otros tantos familiares, Valero hace un ejercicio de recuperación de la memoria, si no histórica, sí familiar. Lo hace para conocer mejor un pasado, una historia que completa la suya propia. 

lunes, 2 de febrero de 2015

El impostor - Javier Cercas




El impostor, Javier Cercas, Mondadori Random House, 2014, 425 págs., 23€.

Parte Javier Cercas en El impostor de un dilema moral: ¿escribir la historia de un impostor equivale a justificar sus mentiras? Él defiende que no, que su intención al contar la vida de Enric Marco, un nonagenario catalán que durante años se hizo pasar por superviviente de un campo de concentración nazi, es simplemente conocer las razones de esta impostura. Sin embargo, da la sensación durante buena parte del libro de que Cercas trata de convencernos de que no quiere en ningún caso reivindicar  la figura de Marco, quien, gracias a la repercusión de la propia obra, va a volver a la primera plana de la actualidad casi una década después de que estallara el escándalo. Es ese tono moralizante que destila a menudo el libro lo peor de una obra compleja y en cuya lectura descubrimos diversos enfoques del tema.
El primero de estos planos en los que el libro se va desdoblando sería la propia vida de Marco, que ocupa la parte central de El impostor. La biografía del protagonista es narrada por Cercas en las tres versiones que posee y que se van mezclando para crear al personaje. En primer lugar tendríamos la historia de su vida tal y como Marco la había contado hasta que un historiador demostró que era, en parte, falsa. En segundo lugar, la biografía que el impostor, ya desenmascarado, le cuenta a Cercas en las entrevistas que tienen. Pero ésta sigue teniendo lagunas o maquillaje, Marcos sigue mintiendo, por lo que el autor realiza una labor de investigación para acercarse a la tercera y definitiva versión: la verdad.
Pero tan importante como la historia de Marco, con su discutible participación en la Guerra Civil, con su papel como líder de la CNT durante la Transición y con su ascenso y posterior caída como supuesto superviviente del nazismo, es la narración de cómo el libro se fue gestando. Cercas convierte, con su acostumbrada habilidad, en material narrativo todo el proceso que lo llevó de rechazar durante años el proyecto de la biografía de Marco a escribir finalmente El impostor. Esta estructura externa del libro es interesante en la medida en la que conocemos mejor las disyuntivas del autor sobre la consideración que le merece Marco y las opiniones de otras personas cercanas al libro. En ocasiones, sin embargo, Cercas cae en la redundancia (¿hace falta enumerar dos veces los nombres de los jóvenes que nada más acabar la Guerra Civil se opusieron a los vencedores en el extrarradio de Barcelona?) e incluye algunos de los artículos que escribió cuando estalló el tema cuya pertinencia es discutible.
En ese juicio moral sobre el gran impostor que está implícito (y a veces no tanto) durante todo el libro, Marco aparece condenado, pero Cercas quiere huir de dogmatismos y logra una descripción compleja del protagonista. Si bien jamás se justifica que inventara su paso por el campo de concentración nazi de Flossenburg, el autor llega a la conclusión de que, como un Alonso Quijano moderno, Enric Marco se inventó a los cincuenta años una nueva identidad sin otra intención que ser querido, como todo narcisista, y adquirir relevancia pública. El resto, el héroe de la resistencia antifascista, el campeón de la memoria histórica, lo creamos entre todos para satisfacer nuestras propias necesidades de conocer y enaltecer una vida tan ejemplar como la que Marco inventó. 

Reseña publicada en El Noroeste.


lunes, 19 de enero de 2015

La quinta esquina - Izraíl Métter



La quinta esquina, Izraíl Métter, Libros del asteroide, 2014 (1989), 200 págs, 18€.

Debemos congratularnos de que Libros del Asteroide haya recuperado esta estupenda novela del ucraniano Izraíl Metter. Publicada originariamente en 1989, la obra fue redactada, sin embargo, en 1967, pero la crítica al stalinismo que encerraba hizo que permaneciera inédita durante esas dos décadas. Su aparición, que coincidió no casualmente con el desmantelamiento de la Unión Soviética, convirtió a Métter y a su novela en un fenómeno de culto en buena parte de Europa. Un cuarto de siglo después podemos afirmar que su vigencia sigue intacta gracias a la absoluta modernidad que aún hoy destilan sus páginas.
La quinta esquina narra de manera desordenada y parcial la vida del narrador, Boria, personaje que podemos considerar un trasunto del propio autor. Desde su madurez recuerda algunos de los episodios más importantes o significativos de su vida y traza una historia personal que se va mezclando con los grandes acontecimientos de su país. Estos jamás ocupan el primer plano de la novela, sino que funcionan más bien como trasfondo o como punto de fuga del verdadero meollo del libro: la trayectoria vital de Boria. Así, la Unión Soviética surgida de la revolución de 1917, las  purgas estalinistas o el sitio de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial son sólo escenarios a los que Boria tendrá que adaptarse.
La novela va siguiendo al protagonista por las sucesivas ciudades en las que ejerce su trabajo de profesor, puesto que desempeñará con una gran vocación pero sin el título necesario, ya que es rechazado varias veces en la Universidad por los orígenes de su familia. En su periplo irá conociendo distintas realidades de la sociedad soviética y vivirá de cerca las consecuencias de la opresiva dictadura estalinista. Con la perspectiva de los años reflexiona sobre algunos aspectos de la Unión Soviética de Stalin como la delación, “habían afilado el arte de la denuncia hasta obtener el brillo de un cuchillo” (pág. 155), o la personalidad del líder supremo, al que compara con un Dios “omnipotente y omnipresente”.
El componente crítico del libro, que provocó su ostracismo durante veintidós años, posee un peso menor que las reflexiones o los episodios de índole personal. Es ahí donde destaca el personaje de Katia, una alumna a la que Boria conoce siendo ambos muy jóvenes y de la que estará enamorado durante las dos siguientes décadas. Su relación es extraña, sinuosa y esencialmente platónica ya que, salvo en un periodo vacacional muy breve, jamás estarán juntos. Sin embargo, Boria siente una atracción irrefrenable hacia Katia que lo lleva a fracasar en sus propios matrimonios o a hacerse amigo del segundo esposo de ella, un mediocre actor que hace carrera gracias a su parecido con Stalin.
La modernidad del libro a la que hacíamos referencia se sustenta en su carácter de híbrido entre ficción y autobiografía; son varias las coincidencias entre la vida de Boria y la de Izraíl Métter (su origen judío, la imposibilidad de acceder a la Universidad, su labor como docente) que apuntalan este rasgo y que hacen que estemos ante un libro sorprendentemente actual. Una obra que merece la pena descubrir y en la que encontramos al autor enfrentándose cara a cara (a veces se desdobla y aparece el Boria joven charlando con el narrador maduro) con los dilemas que surgen al rememorar su experiencia vital. 

Reseña publicada en El Noroeste



martes, 13 de enero de 2015

¡Goool en Las Gaunas! - Javier Triana




¡Goool en Las Gaunas!, Libros del K.O., Javier Triana, 2014, 164 págs, 8€. 

Mi generación, la nacida en el primer lustro de los años ochenta, ha descubierto hace poco el enorme valor de la nostalgia. El hecho de que un libro destinado a los hoy treintañeros como Yo fui a EGB haya sido uno de los más vendidos en 2014 es una muestra de esta tendencia. Javier Triana aprovecha esta moda para publicar, dentro de la colección "Hooligans ilustrados" de Libros del K.O., la historia de una de los clubes que mejor identificamos con nuestra infancia: el C.D. Logroñés. 

Al contrario que otros volúmenes de esta colección, ¡Goool en Las Gaunas! (título que es un resorte en la memoria auditiva de toda una generación) no es una biografía de un hincha acérrimo, sino la historia colectiva de un club. Aunque Triana recuerda su presencia, siendo un chaval que jugaba en las categorías inferiores del club, en las gradas de Las Gaunas, el componente sentimental del libro viene aportado por las voces de los aficionados, jugadores, directivos, entrenadores o periodistas relacionados con el Logroñés que entrevista en el libro. 

Acierta el autor al ahorrarnos una historia cronológica del club y opta por centrarse en algunos de los personajes más importantes de la breve presencia, apenas una década, del equipo riojano en Primera División. Entre los que protagonizan algunos de los capítulos destacan el histriónico David Vidal, entrenador gallego que ha pasado por casi todos los equipos mediocres de España, el goleador ruso Oleg Salenko, protagonista de una rocambolesca trayectoria, y, sobre todo, Agustín, el "Tato", Abadía. Cualquier aficionado al fútbol en los noventa recordará a aquel mediocampista desgarbado, calvo y bigotudo cuya imagen es un icono del deportista anterior a la era metrosexual. 

Si en tu colección de cromos o en tus equipos de chapas aparecían nombres tan poco glamurosos como los de Tocornal, Lopetegui o Chendo, este libro te arrancará una sonrisa, aunque nunca vivieras en directo un gol en Las Gaunas.  

lunes, 29 de diciembre de 2014

La pandilla de Asakusa - Yasunari Kawabata



La pandilla de Asakusa, Yasunari Kawabata, Seix Barral, 2014 (1930), 285 págs., 19€.

Si algo se nos debe exigir a los críticos literarios es que seamos buenos lectores. Buenos en el sentido de curiosos, pero también en el de perspicaces ante los libros que vamos a reseñar. Los que escribimos este tipo de comentarios no somos más que guías que, gracias a nuestra experiencia o formación, podemos orientar al resto de lectores para elegir y para acercarse correctamente a una obra literaria. Y para ello, para ayudar a futuros receptores del libro reseñado, debemos ser francos y señalar aciertos y errores que, desde nuestro punto de vista siempre subjetivo, haya cometido el autor. Lo que no es tan habitual es que en las reseñas aparezcan las equivocaciones del propio crítico, que se suele erigir como un especialista infalible con un criterio sólido e incuestionable. Pues bien, esta crítica de La pandilla de Asakusa será una excepción ya que desgranaré los errores que he cometido en su recepción para intentar que el lector que se decida a seguir mis pasos no los cometa.
El primer error de mi experiencia lectora ha sido provocado por la etiqueta genérica del libro; al empezar a leer, creía que me iba a enfrentar a una novela al uso, es decir, con una trama y unos personajes centrales cuya historia se desarrollara en Asakusa, el populoso barrio de Tokio al que hace referencia el título. Sin embargo, pronto me he dado cuenta de que Kawabata construye el libro como una serie de fragmentos inconexos en el que van apareciendo y desapareciendo personajes relacionados entre sí pero cuyas historias apenas aparecen apuntadas de manera impresionista. Se trata de un tipo de escritura propia del Modernismo occidental que el futuro premio Nobel japonés adapta a su lengua.
La frustración por la ausencia de esa trama sólida y estructurada que iba buscando se ha acrecentado por no hallar tampoco un protagonista. Al principio creía que el narrador, un trasunto del propio Kawabata, iba a ser el eje del relato, pero sólo ejerce de notario de los hechos que se suceden en el barrio y del que él es más testigo que protagonista. Después creí que sería ese personaje colectivo que adelanta el título el que se situaría en el foco de la narración; sin embargo, ninguno de los vagabundos, bailarinas, geishas, pequeños rateros, proxenetas ni prostitutas que pululan por el libro adquieren centralidad en toda la obra. Ni siquiera Yumiko, la joven que ocupa varias páginas en la parte central del libro en un episodio entre sórdido y romántico, atrae por mucho tiempo la atención del narrador. El barrio de Asakusa es el único protagonista.
La última equivocación que espero que evite el futuro lector de tiene que ver con mis prejuicios sobre Japón. Esperaba una obra sobre la delicada belleza de las mujeres niponas, sobre su tradición milenaria y filosofía oriental. Sin embargo, Kawabata retrata el barrio menos japonés de Tokio, o, al menos, el que en aquellos años veinte tenía una influencia más palpable de Occidente. En el centro de Asakusa se erige un templo budista, sí, pero sus alrededores es un hervidero de teatros, cabarets, restaurantes y de parques atestados de mendigos en donde los miembros de la pandilla realizan sus pillerías.
Espero que estas directrices sirvan a todos aquellos que se acerquen a la interesante obra de Yasunari Kawabata.  

Esta reseña se publicó en El Noroeste


domingo, 21 de diciembre de 2014

"El hombre del lago" - Arnaldur Indridason


El hombre del lago, Arnaldur Indridason, RBA, 2004, 349 págs., 10€. 

Es de recibo reconocerle el mérito al escritor islandés Arnaldur Indridason. Ha logrado ser uno de los escritores europeos de novela negra más leídos de la actualidad situando sus historias en el país con la tasa de criminalidad más baja del continente: Islandia. Incluso en un lugar tan tranquilo y donde es la voluble naturaleza a la que temen sus ciudadanos existen crímenes como el que Indridason narra en El hombre de lago

Esta obra es una nueva entrega de la serie protagonizada por el inspector Erlendur Sveinson, que aglutina muchos de los tópicos que se asocian a los investigadores policiales: es concienzudo, solitario, obsesionado con su trabajo y con una vida personal deshecha. Los problemas de Erlendur con su hija drogadicta y la búsqueda infructuosa de su hermano, que desapareció siendo ambos niños, tienen casi tanta importancia como el caso principal de la novela, alejándose así del maniqueísmo del que adolecen muchas obras de este género. 

El caso al que nos referimos se inicia con el descubrimiento de un cadáver arrojado décadas atrás a un lago islandés. Desde ese punto de partida, Indridason narra la minuciosa y lenta investigación que llevan a cabo Erlendur y su equipo para descubrir quién es el asesino, pero también la misteriosa identidad de la víctima. Esta narración se mezcla con la historia de unos estudiantes islandeses en la Alemania comunista de los años cincuenta. Poco a poco ambas tramas, el presente islandés de la investigación y el pasado de la opresiva vida de los universitarios en Leipzig, se irán acercando para conocer el misterio del hombre del lago. 

Este uso de dos historias paralelas que van confluyendo y la profundidad de los personajes principales, especialmente el taciturno detective Erlendur y Tomas, el idealista estudiante islandés que choca con la realidad de la Alemania comunista, hacen que esta obra guste tanto a los aficionados a la novela negra como aquellos que buscan una historia bien escrita. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Intento de escapada - Miguel Ángel Hernández



Intento de escapada, Miguel Ángel Hernández Navarro, Anagrama, 2013, 248 págs., 16€.

Introducir en una novela numerosas reflexiones teóricas sobre cualquier campo suele ser peligroso. Es cierto que una de las características del discurso postmoderno es su tendencia a la mezcla de materiales de distinta índole, y que una parte importante de la narrativa actual se siente cómoda mezclando el relato con el ensayo. Sin embargo, esa tendencia a lo reflexivo ha de ser equilibrada y no dejar nunca en un segundo plano a la trama.

Esto es lo que ocurre en Intento de escapada, la primera novela del escritor murciano Miguel Ángel Hernández. En sus páginas son habituales las meditaciones del narrador, que es el protagonista,  sobre el arte contemporáneo, pero están siempre justificadas porque este tema es central en la trama y sus límites son los que pone en juego el autor en la historia protagonizada por Marcos y el transgresor artista Jacobo Montes.

Intento de escapada tiene mucho del género tradicional conocido como Bildungsroman o novela de aprendizaje, en la que acompañábamos a un joven durante los años en los que se forma y descubre la vida. El ejemplo paradigmático de este tipo de obra sería el Lazarillo de Tormes, con la que podríamos encontrar algunos paralelismos en el caso de la novela de Hernández que nos ocupa. Marcos, al igual que Lázaro, va a narrar desde la distancia y la madurez una serie de hechos que lo marcaron en su juventud. Si el protagonista de la novela anónima aprende a base de golpes a valerse por sí mismo y a espabilarse, el joven estudiante de Bellas artes que protagoniza Intento de escapada se enfrenta, en los meses que dura la historia, a una serie de pruebas que lo harán madurar de golpe y aprender aquello que no está en los libros. También vive su primera experiencia amorosa con Helena, una profesora a la que idolatra y que le mostrará con el paso de las páginas su verdadera cara. La brutal didáctica del ciego del Lazarillo estará encarnada aquí por Jacobo Montes, el magnético y cínico artista al que Marcos ayudará a realizar una instalación sobre la inmigración.

Con forme la preparación de ésta va avanzando y va adquiriendo peligrosidad y un cariz cada vez más inmoral, Marcos, un teórico al que nunca le ha interesado ser artista, se irá interrogando sobre los límites del arte y su implicación en la instalación mediante esas reflexiones teóricas a las que hacíamos referencia antes. El extraño triángulo que forman los protagonistas aparece acompañado por otros personajes como Navarro, un disoluto profesor que odia a Helena y a Montes, o Sonia, la única amiga del solitario Marcos. Estos secundarios aparecen más desdibujados que el trío principal y algunas de las tramas que protagonizan, la muerte del padre de Sonia, son quizás lo más prescindible del libro.

De todas formas, el conjunto configura una obra solvente y muy sólida para tratarse de un debut en la narrativa extensa. Intento de escapada es una novela sobre las contradicciones del mundo del arte contemporáneo, que esgrime a veces una justificación ética para llevar al límite al espectador y sacar un rédito económico mayor. Pero, sobre todo, la novela es un relato sobre un chico inseguro que se da de bruces con una realidad que sus libros no han sido capaces de contarle. 


Reseña publicada en El Noroeste



martes, 9 de diciembre de 2014

Honestidad brutal o la huida hacia delante de Andrés Calamaro - Darío Manrique


Honestidad brutal o la huida hacia delante de Andrés Calamaro, Darío Manrique, Lengua de Trapo, 167 págs, 2014, 16€. 

Los libros sobre música moderna tienen una gran tradición en países como Inglaterra, donde la vida y la obra de los artistas de rock ha sido escudriñada desde casi cualquier perspectiva. Existen, incluso, colecciones dedicadas a a analizar discos concretos, como la que ha traído a España la editorial Libros Crudos con el nombre de 33 1/3. Siguiendo esta línea, Lengua de trapo ha apostado por este tipo de volúmenes y, con obras sobre músicos nacionales tan heterogéneos como Nacho Vegas, Kortatu o Enrique Morente, desde hace unos años mantiene la colección Cara B. 

El último de estos libros publicado ha sido el de Darío Manrique sobre Honestidad Brutal,  disco doble que Andrés Calamaro lanzó en 1999. La obra sigue las pautas de este tipo de escritos, que mezclan análisis de las canciones con la narración de los avatares que rodearon su grabación. En el caso del libro de Manrique, echamos en falta algo más de profundidad en las disquisiciones sobre la letra y la música de los treinta y siete temas del disco, cuyo análisis se solventa casi siempre con unas pocas líneas sobre lo más destacado del tema. 

Seguramente el autor sacrifica esa mayor profundidad, que sí encontramos en los volúmenes publicados por Discos Crudos, en beneficio de la creación de un libro ameno y de ágil lectura. A pesar de que el volumen supera las ciento sesenta páginas, la obra se lee con mucha rapidez, en parte gracias a que Manrique acierta con el ritmo de la narración de la laberíntica grabación del disco. Acompañamos a Calamaro, gracias a testimonios de primera mano de músicos, productores, periodistas y del propio cantante, por los distintos estudios, caseros o profesionales, de Argentina, Madrid o Estados Unidos, en los que se va gestando el doble LP. 

Esta narración cronológica de la grabación está salpicada por referencias a la turbulenta vida personal que vivía Calamaro en aquella época y que incluía una reciente y dolorosa separación y continuos excesos con las drogas. Sin embargo, en ambos casos Manrique no cae nunca en lo morboso, gracias, sobre todo, a que los amigos y colaboradores del cantante se niegan a dar detalles escabrosos. 

El libro está organizado en 37 capítulos cuyos títulos rememoran los de las canciones del disco. Se trata de una forma original de estructurar el volumen, pero que lleva al autor a escribir capítulos excesivamente breves, y con una temática que no siempre se adecua al paratexto, para lograr esa organización especular. 


Las numerosas intervenciones de otras voces distintas a la de Manrique enriquecen el libro y lo alejan del análisis solipsista para acercarlo a una visión poliédrica de Honestidad Brutal, aunque creemos que algunos de los fragmentos incluidos, como los de Thomas Frank en el capítulo 36, son prescindibles por alejarse del tema del volumen. 

En definitiva, una obra rigurosa y bien documentada dirigida a los muchos seguidores de Andrés Calamaro. 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Los maletines - Juan Carlos Méndez Guédez



Los maletines, Juan Carlos Méndez Guédez, Siruela, 2014, 386 págs., 20€.

Donizetti tiene una esposa, una amante, una exmujer y el nombre del compositor equivocado. También tiene dos niños que mantener y un sueldo exiguo en la agencia de noticias del gobierno venezolano en la que trabaja. Y aunque Donizetti no es un valiente, la necesidad le hace aceptar una misteriosa misión que sus superiores le proponen y que consiste en llevar unos maletines a distintas ciudades de Europa a cambio de una importante cantidad de dinero.
Este es el punto de partida de la excelente novela de Juan Carlos Méndez Guédez titulada Los maletines y que nos cuenta lo que puede llegar a hacer una persona más bien gris como Donizetti cuando se ve abocada al abismo. Poco a poco el protagonista de la obra va descubriendo que los maletines forman parte de una compleja trama que mezcla espionaje, política y mucho dinero y cuyas ramificaciones ponen en peligro la vida de Donizetti y de su familia. En su huída hacia delante, el gris funcionario que decide tornar su mala suerte en fortuna estará acompañado por Manuel, un antiguo compañero de instituto con el que se reencuentra en el momento adecuado.
Frente al narrador omnisciente de la mayoría de los capítulos, otros están narrados en primera persona por Manuel, que aporta una visión personal de los hechos en los que él y su viejo colega de estudios se ven envueltos. Es éste un personaje con gran profundidad y matices; Manuel es un antiguo locutor de radio que intenta olvidar a su pareja, un hombre casado, y que muestra devoción hacia los espíritus y hacia los boxeadores. Su odio hacia el gobierno, que cerró la emisora en la que trabajaba, será el combustible perfecto para acompañar a Donizetti  en un plan para robar uno de los maletines esquivando para ello a peligrosos militares de diversas facciones.
Ambos personajes se mueven en una Caracas marcada por la violencia y la corrupción. Los tiroteos nocturnos, los secuestros exprés y los asesinatos indiscriminados acompañan la vida de Manuel y Donizetti y les empujan a huir de esa violencia extrema que convierten a Venezuela en un lugar donde “lo sospechoso (…) es estar vivo” (pág. 320). Pero, a pesar de la abrumadora tensión y de la crueldad que se esconde tras cada esquina, en Los maletines se percibe si no un optimismo, cierta aceptación de esa brutalidad que subyuga a cada habitante. Manuel llega a decir con esperanza que en Caracas “la risa era indestructible” (pág. 294).
Otro tipo de violencia, mucho menos evidente pero igual de nociva para los ciudadanos, es la que provoca la corrupción dentro del gobierno venezolano. Méndez Guédez denuncia los trapicheos de los militares, el asesinato de jueces y la manipulación mediática, pero logra no caer nunca en el panfleto político, ya que no supedita esa crítica a la trama, sino que integran a estos personajes corruptos en la historia de Donizetti y Manuel. Además, Hugo Chávez, de quien se describe el inicio de su enfermedad, aparece como un personaje lejano y en cuya honestidad muchos aún confían, creyendo que no tolera la podredumbre de su gobierno, sino que la desconoce.
 Todas estas piezas (violencia, corrupción, dos personajes desesperados) encajan perfectamente en Los maletines y la convierten en una novela a la que se le pueden encontrar muy pocos defectos.

Reseña publicada en el diario El Noroeste