domingo, 14 de enero de 2018

Muro de las lamentaciones - Rubén Castillo



Muro de las lamentaciones, Rubén Castillo, Baile del sol, 2017, 172 págs., 10€.

Existe un concepto en la Teoría Literaria de extraño nombre y definición confusa que, sin embargo, ofrece numerosas posibilidades a los escritores. Me estoy refiriendo a la “intertextualidad”, término que alude a las relaciones entre un texto literario y otro previo. En la práctica, y acotándolo un poco, consiste en las parodias, homenajes o referencias a una obra literaria previa que existan en un nuevo texto. Rubén Castillo emplea con habilidad y oficio narrativo las posibilidades que ofrece esta técnica en varios de los cuentos de Muro de las lamentaciones.
Este grupo de relatos intertextuales dosifican la información relativa al personaje literario o histórico y, a menudo, no somos conscientes de la referencia hasta las líneas finales. Además, el autor permite que los lectores que no conozcan la alusión disfruten igualmente de los cuentos, ya que se trata de narraciones independientes, con su propia trama, en las que la lectura intertextual enriquece la recepción pero no es fundamental para entender la historia.
“Cartas de Wendy” es el primero de los textos de este grupo; ubicado en el Berlín del final de la Segunda Guerra Mundial, se completa con una alusión al escritor Franz Kafka. El subtítulo de “El último caballero andante” ya adelanta la naturaleza que posee el relato: “Un divertimento cervantino”. Por su parte, en “Guillermina” la referencia a Neruda sólo aparece justo al final del relato. El grupo de relatos intertextuales se completa con “Las lágrimas de Gontard”, que da voz al banquero de cuya mujer se enamoró el poeta Hölderlein, y con “Si me mirara”, donde una tímida dama se enamora desde la distancia de un hombre que se identifica con uno de los heterónimos de Pessoa.
Pero Muro de las lamentaciones es mucho más que un juego de referencias literarias que el lector debe averiguar; si por algo destacan estos catorce cuentos de lectura absorbente y estilo ágil, es por su variedad. “En la cinta transportadora” y “Sábados alternos” comparten protagonistas similares, dos mujeres de mediana edad, pero que viven situaciones opuestas. Mientras que la primera vive atrapada en un trabajo duro y mal pagado y en la rutina familiar, la segunda es una mujer de negocios muy independiente.
El inexorable paso del tiempo y la frustración que provoca en algunas personas que se dan cuenta de que se han dejado arrastrar por él son sentimientos compartidos por los protagonistas de “Blas”, que recuerda episodios de su añorada infancia, y de “La soledad de pájaro dodo”, en el que se traza un paralelismo entre esta ave desaparecida y un gris guardia de un pueblerino museo británico. Esta frustración, que en los anteriores es secundaria, adquiere protagonismo en el impactante final de “El hombre de los zapatos color corinto”. “Estirpes” relata la ancestral enemistad entre dos familias que han ido heredando de generación en generación el odio mutuo que se profesan. Por su parte, “Alucinaciones” puede encuadrarse dentro de la narrativa fantástica, mientras que “Dos cuentos para que usted los escriba” posee una naturaleza metaliteraria.
Mención aparte merece “La división Keeler”, el mejor texto de la colección en mi opinión. Con una profundidad mayor que en el resto de relatos, el narrador acompaña a Ernesto durante una madrugada en la que reflexiona sobre su poco exitosa carrera de escritor y sobre las consecuencias de su decisión de romper con su esposa para irse a vivir con una chica mucho más joven. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 7 de enero de 2018

Hermano de hielo - Alicia Kopf



Hermano de hielo, Alicia Kopf, Alpha Decay, 2016, 256 págs., 20€.

Cada cierto tiempo aparecen iluminados en la Literatura que anuncian con gran boato el fin de la novela. Abogan por dejar atrás un género que consideran apolillado y que podía responder a las necesidades narrativas del siglo XIX, pero que no puede encerrar en su monotonía el vibrante y acelerado siglo XXI. Sin embargo, pasan los años y siguen apareciendo novelas que logran reflejar las cuitas del hombre contemporáneo, demostrando la capacidad de adaptación de este género que lo mismo sirve para definir monumentos como el Ulises como para agrupar en los centros comerciales los best sellers más tópicos.
A pesar de ello, la validez incuestionable de la novela, se agradecen que los nuevos tiempos traigan libros como esteHermano de hielo que se alejan de los formatos tradicionales para proponer un discurso novedoso y heterogéneo. Como un rompehielos que atraviesa los límites de los géneros, el segundo libro de Alicia Kopf transita por las llanuras del ensayo, sube las cotas heladas del diario más descarnado y termina en las costas de la literatura de viaje.
El libro comienza, tras ofrecer en uno de los primeros capítulos un texto un tanto confuso y metafórico que no termina de encajar con el resto de la obra, como una investigación sobre la historia de las expediciones polares. Este tema interesa a la autora de manera casi obsesiva durante unos años, durante los cuales va recopilando de manera desordenada libros o artículos que narran las grandes hazañas de los conquistadores de los Polos. De manera amena, documentada pero ágil, Kopf relata las razones que llevaron a estos intrépidos aventureros de principios del siglo XX a enfrentarse a las llanuras heladas de la Antártida o del Polo Norte.
Este primer tema le sirve a la autora para, de manera alegórica, introducir un segundo asunto que ha acabado dando nombre al libro: la enfermedad de su hermano. Debido a un tipo de autismo, M., el hermano mayor de Kopf, es incapaz de tomar decisiones por sí mismo y se queda “congelado” si su hermana o su madre no le dicen en cada momento lo que debe hacer. Aparecen en estas páginas el enorme trabajo que para su progenitora, separada del padre desde hace años, supone cuidar a M. o las dudas sobre su propia responsabilidad en el futuro de su hermano.
Este carácter confesional del libro, el más atractivo del conjunto, trata también otros temas personales como la rebeldía de su adolescencia, las parejas, el proceloso mundo de las exposiciones en las que Kopf participa como artista y la difícil relación con su padre y con la familia de este. Este último tema es sin duda el más duro de tratar por la autora, que usa la elipsis para evitarlo al reproducir la conversación que sobre este asunto tiene con su psicólogo. Emplea incluso la autocensura, evitando dar más datos sobre las causas de la ruptura con su padre.
El libro termina con un diario sobre un viaje en solitario a Islandia, un final lógico para un libro en el que la soledad y el hielo han estado tan presentes. Sin embargo, este periplo no ofrece a la autora la epifanía que algunos lectores esperábamos, sino que acaba convirtiéndose en uno de esos viajes anodinos con los que el turismo de masas ha logrado aplacar hasta las tierras más indómitas. 

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 26 de diciembre de 2017

Escuchar Irán - Patricia Almárcegui


Escuchar Irán, Patricia Almárcegui, Newcastle Ediciones, 2016, 140 págs., 6€.
 El conocimiento que, desde España, poseemos de Irán está basado en tópicos. Tópicos asociados a su ubicación geográfica, entre dos países tan marcados por conflictos recientes como son Irak y Afganistán, o a su religión mayoritaria, el Islam. Afortunadamente, la percepción general de Irán desde Occidente ha mejorado en los últimos años y ya aparece representado como un posible socio comercial. Para el lector interesado en desterrar esos prejuicios que aún subyacen en la opinión pública de nuestro país y conocer mejor al estado persa es recomendable la lectura de este Escuchar Irán de Patricia Almarcegui.
Lo primero que llama la atención, incluso antes de comenzar a leer volumen, es el perfil de su autora. Echando un vistazo a su trayectoria profesional observamos que su conocimiento de Irán y de otros países de la zona es profundo. Almarcegui colabora en varios medios de comunicación con artículos sobre la cultura y la política de la zona y es la autora de otro libro de inminente aparición que lleva el sugerente título de Una viajera por Asia Central. Además, su perfil de investigadora la ha llevado a publicar varios ensayos sobre la literatura de viaje. En Escuchar Irán se aprecia esta doble especialización y son frecuentes tanto las referencias a la Historia de Persia como a los principales teóricos sobre la narrativa viajera.
A pesar de que esta vertiente ensayística aparece a lo largo de toda la obra, el libro no es una obra fría que analiza de manera meramente teórica la realidad del país; Escuchar Irán es, ante todo, la narración del viaje que Almarcegui realizó durante varias semanas a Irán en el verano de 2005. Este periplo por varias de las ciudades más turísticas del país tuvo dos características que determinan la naturaleza del libro. La primera es la distancia temporal, una década, entre el viaje y la publicación de la obra; la segunda es el hecho de que la autora realizara gran parte del itinerario en solitario.
Viajar sin compañía no es un hecho que llame la atención en Europa; pero el  que una mujer occidental recorra a solas un país islámico como Irán provoca situaciones de distinto cariz que Almarcegui refleja en el libro. Algunos de los iraníes con los que se encuentra le expresan la perplejidad que les provoca el tipo de viaje que está realizando. En algunas ocasiones, cree que algunos hombres la siguen por la calle, sensación que comparte con las mujeres autóctonas con las que charla. Esta cercanía con las chicas que se le acercan en cualquier ciudad para hablar con ella es el lado positivo de viajar sola. Estas conversaciones y la experiencia propia dan a varios pasajes del libro un carácter feminista que busca romper con muchos tópicos asociados a la mujer tanto en Oriente como en Occidente.
Los diez años que han pasado desde el viaje permiten a la autora ofrecer una perspectiva más amplia de lo que significó para ella. Enriquece las reflexiones del presente con fragmentos del diario que llevó durante su periplo y que nos muestran las sensaciones más personales de la experiencia vivida. Consigue Almarcegui, en su relato desprejuiciado aunque nada edulcorado de la realidad iraní, prender en el lector el deseo de conocer mejor el país. 

martes, 19 de diciembre de 2017

Hombre sin fin - José Manuel Jiménez


domingo, 3 de diciembre de 2017

Palabras y café con escritores - Pascual García


Palabras y café con escritores, Pascual García, MurciaLibro, 2017, 340 págs., 15€.

Existe un tipo de lectores para los que la lectura de un libro no es suficiente y se interesan por volúmenes que comentan, con mayor o menor profundidad, obras literarias. Para estos lectores deseosos de conocer mejor el perfil de autores importantes de las letras españolas de las últimas décadas está pensado Palabras y café con escritores, el último libro de Pascual García.
         El autor de Moratalla, poeta, narrador y profesor de Literatura, ofrece a esos “letraheridos” que gustan de indagar en la vida y en la forma de entender sus libros de sus autores preferidos una serie de entrevistas en las que se repasan aspectos esenciales de sus trayectorias vitales y librescas. Se trata de conversaciones cercanas en las que García mezcla con agilidad las reflexiones propias sobre las principales obras del autor entrevistado con las propias palabras del escritor. El libro se lee así con gusto, ya que esquiva tanto la reflexión demasiado profunda y morosa como el mero intercambio superficial de palabras.
         Aunque entre la veintena de autores entrevistados hallamos algunos nombres de otras partes de nuestro país, como Luis Alberto de Cuenca, Antonio Soler o Blanca Andreu, el libro se configura como un panorama de las últimas décadas de la literatura murciana. Como todo canon, el de Pascual García es personal y subjetivo, pero en él hallamos algunos de los nombres más importantes de las letras de esta región nacidos antes de 1966. La cercanía con la que trata a la mayoría de los entrevistados nos muestra el deseo del autor de centrarse en aquellos escritores que han sido importantes en su carrera literaria e investigadora por ser sus maestros o sus compañeros de generación.
         Entre las conversaciones más destacadas del libro podemos citar la del poeta Ángel Paniagua, una de las de mayor profundidad, ya que nos habla de sus inquietudes, sus inseguridades y sus remordimientos. La de Soren Peñalver es, por su parte, un tanto deshilachada, ya que refleja el carácter un tanto excéntrico de este poeta murciano. Algunos de los interlocutores son amigos íntimos de Pascual García, lo que se nota en la fluidez de la conversación; es lo que ocurre con Rubén Castillo, que cuenta su obsesión por la Literatura y como la escritura es para él un destino, o José Cantabella, de vocación más tardía que la mayoría de los autores.
También destacan, aunque por razones opuestas, las conversaciones con García Montalvo y con Luis Alberto de Cuenta; mientras que la primera es la más larga y detallada del libro, la del poeta madrileño se encuentra entre las prescindibles por la desgana que muestra el entrevistado.       
         En otras charlas García demuestra su agudeza en el análisis de la obra de los autores, de Eloy Sánchez Rosillo dice que es el poeta de la sencillez, o de sus caracteres, define a Manuel Moyano por su flema norteña. También encontramos en el libro el reconocimiento, que se filtra a través de preguntas llenas de respeto y admiración, a algunos de sus maestros: José María Álvarez, Francisco Sánchez Bautista o Dionisia García, tres de los poetas más veteranos y respetados de la Región de Murcia.
         Otro acierto del libro es no centrarse únicamente en literatos e incluir entrevistas a figuras importantes del panorama literario murciano que han destacado por su labor docente, Díez de Revenga o José Belmonte, sus artículos periodísticos, Antonio Parra, o por sus entrevistas, Antonio Arco. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 26 de noviembre de 2017

Réplica - Miguel Serrano Larraz


Réplica, Miguel Serrano Larraz, Candaya, 2017, 189 págs., 16€.

Existen libros de relatos en los que el conflicto, aquello que llama la atención del lector y lo engancha para que siga leyendo el texto, se produce por un hecho significativo. Sin embargo, los cuentos de Miguel Serano Larraz que integran este libro poseen un conflicto mucho menos evidente y llamativo; se trata de relatos sobre situaciones cotidianas que, sin embargo, impactan de manera sorda y profunda en la vida de los personajes. Esta acción de baja intensidad que, sin embargo, consigue mantener la atención del lector, me parece el principal logro de Réplica.
Y es que sus relatos están poblados de personajes comunes, pero que gracias a la profundidad que el narrador aragonés le da a esos conflictos aparentemente secundarios dejan una huella indeleble en la memoria del receptor. Giros argumentales aparentemente tan sutiles como la construcción de un centro comercial o la desaparición de un peluche le sirven a Serrano Larraz para crear historias con una tensión soterrada que, en la mayoría de ocasiones, no deja de ser una amenaza que no acaba de explotar.
Comienza el volumen con el primero de los giros a los que aludíamos, eje del relato titulado “Recalificación”, que deriva en un final abierto y casi filosófico. A continuación, en “Un tiempo muerto”, se narra un partido de baloncesto jugado por el adolescente protagonista pero despojándolo de esa épica que a menudo inunda las narraciones deportivas. En “Oxitocina”, la citada pérdida de un muñeco es el episodio central de la tierna relación entre el narrador y su sobrina. “Central”, por su parte, mezcla varias etapas de la vida de la protagonista, Sara, con un sueño sobre un tren como hilo conductor. “El payaso”, que cierra la primera sección del libro posee la estructura más cerrada de esta parte; este relato plantea las distintas interpretaciones, a veces opuestas, que se pueden hacer de un texto literario.
“La disolución” posee un receptor interno y desconocido al que el narrador le cuenta un par de historias divertidas sobre su infancia y su peculiar familia. Este tema (el mundo de los niños), recurrente a lo largo del libro, también aparece en el siguiente: “Tabla periódica”. En él, el más breve del conjunto, se recuerda el narrador recuerda la muerte de su padre por una enfermedad asociada a la radiación. “Media res” sí que posee un argumento más cercano a los relatos de intriga, relacionado con una venganza y lleno de violencia, sin embargo, Serrano Larraz huye de los tópicos del género y otorga más importancia a la estructura: dividiendo el texto en dos partes complementarias a las que llama “prótasis” y “apódosis”.
En “Azrael” las referencias literarias recuerdan el estilo de Vila-Matas, mientras que la quietud de la trama entroncan con otro autor con el que se puede comparar con Serrano Larraz: el argentino Sergio Chefjec. “La frontera” vuelve al contexto familiar, con una chica extranjera que pasa las navidades en la casa de una amiga, mientras que “Logos” se aleja del contexto realista y cotidiano del resto para ofrecer una narración en la que un ser del futuro se dirige a un lector actual para hacerle ver las incoherencias de nuestra manera de construir los relatos. “Réplica”, el relato que cierra y da nombre al conjunto, parte de un hecho curioso, el narrador es confundido constantemente con distintos personajes famosos, para disponer una reflexión sobre la identidad y un recuerdo nostálgico de la Zaragoza de los noventa. 

Reseña publicada en El Noroeste.


sábado, 4 de noviembre de 2017

La línea del frente - Aixa de la Cruz



La línea del frente, Aixa de la Cruz, Salto de Página, 2017, 175 págs., 15€.

Desde hace un tiempo aparecen con más frecuencia novelas relacionadas con el terrorismo de ETA y con el llamado “conflicto vasco”. Han surgido a raíz del cese de la actividad armada de la banda y no, como algunos han osado defender, a partir del éxito de Patria de Fernando Aramburu. La razón principal de este fenómeno reside, desde mi punto de vista, en la perspectiva que ya poseemos sobre una violencia que, por fin, podemos por fin narrar en pasado. La nueva novela de Aixa de la Cruz se une a este relato colectivo sobre lo acontecido en el País Vasco durante las últimas décadas, aunque se trata de una obra que pone en juego muchos más temas.
La protagonista, Sofía, comparte con la autora varias coordenadas vitales, es una veinteañera de Bilbao que se dedica a la investigación literaria, pero que no debemos identificar con de la Cruz. Durante los años en los que la banda terrorista estuvo activa formó parte de esa mayoría silenciosa que no se identificó con los verdugos, pero que tampoco fueron víctimas directas de la violencia. Durante toda su vida, Sofía se ha mantenido al margen del conflicto y es esa inacción, esa asepsia impuesta por los padres primero y después por ella misma, la que acaba despertando sus remordimientos cuando observa en televisión como Jokin, un antiguo novio de la adolescencia, es detenido por agredir a un ertzaintza durante una protesta. 
La exagerada condena de cárcel que sufre Jokin, víctima indirecta de la guerra judicial del estado contra el independentismo radical vasco, golpean la ordenada vida burguesa de Sofía que decide romper con su novio, reiniciar la relación con su pareja de la adolescencia y establecerse cerca de la prisión donde él cumple condena. Comienza a vivir en el piso que la familia de su madre posee en una urbanización de costa y que, durante esa época, está prácticamente vacía. Este espacio, donde Sofía apenas comparte momentos con el conserje y con un vecino toxicómano, contribuirá a su aislamiento social y a la progresiva degradación de sus costumbres, en una especie de penitencia autoimpuesta.
Otro de los temas centrales es la incomunicación. Sofía apenas logra penetrar las barreras emocionales de Jokin, que se niega a hablar de su pasado ni de la protesta en la que se enfrentó a la Ertzaintza. Sofía rellena estos huecos en la historia de Jokin creando un relato idealizado en el que él, por su valentía, es un héroe, y ella una cobarde, por su inacción. Especialmente efectivas para marcar esta incomunicación entre ambos son las transcripciones de las conversaciones urgentes e incómodas que comparten en el locutorio de la cárcel.
La historia principal del libro se complementa con la investigación que Sofía realiza en su piso: reconstruir la performance que un director teatral argentino realizó con Mikel Areilza, el escritor vasco sobre el que ella realiza la tesis. La militancia de este autor en ETA, su estancia en la cárcel y su huida de la misma, lo configuran como un precursor de Jokin, o, mejor dicho, de la imagen que ella tiene de Jokin.
Con estos mimbres crea Aixa de la Cruz una novela notable, con una visión diferente e interesante del conflicto vasco en un libro que se hace corto gracias a su estilo fluido y a que la trama secundaria, la de Areilza y el director argentino, podría haber tenido mayor desarrollo.  


lunes, 30 de octubre de 2017

Cuentos grises - Hugo Argüelles



Cuentos grises, Hugo Argüelles, Boria, 2017, 90 págs., 12€.

En una época como la nuestra en la que son tan consumidos los libros de autoayuda, en los que se muestra la cara más amable de la vida, sorprende encontrar un conjunto de relatos como estos caracterizados por la amargura y el desconsuelo de sus protagonistas. Y es que, tal y como anuncia el título, la mayoría de personajes que pululan por los Cuentos grises de Hugo Argüelles tienen una existencia que hace juego con este color. Nos encontramos con personas amargadas, que no encuentran su lugar en el mundo o que, directamente, rechazan buscarlo; son antihéroes que se dejan caer por la ladera del fracaso mientras observan a los triunfadores con ironía y desprecio.
Dentro de este tono general encontramos, como en todo libro de relatos, diferentes variantes, distintas gamas de ese gris que los libros de autoayuda nos niegan y que este crudo libro nos muestra a veces con delectación. Se trata de un volumen irregular, hallamos narraciones de diversa calidad tal y como enseguida analizaremos, pero con los suficientes elementos de interés como para que merezca la pena acercarse a este breve catálogo de agobios y desencantos.
La elección de “La plaza” como primer relato del libro es un gran acierto, ya que este breve texto de un par de páginas se puede entender como un pórtico, como el comienzo de una historia que finalmente no se narra. Aun así, se trata de un retrato interesante del final de una etapa en la vida de los protagonistas. En el siguiente relato, “Crazy”, ya encontramos a ese tipo de personaje solitario que tan frecuente es en el volumen; se trata de un joven al que acompañamos en su deambular vital desde que llega a una nueva ciudad: Cartagena. El texto acaba siendo un mero resumen de la vida de este personaje y no se profundiza en ninguno de los acontecimientos interesantes que parecen ocurrirle, como la relación con la prostituta que apenas se apunta.
A continuación encontramos dos de los mejores relatos del conjunto. En “El viajero experto recorre la Provenza” se muestra con sarcasmo el envés de las habituales crónicas viajeras a través de la realizada por un misántropo periodista que describe su solitario recorrido por el sur de Francia. “Sólo leen novelas” posee una trama interesante y unos personajes bien trazados: una pareja vive aparentemente feliz con su aislamiento de la sociedad hasta que el marido comienza a cambiar sus rutinas.
Por el contrario, “Radio song” y “Juande” no consiguen ofrecer un relato de interés para el lector; ambos están protagonizados por sendos poetas, muy diferentes entre sí, pero no son más que fragmentos, inconexo incluso el segundo, que no están a la altura del resto del volumen. Continúa el libro con “Cul de sac”, un interesante relato autobiográfico de la estancia de un solitario joven en Dublín, y con “Neutralidad benevolente”, un breve texto impresionista con una prosa diferente al resto.
El penúltimo relato, “La maestra desde la ventana” tiene un planteamiento muy interesante, un escritor inédito obsesionado con un autor de éxito que vive enfrente (y en el que es fácil reconocer a un narrador murciano real), pero la trama acaba diluyéndose. El libro termina con “Smart TV”, un relato sobre la influencia que tendrá la compra de un moderno televisor en una familia. 



miércoles, 18 de octubre de 2017

Kanada - Juan Gómez Bárcena


Kanada, Juan Gómez Bárcena, Sexto Piso, 2017, 191 págs., 18€.

La culpabilidad es uno de los sentimientos más peculiares que afectan al ser humano. Asesinos que han cometido los crímenes más atroces carecen de empatía con sus víctimas y, por lo tanto, no se ven aquejados por ningún sentimiento de culpa tras cometer sus asesinatos. Otras muchas personas, incapaces de matar ni a una mosca, viven torturados porque alguno de sus actos, a veces de manera inconsciente, ha provocado un daño a alguien. La culpa es, desde mi punto de vista, el tema principal de Kanada, el último libro de Juan Gómez Bárcena.
El libro comienza con una situación de lo más sugestiva: el narrador vuelve a casa tras la guerra. Poco a poco vamos conociendo más detalles de su vida anterior, de su identidad y de las razones por las que, cuando se instala en la vivienda, decide no salir más de allí. El narrador, en una segunda persona que permite cercanía con el protagonista pero que a la vez implica una observación externa, apenas ofrece datos más allá de los necesarios y sólo por los nombres de calles o de personajes históricos sabemos que estamos en el Budapest devastado posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Esa devastación que sufre la ciudad y de la que poco a poco se va recuperando, ha afectado también al protagonista, pero, al contrario de todos los que lo rodean, él opta por la inacción. Así, acaba recluido en su antiguo estudio y convertido en una especie de ermitaño ajeno a todo lo que le rodea. En su enclaustramiento se va obsesionando sucesivamente por los números, por un astrólogo del siglo XVIII y por una hoja, la única que sobrevive a su obsesión por quemar su antigua biblioteca de profesor de astrofísica, de un tratado científico. En este aislamiento tan sólo se relaciona con un vecino y su esposa; ella le trae la comida que consume de manera errática, mientras que él primero intenta conseguirle trabajo, pero, ante su negativa, acaba alquilando el resto de habitaciones del resto de la casa.
Al principio el lector cree que es el horror el que ha paralizado al protagonista, que lo que vio durante la guerra le impide llevar una vida normal. Sin embargo, conforme avanza la novela y se van insertando episodios del pasado en la narración del presente, vamos comprendiendo que la culpa por actos realizados durante la contienda bélica ha pesado también mucho en su alejamiento del mundo. Frente a la acción del vecino, un personaje que no siente culpa y que sabe adaptarse a las nuevas situaciones, el protagonista opta por la inacción como la única forma de enjugar el daño causado. Incluso los soldados alemanes son retratados, en esa especie de ensueño con el que se recuerdan los hechos de la guerra, como ángeles; aparecen así como entes superiores, miembros de un engranaje brutal que no siente ningún tipo de piedad hacia sus víctimas. Cuando pasan los años y una nueva contienda sacude la ciudad, contra los invasores soviéticos, el protagonista no puede más que observar desde su ventana los hechos, porque ya ha tomado su decisión de no hacer nada.
Estamos, en definitiva, ante una novela de gran profundidad, de una lentitud que en algunos tramos centrales se convierte en morosidad, pero que se corona con un final prodigioso. 

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 1 de octubre de 2017

Los días de la peste - Edmundo Paz Soldán


Los días de la peste, Edmundo Paz Soldán, Malpaso, 2017, 325 págs., 20€.

Rigo, uno de los muchos personajes de esta novela coral que es Los días de la peste, es fiel a una extraña religión que exige respeto por la vida de todos los seres vivos, por minúsculos que sean. Rigo utiliza el plural para referirse a sí mismo, ya que su piel, su voz y también los microbios que habitan su cuerpo son parte de esa colectividad que es él. Algo similar ocurre con la Casona, la cárcel donde se ubica la última y excelente novela del boliviano Edmundo Paz Soldán, a la que muchos consideran un único ser integrado por todas las personas y animales que habitan en ella.
Los días de la peste narra como esta prisión, abarrotada, caótica y con un funcionamiento interno bastante peculiar, vive una extraña y mortífera plaga que acaba con la vida de una mujer que vive allí y que con rapidez se extiende por todo el penal. Esta crítica situación sanitaria pone de manifiesto todos los defectos de la Casona: la carencia de higiene, la mala alimentación, la violencia, la corrupción de los guardias, el abuso a los menores que viven allí con sus familiares presos, etc. La crudeza con la que Paz Soldán describe los efectos de la enfermedad (vómitos, diarreas, hemorragias), no impresiona tanto como la terrible situación que soportan la mayoría de los presos. La cárcel, que acaba sumida en el más absoluto descontrol por lo inestable de su equilibrio, posee una clara estratificación social. Así, mientras que algunos presos del primer patio poseen, gracias a que pueden pagar sobornos, lujosos apartamentos, los del tercer patio viven hacinados y los del cuarto son sometidos a torturas. Todo en la Casona se mueve en función del dinero que se posea.
A través de una narración polifónica a veces compleja, en ocasiones se hace difícil seguir el decurso temporal de los hechos, el lector va conociendo a todos los personajes que pululan por la casona. Mediante la primera o la segunda persona y con fragmentos breves que no suelen superar las dos páginas de extensión, se pone el foco sucesivamente en los mandatarios que manejan la prisión para sus fines políticos, los guardias que hacen del chantaje un complemento a su sueldo, en los presos que tienen que sobrevivir de las más diferentes formas y en los familiares, especialmente mujeres y niños, que acaban siendo los más vulnerables en la prisión.
La Casona está ubicada en la región de Los Confines, de un país que podría ser cualquiera de Latinoamérica. Ya con el propio nombre Paz Soldán comienza la definición de un lugar alejado del resto del país al que pertenece y que se siente abandonado por los políticos de la capital. Se entregan, además, a un culto a una especie de Virgen, a la que han bautizado como la Innombrable, representada con un machete entre los dientes. En este contexto en el que la brujería se mezcla con la religión, la Casona no es una excepción, sino el lugar donde la corrupción y la superstición que marcan a Los Confines acaba por explotar.
Consigue Edmundo Paz Soldán con Los días de la peste crear una obra compleja por su protagonismo colectivo e incómoda por su crudeza, pero de una lectura absorbente.