martes, 20 de octubre de 2015

Entre los vivos - Ginés Sánchez



Entre los vivos, Ginés Sánchez, Tusquets, 2015, 282 págs., 18€.
 Entre la narrativa española reciente que se ha ocupado de la crisis económica hay autores que prefieren ofrecer una visión más general del asunto, casi cartográfica, como  Nere Basabe en El límite inferior, y otros que se centran en cómo afecta esta situación a personajes concretos. Este sería el caso de Entre los vivos, la última y excelente novela del escritor murciano Ginés Sánchez.
La obra nos cuenta cronológicamente un par de años en la vida de un joven afectado, como tantos otros, por la crisis económica: César “Gusanito” Gálvez. Comienza el protagonista intentando conseguir un trato justo con el empresario que lo acaba de despedir y que, a través de su asesor, hará todo lo posible para no pagarle el paro que le corresponde. Durante el resto de la novela, César sobrevivirá en la precariedad gracias a los ingresos que irá consiguiendo a través de la prestación por desempleo, de trabajos esporádicos y mal pagados, de diversos trapicheos e incluso de regalos de origen incierto. Como vemos, el protagonista de Entre los muertos sufre los distintos avatares que han aquejado a toda una generación en nuestro país en los últimos años. Pero César no es una víctima inocente, ya que no duda en responder a las injusticias con la violencia o planeando una venganza contra uno de esos empresarios que han provechado la coyuntura para hacerse más rico.
No sólo esta perspectiva económica es importante en la configuración de este personaje, las relaciones personales también son centrales en la novela. César es una persona solitaria y taciturna, alejada de la alegría y que disfruta con la soledad o dando largos paseos por una ciudad devastada por el calor o la suciedad.  Ese carácter huraño hace que le provoquen cierta empatía los mendigos, a cuya observación se dedica con la dedicación de un entomólogo en las largas horas que le deja libre el paro y la ausencia de motivaciones.
El dolor es otro leitmotiv central en la novela.  Se trata de un dolor que afecta a César tanto en lo físico, provocado principalmente por el episodio violento  que acaece justo a la mitad de la obra, como en lo mental, acercándose peligrosamente a la depresión en más de una ocasión. La respuesta de César a este dolor que lo abruma es variada: la huida, el disfraz, el aislamiento o las drogas son empleados en numerosas ocasiones como analgésicos.

Sus relaciones con las mujeres también se encuentran entre esas pesadas cargas, junto a las económicas y las físicas, que César tiene que acarrear. Por un lado está la fría relación con la madre, hecha de silencios y reproches solapados, y con la hermana, con la que los violentos enfrentamientos verbales sí son frecuentes. Por otro, los sucesivos fracasos con las tres mujeres de las que se enamora: Janislyn, Nadiezna y  Raquel. Con la primera comienza una profunda amistad a través del chat que acabará de la forma más inesperada cuando finalmente se conocen personalmente. El fracaso con Nadiezna, una joven mendiga, sumirá a César, a “Gusanito”, en las simas más profundas de la tristeza. Con Raquel, finalmente, parece encontrar a alguien que lo comprende, pero la relación parece que nunca va a pasar de la amistad.  Todo ello para terminar de configurar ese intrincado e interesante puzle que es el protagonista de Entre los vivos.

Reseña publicada en El Noroeste:

martes, 6 de octubre de 2015

Los afectos - Rodrigo Hasbún


Los afectos, Rodrigo Hasbún, Random House, 2015, 140 págs., 15€.

Algunas historias reales poseen todos los elementos que asociamos a las buenas ficciones. Personajes interesantes, giros inesperados, relaciones difíciles… Existe una larga tradición de escritores que han aprovechado biografías singulares para, con mínimos cambios, crear una novela en torno a ellas. En estos casos no nos encontramos ante biografías, sino ante obras literarias que tienen como base la realidad en un alto porcentaje pero que introducen  elementos que no hallábamos en la vida real. Un ejemplo actual de este tipo de novelas es Los afectos del boliviano Rodrigro Hasbún.
Parte este joven narrador sudamericano de la historia de la familia Ertl. Desconozco si existen obras previas que hayan ficcionalizado este estupendo material narrativo que son las andanzas de estos cinco alemanes que emigraron  a Bolivia a mediados del siglo XX, pero no me resultaría extraño por tratarse de una historia muy peculiar. Tras la Segunda Guerra Mundial, el patriarca de los Ertl, eminente fotógrafo y aventurero, se estableció en La Paz junto a su mujer y sus tres hijas. Tras varias exploraciones arqueológicas por la selva, en las que lo acompañaron sus dos hijas mayores, se retiró a una finca del Este del país. La mayor de sus hijas, Monika, tuvo, en las décadas de los sesenta y de los setenta, un papel fundamental en la Historia de Bolivia.
Esta insólita historia, un importante fotógrafo de la Alemania nazi que acaba con su familia en Bolivia, es el material con el que Rodrigo Hasbún teje una trama en cuyo centro se encuentran las relaciones familiares de los Ertl. Es cierto que las exploraciones o la militancia política también adquieren en fases distintas de la obra un gran peso, pero, al final, Los afectos, nos presenta un retrato de los claroscuros de una familia. Tanto los padres como las tres hijas se nos presentan como personajes aislados, cuya relación con sus familiares fluctúa entre el compañerismo y el desapego, entre el cariño y el olvido.
Para mostrarnos estos afectos y desafectos que, a lo largo de varias décadas, se suceden entre los Ertl, opta Hasbún por una narración fragmentada que no sigue siempre el orden cronológico y que cuenta con varios narradores. Así, prácticamente cada capítulo nos muestra los hechos y, sobre todo, los sentimientos que afloran entre los miembros de la familia y algunas personas cercanas a ella desde la perspectiva de uno de ellos. Mientras que los padres aparecen retratados siempre con cierta distancia, las hijas son las que adquieren el mayor protagonismo de la novela. La mayor, Monika, es la que posee una biografía más atractiva, por lo que Hasbún opta por concederle un mayor peso en la obra; Heidi, la segunda de ellas, comienza mostrando su difícil relación con Monika y cierto complejo de Electra, pero acaba exiliándose de Bolivia y de la propia familia; Trixi, la menor, aparece primero como el apoyo de su madre, el personaje más triste de la novela, y, finalmente, como una especie de notario que describe la vida de sus hermanas mientras lleva un vida anodina.

Aunque al final echemos de menos un mayor desarrollo de algunos temas, el libro es muy breve, se trata de una interesante novela que nos muestra una familia singular, pero con los mismos problemas que afectan a todas las demás.

Reseña publicada en El Noroeste:



martes, 22 de septiembre de 2015

Signor Hoffman - Eduardo Halfon



Signor Hoffman, Eduardo Halfon, Libros del Asteroide, 2015, 144 págs., 13€.

Pertenece el escritor Eduardo Halfon a una doble minoría dentro de la literatura escrita en español. Por un lado, su nacionalidad guatemalteca lo sitúa en una posición de inferioridad con respecto a sus colegas de países con mayor peso demográfico y editorial. Por otro, el hecho de ser judío también resulta llamativo, al menos desde el punto de vista español, por la escasez de escritores de este origen que viven en nuestro país. Halfon opta por usar esta doble excepcionalidad dentro del canon literario en español como punto de partida para Signor Hoffman.
El país natal de Halfon es el escenario de la mitad de las seis historias que componen la obra, que se mueven entre el testimonio y la autoficción. En los tres textos ubicados en el país centroamericano, el narrador viaja a otros tantos lugares de su nación. Comparten estas tres localidades su carácter provinciano, lejos de la capital, y humilde, aunque el objetivo de cada uno de los tres periplos es muy diferente. En el primero de ellos, Halfon busca la costa del Pacífico para pasar un día en la playa y descubre una escena entre pintoresca y cruda que no lo deja indiferente. En “Han vuelto las aves” la finalidad del viaje se cumple en el propio texto: dar a conocer la exitosa experiencia de una pequeña cooperativa cafetera del interior del país. El último relato del tríptico guatemalteco nos presenta al autor varado, por problemas burocráticos y mecánicos, en la frontera con Belice, adonde debía dirigirse para dar una conferencia.
Halfon se siente en cada uno de estos lugares como un extranjero dentro de su propia patria. El origen hebreo de su familia y el hecho de vivir fuera de Guatemala hacen que en estos pueblos no lo reconozcan como un compatriota, provocando en el autor un conflicto identitario que también aparece en los dos textos que giran en torno a su condición de judío. Retoma la difícil relación con sus raíces y sus ancestros que ya aparecía en su anterior libro: Monasterio. Si en aquel libro Halfon visita Israel para asistir a la boda de su hermana, en “Signor Hoffman” viaja hasta Italia para dar una charla en un antiguo campo de concentración. La equivocación del presentador con su apellido, de Halfon a Hoffman, queda como una anécdota frente al retrato cáustico del centro, reconstrucción del original, y de su director. Mucho mayor calado personal posee el viaje a Lodz, ciudad polaca en la que vivió su abuelo antes del Holocausto, narrado en “Oh gueto mi amor”. Recorre, acompañado de una singular dama polaca, las calles en las que creció el padre de su madre sin saber muy bien qué está buscando.
El viaje, a la Polonia de sus antepasados, a Italia, a los pueblos guatemaltecos, es un tema central en el libro y también aparece en el otro texto: “Sobrevivir los domingos”.  En él narra la historia de una mujer neoyorquina que ofrece un concierto gratuito de jazz en su apartamento todas las semanas como homenaje a su hijo muerto. El hecho de que el texto termine justo cuando el narrador está llegando al piso donde se celebra el concierto representa bastante bien ese carácter fragmentario, como de narración oral, que tienen los personalísimos y siempre interesantes libros de Halfon.

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martes, 8 de septiembre de 2015

Una mariposa en la máquina de escribir - Cory MacLauchlin



Una mariposa en la máquina de escribir. Cory MacLauchlin, Anagrama, 2015, 361 págs.,  24€.


El destino de muchas obras literarias va irremediablemente unido al de sus autores. Aunque 2666 es una obra magna, el hecho de que apareciera un año después de la muerte de su creador, Roberto Bolaño, ha atraído a muchos lectores y, seguramente, ha aumentado su éxito.  A algunos lectores les fascinan las historias de escritores malditos y se acercan a sus libros con cierto morbo, para intentar encontrar en ellos rastros de las atribuladas vidas de sus autores. Sin embargo, ninguna historia personal, por muy truculenta que sea, sostiene el éxito de una obra mediocre y sólo aquellas que posean méritos intrínsecos pueden perdurar en el tiempo. Un caso paradigmático de ello lo tenemos con La conjura de los necios, la magnífica novela del norteamericano John Kennedy Toole. A la vida de este narrador, nacido en Nueva Orleans y paradigma del autor que sólo encuentra el éxito tras su muerte, está dedicado este libro de Cory MacLauchlin.
            La mayoría de los que hemos disfrutado de las desventuras de Ignatius J. Relly, el excesivo y anacrónico protagonista de esa cumbre de la sátira que es La conjura de los necios, conocíamos el tortuoso camino que esta novela tuvo que sufrir para lograr el éxito. Rechazada por un importante editor neoyorquino y abandonada por Toole hasta su suicidio, sólo pudo ver la luz gracias al empeño de la madre del autor que batalló durante más de una década hasta que el libro por fin se publicó, convirtiéndose en un éxito crítico y comercial. Esta historia parece poseer todos los ingredientes de una fábula: el artista rechazado por la industria cultural, su posterior suicidio, la lucha incansable de la abnegada madre, el triunfo del libro y el reconocimiento póstumo del autor.
            Sin embargo esta historia de buenos y malos, conocida por el público gracias a los testimonios de la madre de Toole, tiene sus matices. MacLauchlin realiza una investigación seria y documentada para mostrarnos la verdad sobre el autor y el libro. Gracias a cartas, textos de distinta índole y testimonios de amigos y familiares de Toole, se matiza la “versión oficial” de su vida. Por ejemplo, se reconoce que la madre fue un personaje clave para la publicación del libro, pero también se la presenta como una figura egocéntrica que buscaba su propia fama tanto como el reconocimiento a su hijo. Gracias a las cartas que se reproducen, se acaba con la imagen de ogro del editor neoyorquino que rechazó la obra, demostrando que reconoció la valía del libro e intentó mejorarlo. Como buen historiador, MacLauchlin huye de las elucubraciones morbosas sobre las razones del suicidio, como su supuesta homosexualidad, y nos presenta la importancia de la enfermedad mental en el trágico desenlace.

Opta MacLauchlin, como suele suceder en estos casos, por repasar de manera cronológica la vida de Toole, pero también del libro, ya que la creación y el desarrollo de La conjura de los necios es tan importante para el autor como la biografía del narrador de Nueva Orleans. Nos interesa Toole porque nos encanta su libro y eso es lo que encontrará el lector en Una mariposa en la máquina de escribir: las claves para entender mejor una novela maravillosa escrita por una persona brillante, pero cuya vida sufrió un trágico y prematuro final.

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sábado, 29 de agosto de 2015

El límite inferior - Nere Basabe



El límite inferior, Nere Basabe, Salto de Página, 2015,  244 págs., 17€.
Los  pueblos de marcado carácter turístico en el verano poseen, tras la temporada estival, una naturaleza extraña, demasiado parecida a la de los lugares abandonados. El bullicio que viven durante los meses de más calor se va disolviendo poco a poco con la llegada del otoño y los pocos habitantes que quedan se ven sumidos en una especie de hibernación colectiva a la espera de que el sol traiga de nuevo a la gente y al negocio. Es en uno de estos  pueblos, la ficticia localidad de La Solana, donde se desarrolla  El límite inferior, la brillante segunda novela de la narradora bilbaína Nere Basabe.
La situación geográfica del pueblo, aislado del continente salvo por una estrecha franja de terreno, y la gota fría que sufre durante el fin de semana en el que la acción tiene lugar convierten  a los cuatro protagonistas en náufragos. Pero no es la tormenta lo que les ha llevado hasta aquel rincón del  litoral mediterráneo y a esa situación de desesperación que comparten, sino diversos avatares de la vida. Breogán, un solitario artesano que posee como única compañera a su perra Odisea, llegó huyendo del maltrato que sufría de su padre en la aldea gallega en la que creció. Brigitte, taciturna francesa que acompaña a grupos de jubilados galos en sus vacaciones españolas,  encontró en La Solana un lugar donde tratar de enterrar su sentimiento de culpa tras abandonar a su hijo. Víctor y Valeria, matrimonio madrileño que llega al pueblo a la vez que el temporal, se mueven entre el interés de él por aprovecharse de un inminente pelotazo urbanístico que prepara su oscuro socio en la zona y el desinterés de ambos por su fracasada relación.
Estos cuatro náufragos en tierra firme pero mojados, no deja de llover en La Solana, se mueven como guiados por una fuerza magnética que los hará acercarse y repelerse durante toda la trama. Además de la escasez de habitantes del pueblo durante ese fin de semana otoñal y del carácter de seres perdidos e incapaces de tomar las riendas de sus vidas, un hecho externo, una desaparición que sucede justo a la mitad del libro, hará que sus destinos acaben estando más unidos si cabe.
Es esta red de relaciones y lo equilibrado que está el peso de cada uno de los cuatro protagonistas en el libro lo mejor, pero no lo único bueno, del libro. También destaca El límite inferior por la presencia de temas de calado como la maternidad o la corrupción. Brigitte no fue capaz, diez años atrás, de afrontar el cuidado de su hijo y huyó hacia esa anónima e insatisfactoria vida que lleva en La Solana. Por su parte, Valeria, arquetipo de pija consumista que comienza a añorar su humilde infancia en el sur de Italia, piensa en la maternidad como un último y desesperado recurso para salvar un matrimonio hundido. La corrupción se presenta casi como un elemento más del paisaje: al igual que las playas o las calles empedradas del centro del pueblo, el turbio proyecto de una urbanización de lujo parece como un elemento más de esa España costera de turismo y pelotazo.
Con todos estos mimbres construye Basabe una buena novela en la que destacan una intriga bien dosificada, unos protagonistas con gran profundidad y un estilo con cierta carga poética.
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viernes, 31 de julio de 2015

La mujer ajena - Ramón Bueno Tizón



La mujer ajena, Ramón Bueno Tizón, Candaya,  2014, 124 págs, 14€.

            Las prostitutas suelen ser retratadas en el cine y la literatura de manera bastante idealizada. No solemos encontrar, salvo en relatos de denuncia social, historias tan crudas como las que los periódicos nos cuentan, ya que los cineastas o narradores optan por obviar el lado más sórdido de esta profesión, y centrarse en la sensualidad de las mujeres que la ejercen. El escritor peruano Ramón Bueno Tizón parte de esta tradición y convierte a una serie de prostitutas distinguidas en protagonistas de la mayoría de los doce relatos que componen La mujer ajena.
            Ese componente de fémina que no nos pertenece que marca el adjetivo del título, lo encontramos en varios de los relatos, narrados desde la perspectiva del hombre que se encapricha o incluso se enamora de una profesional. Así, en “Verónica”, un torero maduro que huye de su decadencia con juergas, está más pendiente de buscar la presencia de la sensual Verónica, nombre de resonancias taurinas, que del propio toro al que se enfrenta en una plaza limeña. Esta misma idealización de la meretriz como mujer sensual y con un halo de misterio la encontramos en “Philippe y los náufragos”, donde es el pianista fracasado que acaba tocando en un burdel parisino el que cae rendido ante los encantos de Bijou. Estos dos relatos formarían una trilogía con “Jonás en la última”, cuento en el que el hombre maduro y perdedor es un jockey y la meretriz que se erige como única ilusión en su fracasada existencia se llama Karen. En “Weininger y yo” encontramos una variante del argumento de esta tríada: un personaje histórico, cuya identidad conocemos al final, explica como el desengaño de un amor de juventud fue el que lo llevó a frecuentar a las prostitutas. Por su parte, el protagonista de “María Ozawa”, un inmigrante latino en Texas, no llega a acostarse con la chica de la que se enamora, ya que es una estrella juvenil con la que fantasea.
            También ejercen el mismo oficio las protagonistas de “Los duros”, en el que se narra desde la perspectiva de varios personajes la visita de Mariana a un recluso, y de “La princesa china”, que cuenta en paralelo las historias de una heredera asiática de la Antigüedad y de una joven peruana que acaba en un burdel. Por su parte, el adulterio es el tema dos de otros dos relatos del libro, aunque desde perspectivas muy diferentes. Mientras que en “El almuerzo” una cita con su amante en un hotel le complica la vida al protagonista, en “La reina” la narradora aprovecha la promiscuidad del rey para conspirar contra él.
            Los dos relatos restantes, en los que las prostitutas tienen una aparición más tangencial, son, sin embargo, los más interesantes, quizás porque abandonan esa idealización romántica de la mujer que vende su cuerpo y entra en terrenos de mayor calado como son las relaciones familiares y el aprendizaje vital. En “Nacimiento” asistimos a los esfuerzos de una niña por mantener a flote a su familia y la ilusión de su hermano por la Navidad entre las violentas peleas de sus padres. Cierra el volumen “Nosotros los que miramos”, relato protagonizado por un grupo de adolescentes en pleno despertar sexual y para los que el nombre de Fermina, citado con voluptuosidad por uno de ellos, se convierte en objeto de deseo colectivo. 

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martes, 21 de julio de 2015

Vicio propio - Thomas Pynchon



Vicio propio, Thomas Pynchon, Tusquets, 2009, 422 págs., 10€.


La figura del escritor norteamericano Thomas Pynchon (Nueva York, 1937) ha adquirido, por diversos motivos, un estatus de autor de culto como pocos otros artistas contemporáneos. La principal razón es la calidad y complejidad de sus novelas, que ha venido publicando desde los años sesenta del pasado siglo. Pero también ha contribuido a este enaltecimiento de su figura el misterio que envuelve a su persona. Apenas existen imágenes de Pynchon y sus declaraciones públicas son escasísimas, en una actitud de renegar del mundillo literario que nos recuerda a su compatriota J.D. Salinger. Pero, al contrario que el autor de El guardián entre el centeno (1951), Pynchon ha seguido publicando libros tan interesantes como este Vicio propio.

Según los especialistas en la narrativa del autor neoyorquino, esta novela, la penúltima de las ocho que ha publicado, es una de las más accesibles de su trayectoria. Esta sencillez es lo primero que sorprende al lector: alertado de la dificultad y la extensión (El arco iris de gravedad (1973) y Contraluz (2006) superan el millar de páginas) se encuentra con una novela de ágil lectura y fácil comprensión. Además, Vicio propio sigue los cánones de la novela de género detectivesco, introduciendo cambios por supuesto, por lo que se trata de una manera perfecta de adentrarse en la literatura pynchoniana. No es extraño que ésta haya sido la primera de sus obras adaptada al cine, en una película de 2014 con título homónimo y protagonizada por Joaquin Phoenix.

La novela narra la investigación que lleva a cabo el detective privado Doc Sportello en torno a la desaparición de un oscuro empresario de la construcción y de su pareja, la sensual Shasta, antigua amante del propio Doc. A partir de este punto inicial la trama se va complicando y retorciendo a la vez que aparece una miríada de personajes secundarios que incluye a policías corruptos, abogados sin escrúpulos, mujeres fatales, gángsters de todo tipo y empresarios con negocios turbios. A lo largo de las más de cuatrocientas páginas del libro seguimos siempre a Doc y somos testigos de su peculiar pero efectiva manera de investigar un caso cada vez más complejo. El protagonista posee algunos atributos propios de los detectives tradicionales (valentía, sagacidad, individualismo y pose de tipo atribulado y duro) pero mezclados con una memoria atroz, un gusto excesivo por las drogas y por los disfraces y una melomanía y cinefilia casi enciclopédicas. Crea Pynchon con todos esos ingredientes un nuevo arquetipo: el detective hippie que une elementos de los clásicos del género con rasgos propios de esta época.

Porque, al igual que Kerouac quiso trasladar la época dorada del jazz a su novela En el camino (1957), Pynchon hace lo mismo con la música y la cosmovisión del hipismo californiano de finales de los años sesenta y principios de los setenta. Y lo hace no sólo introduciendo todo tipo personajes propios de aquella época (músicos, groupies, surferos, yonquis, camellos, chamanes) sino con un estilo vibrante y directo que pretende trasladar a la página escrita el pop y el rock de los sesenta.

Consigue con todos estos ingredientes reformular algunos de los tópicos de la novela detectivesca y crear a un antihéroe entrañable por su mezcla de torpeza e inteligencia con un toque desenfadado como es Doc Sportello. 

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lunes, 6 de julio de 2015

Los asesinos lentos - Rafael Balanzá



Los asesinos lentos, Rafael Balanzá, Siruela, 2010, 156 págs., 15€.
          
En una novela de intriga es importantísimo tanto el final como el principio. La tensión que el autor ha ido dosificando durante toda la trama ha de encontrar en las últimas páginas una conclusión satisfactoria. El inicio debe, como en cualquier libro, enganchar al receptor, pero en el caso de libros relacionados con una muerte o un asesinato, como el que nos ocupa, es bueno que el lector se vea imbuido en la intriga desde el comienzo. En Los asesinos lentos, libro con el que Rafael Balanzá ganó el prestigioso premio Café Gijón en 2009, encontramos un buen final, pero, sobre todo, un magnífico comienzo.

En el primer párrafo de la novela ya se nos explica el singular eje sobre el que girará el resto de la obra: Valle, un antiguo amigo del narrador con el que se ha reencontrado años después de que abandonaran el grupo de música que compartían, le anuncia que lo va a matar. Esta brutal noticia contrasta con el contexto en el que se enuncia, una relajada charla en una cafetería entre dos antiguos amigos, por lo que el autor debe vencer tanto la incredulidad del narrador como la del lector, o, al menos, lo inverosímil que resulta la amenaza. Balanzá dedica los siguientes capítulos a que ese anuncio parezca casi lógico y que la muerte del narrador (Juan Cáceres) sea aparentemente inevitable. Acabamos convencidos de que hay un atisbo de justicia en ese asesinato que el perdedor nato que es Valle va a perpetrar y que no hay mejor cabeza de turco para vengarse de su aciago destino que el exitoso Cáceres. Además, el asesino prospectivo añade para justificar su decisión un pequeño pero doloroso episodio que sufrió en su juventud en el que su antiguo compañero le quitó una chica de la que estaba enamorado.

Pero conforme avanza la novela descubrimos junto al narrador que no es oro todo lo que reluce en su vida y que lo que, desde fuera y desde su propia perspectiva previa, parecía una existencia plácida y exitosa esconde una serie de grietas que comienzan a abrirse justo a la vez que recibe la amenaza de Valle. Por un lado, se da cuenta de que su matrimonio, en el que la pasión había desaparecido hacía años, sólo sirve ya para mantener las formas y que el alejamiento de su esposa es cada vez mayor. También descubre que sus hijos son casi unos desconocidos y que, especialmente la mayor, ya no son los niños que él creía que eran. Por último, su negocio, una próspera tienda de mascotas, comienza a sufrir las injerencias del nuevo gerente del centro comercial en el que se encuentra. Esta crisis de la mediana edad, parecida a la que sufre el Lester Burnham de American Beauty 
(1999), sume al protagonista en una melancolía de la que, sorprendentemente, poco tiene que ver la amenaza que pende sobre su vida.
Lo que podría haber sido una inane novela de intriga en la que la duda sobre si se cumple la amenaza inicial fuera el único punto de interés en el resto del libro, se convierte, gracias a las habilidades narrativas de Balanzá, en un ácido retrato de las mentiras que se esconden tras la fachada de felicidad de algunas familias.

Reseña publicada en El Noroeste


lunes, 22 de junio de 2015

Convivir con el genio - Juan Bautista Durán



Convivir con el genio, Juan Bautista Durán, Comba, 2014, 150 págs., 15€.

                Una de las claves más importantes y a menudo olvidadas del éxito de un libro de relatos es la ordenación de los textos. Al igual que ocurre con los poemarios, em las colecciones de narraciones el autor y el editor presentan al lector un itinerario que influirá decisivamente en la recepción. Juan Bautista Durán, autor de este Convivir con el genio, y los editores de Comba distribuyen los cuentos de este volumen en tres secciones con tres tonos muy diferentes. Cada una de ellas está integrada por cuatro, cinco y tres relatos respectivamente y poseen una coherencia interna que nos permite comentarlas por separado.
                El primer bloque del libro es, desde nuestro punto de vista, el que integra los textos menos logrados. Son cuatro historias que comparten la temática amorosa y una estructura un tanto desmadejada, con finales abiertos o, al menos, no conclusivos que provocan en el lector cierta sensación de levedad. Más que narraciones bien ejecutadas, como sí lo son las del resto del libro, estamos ante episodios de temática sentimental sobre las relaciones entre varias parejas. De este cuarteto inicial, que no provoca al lector el deseo de continuar con la lectura del resto, destaca “Au-pair”, protagonizado por un joven argentino que vive un amor de verano en la localidad inglesa donde cuida a las hijas de un matrimonio en cuya casa se aloja. El autor sabe caracterizar bien al narrador, incluyendo el léxico rioplatense que emplea, pero el relato no termina de proporcionarnos una historia enjundiosa.
                Mucho más interesantes son los cinco cuentos que Durán nos ofrece en la segunda sección de Convivir con el genio y que tienen como elemento común a unos protagonistas que podríamos definir como particulares y, en algunos casos, extravagantes. Son relatos con una estructura interna mucho más sólida, con historias elaboradas dentro de la sencillez que implica el género cuento y con finales cerrados y, a veces, sorprendentes. En las páginas de este quinteto encontramos a unos maquinistas jubilados que se reúnen en el metro para rememorar tiempos mejores, en “Nicolás de las doce”; la peculiar vigilancia al casi ermitaño Bonald, en “Acerca de Bonald”; las extrañas relaciones familiares que establecen los protagonistas de “Blasi a tres bandas”; y el recuerdo de un verano de juventud, en “Planchar divisas”.
                Termina el volumen con otros tres cuentos que tienen en común el tema de la identidad y la presencia de personas reales entre sus protagonistas. En el primero de ellos, “Aviario”, aparece la poeta Nora Almada y un personaje, Octavio Larralde, que centrará la atención del resto. El siguiente, “Convivir con el genio”, es el más extenso de todo el volumen y cuenta la singular historia de un argentino que desea que el narrador le apadrine para poder cambiar su nombre. Se da la circunstancia de que se llama igual que el futbolista Ariel Ortega, lo que, según él, ha marcado su devenir. En este cuento se cita a un tal Eduardo Goitia, cuyo nombre reaparecerá en el papel de un amigo del narrador que cruza media España en bicicleta en el último cuento: “Sueños con tesoro”. En él aparece también la historia real del cantante Óscar D’aniello.
                En esta docena de cuentos de irregular calidad encontramos los mimbres de un autor aún joven, tiene treinta años, pero cuya evolución como narrador seguiremos con interés. 

Reseña publicada en El Noroeste


lunes, 8 de junio de 2015

El camino de Ida - Ricardo Piglia



El camino de Ida, Ricardo Piglia, Debolsillo, 2013, 238 págs., 10€.
            Existe en la literatura norteamericana una tradición de libros ambientados en la universidad. En nuestra lengua son muchas menos las obras que integran este subgénero de novelas de campus, aunque existen algunos ejemplos recientes como Un momento de descanso (2011) de Antonio Orejudo o la obra que nos ocupa hoy: El camino de Ida del argentino Ricardo Piglia. Ambos autores poseen experiencia como docentes universitarios, precisamente en Estados Unidos, y han sabido seguir la estela de narradores norteamericanos como Philip Roth, cuya novela La mancha humana (2000) posee algunas semejanzas, más en el ambiente que en la trama, con la de Piglia.
Este contexto universitario es el escenario de la primera parte de la novela, que cuenta la llegada de Emilio Renzi, un escritor argentino sumido en una crisis existencial, a la selecta universidad estadounidense donde impartirá un curso de literatura. Allí, inicia una relación amorosa con Ida Brown, seductora y brillante profesora, que deberán mantener en secreto ante el resto de compañeros y alumnos. Esta primera sección del libro se cierra con un incidente en el que se ve implicada Ida y que se presenta envuelto en el misterio.
A partir de ese momento, la novela vira y dejando atrás las referencias literarias y universitarias, se va acercando a la novela policiaca para seguir la pista de un solitario e intelectual terrorista cuya relación con Ida tratará de descubrir Renzi. De nuevo se sitúa Piglia en esta parte del libro en unas coordenadas que nos pueden recordar a otros autores norteamericanos contemporáneos. En primer lugar, la importancia del ecologismo en una sociedad tan industrializada como la yanqui ya aparecía en la última novela de Jonathan Franzen, Libertad (2010). Por otro lado, ese terrorista salido de la universidad y que en solitario y con una sólida base ideológica pone en jaque a la sociedad, posee semejanzas con el protagonista de Leviatán (1992), de Paul Auster.
Además de estos referentes norteamericanos, Piglia también pone en juego otros recursos que lo acercan a algunos de sus coetáneos hispanos, como el uso de la meta y la autoficción. Renzi escribe en primera persona no sólo sus indagaciones sobre Munk, el terrorista, y sobre Ida, que lo llevan a hacerse pasar por un detective, sino que son también frecuentes las referencias a cómo fue redactando el libro. En cuanto a la autoficción, esa técnica mediante la cual se filtra parte la vida real del autor en la historia que él mismo inventa, la observamos en el ya citado ambiente universitario de parte del libro y que remite a la experiencia de Piglia como profesor en Princeton.
Además de por estas razones de índole más teórica, el libro es atractivo al lector por el tono ágil de su narración y por la estupenda construcción de los personajes. Además de los tres principales, Renzi, Ida y Munk, destacan algunos de los secundarios que poseen un peso menor en la trama pero a los que Piglia convierte en caracteres muy interesantes. Entre ellos estarían la profesora rusa vecina de Renzi, confidente y apoyo esencial para el narrador, el peculiar detective privado y el jefe del departamento, un antiguo soldado obsesionado con la obra de Melville.

            El camino de Ida demuestra la madurez de Piglia como narrador y justifican la importante presencia de sus obras en el canon actual de escritores en español. 
Reseña publicada en El Noroeste.