lunes, 28 de mayo de 2018

El dolor de los demás - Miguel Ángel Hernández



El dolor de los demás, Miguel Ángel Hernández, Anagrama, 2018, 307 págs., 18€.

La Huerta murciana es una comarca bastante peculiar. Posee ese aislamiento típico de los lugares de campo en el que las tradiciones están muy arraigadas y tanto las amistades como los odios se heredan de generación en generación. Sin embargo, los huertos, carriles y acequias que la forman están muy cerca de una ciudad de tamaño medio como es Murcia, con su pujante vida cultural, su vibrante centro y sus plazas rebosantes de gente. En este contexto, en el que los comportamientos más atávicos aún perviven dentro del séptimo municipio más poblado de España, se desarrolla El dolor de los demás, la tercera novela del escritor y profesor Miguel Ángel Hernández.
La obra parte de un hecho atroz que el autor vivió de cerca cuando comenzaba su etapa como universitario: su mejor amigo y vecino se suicidó tras asesinar a su hermana mayor. Esta traumática situación fue, sin embargo, superada en su momento por Hernández, que se refugió en sus estudios y en su nueva vida en la Facultad. No obstante, y como es lógico, la herida seguía allí y se volvió a abrir por motivaciones literarias, ya que se convenció de que era una historia que tenía que contar. Así, la investigación que llevó a cabo para conocer todos los detalles del homicidio y la propia escritura de la novela enfrentaron al narrador murciano con sus miedos actuales y con ese pasado en la Huerta que aún permanecía latente.
En El dolor de los demás fluyen paralelos dos textos muy diferentes estilísticamente, pero que ayudan a conformar este ajuste de cuentas con el pasado que es el libro. Por un lado, tenemos la narración en primera persona de esa investigación, que llega a adquirir tintes policiacos cuando acompañamos al autor a consultar archivos judiciales, recortes de periódicos y vídeos de informativos, sobre el homicidio de Nicolás, el amigo inseparable durante la infancia, a su hermana Rosi. A este núcleo central de la novela, Hernández añade una narración más lírica, con esas frases cortas y el uso de la segunda persona que ya tenían los diarios personales que ha publicado en los últimos años, sobre lo que vivió y sintió durante las horas y días posteriores a la Nochebuena en la que la tragedia tuvo lugar.
Más allá de la reconstrucción de los hechos, de la indagación sobre los motivos del asesino (las habladurías que escucha de los vecinos en el mesón de la Huerta dan una pista) y de la vindicación de la figura de la víctima, el relato es un ajuste de cuentas del autor con su propio pasado. A lo largo de las páginas van apareciendo los reproches de familiares o vecinos que le consideran casi un intruso tras dos décadas alejado del escenario de su infancia, pero también los remordimientos propios por esa huida de un contexto asfixiante pero que al fin y al cabo definió al adulto que hoy es. 
Hernández opta para contar esta historia tan personal por la autoficción, la presencia de la experiencia actual y pasada inundan las páginas de la novela, y por la metaficción, el narrador reflexiona constantemente sobre la forma correcta de contar los hechos. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurre con otros muchos autores que emplean ambas técnicas, el narrador murciano evita en todo momento la impostura y consigue que El dolor de los demás destile verdad y conmueva a los lectores de una novela que se sitúa por méritos propios entre lo mejor de la narrativa española contemporánea. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 13 de mayo de 2018

Crímenes del futuro - Juan Soto Ivars



Crímenes del futuro, Juan Soto Ivars, Candaya, 2018, 320 págs., 18€.

Escribir un libro ambientado en el futuro siempre me ha parecido uno de los ejercicios más difíciles a los que se puede enfrentar un escritor. Si se opta por la ciencia ficción, se suele caer en exageraciones tecnológicas o en otorgar el protagonismo a robots demasiado parecidos a los seres humanos. Si, por el contrario, el autor sigue el camino de la distopía,  los hechos posteriores suelen demostrar que casi siempre se queda corto en la descripción de la decadencia moral o en la deriva autoritaria de las sociedades humanas. Soto Ivars ha sido sagaz en esta novela ambientada en una época futura, y ha decidido basarse en lo que sí conoce, el presente y el pasado, para crear esa España de finales del siglo XXI.
Por un lado, la novela contiene numerosas referencias a nuestra actualidad tanto social como política. Europa, territorio que parece haber perdido definitivamente su hegemonía en el contexto mundial, ha abolido las democracias y apostado por un gobierno de tecnócratas, denominado el “Ente”, que sigue las directrices del llamado “capitalismo racional”. Hallamos en este sistema un claro eco tanto del liberalismo actual como del descrédito de nuestra clase política. Además, las calles de Madrid están dedicadas a economistas y políticos de nuestra época, al Presidente Aznar por ejemplo, y tanto Cataluña como el País Vasco han conseguido su tan ansiada independencia.
Por otro lado, Crímenes del futuro se despliega hacia el pasado, ya que la España del porvenir se parece en muchos aspectos a la de la posguerra de los años 40 o 50. Desde la foto elegida para la portada, el de una niña pobre de la Barcelona de hace medio siglo, hasta el lenguaje empleado por algunos de los personajes, pasando por la enorme diferencia entre pobres y ricos, las enfermedades que asolan a gran parte de la población, el hambre, los vagones de tercera que llevan a los campesinos a la capital y la desconfianza con la que se mira en la universidad a los alumnos hijos de obreros, todo nos traslada a la España más oscura del franquismo.
En este futuro tan reconocible, Soto Ivars relata la historia de tres mujeres en tres etapas importantes de la historia futura de España: antes, durante y después de una nueva guerra. En la primera sección, acompañamos a Julia desde un pueblo de la meseta hasta Madrid, adonde llegará a estudiar gracias a una beca que ha conseguido con muchos esfuerzos. En la capital entrará en contacto con la efervescencia de los arrabales en los que se quiere acabar con las injusticias impuestas por el Ente. Tras la guerra, el protagonismo recae en Pálida, una mujer pobre y ciega que pasará de la represión a la ayuda médica del nuevo régimen surgido tras la contienda bélica. La parte central evita narrar la guerra y supone una elipsis, casi se puede hablar de una historia independiente, ya que se centra en la experiencia que viven Margarita, una modelo, y su novio fotógrafo, en una isla desierta mientras España se desangra.
Soto Ivars se consagra con Crímenes del futuro como un novelista de primer orden con una obra que posee un comienzo impactante, una segunda parte excepcional, y una sección final que, aunque de un interés menor que el resto de la obra, logra cerrar brillantemente esta historia sobre un futuro muy reconocible.

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 24 de abril de 2018

La vida en Suecia - Rafael Gómez Sales



La vida en Suecia, Rafael Gómez SalesEolas, 2017, 228 págs., 15€.

El murciano Rafael Gómez Sales llevaba unos años desarrollando una incipiente carrera literaria con lentitud pero también con perseverancia. Mientras se formaba en talleres de escritura creativa iba siendo acreedor de diversos premios menores tanto de narrativa como de poesía. Finalmente, el año pasado recibió el 55º premio Fundación Monteleón por este libro de cuentos titulado La vida en Suecia.
Llama la atención lo extenso del volumen, que supera las doscientas páginas e incluye dieciocho cuentos de extensión media. Mientras que otros autores noveles, Gómez Sales debuta con este libro, se deciden por óperas primas ligeras que incluyen sólo aquellos relatos de los que están muy seguros, el narrador murciano nos ofrece, como vemos, una colección extensa. Aunque el libro se puede hacer un poco repetitivo ya que los dieciocho cuentos tienen una factura similar, el autor sale airoso de la empresa y ofrece un debut solvente con una serie de relatos bien escritos en los que el nivel medio no baja de notable. Estamos ante relatos de corte realista, ubicados en espacios cercanos y en un tiempo contemporáneo y protagonizados por personajes aquejados por problemas muy dispares pero comparten cierta sensación de orfandad ante el mundo que les rodea.
Entre los mejores relatos de La vida en Suecia se encuentra, por ejemplo, “Nicho familiar”, que parte de una situación llamativa: los hijos de un hombre que acaba de fallecer descubren que repartió su herencia entre todos sus ellos de manera equitativa, pero que al primogénito le dejó las llaves de un trastero cuya existencia nadie conocía. Tras demorar la apertura del enigmático espacio y elucubrar sobre su contenido, halla una faceta desconocida de su padre cuando por fin descubre qué hay dentro. La misma temática, las relaciones familiares, posee otro de los cuentos más logrados del conjunto: “El juego de los últimos días”. En él el narrador se reencuentra con su hermano Rei, que vive con una especie de autismo provocado años atrás por un accidente. Estamos ante un relato narrado con ternura en el que los dos hermanos redescubren esa intimidad que compartieron en la infancia.
“El vecino incómodo” es, por su parte, uno de los textos más originales del libro. El cuento parte de la llegada de unos nuevos vecinos que rompen la tranquilidad de un personaje solitario  que verá cómo su vida se comenzará a mover en torno a los ruidos que la pareja realiza en el piso contiguo. “El vecino incómodo” acaba desembocando en un interesante juego de identidades que nos lleva a preguntarnos por cómo pueden influir en nuestras vidas esos perfectos desconocidos de cuyas intimidades sólo nos separa un fino tabique. El último relato que destacaremos también se sale de ese realismo imperante y se adentra en un territorio que podemos situar dentro del relato fantástico más sutil. Nos referimos a “Funeral”, un enigmático cuento en el que un profesor universitario habituado a las aventuras extramatrimoniales en los congresos a los que asiste, se encuentra con que una chica con la que se ha acostado en Edimburgo comienza a seguirlo.
Son sólo cuatro ejemplos de un libro interesante y bien escrito que augura a Rafael Gómez Sales una sólida carrera en la Literatura tras esta admirable ópera prima. 

Reseña publicada en El Noroeste.


jueves, 5 de abril de 2018

Y ahora, lo importante - Beatriz Navas



Y ahora, lo importante, Beatriz Navas, Caballo de Troya, 2018, 253 págs., 15,90€.

Todos los lectores de diarios tenemos bastante de voyeurs. Nos gusta conocer de primera mano la vida íntima de los autores que reflejan, con la distancia de la escritura que se sabe que será publicada, aspectos privados de su día a día y reflexiones personales. Cuando nos acercamos a diarios de escritores conocidos, como los de Andrés Trapiello, existe además un interés por disfrutar del estilo o de la capacidad discursiva de su prosa. Pero, ¿qué podemos esperar de las anotaciones de una quinceañera sobre su anodina vida? La respuesta la responde (parcialmente) Y ahora, lo importantede Beatriz Navas.
El libro se nos presenta como la transcripción del diario que llevó esta crítica de cine madrileña durante los años 1992 y 1993, cuando era una adolescente que comenzaba el instituto. En el epílogo, además de los motivos que le llevaron a publicar el libro y que se explican, en parte, por la intención de mostrar una imagen diferente de aquella simbólica época del pasado reciente de España, Navas afirma que, salvo algunos cambios menores, relacionados con la privacidad de terceras personas, el texto original ha sido respetado. Por ello, lo primero que choca de Y ahora, lo importante es su estilo directo y juvenil, en el que se ha sacrificado la búsqueda de la excelencia en la prosa por la autenticidad del tono y del léxico.
El diario se centra, especialmente, en el simbólico 1992, año en el que “todo” parecía estar pasando en nuestro país. La joven Bea se une a la efervescencia nacional y vive con pasión y orgullo acontecimientos de los que es testigo como las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla o la inauguración del Museo Thyssen en el contexto de la capitalidad europea de la cultura de Madrid. Este retrato directo de la España del 92 es seguramente lo más atractivo del libro; a los grandes acontecimientos se suman los problemas que aquella fachada institucional no lograba tapar como el terrorismo etarra, la inseguridad, la crisis económica, las agresiones racistas, las drogas, etc. Todos ellos aparecen en el diario de Bea tanto en sus propias meditaciones como en los titulares de los periódicos que copia en cada nueva entrada.
Pero Bea es, no lo olvidemos, una adolescente de clase media-alta, algo rebelde e instruida, su conocimiento de música y cine superan a los de los demás chavales de su edad, pero una chica de catorce años al fin y al cabo. Y como tal, el grueso del diario gira en torno a sus relaciones con sus amigas y con los chicos. Durante la mayor parte del libro asistimos a una sucesión de historias adolescentes de fiestas, borracheras, coqueteos con las drogas blandas, enamoramientos y desenamoramientos. Lo que se puede considerar algo lógico en el diario de una chica tan joven acaba convirtiéndose en el mayor defecto del libro, que cae pronto en una monotonía que puede cansar al lector.
Aunque encontramos las frustraciones, el idealismo, la espontaneidad y el miedo al futuro propios de la época, la Bea adolescente apenas cita en estas páginas el principal problema de su vida, tal y como la Bea adulta reconoce en el epílogo, como era la difícil situación provocada por el divorcio de sus padres.


martes, 13 de marzo de 2018

Oriente Medio, Oriente roto - Mikel Ayestarán



Oriente Medio, Oriente roto, Mikel Ayestarán, 17€, Península, 2017, 302 págs.

Muchos de los que hemos estudiado Periodismo hemos fantaseado alguna vez con ser corresponsales de guerra. Esa imagen clásica y romántica del reportero que se jugaba el tipo en contiendas lejanas para poder mandar una crónica desde primera línea de frente atrajo la febril imaginación de muchos jóvenes periodistas. Sin embargo, con el paso del tiempo, la mayoría hemos acabado en cómodas redacciones o en otros trabajos diferentes; sólo unos pocos, entre los que se encuentra Mikel Ayestarán, el autor de este libro, consiguieron llevar a cabo ese sueño que, como comprobamos en este Oriente Medio, Oriente roto, muy poco tiene que ver con lo imaginado.
Y es que en pleno siglo XXI, tanto el periodismo como las guerras han cambiado mucho con respecto a esa época dorada del reporterismo bélico que se vivió hace ya varias décadas. Tal y como refleja el periodista vasco, la atención de los medios de comunicación occidentales hacia las guerras que asolan con tanta frecuencia Oriente Medio, el espacio geográfico en el que se ha especializado Ayestarán, fluctúa rápidamente. Lo que hoy es portada, en unas semanas apenas tendrá espacio en informativos y periódicos, por lo que el reportero debe acostumbrarse a visitar numerosos lugares en guerra en poco tiempo.
Un episodio del libro que muestra cómo la actualidad manda la vive el autor en Saná, la capital de Yemen. Mientras cubre las protestas que se viven en este convulso país, Ayestarán recibe una llamada desde la redacción de su periódico que le informa de la muerte de Bin Laden y le conmina a viajar a la ciudad pakistaní donde ha sido asesinado por tropas de élite nortemericanas. El periodista guipuzcoano cuenta esas gestiones que nunca aparecen en las crónicas y que lo llevan a aporrear, literalmente, la puerta de la embajada pakistaní en Saná para hacerse con un visado que le permita cubrir la candente noticia.
Ayestarán organiza el libro geográfica y cronológicamente, de tal forma que cada capítulo resume su cobertura de distintas guerras o crisis políticas en países como Afganistán, Túnez, Egipto, Georgia, Siria o Líbano. Así, las grandes contiendas internacionales se mezclan con otras guerras menos conocidas y con los estallidos de la llamada Primavera Árabe, que el periodista vasco sigue con cercanía y conocimiento. En cada capítulo se cuenta brevemente la historia reciente del país, para, a continuación ofrecer episodios concretos y declaraciones de los protagonistas en las revueltas o de miembros de esa población civil tan vulnerable a estos avatares. A veces, la narración posee una gran tensión, como el relato de la emboscada de la que escapa por los pelos en Siria, mientras que otras la emoción de lo relatado embarga al reportero, como el bebé que es engullido por la multitud de refugiados que invade un tren en Macedonia.
La propia naturaleza fragmentaria del libro y su ordenación cronológica hace que el lector acabe algunos capítulos, especialmente aquellos que narran sucesos más alejados en el tiempo, con ganas de saber más. Sin embargo, Ayestarán consigue con este entretenido libro un doble objetivo: informarnos sobre la última década de conflictos políticos y bélicos en Oriente Medio y dar a conocer las interioridades de  la profesión de reportero de guerra, desterrando muchos de los tópicos que se le asocian.


domingo, 4 de marzo de 2018

Un paseo por la desgracia ajena - Javier Moreno




Un paseo por la desgracia ajena, Javier Moreno, Salto de Página, 2017, 170 págs., 16€.

Una pareja en traje de baño aparece haciéndose un selfie en la ilustración de portada de Un paseo por la desgracia ajena de Javier Moreno. La parte superior de esta imagen nos muestra una situación divertida y desenfadada que es habitual en nuestras playas verano tras verano: gente disfrutando de su periodo de vacaciones y haciéndose fotos para compartir el momento posteriormente con sus amigos. Sin embargo, en la sección inferior la escena adquiere un carácter alarmante al mostrarnos a la barca en la que está la pareja hundiéndose y, sobre todo, la amenazante silueta de un tiburón que se dirige hacia ellos.
Esta portada funciona como una perfecta metáfora de los relatos que componen este nuevo libro de este autor murciano afincado en Madrid. Moreno nos muestra la podredumbre que se esconde tras la fachada lustrosa de las casas de la burguesía. A lo largo de las páginas del libro vamos conociendo, como voyeurs que observan sin ser vistos las intimidades de las familias de su vecindario, comportamientos que se alejan de la imagen idealizada que queremos dar en las fotos que subimos a las redes sociales. Los diecisiete relatos de este soberbio libro acaban configurando ese paseo por la desgracia de esos otros, que son tan parecidos a nosotros mismos aunque nos resistamos a aceptarlo, que el título anuncia.
El volumen comienza con cuatro relatos que no dan respiro al lector y que anticipan el altísimo nivel que vamos encontrar a lo largo de todo el libro. En ellos aparecen familias que muestran una imagen externa ideal pero que esconden secretos, resquemores y traumas difíciles de superar. En este primer grupo de relatos destaca “La criada”, una brutal sátira que pone a la burguesía frente al espejo de sus propias contradicciones. El tono se hace mucho más liviano en las dos siguientes narraciones: “El coche fúnebre”, texto en el que la presión que puede llegar a ejercer un padre sobre un hijo se mezcla con el humor negro, y “El sueño más dulce”, donde el protagonista sufre un irónico castigo por su gula.
Las novedosas dinámicas que establecen en las relaciones sociales las nuevas tecnologías están en la base de tres de los relatos del conjunto. En “Phoenix” una web permite recibir mensajes póstumos de los muertos; en “ELLO” todas las decisiones están mediatizadas por esta aplicación; mientras que en “Selfie-vamps” se lleva al extremo la moda de la autofoto. Uno de los personajes de este cuento reaparece en “D.J”, relato que desarrolla un tema, los límites de la publicidad moderna, que ya aparecía en la última novela de Javier Moreno.
La aburrida vida de los matrimonios burgueses protagoniza “Reyes magos”, que confronta las atildadas conversaciones entre un grupo de padres con la brutalidad de las relaciones de sus hijos, y “Dos parejas”, sobre las consecuencias de un intercambio sexual entre dos matrimonios amigos. “En busca del fuego” y “El discurso del método” comparten escenario, el centro de Madrid, y protagonistas que desentonan con el entorno, un finlandés puesto de setas y un hombre que actúa como estatua humana respectivamente.
Con estos cuentos Moreno se aleja de esa narrativa un tanto críptica que encontrábamos en sus novelas Alma (2011) y 2020 (2013) y apuesta por la sátira social que ya hallábamos en Acontecimiento (2015) en un libro que lo confirma como uno de los mejores escritores de su generación.  

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 25 de febrero de 2018

El fin del mundo - Ismael Orcero Marín




El fin del mundo, Ismael Orcero Marín, Boria, 2018, 85 págs., 12€.

La famosa y ya manida frase de Gracián sobre las bondades de la brevedad se suele cumplir frecuentemente con el cuento. No me refiero por supuesto a que los relatos más exiguos sean mejores que los extensos por norma general; es difícil, por ejemplo, comparar dos obras maestras de la narrativa como son “El dinosaurio” de Monterroso y “Casa tomada” de Cortázar, ya que se trata de textos muy diferentes. Lo que defiendo es que, por regla general, un cuento gana cuando se desprende de todo aquello que no es esencial y se deja guiar por la concisión. Por supuesto que existen grandes relatos caracterizados por la morosidad, pero, especialmente con los autores noveles, la brevedad suele ser una buena elección.
Esta reflexión viene al hilo del primer libro del escritor cartagenero, afincado en Molina de Segura, Ismael Orcero Marín. Los diez relatos que componen El fin del mundo se despachan en apenas ochenta páginas y ello no impide que al lector le sean suficientes para disfrutar de un puñado de historias interesantes y bien rematadas, en las que la querencia por el género fantástico destaca junto al uso de la ironía. Con esta decena de cuentos que se mueven entre las cuatro y las doce páginas, Orcero evita aburrir al lector y opta por inicios muy directos que le meten de lleno en historias en las que lo sobrenatural suele colarse en situaciones aparentemente cotidianas.
El volumen comienza con uno de los textos más breves y brutales del conjunto: “El banquete”. En él un extraño accidente de tráfico en mitad del desierto pone a prueba la relación entre los supervivientes. “El inquilino” está directamente relacionado con “Tesoro”; en ambos aparece el mismo personaje, Elvira, y un minigolf abandonado. También coinciden los dos en estar protagonizados por mujeres solas que se enfrentan con valentía tanto a esa soledad como al mismo hecho sobrenatural que tiene lugar en sus respectivas casas.
El giro fantástico que sólo aparece al final del relato une a varios de los textos de El fin del mundo; en “La picota”, Carmen tiene que enfrentarse a una especie de caza de brujas moderna en su pueblo. Las creencias mágicas de los habitantes de las zonas rurales también protagonizan “La caverna”, uno de los textos más diferentes del conjunto por estar escrito en primera persona y en forma de carta. De temática similar, aunque argumento muy diferente, encontramos “El ángel que nos guarda”, sobre las indagaciones de un sacerdote sobre un curandero rural.
En “El fin del mundo” asistimos a un relato postapocalíptico con la irrupción de unos animales enloquecidos en la tranquilidad otoñal de una urbanización de playa. El libro termina con, “El pozo”, un nuevo texto con final sorprendente pero peor conseguido que los anteriores.
Mucho más atractivo es el cuento titulado “Mamá robot”, en el que aparece un robot, de cocina en este caso, que imita el comportamiento y las recetas de la madre del protagonista, pero que también recoge sus defectos. Por su parte, “Mala hierba” parte de una extraña enfermedad tropical para desembocar en un relato sobre la locura de los dictadores, en un relato con una evidente influencia de la literatura hispanoamericana tal y como Orcero reconoce en el epílogo.

Reseña publicada en El Noroeste.


jueves, 15 de febrero de 2018

Palos de ciego - David Torres



Palos de ciego, David Torres, Círculo de Tiza, 2017, 270 págs., 22€.

La mayoría de novelas o ensayos poseen un tema central sobre el que los autores construyen su discurso. Por supuesto, existen muchas obras literarias en los que se tratan diversos asuntos, pero incluso en estas suele sobresalir uno o existe una relación estrecha entre ellos que le otorga homogeneidad al conjunto. David Torres opta, sin embargo, por partir en Palos de ciego de dos historias muy diferentes que conviven a lo largo del libro como dos caminos paralelos.
El primero de estos asuntos tiene un origen histórico pero acaba adquiriendo, por cómo obsesiona al autor durante años, en un tono personal. Se trata de un episodio citado en una biografía del músico ruso Shostakóvich y del que, fuera de ese libro y de unas pocas referencias más, apenas se conocen detalles: la matanza en la ciudad ucraniana de Járkov de un número indeterminado de músicos ciegos durante la época de las grandes purgas estalinistas. Este suceso se convierte debido a su simbolismo (supuestamente el régimen quería acallar el sentimiento nacionalista en Ucrania), a su patetismo y al misterio sobre cómo, cuándo e incluso sobre si de verdad sucedió en acicate para que Torres sintiera que debía escribir un libro.
Sin embargo, y a pesar de recopilar mucha información sobre el episodio en concreto y sobre el estalinismo y su obsesión por el control de los músicos, el autor decide abandonar el proyecto que llevaba por título Borrón. Lo curioso es que en Palos de ciego, título que hace referencia al camino errático de Torres en la confección de la novela sobre la matanza de Járkov, encontramos no sólo ese proceso de preparación de Borrón, sino fragmentos del texto y comentarios sobre sus protagonistas. Mediante esta singular técnica, el libro que tenemos en las manos se convierte en una especie de palimpsesto en el que aún se percibe el relato que Torres desechó.
El otro episodio que estructura el relato posee, al contrario que la matanza de Járkov, un origen personal que tiende hacia lo colectivo. Consiste en el fallecimiento, con sólo un día de vida, del hermano mayor del autor en una clínica madrileña en la que se solían robar bebés para entregárselos a familias de clase adinerada. Aunque en el caso concreto de la familia de David Torres parece claro que el niño, llamado del mismo modo que el escritor, sí que falleció, se nos presenta uno de los hechos más turbios del pasado reciente de España. Esta tragedia familiar le da pie al autor para recopilar anécdotas de carácter personal sobre su infancia y sobre su relación con su hermano pequeño y con sus padres.
Como vemos, se trata de una obra con una estructura parecida a la de una matrioshka en la que dentro de una historia personal encontramos un episodio histórico que, a su vez, se convierte en novela incompleta. El problema viene con la débil relación que existe entre las dos historias centrales del libro, la matanza de ciegos y el fallecimiento del hermano, que no terminan de confluir a lo largo de la obra. Torres es consciente de ello y al final del texto defiende una teoría sobre la relación entre ambos que no termina de convencer. Sin embargo, esta tara no es óbice para admitir que estamos ante una obra estupenda, original, poliédrica y en el que palpita en cada línea la pasión del autor por narrar. 



miércoles, 31 de enero de 2018

El jinete de la tormenta - Darío Lozano



El jinete de la tormenta, Darío Lozano, Boria, 2017, 410 págs, 16€.

La bibliomanía es esa dolencia caracterizada por una atracción casi obsesiva por la lectura de libros. Se suele desarrollar en la infancia o en la adolescencia y normalmente afecta al individuo que la padece hasta el final de sus días. La han sufrido grandes escritores como Cervantes, que confesaba que leía cualquier papel que se encontraba por la calle, muchos bibliotecarios o profesores de literatura, que han pretendido calmar esta enfermedad gracias a su profesión. Y también la sufren los tres protagonistas de El jinete de la tormenta, primera novela publicada por el madrileño Darío Lozano.
El primero de ellos, Víctor, tiene la lectura como uno de los pocos alicientes de su triste vida de recepcionista nocturno. Se evade de su decadente relación con su esposa leyendo cómics y, especialmente, las novelas protagonizadas por una especie de James Bond hispano apellidado Crusat y creado por un famosísimo pero esquivo escritor que se esconde bajo el pseudónimo de Ricardo Espaldier. Gracias a una serie de carambolas del Destino, actante fundamental en esta historia según Víctor, que ejerce de narrador, el recepcionista se hace amigo del escritor al que idolatra, de nombre real Esteba, y del que poco a poco, en encuentros tan casuales como espaciados el tiempo, va conociendo su turbulenta vida.
Esteban es el segundo de estos bibliómanos que protagonizan la trama de El jinete de la tormenta. El éxito conseguido gracias a las novelas del espía Crusat no han servido para calmar una serie de inseguridades que nacen de una terrible infancia que lo ha llevado a vivir una vida turbulenta. La enseñanzas de Ludovico, un señor italiano que se convirtió en su verdadero padre, lo llevaron a amar la Literatura, que ya se había convertido en una escapatoria mental en sus duros años infantiles, y a escribir sesudos ensayos filosóficos que, muy a su pesar, no alcanzan la difusión y las ventas de esas novelas de las que él abomina.
Esteban pretende repetir con Erika, otra niña de infancia dura, la labor que Ludovico realizó con él. Y aunque consigue que comparta con él su obsesión por los libros, el carácter volcánico de ambos acaba por convertir torcer la relación entre la chica y su benefactor.
Con estos tres personajes principales, Darío Lozano crea una novela desenfadada, que alterna episodios lúgubres, los narrados por Esteban y por Erika, con otros más irónicos, los que cuentan la vida Víctor, con un humor que a veces es demasiado basto. En estas partes relatadas por el recepcionista son frecuentes los juegos de palabras que si bien muestran el carácter tragicómico del personaje, no están a la altura del resto de la obra.
En torno a este trío principal, pareja, ya que Víctor aparece más como testigo de la historia central que como protagonista, Lozano crea una amplia galería de personajes secundarios que destacan, en su mayoría, por su patetismo. Además de ese amor por los libros, en la novela encontramos otros temas como las difíciles relaciones paterno-filiales, las consecuencias de las adicciones, el ansia de fama de algunas personas, las diferencias entre la buena literatura y la literatura de consumo y frecuentes referencias a la cultura popular, especialmente al cómic.

Reseña publicada en El Noroeste. 


sábado, 20 de enero de 2018

Amores malsanos - Teresa Vicente



Amores malsanos, Teresa Vicente, La Fea Burguesía, 2017, 138 págs., 10€.

Siempre me han causado respeto los autores que teniendo una dilatada trayectoria en un género literario publican un libro perteneciente a otro. En el mundo de la literatura es muy difícil abrirse hueco y que lectores, críticos, editores y libreros conozcan un nombre y lo asocien a una manera de escribir. Por eso aquellos escritores que han recorrido ese a menudo tortuoso camino en un género determinado y que, una vez asentados en él, deciden debutar en otro distinto me parecen unos verdaderos valientes. Esto es lo que ocurre, en cierta medida, con Amores malsanos, el primer libro de cuentos de la murciana Teresa Vicente.
Si bien Vicente no es una autora de primer nivel nacional, sí que había ido haciéndose hueco durante los últimos años en el panorama poético de la Región de Murcia. Tras tres poemarios y una plaquette en los últimos seis años, una obra lírica, por lo tanto, ya enjundiosa, esta escritora ha decidido aventurarse a lanzar al mercado su ópera prima narrativa. Amores malsanos es una colección de doce cuentos que, en su mayoría, tienen como nexo la pasión amorosa desde un punto de vista alejado de los “cánones” más tradicionales. Lo que gran parte de la sociedad vería como “desviaciones”, los protagonistas de estos relatos lo viven entre el placer y los remordimientos.
Así, encontramos personajes como el bello protagonista de “El carnicero”, que entiende la prostitución como una manera de devolver a sus semejantes esa belleza que, por razones que acaba confesando, lo martiriza. El incesto sería el tabú que anida en la familia de “Biblis y Cauno”, una historia con ecos mitológicos que narra la pasión imposible entre dos hermanos. En “El colombófilo” encontramos a un marido tan profundamente enamorado de su mujer que acepta su infidelidad con tal de seguir junto a ella; este amor sin medida también va a determinar el final del hombre. La pasión alcanza su mayor grado de perversión en “Actos de amor”, relato en el que un sueño descubre a Javier el tipo de relación sexual que más lo excita.
Encontramos también relatos mucho más entrañables, como el que narra la tierna pasión entre dos jóvenes estudiantes universitarios cuya amistad va poco a poco convirtiéndose en amor. En “Tía Úrsula”, el más breve del conjunto, el tema que se desarrolla es la imposibilidad de un matrimonio de tener hijos. Entro los más desenfadados y divertidos podemos citar “El secreto”, en el que un ciego coquetea con dos chicas a cuenta de su imposibilidad de imaginarlas físicamente. Por su parte, “El segundo alimento del cuerpo” tiene un tono casi detectivesco, ya que acompañamos la investigación del protagonista hasta dar con el desconocido autor de un famoso libro erótico.
El resto de cuentos del conjunto se alejan de esta temática amorosa y pasional y se acercan a la leyenda, ya que introducen elementos maravillosos. Es el caso de “Eliodora, Dora”, ubicada en Caravaca de la Cruz, o de “Crónica de los siete durmientes de Éfeso”, que nos lleva a tierras del Mediterráneo Oriental. También introduce lo imposible, pero en un contexto más cercano a lo fantástico, el relato más extenso y, creemos, más conseguido del conjunto: “Alas prestadas”. Se trata de un cuento que aúna la ciencia ficción y una reflexión sobre la paternidad y las posibilidades que ofrece la ciencia a la evolución humana.

Reseña publicada en El Noroeste: