Entre la brutalidad y la ternura. Sobre ‘Madelaine antes del alba’ de Sandrine Collette.
Ejerce la Edad Media una atracción un tanto inexplicable en nuestra época. Porque si bien se la asocia a una época oscurantista y de retroceso cultural, marcada por guerras interminables, hambrunas y pandemias y con una distribución social tremendamente desigual, sin embargo, son muchas las novelas y películas que se ubican en estos siglos. Un acercamiento menos prejuicioso al habitual puede matizar ese tópico según el cual Europa vivió entre tinieblas culturales en los siglos que van desde la caída de Roma hasta el Renacimiento. Ya obras de enorme éxito popular como ‘Los pilares de la tierra’ o ‘El nombre de la rosa’ mostraron lo atractivo que puede ser este mundo para los lectores de hoy en día, centrándose en ambos casos en ámbitos religiosos (la construcción de una catedral y la vida monacal respectivamente). Algo similar ocurre con ‘Madelaine antes del alba’ libro en el que la escritora francesa Sandrine Collette vuelve a poner el foco en la Edad Media aunque desde una perspectiva totalmente diferente a la de Ken Follet o Umberto Eco.
En primer lugar, la autora francesa no ubica su libro ni en una fecha ni en una geografía concreta, aunque tanto por los nombres como por las costumbres podemos situar la trama en un punto indeterminado de la Francia medieval. Se trata de una zona, el pequeño pueblo de La Foye, marcado, como tantos otros en aquella época, por la pobreza que provocaba una economía de subsistencia, vinculada a las veleidades del tiempo, y por el despotismo de los señores feudales, dueños absolutos de toda la tierra que cultivan los campesinos y de sus destinos. Es una sociedad en la que la brutalidad de los señores, los Ambroisie (padre e hijo) son los dueños de la comarca en la que se ubica La Foye, solo es comparable a la de las inclementes heladas, a las enfermedades sin curas y al hambre secular.
En este contexto, en medio de un pequeño caserío a las afueras del pueblo en el que viven dos familias y una anciana curandera, aparece una niña salvaje que despertará la ternura de las dos mujeres jóvenes del grupo de viviendas, las gemelas Ambre y Aelis, que por fin tendrán una niña que les haga compañía en las casas que comparten con sus hijos y maridos. Pero Madeleine guardará siempre ese carácter indomable que la hizo sobrevivir sola en el bosque y si bien se integrará perfectamente en la familia y compartirá vivencias con los tres hijos de Ambre, que se convierten en sus primos y vecinos, se negará a postrarse ante los señores como lo hacen sus padres adoptivos (Aelis y el borracho de León) y el resto de habitantes de La Foye.
Sandrine Collette opta, además, por una perspectiva femenina poco habitual en los relatos medievales, en los que la mujer solía tener un lugar secundario cuando no directamente se les acusaba de todos los males de una sociedad predominantemente misógina. El colectivo femenino que forman Madeleine, Ambre, Aelis y la anciana Rose, se cimentará en la transmisión a la niña de los conocimientos sobre hierbas de la curandera, en los cuidados mutuos entre las cuatro y en el afloramiento de un cariño ante el cual los hombres se sienten incómodos. La niña, sin embargo, y por su carácter expansivo, también participará del mundo de sus primos, primero mediante juegos físicos que a veces estallan en pequeños conatos de pelea y después, cuando se hacen mayores, en un trabajo cada vez más serio que a pesar de su corta edad los hará hacerse responsables de unas pocas hectáreas de terreno cedidas por los Ambroisie a cambio de una parte de la impredecible (siempre marcada por la amenaza de las heladas) cosecha. También se ganará Madelaine el respeto de su tío Eugène, leñador y marido de Ambre, que pronto se dará cuenta de que la recién llegada al caserío no es una niña como las otras y que es capaz de afrontar sin pestañear los trabajos más duros. Además, lo religioso, que tanta relevancia tiene también en tantas novelas históricas sobre esta época, ocupa aquí un lugar secundario y más que consuelo solo sirve para hacer sentir a los personajes que sus males son culpa de sus pecados.
Para desarrollar esta historia sobre la rebelión de Madelaine ante un mundo adverso y cruel, amparada siempre por su nueva familia (salvo por su padre adoptivo, el único personaje negativo de entre los habitantes del caserío), opta Collette por tomar varias decisiones sobre la estructuración del relato que me han llamado la atención. En primer lugar, la autora separa de manera bastante clara en varias secciones cada tramo de la historia; así, por ejemplo, la presentación de los personajes (justo hasta la llegada de la niña) ocupa la primera parte y el desenlace, la última. Además, añade un prólogo que, a modo de prolepsis, adelanta, aunque sin anunciar qué ha ocurrido, el clímax de la trama. Más extraño es el cambio de narrador a mitad del libro; mientras que en las primeras partes es Bran, uno de los habitantes del caserío, la voz en primera persona que relata la historia, esta desaparece (de manera justificada aunque sorprendente) y se pasa a un narrador en tercera persona para el resto de la obra.
‘Madelaine antes del alba’ es una estupenda novela, en la que con el fondo de una sociedad tan desigual y feroz como la medieval, se nos cuenta la pequeña epopeya de uno de esos personajes que siempre quedaron en los márgenes de los grandes cantares de gesta: una niña valiente e indómita como es Madelaine.
Reseña publicada en La Verdad:

