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sábado, 9 de marzo de 2019

El animal más triste - Juan Vico

 

El animal más triste, Juan Vico, Seix Barral, 2019, 200 págs., 16€.

Las dos primeras partes de El animal más triste, la última novela de Juan Vico, se desarrollan en la misma comarca del Prepirineo catalán. Sin embargo, mientras que en la primera, que tiene lugar en la actualidad, un grupo de amigos urbanitas se reúnen en el pueblo donde dos de ellas se han instalado, en la segunda sección un maestro de la República enseña en una aldea situada en un valle cercano que en el presente ha quedado abandonada. La cercanía geográfica contrasta con la diferencia de contexto de los personajes de ambas partes, marcada por las décadas que han transcurrido. Si el docente de 1936 debe luchar contra la incultura y la cerrazón de los habitantes del pueblo, los burgueses de la actualidad se enfrentan a situaciones de índole más personal. Vico muestra cómo ha cambiado la sociedad española en este tiempo y lo que nos pueden parecer, tras conocer las cuitas del maestro, problemas sin importancia, son, en realidad, síntoma de que el país logró hace tiempo gran parte de los avances por los que luchaba el profesor en la gris España previa a la Guerra Civil.

Este es sólo uno de los temas que pone en juego un libro que, a pesar de no sobrepasar las doscientas páginas, es rico en referencias de diverso tipo, erigiéndose como un relato heterogéneo que escapa a una fácil clasificación temática. La trama, especialmente en la tercera y última parte, avanza como fuera de plano y vamos conociendo de manera indirecta las separaciones, las infidelidades y los embarazos del grupo de amigos que se reúnen en el pueblo en la primera parte. Esta forma de narrar hace que el lector pueda terminar el libro con cierta insatisfacción, como necesitando saber más de los protagonistas.

La primera parte reúne en el pueblo a tres antiguos amigos, Marta, Roberto y Jonás (el narrador), y a sus respectivas parejas, Solange, la joven Paula y Cecilia. El grupo se completará con Silvia, una tatuadora vecina del pueblo donde Marta y Solange se han establecido y al que han invitado al resto. Durante unos días disfrutan de la gastronomía local, pasean por el pueblo y por la aldea abandonada del valle cercano y desconectan de sus interesantes trabajos de la ciudad. Sobrevuela el encuentro el peso del pasado, especialmente de la obra literaria de un amigo fallecido que se hace presente con el visionado de El animal más triste, un cortometraje que Roberto, Marta y Jonás filmaron en su época universitaria. 

Tras la historia del maestro republicano, una reivindicación de aquellos héroes cuya vocación docente les llevó a los pueblos más aislados y que recuerda Historia de una maestra de Josefina Aldecoa, volvemos al presente del grupo de amigos que protagonizan el libro. En esta última sección los distintos personajes se van alternando en la narración de los meses que siguen a la reunión en el pueblo, lo que termina de otorgar al libro ese carácter proteico. Aunque los hechos relatados son similares, problemas de índole sentimental, profesional y artístico, los tonos empleados son muy diferentes. El estilo un tanto pedante de Jonás de la primera parte, con continuas referencias cinematográficas como corresponde a su trabajo como crítico, se ve sucedido ahora, por el irónico de Roberto, el lacónico de Cecilia, el erudito, plagado de citas literarias, de Marta, o el descriptivo, sin apenas verbos, de Solange.  

Reseña publicada en El Noroeste:

domingo, 30 de septiembre de 2018

Qué mundo tan maravilloso - Lola López Mondéjar


Qué mundo tan maravilloso, Lola López Mondéjar, Páginas de Espuma, 2018, 186 págs., 17€.

domingo, 4 de marzo de 2018

Un paseo por la desgracia ajena - Javier Moreno




Un paseo por la desgracia ajena, Javier Moreno, Salto de Página, 2017, 170 págs., 16€.

Una pareja en traje de baño aparece haciéndose un selfie en la ilustración de portada de Un paseo por la desgracia ajena de Javier Moreno. La parte superior de esta imagen nos muestra una situación divertida y desenfadada que es habitual en nuestras playas verano tras verano: gente disfrutando de su periodo de vacaciones y haciéndose fotos para compartir el momento posteriormente con sus amigos. Sin embargo, en la sección inferior la escena adquiere un carácter alarmante al mostrarnos a la barca en la que está la pareja hundiéndose y, sobre todo, la amenazante silueta de un tiburón que se dirige hacia ellos.
Esta portada funciona como una perfecta metáfora de los relatos que componen este nuevo libro de este autor murciano afincado en Madrid. Moreno nos muestra la podredumbre que se esconde tras la fachada lustrosa de las casas de la burguesía. A lo largo de las páginas del libro vamos conociendo, como voyeurs que observan sin ser vistos las intimidades de las familias de su vecindario, comportamientos que se alejan de la imagen idealizada que queremos dar en las fotos que subimos a las redes sociales. Los diecisiete relatos de este soberbio libro acaban configurando ese paseo por la desgracia de esos otros, que son tan parecidos a nosotros mismos aunque nos resistamos a aceptarlo, que el título anuncia.
El volumen comienza con cuatro relatos que no dan respiro al lector y que anticipan el altísimo nivel que vamos encontrar a lo largo de todo el libro. En ellos aparecen familias que muestran una imagen externa ideal pero que esconden secretos, resquemores y traumas difíciles de superar. En este primer grupo de relatos destaca “La criada”, una brutal sátira que pone a la burguesía frente al espejo de sus propias contradicciones. El tono se hace mucho más liviano en las dos siguientes narraciones: “El coche fúnebre”, texto en el que la presión que puede llegar a ejercer un padre sobre un hijo se mezcla con el humor negro, y “El sueño más dulce”, donde el protagonista sufre un irónico castigo por su gula.
Las novedosas dinámicas que establecen en las relaciones sociales las nuevas tecnologías están en la base de tres de los relatos del conjunto. En “Phoenix” una web permite recibir mensajes póstumos de los muertos; en “ELLO” todas las decisiones están mediatizadas por esta aplicación; mientras que en “Selfie-vamps” se lleva al extremo la moda de la autofoto. Uno de los personajes de este cuento reaparece en “D.J”, relato que desarrolla un tema, los límites de la publicidad moderna, que ya aparecía en la última novela de Javier Moreno.
La aburrida vida de los matrimonios burgueses protagoniza “Reyes magos”, que confronta las atildadas conversaciones entre un grupo de padres con la brutalidad de las relaciones de sus hijos, y “Dos parejas”, sobre las consecuencias de un intercambio sexual entre dos matrimonios amigos. “En busca del fuego” y “El discurso del método” comparten escenario, el centro de Madrid, y protagonistas que desentonan con el entorno, un finlandés puesto de setas y un hombre que actúa como estatua humana respectivamente.
Con estos cuentos Moreno se aleja de esa narrativa un tanto críptica que encontrábamos en sus novelas Alma (2011) y 2020 (2013) y apuesta por la sátira social que ya hallábamos en Acontecimiento (2015) en un libro que lo confirma como uno de los mejores escritores de su generación.  

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 14 de enero de 2018

Muro de las lamentaciones - Rubén Castillo



Muro de las lamentaciones, Rubén Castillo, Baile del sol, 2017, 172 págs., 10€.

Existe un concepto en la Teoría Literaria de extraño nombre y definición confusa que, sin embargo, ofrece numerosas posibilidades a los escritores. Me estoy refiriendo a la “intertextualidad”, término que alude a las relaciones entre un texto literario y otro previo. En la práctica, y acotándolo un poco, consiste en las parodias, homenajes o referencias a una obra literaria previa que existan en un nuevo texto. Rubén Castillo emplea con habilidad y oficio narrativo las posibilidades que ofrece esta técnica en varios de los cuentos de Muro de las lamentaciones.
Este grupo de relatos intertextuales dosifican la información relativa al personaje literario o histórico y, a menudo, no somos conscientes de la referencia hasta las líneas finales. Además, el autor permite que los lectores que no conozcan la alusión disfruten igualmente de los cuentos, ya que se trata de narraciones independientes, con su propia trama, en las que la lectura intertextual enriquece la recepción pero no es fundamental para entender la historia.
“Cartas de Wendy” es el primero de los textos de este grupo; ubicado en el Berlín del final de la Segunda Guerra Mundial, se completa con una alusión al escritor Franz Kafka. El subtítulo de “El último caballero andante” ya adelanta la naturaleza que posee el relato: “Un divertimento cervantino”. Por su parte, en “Guillermina” la referencia a Neruda sólo aparece justo al final del relato. El grupo de relatos intertextuales se completa con “Las lágrimas de Gontard”, que da voz al banquero de cuya mujer se enamoró el poeta Hölderlein, y con “Si me mirara”, donde una tímida dama se enamora desde la distancia de un hombre que se identifica con uno de los heterónimos de Pessoa.
Pero Muro de las lamentaciones es mucho más que un juego de referencias literarias que el lector debe averiguar; si por algo destacan estos catorce cuentos de lectura absorbente y estilo ágil, es por su variedad. “En la cinta transportadora” y “Sábados alternos” comparten protagonistas similares, dos mujeres de mediana edad, pero que viven situaciones opuestas. Mientras que la primera vive atrapada en un trabajo duro y mal pagado y en la rutina familiar, la segunda es una mujer de negocios muy independiente.
El inexorable paso del tiempo y la frustración que provoca en algunas personas que se dan cuenta de que se han dejado arrastrar por él son sentimientos compartidos por los protagonistas de “Blas”, que recuerda episodios de su añorada infancia, y de “La soledad de pájaro dodo”, en el que se traza un paralelismo entre esta ave desaparecida y un gris guardia de un pueblerino museo británico. Esta frustración, que en los anteriores es secundaria, adquiere protagonismo en el impactante final de “El hombre de los zapatos color corinto”. “Estirpes” relata la ancestral enemistad entre dos familias que han ido heredando de generación en generación el odio mutuo que se profesan. Por su parte, “Alucinaciones” puede encuadrarse dentro de la narrativa fantástica, mientras que “Dos cuentos para que usted los escriba” posee una naturaleza metaliteraria.
Mención aparte merece “La división Keeler”, el mejor texto de la colección en mi opinión. Con una profundidad mayor que en el resto de relatos, el narrador acompaña a Ernesto durante una madrugada en la que reflexiona sobre su poco exitosa carrera de escritor y sobre las consecuencias de su decisión de romper con su esposa para irse a vivir con una chica mucho más joven. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 7 de enero de 2018

Hermano de hielo - Alicia Kopf



Hermano de hielo, Alicia Kopf, Alpha Decay, 2016, 256 págs., 20€.

Cada cierto tiempo aparecen iluminados en la Literatura que anuncian con gran boato el fin de la novela. Abogan por dejar atrás un género que consideran apolillado y que podía responder a las necesidades narrativas del siglo XIX, pero que no puede encerrar en su monotonía el vibrante y acelerado siglo XXI. Sin embargo, pasan los años y siguen apareciendo novelas que logran reflejar las cuitas del hombre contemporáneo, demostrando la capacidad de adaptación de este género que lo mismo sirve para definir monumentos como el Ulises como para agrupar en los centros comerciales los best sellers más tópicos.
A pesar de ello, la validez incuestionable de la novela, se agradecen que los nuevos tiempos traigan libros como esteHermano de hielo que se alejan de los formatos tradicionales para proponer un discurso novedoso y heterogéneo. Como un rompehielos que atraviesa los límites de los géneros, el segundo libro de Alicia Kopf transita por las llanuras del ensayo, sube las cotas heladas del diario más descarnado y termina en las costas de la literatura de viaje.
El libro comienza, tras ofrecer en uno de los primeros capítulos un texto un tanto confuso y metafórico que no termina de encajar con el resto de la obra, como una investigación sobre la historia de las expediciones polares. Este tema interesa a la autora de manera casi obsesiva durante unos años, durante los cuales va recopilando de manera desordenada libros o artículos que narran las grandes hazañas de los conquistadores de los Polos. De manera amena, documentada pero ágil, Kopf relata las razones que llevaron a estos intrépidos aventureros de principios del siglo XX a enfrentarse a las llanuras heladas de la Antártida o del Polo Norte.
Este primer tema le sirve a la autora para, de manera alegórica, introducir un segundo asunto que ha acabado dando nombre al libro: la enfermedad de su hermano. Debido a un tipo de autismo, M., el hermano mayor de Kopf, es incapaz de tomar decisiones por sí mismo y se queda “congelado” si su hermana o su madre no le dicen en cada momento lo que debe hacer. Aparecen en estas páginas el enorme trabajo que para su progenitora, separada del padre desde hace años, supone cuidar a M. o las dudas sobre su propia responsabilidad en el futuro de su hermano.
Este carácter confesional del libro, el más atractivo del conjunto, trata también otros temas personales como la rebeldía de su adolescencia, las parejas, el proceloso mundo de las exposiciones en las que Kopf participa como artista y la difícil relación con su padre y con la familia de este. Este último tema es sin duda el más duro de tratar por la autora, que usa la elipsis para evitarlo al reproducir la conversación que sobre este asunto tiene con su psicólogo. Emplea incluso la autocensura, evitando dar más datos sobre las causas de la ruptura con su padre.
El libro termina con un diario sobre un viaje en solitario a Islandia, un final lógico para un libro en el que la soledad y el hielo han estado tan presentes. Sin embargo, este periplo no ofrece a la autora la epifanía que algunos lectores esperábamos, sino que acaba convirtiéndose en uno de esos viajes anodinos con los que el turismo de masas ha logrado aplacar hasta las tierras más indómitas. 

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 26 de diciembre de 2017

Escuchar Irán - Patricia Almárcegui


Escuchar Irán, Patricia Almárcegui, Newcastle Ediciones, 2016, 140 págs., 6€.
 El conocimiento que, desde España, poseemos de Irán está basado en tópicos. Tópicos asociados a su ubicación geográfica, entre dos países tan marcados por conflictos recientes como son Irak y Afganistán, o a su religión mayoritaria, el Islam. Afortunadamente, la percepción general de Irán desde Occidente ha mejorado en los últimos años y ya aparece representado como un posible socio comercial. Para el lector interesado en desterrar esos prejuicios que aún subyacen en la opinión pública de nuestro país y conocer mejor al estado persa es recomendable la lectura de este Escuchar Irán de Patricia Almarcegui.
Lo primero que llama la atención, incluso antes de comenzar a leer volumen, es el perfil de su autora. Echando un vistazo a su trayectoria profesional observamos que su conocimiento de Irán y de otros países de la zona es profundo. Almarcegui colabora en varios medios de comunicación con artículos sobre la cultura y la política de la zona y es la autora de otro libro de inminente aparición que lleva el sugerente título de Una viajera por Asia Central. Además, su perfil de investigadora la ha llevado a publicar varios ensayos sobre la literatura de viaje. En Escuchar Irán se aprecia esta doble especialización y son frecuentes tanto las referencias a la Historia de Persia como a los principales teóricos sobre la narrativa viajera.
A pesar de que esta vertiente ensayística aparece a lo largo de toda la obra, el libro no es una obra fría que analiza de manera meramente teórica la realidad del país; Escuchar Irán es, ante todo, la narración del viaje que Almarcegui realizó durante varias semanas a Irán en el verano de 2005. Este periplo por varias de las ciudades más turísticas del país tuvo dos características que determinan la naturaleza del libro. La primera es la distancia temporal, una década, entre el viaje y la publicación de la obra; la segunda es el hecho de que la autora realizara gran parte del itinerario en solitario.
Viajar sin compañía no es un hecho que llame la atención en Europa; pero el  que una mujer occidental recorra a solas un país islámico como Irán provoca situaciones de distinto cariz que Almarcegui refleja en el libro. Algunos de los iraníes con los que se encuentra le expresan la perplejidad que les provoca el tipo de viaje que está realizando. En algunas ocasiones, cree que algunos hombres la siguen por la calle, sensación que comparte con las mujeres autóctonas con las que charla. Esta cercanía con las chicas que se le acercan en cualquier ciudad para hablar con ella es el lado positivo de viajar sola. Estas conversaciones y la experiencia propia dan a varios pasajes del libro un carácter feminista que busca romper con muchos tópicos asociados a la mujer tanto en Oriente como en Occidente.
Los diez años que han pasado desde el viaje permiten a la autora ofrecer una perspectiva más amplia de lo que significó para ella. Enriquece las reflexiones del presente con fragmentos del diario que llevó durante su periplo y que nos muestran las sensaciones más personales de la experiencia vivida. Consigue Almarcegui, en su relato desprejuiciado aunque nada edulcorado de la realidad iraní, prender en el lector el deseo de conocer mejor el país. 

martes, 19 de diciembre de 2017

Hombre sin fin - José Manuel Jiménez


sábado, 4 de noviembre de 2017

La línea del frente - Aixa de la Cruz



La línea del frente, Aixa de la Cruz, Salto de Página, 2017, 175 págs., 15€.

Desde hace un tiempo aparecen con más frecuencia novelas relacionadas con el terrorismo de ETA y con el llamado “conflicto vasco”. Han surgido a raíz del cese de la actividad armada de la banda y no, como algunos han osado defender, a partir del éxito de Patria de Fernando Aramburu. La razón principal de este fenómeno reside, desde mi punto de vista, en la perspectiva que ya poseemos sobre una violencia que, por fin, podemos por fin narrar en pasado. La nueva novela de Aixa de la Cruz se une a este relato colectivo sobre lo acontecido en el País Vasco durante las últimas décadas, aunque se trata de una obra que pone en juego muchos más temas.
La protagonista, Sofía, comparte con la autora varias coordenadas vitales, es una veinteañera de Bilbao que se dedica a la investigación literaria, pero que no debemos identificar con de la Cruz. Durante los años en los que la banda terrorista estuvo activa formó parte de esa mayoría silenciosa que no se identificó con los verdugos, pero que tampoco fueron víctimas directas de la violencia. Durante toda su vida, Sofía se ha mantenido al margen del conflicto y es esa inacción, esa asepsia impuesta por los padres primero y después por ella misma, la que acaba despertando sus remordimientos cuando observa en televisión como Jokin, un antiguo novio de la adolescencia, es detenido por agredir a un ertzaintza durante una protesta. 
La exagerada condena de cárcel que sufre Jokin, víctima indirecta de la guerra judicial del estado contra el independentismo radical vasco, golpean la ordenada vida burguesa de Sofía que decide romper con su novio, reiniciar la relación con su pareja de la adolescencia y establecerse cerca de la prisión donde él cumple condena. Comienza a vivir en el piso que la familia de su madre posee en una urbanización de costa y que, durante esa época, está prácticamente vacía. Este espacio, donde Sofía apenas comparte momentos con el conserje y con un vecino toxicómano, contribuirá a su aislamiento social y a la progresiva degradación de sus costumbres, en una especie de penitencia autoimpuesta.
Otro de los temas centrales es la incomunicación. Sofía apenas logra penetrar las barreras emocionales de Jokin, que se niega a hablar de su pasado ni de la protesta en la que se enfrentó a la Ertzaintza. Sofía rellena estos huecos en la historia de Jokin creando un relato idealizado en el que él, por su valentía, es un héroe, y ella una cobarde, por su inacción. Especialmente efectivas para marcar esta incomunicación entre ambos son las transcripciones de las conversaciones urgentes e incómodas que comparten en el locutorio de la cárcel.
La historia principal del libro se complementa con la investigación que Sofía realiza en su piso: reconstruir la performance que un director teatral argentino realizó con Mikel Areilza, el escritor vasco sobre el que ella realiza la tesis. La militancia de este autor en ETA, su estancia en la cárcel y su huida de la misma, lo configuran como un precursor de Jokin, o, mejor dicho, de la imagen que ella tiene de Jokin.
Con estos mimbres crea Aixa de la Cruz una novela notable, con una visión diferente e interesante del conflicto vasco en un libro que se hace corto gracias a su estilo fluido y a que la trama secundaria, la de Areilza y el director argentino, podría haber tenido mayor desarrollo.  


miércoles, 18 de octubre de 2017

Kanada - Juan Gómez Bárcena


Kanada, Juan Gómez Bárcena, Sexto Piso, 2017, 191 págs., 18€.

La culpabilidad es uno de los sentimientos más peculiares que afectan al ser humano. Asesinos que han cometido los crímenes más atroces carecen de empatía con sus víctimas y, por lo tanto, no se ven aquejados por ningún sentimiento de culpa tras cometer sus asesinatos. Otras muchas personas, incapaces de matar ni a una mosca, viven torturados porque alguno de sus actos, a veces de manera inconsciente, ha provocado un daño a alguien. La culpa es, desde mi punto de vista, el tema principal de Kanada, el último libro de Juan Gómez Bárcena.
El libro comienza con una situación de lo más sugestiva: el narrador vuelve a casa tras la guerra. Poco a poco vamos conociendo más detalles de su vida anterior, de su identidad y de las razones por las que, cuando se instala en la vivienda, decide no salir más de allí. El narrador, en una segunda persona que permite cercanía con el protagonista pero que a la vez implica una observación externa, apenas ofrece datos más allá de los necesarios y sólo por los nombres de calles o de personajes históricos sabemos que estamos en el Budapest devastado posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Esa devastación que sufre la ciudad y de la que poco a poco se va recuperando, ha afectado también al protagonista, pero, al contrario de todos los que lo rodean, él opta por la inacción. Así, acaba recluido en su antiguo estudio y convertido en una especie de ermitaño ajeno a todo lo que le rodea. En su enclaustramiento se va obsesionando sucesivamente por los números, por un astrólogo del siglo XVIII y por una hoja, la única que sobrevive a su obsesión por quemar su antigua biblioteca de profesor de astrofísica, de un tratado científico. En este aislamiento tan sólo se relaciona con un vecino y su esposa; ella le trae la comida que consume de manera errática, mientras que él primero intenta conseguirle trabajo, pero, ante su negativa, acaba alquilando el resto de habitaciones del resto de la casa.
Al principio el lector cree que es el horror el que ha paralizado al protagonista, que lo que vio durante la guerra le impide llevar una vida normal. Sin embargo, conforme avanza la novela y se van insertando episodios del pasado en la narración del presente, vamos comprendiendo que la culpa por actos realizados durante la contienda bélica ha pesado también mucho en su alejamiento del mundo. Frente a la acción del vecino, un personaje que no siente culpa y que sabe adaptarse a las nuevas situaciones, el protagonista opta por la inacción como la única forma de enjugar el daño causado. Incluso los soldados alemanes son retratados, en esa especie de ensueño con el que se recuerdan los hechos de la guerra, como ángeles; aparecen así como entes superiores, miembros de un engranaje brutal que no siente ningún tipo de piedad hacia sus víctimas. Cuando pasan los años y una nueva contienda sacude la ciudad, contra los invasores soviéticos, el protagonista no puede más que observar desde su ventana los hechos, porque ya ha tomado su decisión de no hacer nada.
Estamos, en definitiva, ante una novela de gran profundidad, de una lentitud que en algunos tramos centrales se convierte en morosidad, pero que se corona con un final prodigioso. 

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 28 de agosto de 2017

Patria - Fernando Aramburu


Patria, Fernando Aramburu, Tusquets, 2016, 646 págs., 22€.

¿Qué convierte a un libro en un best seller? Si alguien tuviera esa respuesta daría con la gallina de los huevos de oro de la Literatura, pero, afortunadamente, no existen fórmulas mágicas para que el boca a boca lleve a una obra literaria a aparecer en las listas de libros más vendidos durante meses. Fernando Aramburu, sospecho que sin proponérselo, ha dado con esa esquiva receta con Patria, su última novela.
Con esta obra se han repetido las pautas de otros best sellers: unas ventas normales al principio, un paulatino incremento en las mismas y, finalmente, el éxito total. Lo que diferencia el caso de Patria de otros es que su autor es un reconocido escritor, respetado por la crítica y con una sólida trayectoria previa. Aramburu se encontraba en el lugar adecuado para escribir este libro sobre el conflicto que vivió el País Vasco durante décadas por el terrorismo etarra. Se trata de un escritor experimentado, de origen vasco, aunque afincado desde hace años en Alemania, lo que le permite tener esa doble perspectiva interna y externa tan útil para tratar un tema tan polémico y doloroso como es el terrorismo de ETA y la respuesta, no siempre dentro del marco de la legalidad, del Estado.
Aramburu, conocedor de lo delicado de su proyecto, no otorga el protagonismo del libro a una única persona, sino a dos familias compuestas en total por siete miembros que se van repartiendo a lo largo de la novela el punto de vista de la narración. Aunque en estas familias encontramos la figura del terrorista, el vehemente Joxe Mari que entra en ETA siendo muy joven y luego pasará una larga temporada en la cárcel, y la víctima, el  Txato, un empresario euskaldún asesinado por no pagar el impuesto revolucionario, no serán ellos los únicos focos de atención de la historia.
Aramburu nos muestra las distintas caras del conflicto, concienciado en retratar diferentes realidades de la sociedad vasca. Así, Joxian, padre de Joxe Mari, tiene que alejarse del Txato, su mejor amigo, porque ha sido señalado como traidor a la causa vasca; Gorka decide defender a su pueblo no con las armas de su hermano, que detesta, sino mediante el euskera; la otra hija, Arantxa, sufre el desprecio de parte de la familia por casarse con un chico de familia castellana. En el otro lado, el de las víctimas, la amenaza primero y el asesinato después del padre influyen decisivamente en las vidas erráticas de Nerea y Xabier, los dos hijos del finado. Las madres, amigas íntimas antes de la separación de las dos familias, representan mejor que nadie, incluso que la víctima y el terrorista, los dos extremos de la sociedad. La muerte del Txato sume a Miren en una amargura que sólo al final de su vida podrá superar; mientras, Bittori, convertida en una radical de la causa en un giro un tanto brusco, es el apoyo más firme de Joxe Mari cuando este es encarcelado.
Aramburu logra retratar estupendamente a estos personajes, usando con frecuencia un monólogo interior en el que se cuelan incluso las incorrecciones gramaticales propias de la zona. El continuo cambio de focalización entre los siete protagonistas, los saltos temporales y cierta tendencia a la repetición que se podría haber evitado acortando la extensión del libro no lastran una obra oportuna y de lectura absorbente.   

lunes, 31 de julio de 2017

Arden las redes - Juan Soto Ivars




Arden las redes, Juan Soto Ivars, Debate, 2017, 286 págs., 18€.

El ensayo es un género difícil de escribir, ya que se debe mover entre la la seriedad en el acercamiento al tema tratado y la amenidad de su lectura. Me estoy refiriendo a esos ensayos de carácter divulgativo que no van dirigidos a un público especializado y minoritario, sino a un grupo mucho más amplio de lectores pero también menos proclives a aguantar un exceso de morosidad y teorización. Soto Ivars, acostumbrado a atraer la atención de los lectores con sus punzantes e irónicos artículos en El Confidencial, es muy consciente de ello y logra con Arden las redes ese difícil equilibrio entre la seriedad y la amenidad. Y es que son igual de frecuentes las referencias teóricas sobre el tema tratado y la explicación de casos concretos, las secciones más jugosas del libro.
El segundo y principal acierto del autor es la elección del tema sobre el que versa este ensayo. Tras el breve y llamativo título, el libro viene acompañado por un paratexto mucho más explicativo: “La poscensura y el  nuevo mundo virtual”. Soto Ivars ha sabido percibir la oportunidad de un ensayo sobre una situación tan novedosa como es la censura a través de las redes sociales y los linchamientos realizados por parte de ciudadanos anónimos ante situaciones que consideran intolerables. Lo reciente del fenómeno, que se ha desarrollado en el último lustro, es, simultáneamente, el punto flaco y el fuerte del libro. Estamos ante un libro con reflexiones carentes de la perspectiva que ofrece el tiempo, escritas de una manera casi inmediata, los últimos casos analizados datan de seis meses antes de la publicación del libro, y que tratan de ahondar en una situación muy reciente y que aún no ha terminado de mostrar todas sus vertientes.
Soto Ivars parece ser consciente de esa cercanía con el fenómeno analizado y completa su visión personal con una abundante bibliografía teórica, más de lo habitual en un ensayo divulgativo como este. Además, completa su análisis de esta poscensura que campa a sus anchas en las redes sociales con varios capítulos dedicados a repasar la censura tradicional, centrándose especialmente en España. Si bien esta sección del libro es tan sólo un amplio preámbulo a su parte central y más interesante, nos sirve para conocer algunas explicaciones de los linchamientos cibernéticos que se han producido en los últimos años. Entre ellos podemos destacar el miedo de las grandes empresas a la opinión desfavorable del público, la merma en la credibilidad del periodismo, la crisis de la figura del intelectual como generador de opinión y las dificultades para distinguir ficción de realidad de gran parte de la sociedad.
En la segunda sección del libro, Juan Soto Ivars analiza en profundidad la poscensura centrándose en varios de los casos más llamativos y significativos de linchamiento mediático que se han producido en España. Acierta aquí en elegir casos promovidos tanto desde la izquierda (a Nacho Vigalondo) como desde la derecha (a la revista Mongolia o a Guillermo Zapata); desde el feminismo más radical (a Jorge Cremades) o desde ámbitos taurinos y también antitaurinos. Todos estos grupos se mueven como un perfecto ejército de opinión en las escaramuzas de lo que el autor llama “guerra cultural”.
Soto Ivars pone  a la sociedad española ante ese espejo deformado que exagera sus defectos que son las redes sociales. 

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 30 de junio de 2017

Fragmentos de un mundo acelerado - José Óscar López



Fragmentos de un mundo acelerado, José Óscar López, Balduque, 2017, 201 págs., 14€.

Ciento siete relatos. Ciento siete  inicios con sus respectivos finales. Ciento siete títulos que abren ciento siete mirillas por las que asomarnos al mundo. Ciento siete universos inabarcables de los que sólo conocemos un mínimo fragmento que explota cuando pasamos la página. José Óscar López nos ofrece en su último libro ciento siete microrrelatos que forman una obra de gran magnitud dentro de sus doscientas páginas.
Un número tan desorbitado de narraciones, aunque se muevan dentro de la extensión canónica del minicuento o lo superen ligeramente, hace muy difícil resumir en unas pocas líneas la esencia de un libro caracterizado, como anuncia el título, por su carácter fragmentario.  El autor ha querido compartir con nosotros su visión panóptica del universo no a través de un único y completo relato, sino mediante esta miríada de historias que forman el volumen. Crea así un libro en el que la unidad viene dada por el medio, el microrrelato, que utiliza para volcar sus obsesiones más variadas. Sabedor que un número tan alto de narraciones puede agobiar al lector, José Óscar López agrupa los ciento siete textos en diez secciones según algunos rasgos comunes que comparten, aunque nadie espere una homogeneidad de temáticas en un libro como este que toma la fragmentariedad por bandera.
La primera de ellas se titula Historia de las grandes ideas y nos ofrece algunos relatos cercanos a la ciencia ficción, con personajes de un futuro cercano pero bastante diferente al nuestro; destaca dentro de esta sección “La máquina”, narración de gran intriga con la que se abre el volumen. Del futuro saltamos al espacio en Principios de astronomía, compuesta por  una docena de microrrelatos entre los que sobresale  “Un superhombre”, reinterpretación de la historia de Supermán. En Una temporada en el infierno encontramos varios relatos sobre el tema de la muerte, como el desasosegante “Sala de espera” o el metaficcional “Digamos que un relato de terror”. Una intención similar posee “Novela negra en veinte líneas”, que se incluye dentro de los textos de temática literaria de Escuela de artistas.

La siguiente sección, Así me quedé sin conversación, es quizás la que contenga un mayor número de relatos destacados; con el sutil nexo de lo insólito uniéndolos a todos ellos, podemos citar aquellos que ponen en juego situaciones relacionadas con las redes sociales: “La frase” y “No, no era divertido en absoluto”. Las parejas son las protagonistas de la sección La construcción diaria del amor, con variantes metaliterarias como “En su casa”, mientras que dentro del Catálogo de patologías del siguiente apartado sobresale “La transformación”, con un tema tan tradicional en la minificción como es el del sueño. Otro de ellos sería la duda sobre la identidad propia, presente en “Desconocidos me saludan”, microrrelato incluido en la sección Los reyes cansados, una de las más heterogéneas del volumen. Más concreción tiene Aventuras sin fin, donde la sorpresa de lo inesperado se cuela en la cotidianeidad; un buen ejemplo de ello sería “Historia de un entrecot”, narración de un desayuno a  base de un filete que el protagonista se ve obligado a consumir. El tema de la muerte vuelve a aparecer en la última sección, La muerte no es el fin, donde la fina barrera que puede existir entre la somnolencia y el más allá protagoniza “Soñar con un cadáver”.

domingo, 11 de junio de 2017

Terroristas modernos - Cristina Morales




Terroristas modernos, Cristina Morales, Candaya, 2017, 400 págs., 20€.

Culmina Terroristas modernos, la última novela de la narradora granadina Cristina Morales, con una escena que resume perfectamente tanto el estilo como el argumento de la obra. Se trata de una fiesta clandestina celebrada en un teatro clausurado y en donde se mezclan, sin orden ni concierto, actuaciones variopintas y público perteneciente a distintas clases sociales pero igual de bullicioso. Esa feliz despreocupación que reina en el baile queda perfectamente reflejada en la manera de narrar, mezclando en la misma frase voces de distintos personajes, fragmentos de conversaciones e incluso idiomas, que Morales emplea durante todo el libro pero que llega a su culmen en este significativo episodio.
Terroristas modernos es, ante todo, una novela histórica, y tiene en la actualización que hace de este género la autora, una de las más interesantes de la generación de narradores nacidos en los años ochenta, uno de sus puntos fuertes. El libro es heredero de los mejores ejemplos de este tipo de narraciones que desarrollan su argumento en épocas pretéritas, aunque logra evitar los errores más habituales de este subgénero. En primer lugar, porque el libro huye de la superficialidad, por no decir banalidad, que muchas novelas históricas poseen y ofrece una trama interesante y enjundiosa. En segundo lugar, porque elige una época de gran interés y en la que se sucedieron tantos hechos relevantes para el devenir de la Historia de España como fue el comienzo del siglo XIX.
Pero el libro es una novela histórica de primer nivel gracias, sobre todo, a la creación de sus personajes. Por supuesto, en Terroristas modernos encontramos la variada y pintoresca fauna que pululaba por el Madrid de 1816, manolas, chulos, beatas, monjas, poetastros, chupatintas, petimetres, guerrilleros o afrancesados, pero Morales no se queda en el retrato costumbristas y da a sus creaciones un barniz moderno sin perder nunca la verosimilitud. Sólo en un par de ocasiones ofrece la narradora un guiño a sus lectores colando nombres de escritores actuales por autores decimonónicos o haciendo que en el baile se canten letras de Siniestro Total.
De entre la gran cantidad de personajes principales que tiene la novela, se agradece el listado de nombres que incluye el texto y que ayuda a no confundirlos, destaca el triángulo amoroso que forma  Catalina Castillejos con Vicente Plaza y Diego Lasso, dos ex militares y ahora conspiradores de personalidades muy distintas. Ella, una terrateniente andaluza de armas tomar, es la auténtica protagonista del libro, ya que la acompañamos desde que es abandonada en Madrid hasta que vuelve a su tierra. Se trata de una mujer resolutiva, independiente y curiosa que se debate entre las lisonjas del teniente Lasso y los desplantes de Plaza.
Este trío protagonista y otros personajes de casi igual importancia en la trama, como el espía Richart, el literato Torres, el guerrillero Vargas o la sastra Petra Montes, participan, de una forma u otra, en una conspiración que pretende lograr que el rey Fernando VII firme la constitución. El desarrollo de los hechos, que culminan aunque no finalizan, con ese desparrame que es el baile en el teatro, nos muestran comportamientos tan emparentados con los avatares políticos de España como son la improvisación, a veces chapuza, la desconfianza y el egoísmo. Nos mostrarán también la fina barrera que existe en considerar a un terrorista como libertador ya que la Historia la escriben siempre los vencedores. 

Reseña publicada en El Noroeste.