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domingo, 9 de febrero de 2025

El borde cortante - Ginés Sánchez


 

El borde cortante, Ginés Sánchez, Tusquets, 2025, 315 págs. 


Pocas épocas más complicadas de narrar que la adolescencia. Pocos estados más difíciles de ser reflejados en un libro que los problemas mentales. Ginés Sánchez arrostra las dificultades que ambas realidades presentan para un escritor y tirando de oficio nos ofrece una novela solvente sobre tres jóvenes con graves problemas psíquicos. Lo hace en una novela de una enorme calidad literaria, en la que sabe dosificar la tensión hasta el final climático y que tiene su mayor acierto en la creación del trío protagonista. 

El borde cortante cuenta un fin de semana en la vida de tres amigas adolescentes. Lo que en un principio podría parecer anodino, se convierte en una bomba de relojería cuando añadimos a la ecuación que dos de ellas se han escapado de un hospital psiquiátrico y que la tercera parece no haberse recuperado del todo de su paso por esta institución. Carrie, la única que ha sido dada de alta y la que invita a las otras dos a pasar su “permiso” en su casa de la playa, es una chica que se autolesiona y que tiene una obsesión enfermiza con una antigua amiga que ahora le hace el vacío. Si a su inestable situación mental le añadimos una madre ausente, que pasa el fin de semana en Marruecos con su nuevo novio, y dos compañeras que aún reciben tratamiento en el manicomio, el cóctel parece estar listo para el desastre. 

Por su parte, Litolbely, parece la más sosegada de las tres. Se trata de una adolescente huidiza y ensimismada, que pasó durante su infancia por varias familias de acogida y que sufre extraños brotes psicóticos que la animalizan. Establece una relación de casi dependencia con la tercera de las tres muchachas, Mari Cruz, el vértice más extremo de este disfuncional triángulo adolescente. Ella está ingresada por un oscuro episodio del pasado con sus hermanos menores; su madre la teme y protege al resto de sus hijos de una chica que parece la más resolutiva y madura de las tres pero que esconde una oscuridad mayor que la de sus amigas. El trío protagonista se completa con varios secundarios, entre los que destacan sus familiares y dos personajes llamados Juan Manuel de diferente edad. Mientras que el Juan Manuel viejo apenas tiene un papel tangencial en la trama y no se desarrolla tanto como podría esperarse en un principio, el protagonismo del Juan Manuel joven acaba creciendo en la última parte de la trama. 

Podemos hallar en El borde cortante algunos elementos que vinculan esta obra con las últimas novelas del autor. Por ejemplo, la ciudad de Murcia, como en su reciente De tigres y gacelas (2023), el campo de la provincia y sus costas son los espacios en los que se desarrolla la trama y la contaminación del Mar Menor y la corrupción que la favorece es un tema fundamental en el libro gracias al personaje del joven Juan Manuel. El protagonismo femenino ya estaba en Las alegres (2020) y en Mujeres en la oscuridad (2018), mientras que la adolescencia era central como aquí en Entre los vivos (2015).

A pesar de estas concomitancias, El borde cortante discurre por derroteros diferentes. Destaca, además por un trío protagonista muy carismático y una trama de gran interés, por un manejo excelente de la prosa en la que sobresalen los diálogos, el empleo de las metáforas en la narración de los brotes psicóticos de las chicas y la inclusión de palabras propias la jerga adolescente (por ejemplo, con neologismos como "me renta" y de anglicismos como "chill"). Con estos ingredientes, la novela alcanza una altura literaria que confirma, de nuevo, a Ginés Sánchez como uno de los narradores contemporáneos más sólidos.

lunes, 20 de julio de 2020

Las alegres, Ginés Sánchez


Las alegres, Ginés Sánchez, Tusquets, 2020, 310 págs., 18€.


            Ya en su última novela, Mujeres en la oscuridad (2018), otorgaba Ginés Sánchez el protagonismo absoluto a los personajes femeninos. Eran aquellas mujeres, Tiff, Miranda y Julia, tres desconocidas que por diversos motivos acababan emprendiendo una huida juntas y conformando un grupo, una especie de sororidad, para vengarse de una serie de hombres poderosos que deseaban recuperar el misteriosos paquete que ellas custodiaban. Aunque tiene un planteamiento y un tono muy diferentes, Las alegres mantiene el leit motiv de la sororidad como respuesta a la violencia que los hombres ejercen hacia las mujeres. Sin embargo, los casos particulares de las protagonistas de Mujeres en la oscuridad, también los hay en este libro, se trasladan en Las alegres al ámbito público, provocando que la venganza se convierta, finalmente, en una cuestión de estado.

               Sánchez crea con habilidad una ciudad ficticia, Cheetah, que aglutina rasgos de varios territorios de América Latina pero que no podemos ubicar en unas coordenadas concretas. Imagina así una megalópolis que sufre una oleada de asesinatos machistas que provoca que una parte de la población, mayoritariamente femenina, se comience a organizar para hacerle frente. El Movimiento Artemisia Gentileschi  convoca manifestaciones y caceroladas como repudia al feminicidio; dentro de él se organiza el Comité Stella Valenzuela, nombre de una de las víctimas, amparado por un sacerdote y comandado por Sofía Navarro y Fernanda Salazar, que ofrecen apoyo a las mujeres maltratadas y patrullan las calles para evitar más ataques. Entre Sofía y Fernanda se produce un enfrentamiento sobre la conveniencia de utilizar la violencia como respuesta, posición que defiende Sofía y que acaba desembocando en la creación de Las Alegres, un comando terrorista que comienza a asesinar a hombres en Cheetah.

            Como vemos, la estructura en forma de muñeca rusa de las organizaciones feministas muestra las distintas formas de implicación en la lucha contra la violencia machista: la protesta, la colaboración y la venganza. La elección de esta última por parte de Las Alegres acaba provocando la que considero que es la escena central de la historia: el maltratador Ezequiel Silva sufre un ataque de pánico al dirigirse a su coche en un oscuro aparcamiento porque cree que puede ser la siguiente víctima del comando. Esta situación nos lanza una triste pregunta: ¿acaso sólo conociendo en carne propia el mismo miedo que muchas mujeres sufren en espacios públicos solitarios acabarán los maltratadores empatizando con sus víctimas? Se nos muestra así la deshumanización que estas sufren por parte de sus verdugos y que creo que es el mensaje principal de una novela que en ningún caso, tal y como deja claro el autor en la advertencia final, justifica la violencia.

            Otro de los aciertos del libro es su carácter polifónico y su protagonismo coral. El primero muestra diversas variantes de acercamiento al tema y es creado por el autor gracias a la mezcla de capítulos de narración más tradicional, con un narrador omnisciente en tercera persona, con otros, especialmente en la sección titulada “Las alegres”, que reproducen conversaciones, entrevistas, informes o pies de foto. En cuanto al protagonismo colectivo, nos ofrece diversas perspectivas de la historia, ya que acompañamos en varios capítulos a víctimas, maltratadores o a sus hijos. A pesar de esta variedad, Sánchez parece otorgar mayor peso a varios  preadolescentes, que en una edad tan problemática ejercen la violencia contra la mujer (Luiz y Benjamín), la sufren (Cynthia) o son testigos de ella (Hugo y Alessandro).

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 28 de octubre de 2018

Mujeres en la oscuridad - Ginés Sánchez

martes, 28 de febrero de 2017

Dos mil noventa y seis - Ginés Sánchez



martes, 20 de octubre de 2015

Entre los vivos - Ginés Sánchez



Entre los vivos, Ginés Sánchez, Tusquets, 2015, 282 págs., 18€.
 Entre la narrativa española reciente que se ha ocupado de la crisis económica hay autores que prefieren ofrecer una visión más general del asunto, casi cartográfica, como  Nere Basabe en El límite inferior, y otros que se centran en cómo afecta esta situación a personajes concretos. Este sería el caso de Entre los vivos, la última y excelente novela del escritor murciano Ginés Sánchez.
La obra nos cuenta cronológicamente un par de años en la vida de un joven afectado, como tantos otros, por la crisis económica: César “Gusanito” Gálvez. Comienza el protagonista intentando conseguir un trato justo con el empresario que lo acaba de despedir y que, a través de su asesor, hará todo lo posible para no pagarle el paro que le corresponde. Durante el resto de la novela, César sobrevivirá en la precariedad gracias a los ingresos que irá consiguiendo a través de la prestación por desempleo, de trabajos esporádicos y mal pagados, de diversos trapicheos e incluso de regalos de origen incierto. Como vemos, el protagonista de Entre los muertos sufre los distintos avatares que han aquejado a toda una generación en nuestro país en los últimos años. Pero César no es una víctima inocente, ya que no duda en responder a las injusticias con la violencia o planeando una venganza contra uno de esos empresarios que han provechado la coyuntura para hacerse más rico.
No sólo esta perspectiva económica es importante en la configuración de este personaje, las relaciones personales también son centrales en la novela. César es una persona solitaria y taciturna, alejada de la alegría y que disfruta con la soledad o dando largos paseos por una ciudad devastada por el calor o la suciedad.  Ese carácter huraño hace que le provoquen cierta empatía los mendigos, a cuya observación se dedica con la dedicación de un entomólogo en las largas horas que le deja libre el paro y la ausencia de motivaciones.
El dolor es otro leitmotiv central en la novela.  Se trata de un dolor que afecta a César tanto en lo físico, provocado principalmente por el episodio violento  que acaece justo a la mitad de la obra, como en lo mental, acercándose peligrosamente a la depresión en más de una ocasión. La respuesta de César a este dolor que lo abruma es variada: la huida, el disfraz, el aislamiento o las drogas son empleados en numerosas ocasiones como analgésicos.

Sus relaciones con las mujeres también se encuentran entre esas pesadas cargas, junto a las económicas y las físicas, que César tiene que acarrear. Por un lado está la fría relación con la madre, hecha de silencios y reproches solapados, y con la hermana, con la que los violentos enfrentamientos verbales sí son frecuentes. Por otro, los sucesivos fracasos con las tres mujeres de las que se enamora: Janislyn, Nadiezna y  Raquel. Con la primera comienza una profunda amistad a través del chat que acabará de la forma más inesperada cuando finalmente se conocen personalmente. El fracaso con Nadiezna, una joven mendiga, sumirá a César, a “Gusanito”, en las simas más profundas de la tristeza. Con Raquel, finalmente, parece encontrar a alguien que lo comprende, pero la relación parece que nunca va a pasar de la amistad.  Todo ello para terminar de configurar ese intrincado e interesante puzle que es el protagonista de Entre los vivos.

Reseña publicada en El Noroeste: