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domingo, 19 de mayo de 2024

Un lugar solitario para gente sombría - Mariana Enríquez

 



El muestrario de relatos fantásticos de Mariana Enríquez


Poseen los géneros muy estandarizados como la novela histórica, la policiaca o el fantástico un rasgo que es, a la vez, problema, reto y bendición para los autores que se animan a cultivarlos. En los tres los lectores encuentran (y buscan) una serie de tópicos que han sido manejados desde siempre por los escritores y que han definido la naturaleza de cada uno de estos géneros. Se trata de situaciones, personajes o giros argumentales sobre los que se han dado tantas vueltas que es difícil ofrecer nuevas ideas (ahí está el reto) y, sin embargo, sencillísimo caer en la repetición de fórmulas anteriores (ese es el problema). A pesar de ello, existen autores que por su originalidad, conocimiento del género y maestría ofrecen a los lectores pequeñas variantes que les sorprenden y convierten a sus libros en obras atractivas para los exigentes seguidores de la tendencia cultivada (es entonces cuando aparece la bendición). 

Que la argentina Mariana Enríquez es una maestra contemporánea de la literatura fantástica es algo consensuado en el mundo de la literatura en español. Aquel hito que fue la publicación de Nuestra parte de la noche (2019), un monumento literario de un magnetismo difícil de igualar, la situaron en el podio de la narrativa en castellano actual y en, seguramente, el principal referente actual de lo fantástico en nuestro idioma. Por ello, no sorprende la calidad de esta colección de relatos pertenecientes a este género que es Un lugar soleado para gente sombría, su último libro. Tras leerlo me he quedado asombrado (y admirado, por supuesto) de la capacidad de Enríquez de ofrecer un catálogo variado de posibilidades de lo fantástico a partir de un mismo armazón que se repite, con mínimas variaciones, a lo largo de cada uno de los cuentos. Y es que si algo llama la atención del libro no es la originalidad en la estructura o en las técnicas narrativas que la autora argentina emplea: casi todos los relatos poseen una trama que avanza de manera cronológica (apenas hay saltos en el tiempo) y se guían por el habitual planteamiento (en el que se nos presenta a los protagonistas y una situación cotidiana y “normal”), un nudo (donde entra en juego el elemento sobrenatural) y un desenlace sorpresivo. 

¿Dónde está, pues, la maestría de Mariana Enríquez? Precisamente en que sin ofrecer nada demasiado novedoso en la estructura o el lenguaje de los relatos, consigue inquietar al lector con doce variantes muy diferentes entre sí y originales con respecto a sus referentes de literatura fantástica. Son relatos en los que, a pesar de su similitud, nunca se repite un tópico de este género y siempre se encuentra una variante distinta para sorprender al lector con situaciones escalofriantes que entran en la realidad de los protagonistas a través de diferentes resquicios. Es en esa capacidad para mostrarnos que nuestro mundo, ese en el que nos movemos tanto nosotros como los personajes del libro, posee espacios en sombra que no somos (no son) capaces de comprender en su totalidad donde reside la principal virtud de la buena literatura fantástica en general y de este libro en particular.  

Entre ese catálogo de variaciones de lo sobrenatural que caracteriza a Un lugar soleado para gente sombría encontramos recursos muy diferentes de lo fantástico. Por ejemplo, está el clásico tópico del fantasma, es decir, la visión de una persona que ha muerto; lo tenemos en “Mis muertos tristes”, donde una médica es la única que puede dialogar con los muchos espectros que pueblan su barrio, o en “Los pájaros de la noche”, donde la fallecida es la narradora, una niña cuyo cuerpo parece pudrirse. El monstruo, en diferentes variaciones, también aparece en el libro, como el violador sin rostro de “La desgracia en la cara” o los extraños niños sin mirada de “Ojos negros”. En otros dos relatos lo inquietante parece provocado no tanto por situaciones sobrenaturales sino por una enfermedad, como la esquizofrenia que sufre la protagonista de “Julie” o el mioma que le extirpan a la narradora de “Metamorfosis”.   

Es bastante frecuente en el libro que sea un espacio el asociado al fenómeno paranormal; así, hallamos lugares encantados como el famoso hotel Cecil de Los Ángeles en “Un lugar soleado para gente sombría”, el pueblo al que acude una pareja de urbanitas de “Un artista local”, el apartamento de “La mujer que sufre” o el edificio en ruinas de “Los himnos de las hienas”. Otros cuentos presentan lo fantástico relacionado con objetos, como los frigoríficos de “Cementerio de heladeras” o los vestidos de “Diferentes colores hechos de lágrimas”.     

Si esta originalidad y variedad en los tópicos fantásticos que Enríquez emplea son las principales virtudes del libro como representante del género, desde el punto de vista realista, es el retrato que hace de la Argentina actual lo más interesante. Salvo el relato homónimo, que se ubica en ese lugar “soleado para gente sombría” que es California, todos los cuentos se desarrollan en el país natal de la autora. Los pueblos que aparecen y sobre todo los barrios de Buenos Aires aparecen marcados por la inseguridad, la crisis económica y el deterioro urbano. En “Ojos negros” se resume bastante bien este ambiente desesperanzado que vive el país en un relato centrado en tres trabajadores de una ONG que ayuda a sin techo de la capital porteña y en la que se señala que “todo estaba en tambaleo al borde del derrumbe” (pág. 215), en una frase que vale no solo para su situación sino para todo el país.  

Desde esta perspectiva contemporánea y centrada en su país, Mariana Enríquez vuelve a demostrar su maestría en la narrativa fantástica con una colección de relatos de factura similar (quizás demasiado) pero desarrollos dispares.


Reseña publicada en La Verdad





domingo, 1 de noviembre de 2020

Nuestra parte de noche - Mariana Enríquez

 


Nuestra parte de noche, Mariana Enríquez, Anagrama, 2019, 672 págs., 22€.


Existe una etiqueta que hace desconfiar a muchos lectores españoles y que los aleja de libros que podrían ser de su agrado si no se dejaran guiar tanto por prejuicios arraigados. Me estoy refiriendo a la de “literatura de género”, un sintagma que suele utilizarse para toda obra que no encaje en el realismo imperante entre las novelas más prestigiosas publicadas en nuestro país. Se incluyen en esta categoría obras tan diferentes como los relatos de terror, los de ciencia ficción o las novelas negras. La concesión de un premio tan prestigioso como el Herralde a un libro en el que lo sobrenatural posee tanta importancia como este Nuestra parte de la noche puede, por lo tanto, sorprender, pero son varias las razones que explican que la última novela de Enríquez haya escapado de esos prejuicios de los que hablábamos.

La primera, y seguramente la más importante, es la propia calidad de la obra. La autora argentina nos ofrece una novela enorme, con personajes de una enorme profundidad y que trata temas de gran calado como el poder de cierta oligarquía, la dictadura argentina, las relaciones familiares y los cambios sociales producidos en las últimas décadas. Lo hace sin renunciar a mezclar el realismo hegemónico, la base de una novela ubicada en escenarios reales de Argentina y Londres, con episodios fantásticos que, pese a su menor presencia, tienen una importancia central en la novela.

Es en estos pasajes donde encontramos uno de los pocos puntos débiles, a mi juicio, de Nuestra parte de noche. Como suele ocurrir en los relatos fantásticos, el mundo de los fantasmas o de los muertos en el que se introducen los personajes de la novela tiene sus propias reglas, que la narradora debe explicar al lector, ya que no son las del universo real. Se trata de un recurso necesario para que comprender qué está permitido y qué no en esta dimensión y cómo influye en la vida de los protagonistas, pero que a veces ralentiza el ritmo de la obra.

De todas formas, Enríquez integra perfectamente estos episodios fantásticos, y este es otro de los aciertos del libro, valiéndose de ambientes donde estos hechos se adecúan con facilidad como son la selva o las reuniones de una sociedad secreta y exclusiva, la Orden, formada por adoradores de un rito de tintes satánicos pero unidos también por su poder económico y político.

Otro de los aspectos destacados de Nuestra parte de la noche es el retrato que hace de las difíciles relaciones que se suelen establecer entre la familia. El texto cuenta cómo una rica familia argentina perteneciente a la Orden, adopta y un niño pobre y soluciona sus problemas cardiacos porque descubren que es un médium capaz de establecer comunicaciones con la Oscuridad, acto fundamental para este culto secreto. Este niño, Juan, acabará teniendo junto a Rosario, otro miembro de la familia, un hijo, Gaspar, que también es médium. La novela se centra en esa doble dinámica de protección de la nueva generación y oposición a la anterior que es habitual en las familias poderosas, ávidas de perpetuar su poder, pero que aquí adquiere una nueva dimensión por los poderes de Gaspar.

En definitiva, estamos ante una excelente novela que transita varias décadas de la historia familiar y de Argentina y que en cuya crudeza, los sacrificios y torturas de la Orden, encontramos ecos de los desmanes provocados por la dictadura militar con la connivencia, cuando no colaboración, de la oligarquía del país.  

Reseña publicada en El Noroeste: