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domingo, 22 de octubre de 2023

Los que escuchan - Diego Sánchez Aguilar

 


Los que escuchan, Diego Sánchez Aguilar, Candaya, 2023, 540 págs.

 

Uno de los mayores males de nuestra época es la ansiedad. Numerosas personas sufren en mayor o menor medida esta enfermedad que está profundamente arraigada en la sociedad actual por su frenético ritmo de vida y por las exigencias del mercado laboral, principalmente. Asunción y Esperanza, las dos protagonistas de la nueva novela del cartagenero Diego Sánchez Aguilar, sufren ansiedad, como tantos otros miles de ciudadanos. A pesar de ser hermanas, la raíz de la dolencia en cada una de ellas es totalmente diferente, como diferentes son sus vidas y su forma de enfrentarse al futuro. Haciendo un paralelismo con la dicotomía de actitudes que antes los medios de masas definió Umberto Eco en los años sesenta, podemos señalar que Esperanza sería “apocalíptica”, “antisistema” con un término más actual, mientras que Asunción asume (el simbolismo de los nombres es claro) las reglas del juego y sería, por lo tanto, “integrada”.

Esperanza representa ante los desmanes del capitalismo una actitud de rechazo que la ha llevado durante toda su vida a militar en diferentes movimientos como el okupa, a residir en una comuna hippie, a practicar el ecologismo más radical y, finalmente, acercarse a una especia de secta liderada por Ulises, un artista que conoció en sus años universitarios y cuyos postulados extremos provocan que la propia Esperanza dude de su cordura. Y es que a pesar de rechazar desde su adolescencia los mecanismos de la sociedad capitalista, mediante el misticismo religioso primero y después con el ejercicio del arte, el hecho de no encontrar en nada el alivio a la ecoansiedad que padece le hace replantearse las ideas que han sostenido su ideología. Esperanza parece haber claudicado al abandonar la vida alternativa que ha llevado y su militancia para volver al seno de la familia, que abandonó a los dieciocho años, para cuidar de su madre, enferma de Alzheimer.

Además de su desencanto, el detonante de su vuelta al redil familiar ha sido la llamada de Asunción, que le urge a ocuparse de su progenitora ya que “no tiene nada”. En el sistema de valores de la hermana mayor, Esperanza es una descarriada que ha de cuidar a la madre al no poseer nada de lo que para ella es la base de una vida plena: un marido, un hijo, un trabajo, una hipoteca. Asunción, desde su integración en el sistema, sí que posee todo ello, pero es, paradójicamente, el miedo a perderlo todo a partir de unos cambios en su empresa lo que le provoca la ansiedad. Además, comienza a escuchar un ruido (que el médico diagnostica como tinnitus, pero que ella asocia al extraño zumbido que miles de personas más oyen en todo el mundo sin que nadie les haga caso) que parece abocarla hacia la misma locura en la que acabó su padre.

Este extraño sonido obsesionará también a Ulises, cuya secta cree que en ese ruido y en otros infrasonidos que solo pueden escuchar unos pocos elegidos, “los acusmáticos”, están las claves para interpretar el futuro. Esta parte parece la más cercana a lo fantástico del libro, pero nos ofrece una perspectiva, representada en la propia Esperanza, que duda de su implicación en el grupo, de cómo en la actualidad muchos activistas son fácilmente eliminados del sistema tachándolos de locos. Además, el ruido parece ser hereditario ya que también comenzará a ser escuchado por Andrés, el hijo de doce años de Asunción. A pesar de que posee menos peso en la trama que su madre y su tía, considero a este personaje como una de las mejores creaciones del libro; Diego Sánchez Aguilar describe de manera excelente el hostil ambiente al que un niño “extraño” como Andrés, solitario, algo tartamudo y con un gran mundo interior, debe enfrentarse en el instituto al que asiste. El chaval recibe la enorme presión que sus padres ejercen sobre él para que triunfe en el deporte y en la escuela, para conseguir así la integración en el sistema que ellos mismos luchan por mantener y que simboliza su vivienda en una cara urbanización.

Las vidas de estos cuatro personajes y el desarrollo de la trama alcanzan un momento decisivo en el fin de semana en el que se celebra la Cumbre del Futuro en su ciudad, una importante reunión al más alto nivel para luchar contra el cambio climático. Este encuentro nos es narrado desde la perspectiva de Francia, una asesora que recibe el apelativo de la nación del presidente cuya imagen pública cuida. Desde la sala que comparte con el resto de asesores de los mandatorios, la mujer intenta asimilar el extraño suceso que ha tenido lugar en el momento culminante de la Cumbre del Futuro, que no tenía otra razón de ser para ellos que el “ecolavado” de sus jefes, y que ha sido saboteado por una famosa niña activista contra el cambio climático que recuerda a Greta Thunberg. En los tejemanejes de los asesores y en la agresiva campaña de la compañía de alarmas en la que trabaja Asunción descubrimos algunos de los aspectos más siniestros de la manipulación de masas que a través de las redes sociales se lleva a cabo con fines políticos o comerciales. Se trata de un tema que remite a Factbook. El libro de los hechos (2018), la anterior novela de Sánchez Aguilar, en la que un grupo de disidentes se unían en la aplicación que da título al libro para luchar contra el sistema ultraliberal que gobierna en la España imaginada por el autor.

Tanto por la extensión (más de medio millar de páginas) como por la densidad del libro, Los que escuchan se nos presenta como una obra apabullante, en la que el autor nos ofrece una potente sátira contra varios aspectos claves de nuestra sociedad. Desde el capitalismo al arte, pasando por el ecologismo, la familia o los límites del propio lenguaje, son muchos los temas sobre los que Sánchez Aguilar reflexiona en una novela que ofrece acertadas claves sobre cómo vivimos y, especialmente, cómo nos enfrentamos al futuro.


Reseña publicada en La Verdad. 



lunes, 19 de junio de 2023

Maddie y las fronteras - Edurne Portela

 Maddie y las fronteras, Edurne Portela, Galaxia Gutenberg, 2023, 248 págs, 18,50€.


Propone el género de la biografía lo que podemos considerar una premisa imposible: resumir en unas cuantas páginas toda la vida de una persona. Hasta las existencias más breves y, aparentemente, anodinas se pueblan de recovecos difíciles de recorrer en su totalidad en un solo libro. Estamos acostumbrados a que las grandes biografías de personajes históricos alcancen extensiones de varios centenares de páginas, cuando no se acercan al millar. El biógrafo trata de recopilar el mayor número de detalles posibles de la vida del biografiado para que el lector pueda hacerse una idea aproximada, incompleta pero veraz, de lo que significó su existencia. Este carácter de obra necesariamente parcial que tienen todas las biografías convenció a la escritora Edurne Portela de que la novela era el género más adecuado para reconstruir la vida de María Josefa Sansberro.

Tal y como explica en el extenso y crucial epílogo de Maddie y las fronteras, la autora conoció a través de dos investigadores de Oiartzun la historia de una mujer que llevó una vida repleta de desventuras en el País Vasco francés de la primera mitad del siglo XX. Además de ser testigo, y a veces protagonista, de algunos de los hechos históricos más destacados de las primeras décadas de la centuria, María Josefa, Maddi (pronunciado “Mayi”) tal y como se la conocía, tuvo una personalidad poco habitual entre las mujeres de su época. Ante la escasez de los datos históricos sobre ella que con tesón y mucho trabajo recopilaron los dos investigadores locales, Izarraitz Villaluce y Joxemari Mitxelena, Portela optó por la novela antes de por la biografía. Según explica en el prólogo, la ficción le permitía otorgar a su historia una mayor profundidad y viveza y aunque los detalles o diálogos del libro hayan sido creados siguiendo motivaciones literarias, los principales hechos se ajustan a lo ocurrido en la realidad.

La escritora vasca opta, además, por un tipo de focalización muy peculiar y arriesgada, que justifica en el epílogo, y que nos lleva a conocer la historia de Maddi en primera persona, contada por ella misma, y en presente. Este último recurso a veces ralentiza la narración, ya que obliga a la narradora a contar la acción mientras que está siendo testigo de ella, pero también posee un gran valor: nos permite identificarnos con la protagonista de manera mucho más eficaz que con otro tipo de focalización. Además, la escritora emplea en algunos momentos otras dos técnicas muy útiles para la historia: la segunda persona (con la que Maddi se dirige a Dios o a San Ignacio) o el flujo de conciencia (con el que se recogen de manera directa y desordenada los pensamientos de la protagonista en episodios marcados por la tensión).

Pero si relevantes para determinar la calidad de la novela son las elecciones técnicas de la autora, definitiva es la creación del personaje de ficción de Maddi a partir de la persona real de la que tan pocos datos han conseguido rescatar del olvido los investigadores de Oiartzun. Estamos ante una mujer fuerte, con una personalidad determinada por una vida repleta de dificultades que, sin embargo, no la han llevado a moverse un ápice de sus convicciones e ideales. Así, por ejemplo, a pesar de que se le prohíbe recibir la comunión por ser una mujer divorciada, Maddie no duda en acudir al cura durante la misa en la iglesia del pueblo para que sea él el que se niegue a darle el cuerpo de Cristo a una persona tan religiosa como ella. Estamos, por lo tanto, ante una mujer normal y corriente, no esperen aquí narraciones de aventuras extraordinarias, pero que pasó toda su vida traspasando algunos de las barreras que se le imponían. La lucha de Maddi contra varios de estos impedimentos se convierte en el eje principal de la novela.  

El primer límite que marca la existencia de la protagonista es de carácter geográfico: la frontera. Tras nacer en Oiartzun, Maddi pasa pronto a Francia y vive casi toda su vida en Iparralde, el País Vasco francés. Tras un matrimonio fallido y varios empleos precarios, consigue convertirse en la directora, en realidad, en prácticamente su única trabajadora, de un pequeño hotel rural que ha comprado su amigo Louis. La privilegiada situación de este establecimiento, situado cerca de la montaña que separa Francia de España, permiten que Maddie se convierta en parte de un grupo de contrabandista, a los que da apoyo, esconde y a los que, en ocasiones, se une. El trasiego entre ambos lados de la frontera que en principio tiene una motivación económica, completar los magros beneficios del hotel, deviene en una red de asistencia a disidentes políticos y refugiados cuando las consecuencias de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial llegan hasta este rincón de los Pirineos.

El segundo tipo de límite que traspasa Maddie es simbólico, ya que está dibujado por las convenciones sociales. Su carácter fuerte y decidido, su independencia y la peculiar relación que establece con Louis, una sólida amistad que acaba convirtiéndose en un matrimonio de conveniencia, se convierten en el combustible ideal para avivar las habladurías del pueblo. Si a la ecuación se le suma un niño de origen incierto y el divorcio de Maddie de su primer marido, estamos ante uno de esos habituales episodios de marginación que sufren muchas mujeres en los pueblos por no seguir las convenciones, por ser diferentes. Sin embargo, ni esta ni otras muchas dificultades que sufre la protagonista a lo largo la novela consiguen mellar su fuerza y determinación.

Maddie y las fronteras es un libro cuya mayor virtud es conseguir rescatar del olvido a una mujer valiente y fuerte que supo romper muchas de las barreras que su época le imponía. Además, nos muestra situaciones terribles sufridas por personas cuyo único delito fue el de la valentía y que jamás deben caer en el olvido. Portela consigue, en definitiva, una novela vibrante mediante la creación de un personaje de ficción magnético que recorre los mismos y difíciles caminos que la auténtica Maddie tuvo que recorrer.


Reseña publicada en La Verdad. 



domingo, 28 de mayo de 2023

El año del desierto - Pedro Mairal



El año del desierto, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2023 (2005), 365 págs., 21€.

 

Tras el éxito de La uruguaya (2016), novela que encumbró a Pedro Mairal y cuya adaptación cinematográfica pronto se estrenará, la editorial Libros del Asteroide continúa con las reediciones de las novelas del autor argentino. Después de publicar en España Una noche con Sabrina Love (1998) y Salvatierra (2008), el sello barcelonés nos trae El año del desierto, dieciocho años después de que apareciera en el país natal del autor. Si bien esta obra mantiene el cronotopo de las anteriores, la Argentina (o el Uruguay) contemporáneo, ofrece un gran giro con respecto a las demás determinada por el carácter distópico de la obra.

Y es que desde el principio nos encontramos con un Buenos Aires muy parecido al real en 2005 pero que está sufriendo dos ataques simultáneos que determinarán que estemos ante un plano temporal alternativo al real. El primero es una insurrección de la población del resto del país que se enfrentan a los de la capital en una especie de guerra civil que convierte a Buenos Aires en una ciudad sitiada. El otro ataque posee un carácter más difuso y paranormal, ya que bajo el nombre de “la intemperie” se define un fenómeno que acaba con los edificios convirtiendo las manzanas en baldíos. Simultáneamente al avance de la “intemperie”, que va poco a poco acercándose al centro de la capital desde los barrios del extrarradio, se ha producido una especie de regresión tecnológica, provocada por el hecho de que los ordenadores primero, los móviles después y la televisión finalmente dejen de funcionar.

A este incierto contexto se debe enfrentar María, la protagonista y narradora del libro, una joven secretaria veinteañera que ve cómo su mundo se derrumba (a veces, literalmente). Así, sufre en poco tiempo una mudanza con su padre, la expulsión de su trabajo en una torre de oficinas y la pérdida de contacto con su novio, Alejandro, que se ha unido a las facciones que se oponen a un gobierno cada vez más autoritario. Ante esta situación totalmente nueva e inesperada, la chica parece optar por el desconocimiento, ya que nunca termina de comprender el nuevo mundo en el que vive. En él María irá siendo víctima de durísimos golpes que se encadenan durante un libro que no da tregua ni a la protagonista, por sus continuos problemas, ni al lector, por una prosa de ritmo vertiginoso en el que los episodios se suceden quizá a veces cayendo en la monotonía.

En esta caída a los infiernos de María lo más interesante son los distintos escenarios que Pedro Mairal imagina y que se sitúan siempre en lo inconcebible pero sin entrar en lo imposible. Así, por ejemplo, al comienzo de la novela las distintas manzanas de la ciudad de Buenos Aires se convierten en repúblicas autónomas primero, con su propia organización interna, y en islas unidas con puentes y túneles después, cuando el miedo a salir a la calle, donde parece que campan a sus anchas los criminales, se acentúa. Más tarde será descrito el campo argentino, que parece haber retrocedido varios siglos y por donde pululan bandas de criminales y extrañas tribus.

Como toda novela distópica, El año del desierto puede tener una lectura social; en concreto, el libro de Mairal encuentra muchos (demasiados) ecos en la historia de Argentina (desapariciones, dictaduras militares, crisis económicas). 

Reseña publicada en El Noroeste. 



miércoles, 17 de mayo de 2023

Cerbantes Park - Carlos Robles Lucena


 


Cerbantes Park, Carlos Robles Lucena, Navona, 2022, 280 págs., 19€.

    Los parques de atracciones suelen ser vistos con cierta superioridad, cuando no con verdadero desprecio, por los intelectuales. Las élites culturales, si tal sintagma mantiene hoy en día lógica y vigencia, los consideran burdos lugares de esparcimiento para la clase media creados por grandes compañías que buscan más que su entretenimiento su dinero. Incluso los parques temáticos, que parecen estar sostenidos por un entramado intelectual algo más sólido que los que simplemente son una mera acumulación de atracciones de feria, suelen vincularse a fenómenos de lo que un día fue considerado la “baja cultura”. Muchos de estos prejuicios sobre los parques de atracciones en sí y sobre las diferencias entre la “alta cultura” y el consumo de productos culturales aparecen en Cerbantes Park, la inteligentísima y mordaz novela de Carlos Robles Lucena.

            En ella el Comisario, uno de los dos protagonistas del libro, idea la construcción de un parque temático literario diferente, menos orientado al consumo que a conseguir que sus clientes (“lectores” en la terminología de la empresa) vivan una experiencia cultural inmersiva relacionada con algunas de las grandes obras de la literatura universal. Su obsesión por los parques de atracciones se remonta a su juventud, cuando consiguió una beca que le iba a permitir viajar por las ferias clásicas de Europa para después escribir un ensayo que reivindicara este tipo de espacios. Sin embargo, el proyecto encalló en la primera escala, Viena, donde visitó el famoso Prater pero donde también conoció a su futura mujer, la adinerada Almudena, de la mano de la cual entra en el lucrativo mundo del arte contemporáneo. Es solo años después, al volver a su localidad natal, una ciudad dormitorio trasunto de Tarrasa, cuando decide retomar su afición y ofrecer a la ciudad donde creció en una familia obrera un aliciente cultural y económico. Las contradicciones entre sus aspiraciones y sus ideales acabarán afectando a la propia naturaleza del proyecto.  

            El contrapunto al resuelto, exitoso y algo snob Comisario lo representa Jacob, un antiguo amigo del barrio de aquel que, al contrario que el otro protagonista, no ha conseguido triunfar y al que su experiencia como editor lo dejó en una situación económica de precariedad. Si el Comisario es el empresario cuyos contactos ponen en marcha Cerbantes Park, Jacob es el intelectual comprometido hasta el integrismo con la cultura que vela por la ortodoxia de un proyecto cuyo nombre ha de llevar incluso la grafía original del apellido del creador del Quijote. Entre ambos, y con la ayuda de un equipo multidisciplinar, crean en la riera de su ciudad natal un peculiar parque en el que los “lectores” pueden vivir en primera persona experiencias como la de degustar la casa de dulces de Hansel y Gretel, recibir en una playa artificial los ladridos del perro de Ulises o visitar el Nautilus. 

            Con estos mimbres, Robles Lucena crea una historia plagada de referencias literarias, donde la intertextualidad desborda el espacio del Cerbantes Park para rebosar las páginas del libro con la presencia de numerosas citas a autores y libros, algunos de los cuales quedan consignados en la nota final, que convierten a la novela en una reivindicación de la literatura. Además, Cerbantes Park es una potente sátira que dispara con gracia pero sin piedad contra los esnobismos de la élite cultural, las ínfulas de la burguesía, los tejemanejes de las instituciones y las contradicciones del mercado editorial (Jacob define Sant Jordi como “una fiesta literaria realizada con todo aquello que les gusta de la literatura a los que no les gusta la literatura”).


Reseña publicada en La Verdad:



martes, 31 de enero de 2023

Un reino oscuro - Alejandro Hermosilla

 



Un reino oscuro, Alejandro Hermosilla, Jekyll & Jill, 2022, 330 págs, 23€.

 

    En una época en la que gran parte de los libros “literarios” (entiéndase este adjetivo no con afán canonizador sino para definir a aquellas obras que no son de “de género”) se ubican en un cronotopo cercano (nuestro país, nuestra época) se agradecen libros como Un reino oscuro. Y es que aunque la novela de Alejandro Hermosilla acepta una lectura actual, como más tarde explicaré, en ella no encontramos referencias a un contexto actual sino que está ubicada en un espacio indefinido de un pasado impreciso. Este es uno de los múltiples elementos que hacen de Un reino oscuro un libro original en la narrativa española actual.

Aunque no encontramos referencias espaciales, ni temporales concretas, ni siquiera en los nombres de los personajes, que son definidos por su oficio, cargo o, como mucho, por una inicial, el lector puede ubicar la trama en algún punto de Europa (quizás central) en un siglo reciente pero no actual (en torno al XVIII o al XIX). La trama principal de la obra, que no sirve más que de marco a lo realmente importante que son las digresiones de los personajes, nos lleva a acompañar al narrador y a su padre, ambos arquitectos, en las cuatro visitas que realizan a clientes durante un fin de semana. Estos cuatro personajes, verdaderos protagonistas del libro, son un pintor paisajista, un pianista, un duque y un escritor y en sus diálogos, monólogos más bien, con el padre y el hijo reside la parte central del libro.

Los clientes que visitan ambos arquitectos coinciden en varios rasgos que los definen como personajes: los cuatros poseen mansiones que necesitan algún tipo de reforma, viven en un espeso bosque a las afueras de la capital del reino y, lo que es más importante, se han autoimpuesto una especie de autoexilio de la corte. Sus palabras son duras diatribas contra todo aquello que los ha llevado allí y que podemos resumir como la decadencia de la sociedad ejemplificada en unos personajes definidos como “los ilustrados”, en la arbitraria política del rey y en la violencia del pueblo, simbolizada por los jardineros (personajes negativos que remiten al anterior libro de Hermosillo El jardinero (2018)).

El narrador cartagenero nos presenta un mundo decadente, brutal y, sobre todo, oscuro. Este término que aparece ya en el título y otros sinónimos (como “negro”) aparecen de manera repetitiva en las descripciones del libro: los bosques son negros, los palacios oscuros, etc. La crítica ante un mundo en sombras se puede leer en clave actual como una sátira contra los poderes de nuestro tiempo. Esta obsesión cromática de los protagonistas se reitera hasta la saciedad en un libro cuyo estilo en ocasiones recuerda al de una letanía, por sus continuos paralelismos.

El libro se completa con unos capítulos que se van intercalando en la historia principal y que nos van contando, entre la ficción y la biografía, capítulos relacionados con la locura o la crueldad de monarcas reales. Este tipo de reyes son presentados como modelos positivos frente a la decadencia de los mandatarios que aparecen en la novela. 

Reseña publicada en El Noroeste. 



martes, 25 de octubre de 2022

Montevideo - Enrique Vila-Matas

 


Montevideo, Enrique Vila-Matas,  Seix Barral, 2022, 300 págs., 18€.


Pocos autores son tan reconocibles en sus características literarias dentro del panorama narrativo español como Enrique Vila-Matas. Poseedor de un estilo muy personal que mezcla el ensayo con la narración más tradicional, la ficción con la tan discutida (y denostada en algunos ámbitos) autoficción y múltiples referencias a sus autores preferidos. Este cóctel que empezó a destilar en libros como Historia abreviada de la literatura portátil (1985), pilló con el paso cambiado a muchos críticos y sorprendió a los lectores, pero con los años, y especialmente gracias a su buena acogida en países como Francia, Vila-Matas se ha convertido en un referente indudable y en un maestro para las nuevas generaciones de escritores. En Montevideo recoge varias de las características que definen su obra, configurando así este libro como un ejemplo ideal de un mundo literario tan particular como el suyo. 

En primer lugar, Vila-Matas vuelve a presentarnos a un protagonista que se parece sospechosamente a él: un escritor barcelonés interesado por el mundo del arte contemporáneo. Sin embargo, se aleja de esta fácil identificación entre autor y personaje introduciendo elementos confusos sobre su vida y su obra; por ejemplo, cambia el título de alguno de sus libros y se muestra cansado de la famosa frase de Bartleby “preferiría no hacerlo” que tanto se asocia a él desde Bartleby y compañía (2000). Esta perspectiva irónica sobre su propia figura coincide con el tono socarrón que impregna gran parte del libro.

Al igual que en gran parte de su obra literaria, en Montevideo encontramos un enorme número de referencias a libros y a otros escritores como Julio Cortázar, Laurence Sterne, Paul Valéry, Antonio Tabucchi o Adolfo Bioy Casares. Además, el hecho de que el narrador sea escritor, aunque se confiese falto de inspiración tras el primer capítulo, nos permite acompañarlo en actos habituales de este oficio como charlas o participaciones en congresos que tendrán mucha importancia en la trama, que si bien existe, no es lo más relevante del libro.  

Y es que aunque la novela posee un marcado carácter ensayístico y son frecuentes las reflexiones sobre el mundo del arte, la ficción, la trascendencia o el oficio de la escritura, el narrador protagoniza dos episodios paralelos que se convierten en el núcleo de la acción. En el primero, aprovecha una invitación a Montevideo para pasar una noche en la habitación de un hotel que inspiró a Cortázar el cuento “La puerta condenada”; tiempo después, acude al parisino Museo Pompidou a una instalación de una artista llamada Madeleine Moore (trasunto de Dominique González Foester) en la que existe una habitación a la que solo él puede entrar. Estas dos escenas son fundamentales en el libro y comparten la presencia de extrañas puertas que contradicen su carácter liminar y parecen no dar a ningún sitio, no poder abrirse o desaparecer. Representan estos espacios el difuso límite entre realidad y ficción, tema central en la novela.

El libro, como hemos podido comprobar, es un repaso por distintos espacios y ciudades que no solo dan título a la novela, sino también a sus distintos capítulos. Destacan entre ellos Cascais, donde participa en un festival de cine, la ciudad Suiza de Saint Gallen, adonde acude invitado a un congreso, Bogotá, que recuerda por una situación traumática que allí vivió, y, especialmente, Montevideo y París. Si la capital uruguaya es nueva en el imaginario vilamatiano y se asocia a Cortázar y al poeta modernista Julio Herrera y Reissig, París no se acaba nunca en la obra del narrador barcelonés. En el final del libro se alude de forma amarga a los terribles atentados de 2015 que marcaron durante años a la ciudad del Sena.


Reseña publicada en El Noroeste.



lunes, 19 de septiembre de 2022

Zihuatanejo - José Bocanegra



 Zihuatanejo. Una novelita tropical, José Bocanegra, La Marca Negra, 2022, 200 págs., 20€.

 

Existen algunos países que copan las noticias de los noticiarios españoles tan solo cuando hay alguna tragedia. Es el caso de México, territorio que asociamos con la violencia del narcotráfico desde hace años. Y si bien es verdad que este problema es acuciante y que la población mexicana sufre el azote de este problema, un país tan grande y variado posee también caras mucho más amables. Este ha sido uno de los objetivos de José Bocanegra al escribir este Zihuatanejo, una lectura que nos lleva fantasear con viajar a la costa del Pacífico mexicano y a disfrutar como lo hace en la novela Vincent, el protagonista.

La obra acompaña a este personaje durante toda su estancia en el país azteca desde su llegada a Zihuatanejo hasta su vuelta. Tras unos pequeños problemas de salud al comienzo de su estadía, “la venganza de Moctezuma”, los días pasan tranquilos y en el apacible verano de la costa mexicana y Vincent se puede dedicar a sus dos objetivos principales: escribir y hacer surf. En relación a la primera labor, el protagonista busca transmitir de manera directa sus experiencias en tierras americanas tal y como William S. Burroughs señala en la cita de El almuerzo desnudo que encabeza el libro: “Solo hay una cosa de la que puede escribir un escritor: lo que está ante sus sentidos en el momento de escribir. Soy un aparato para grabar”.

Bocanegra sigue también el consejo del escritor norteamericano y nos ofrece una narración de una claridad compositiva muy llamativa, en la que los pequeños acontecimientos de las vacaciones de Vincent se van sucediendo y en la que apenas encontramos digresiones. Al igual que ocurría en su anterior novela, Vacas (2020), el narrador murciano opta por el uso de frases cortas y por la escasez de adjetivos, siguiendo la senda de la narrativa beat. El único cambio relevante en cuanto al estilo en toda la novela es el uso de una segunda persona con la que el narrador se dirige a un narratario que resulta ser una chica que pasa parte de la estancia en la playa mexicana con el protagonista.

El segundo objetivo del viaje, surfear, ocupa la mayor parte del tiempo que Vincent pasa en México. Tras visitar varias localidades, el escritor acaba estableciéndose en La Saladita, una idílica población playera en la que vive una bien avenida comunidad de surfista. Esa despreocupación propia de los practicantes de esta actividad, cuyo único dolor de cabeza parece ser encontrar la próxima ola, crea un ambiente relajado y permite a Vincent introducirse en un grupo caracterizado por su tendencia a compartir, ya sea una tabla, un coche para llegar al pueblo más cercano o una buena cena regada con tequila y cervezas. Este microcosmos que se crea en La Saladita recuerda también el ambiente de Vacas (ubicada en el Cantábrico) y de otras novelas centradas en el ambiente surfero, como por ejemplo Vicio propio (2009) de Thomas Pynchon, cuyo argumento se desarrolla en las playas de Los Ángeles.

Zihuatanejo es, además de una “novelita tropical” como anuncia el subtítulo, una oda a la fraternidad de la comunidad de surfistas y una reivindicación del México más amable.    


Reseña publicada en ElNoroeste:



martes, 12 de julio de 2022

Omega - Javier Moreno





Omega, Javier Moreno, Aristas Martínez, 2022, 160 págs., 18€.

 

Durante la última década Javier Moreno se ha convertido en uno de los narradores que con mayor perspicacia ha indagado en los problemas que afronta la sociedad contemporánea. Su novela 2020 (2013) se ha leído tras los acontecimientos de ese año como premonitoria; Acontecimiento (2015) reflejaba la metamorfosis de la publicidad en nuestra época; tras los cuentos de Un paseo por la desgracia ajena (2017) se ocultaba una ácida sátira contra la moral burguesa, mientras que en Null Island (2019) se preguntaba sobre las intersecciones entre la literatura y las redes sociales. En su última novela, esta estupenda Omega, Moreno reflexiona sobre el futuro de las relaciones amorosas y sexuales en una época en la que la carnalidad ha sido prácticamente sustituida por su sucedáneo pixelado.

Si bien podemos establecer algunas conexiones con Acontecimiento (2015), de nuevo tenemos a un narrador protagonista que es un profesional de la gestión de contenido en las redes sociales, esta obra no se puede entender sin el ensayo que acaba de publicar Moreno casi a la vez: El hombre transparente (2022). Si bien en esta obra el autor murciano no desarrolla una trama ni emplea personajes de ficción como en Omega, sí que aparecen algunos de los temas que la novela trata, en especial la forma en la que nuestra sociedad y nuestras relaciones han variado en los últimos años debido a la inteligencia artificial, el big data, las aplicaciones móviles o las redes sociales.

Como digo, no debe esperar el lector de Omega un ensayo, aunque son frecuentes los pasajes especulativos en los que Moreno reflexiona sobre los temas que aparecen en la historia por boca de su narrador, sino que hallará una novela con un argumento breve y relativamente sencillo, pero con unos personajes magnéticos. En la creación del extraño triángulo formado por el narrador, Iratxe y Max está el principal atractivo de la obra de Moreno.

El narrador es un hombre aparentemente escéptico y bastante snob que se dedica profesionalmente a manejar los perfiles en redes sociales de políticos y artistas gracias a su gran conocimiento de este proceloso mundo. Entre sus clientes está su pareja, Iratxe, una cantante de moda que salió de un programa de talentos (OT) y que paulatinamente está consiguiendo el favor del público y de la industria de la música. En esta aparentemente pareja ideal, con su chalet con piscina, sus cócteles y sus posados en las entregas de premios donde Iratxe es agasajada, aparece un extraño tercer elemento: Max. Este es un brillante biólogo con una personalidad algo excéntrica que viene remarcada por una peculiaridad física: Max no puede parpadear ni mostrar gestos en su cara.

Cuando el científico, que siente una atracción muy peculiar hacia Iratxe, deja unos crípticos mensajes en la cuenta de la cantante, el narrador comienza a sentir una fascinación por su misteriosa figura primero, por sus reflexiones sobre el futuro de la humanidad después y por sus proyectos científicos finalmente. El narrador establece con Max una relación que bascula entre el miedo, el odio y la devoción y que va pareja con un replanteamiento de su relación con Iratxe. Aunque ella es una mujer sumamente atractiva y gozan de una satisfactoria vida sexual juntos, él comienza paulatinamente a tener con la mujer una relación mediatizada por las pantallas. Al igual que sus miles de fans, parece que al narrador le satisface más la imagen de una Iratxe desnuda en su móvil o seguir su gira por toda España en Google Maps que acostarse con ella. 



sábado, 28 de mayo de 2022

Sulfuro - Fernanda García Lao



 Sulfuro, Fernanda García Lao, Candaya, 2022, 171 págs., 16€.

 

Quizás uno de los temas más comunes en la literatura fantástica sea el de los fantasmas. Estos personajes representan uno de los miedos atávicos del ser humano: la vuelta a la vida de los que ya han fallecido. Zombis, renacidos, espíritus… su presencia en este tipo de narrativa ha sido tan abundante que cabría preguntarse si es posible arrojar nuevas perspectivas sobre el tema. Fernanda García Lao nos demuestra que la (buena) literatura es capaz de encontrar nuevos caminos que transiten hasta por los territorios más trillados y nos ofrece en Sulfuro, su última novela, una inquietante novela de aparecidos en el que el tema de los fantasmas se conjugan con otros de gran calado, como más adelante veremos.

El libro está protagonizado por una mujer que tiene una estrecha relación con los muertos. Caminando siempre entre la cordura, desde su perspectiva es algo lógico hablar con fantasmas, y la locura, el resto de personajes la ven como alguien extraño y peligroso, la protagonista posee una relación mucho más fluida con los espíritus que con los que aún permanecen en el mundo de los vivos. García Lao opta para acercarnos a este carácter tan peculiar por la segunda persona, con un narrador muy cercano al personaje que se dirige a ella y que siempre la acompaña, convirtiéndose en una especie de espejo de sus vicisitudes y pensamientos. Además, la narradora argentina emplea un lenguaje muy poético, con frases breves que se organizan también en capítulos de escasa extensión en los que es más importante lo inferido que lo narrado, creando así la atmósfera misteriosa perfecta para esta historia.

Aunque está lejos de ser una narración lineal y de explicitar todos los pasos que da la protagonista, en consonancia a ese tipo de prosa que, como acabamos de señalar, define al libro, el argumento de Sulfuro se puede resumir en apenas unas líneas. Una mujer se vuelve a casar, tras un matrimonio fallido con un concejal con el que tuvo dos abortos, con un escribano que tiene dos hijos de una mujer ya fallecida; la casa en la que se instala con su segundo marido está situada justo enfrente de un cementerio y comenzará a relacionarse con algunos de los muertos que allí “residen”, buscando conocer más sobre el fallecimiento de su madre y de la antigua mujer del escribano.

Esta importancia que poseen los espíritus en Sulfuro se relaciona con otros tres temas que, a mi juicio, también son fundamentales para entender esta historia que camina entre lo sórdido y lo macabro. En primer lugar, la religión sería un elemento fundamental; la protagonista lee constantemente un libro sobre las vidas de santos y también entra en contacto, durante un periodo, con una secta de la que intenta encontrar respuestas a sus dudas existenciales. El sexo sería otro de estos temas fundamentales; si las relaciones con los hombres que tiene la protagonista se caracterizan por la falta de interés cuando no se convierten en verdaderas violaciones, ella muestra un gran interés por los fallecidos, alguno de los cuales le atraen mucho más que los vivos. A estos temas debemos añadir el de la familia, fundamental para entender la novela. El deseo de ser madre de la protagonista desemboca en una disyuntiva que será fundamental al final del libro: elegir entre los hijos de su segundo marido y los abortos que ha trasplantado a una maceta y que cuida de forma maternal.   


Reseña publicada en El Noroeste:



jueves, 10 de marzo de 2022

Salvatierra - Pedro Mairal


 Salvatierra, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2021 (2008), 170 págs., 18€.  


Afronta este Salvatierra uno de los retos más difíciles que puede afrontar un texto narrativo: basar su trama en una pintura. Algunos textos parten de cuadros conocidos, alojados en la memoria del lector o fácilmente localizables con una búsqueda por internet. Sin embargo, en esta novela de Pedro Marial, publicada originalmente en 2008 y reeditada en 2021, el cuadro que se establece como eje de la historia posee dos dificultades: es inventado y es de un tamaño descomunal. El hábil narrador porteño solventa esta dificultad con una serie de minuciosas descripciones de la pintura que resultan fundamentales para entender la obra y a su autor.  

Porque en Salvatierra el cuadro y la vida del artista son inseparables por la peculiar naturaleza de la pintura. El lienzo es una especie de diario personal de Juan Salvatierra, un aparentemente anodino empleado de correos de una pequeña localidad argentina, en el que a lo largo de sesenta años y casi a diario va retratando sus vivencias, sus sueños y sus preocupaciones. Tras seis décadas de trabajo casi ininterrumpido el pintor deja un kilométrico fresco de su experiencia en la tierra en unos sesenta rollos, uno por año, que acumulan polvo en un almacén.  

Esta peculiar herencia es recibida por el narrador, el hijo menor del pintor, en una etapa en la que su vida parece carecer de motivaciones: la inmobiliaria que regenta en Buenos Aires cierra, su hijo se marcha a Europa y su matrimonio hace tiempo que fracasó. Por eso, el narrador, con el apoyo más pasivo de su hermano Luis, convierte la gestión de la original obra de su padre en una misión. Lo que al principio es un trabajo tedioso, tratar con políticos, pedir subvenciones, convencer a un museo que quiera exponer el larguísimo cuadro, se convertirá en una investigación detectivesca al darse cuenta de que falta uno de los rollos.   

Es aquí donde Mairal demuestra su pericia como narrador con una trama ligera y entretenida que adquirirá mucha mayor enjundia al final. En ese proceso de investigación, el narrador irá descubriendo algunos secretos de la vida de su padre que quedan al descubierto en el cuadro que obsesivamente recogió casi toda su existencia. Este final ejemplificará las peculiaridades de las relaciones paternofiliales y cómo los hijos solemos tener una visión parcial y desvirtuada de la vida de nuestros progenitores, mediatizada por su relación con nosotros.  

El otro tema principal del libro es el uso del arte como expresión autobiográfica. Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las novelas, en las que se emplea la escritura para reflejar la vida del autor o del narrador, Mairal opta por usar la pintura como el catalizador de este deseo de reflejar lo vivido. Salvatierra es un personaje que apenas puede comunicarse mediante la palabra, quedó mudo tras un accidente hípico siendo niño, y que, sin embargo, lo hace con fluidez en su cuadro. Este es una especie de pintura cinética en la que, como el cercano río Uruguay que tanta importancia tiene en la novela, nunca debe dejar de fluir.  

También es interesante el acercamiento al mundo del arte, un ámbito en el que las instituciones a menudo dejan de lado a pintores poco conocidos de los que posteriormente quieren aprovecharse cuando adquieren notoriedad.  

Reseña publicada en El Noroeste:



domingo, 20 de febrero de 2022

Las niñas prodigio - Sabina Urraca


Las niñas prodigio, Sabina Urraca, Fulgencio Pimentel, 2021, 336 págs., 21€.


La novela es sin duda alguna el género más versátil de la literatura. Desde las formas más canónicas que se establecieron en el realismo decimonónico hasta las variantes más arriesgadas, el género que Cervantes llevó a la modernidad ha vivido innumerables variaciones que no han conseguido acabar con su vigencia sino, por el contrario, demostrar que acepta casi cualquier propuesta. Entre ellas podemos incluir la que propone Sabina Urraca en Las niñas prodigio, que si bien no se encuentra entre las más rupturistas, sí que apuesta por olvidar dos de los pilares de la novela más tradicional como son el orden temporal y la unidad argumental. 

Y es que el libro de Urraca se puede leer también como un conjunto de relatos en los que la autora va saltando cronológicamente desde su infancia hasta su presente, ofreciéndonos una novela fragmentaria o un volumen de cuentos de temática unitaria. Además del fragmentarismo, el ya citado componente autobiográfico es otro de los elementos definitorios del libro; aunque nunca se presenta como unas memorias y es difícil constatar la veracidad de las historias, sí que existen evidentes coincidencias entre la protagonista, una niña de origen vasca criada en Tenerife que se convierte en periodista, como la autora.  

Esta índole personal de las historias que se narran es uno de los aspectos que unifican los fragmentos del libro, que mezclan relatos de casi todas las épocas de la narradora, haciendo especial hincapié en la primera adolescencia. Los relatos centrados en esta época de la vida de la protagonista no evitan episodios escabrosos relacionados con el acoso de un pedófilo o el descubrimiento de la sexualidad junto a las amigas. La autora opta por relatar estas escenas desde la inocente y sorprendida perspectiva infantil en episodios que recuerdan los que desarrolla Andrea Abreu en Panza de burro, novela amadrinada por la propia Sabina Urraca y con la que esta posee ciertas concomitancias.  

Entre los personajes que reaparecen a lo largo de todo el libro destacan por su fuerza narrativa dos: Henri y Chori. El primero es un amigo de los padres de la protagonista que tendrá una turbia relación con las niñas del grupo de amigos, formado por vascos establecidos en Tenerife, y que reaparecerá más tarde en la vida de la narradora. Mucho más tierna aunque también algo perturbadora es la figura de Chori, un chaval de una aldea gallega con la que la protagonista mantiene una amistad epistolar. Tras unos extraños mensajes en los que Chori le asegura haber mantenido contactos con extraterrestres, ambos se conocerán en Madrid durante una etapa de la vida de la narradora marcada por cierto descontrol.

Esa niña inocente y soñadora que se limita a imitar el gesto final de Nadia Comaneci, porque es incapaz de realizar el resto del ejercicio, se convierte en una adulta que se retira durante un tiempo a la Alpujarra granadina a escribir este libro. Estamos ante un nuevo acercamiento al tema de las dificultades que debe afrontar una mujer al establecerse sola en el campo que también han tratado recientemente otras autoras como Sara Mesa en Un amor y Carlota Gurt en Sola. En el caso de la narradora de Las niñas prodigio también tendrá que enfrentarse a la soledad y a visitas inesperadas de la policía. Lo hará en un contexto bastante peculiar debido a la comunidad de hippies que habita el entorno de la casa donde se ha establecido.  


Reseña publicada en El Noroeste:



martes, 28 de diciembre de 2021

Los nombres impares - Álex Chico



 Los nombres impares, Álex Chico, Candaya, 2021, 18€, 252 págs.

 

Pocos autores contemporáneos se han convertido en tan poco tiempo en verdaderos mitos como Roberto Bolaño. En su biografía hay, además, una etapa que adquirió gracias a Los detectives salvajes un aura cuasi mitológica: su juventud como poeta airado en el México de los años 70. El grupo de poetas iconoclastas, juerguistas y vanguardistas al que perteneció, los infrarrealistas, se convierten en protagonistas de la novela bajo el nombre de los real visceralistas. Álex Chico parte de la siguiente premisa en Los nombres impares: ¿es posible que un anciano que vive solo en la Barcelona contemporánea sea Darío Galicia, uno de los infrarrealistas desaparecido desde hace décadas?

El libro se nos presenta, en su primera parte, como la investigación que lleva a cabo el narrador para desentrañar el misterio que le ha presentado Ida, la chica que cuida del anciano: ¿fue este misterioso y esquivo personaje un importante escritor en el pasado? A través de los recuerdos que el hombre guarda en cajas en su casa, y a las que accede de manera furtiva con la complicidad de Ida, el narrador llega a la conclusión de que se trata de Darío Galicia. A la presencia en las cajas de fotografías del México de los setenta se le añade el nuevo nombre que ha adoptado el hombre: Damián Gallego, demasiado parecido al del poeta infrarrealista como para ser una coincidencia.

Tras el emocionante hallazgo, cree haber encontrado al escritor que Bolaño rebautizó en Los detectives salvajes como Ernesto San Epifanio, el narrador se enfrenta al dilema de cómo contar la historia. Por un lado decide realizar lo que en un momento dado define como “novela de ensayo ficción”, por ser el género que mejor se adapta a lo que desea narrar. Por otro, comienza a planear un documental con Tomás, el cineasta amigo suyo con el que ha descubierto la existencia de Damián y que lo ha acompañado en las incursiones en la casa de este. El libro plantea, además, la pregunta de quién tiene el derecho a narrar una vida. Los tres protagonistas (Ida, Tomás y el narrador) han comenzado el proyecto de rescatar del olvido a un poeta sin tener en cuenta al propia Damián. En la segunda parte del libro el anciano es por fin partícipe del documental y escuchamos su voz mientras Tomás y el narrador lo graban en su casa.

Además de estos temas relacionados con cómo contar una vida y la legitimidad para hacerlo, Los nombres impares propone otros dos asuntos que considero de gran interés. El primero sería el límite del compromiso del artista con su obra: a través de los manuscritos de Damián que el narrador consulta en las cajas de su armario y, después, de sus propias palabras, conocemos una biografía en la que la experiencia literaria fue vivida hasta sus últimas consecuencias y estas implicaron la enfermedad mental, la cárcel y la indigencia.

El otro tema está relacionado con esa mitificación de Bolaño y de los infrarrealistas que citábamos al principio. Damián le quita algo de prestigio a la figura del escritor chileno y a su grupo, que define como “ni detectives ni salvajes”. Además, el narrador se tiene que enfrentar, y esa será la clave del final de la novela, a la pregunta de si Damián Gallego es en realidad Darío Galicia o su obsesión por hallar a un autor maldito le ha llevado a fabular una historia por la necesidad de contarla. 


Reseña publicada en El Noroeste:



lunes, 13 de diciembre de 2021

Los extraños - Jon Bilbao

 


Los extraños, Jon Bilbao, Impedimenta, 2021, 133 págs., 15€.

 

Que al comienzo de una novela los protagonistas sean testigos de la aparición de varios ovnis en el cielo, parece determinar bastante el horizonte de expectativas del lector. Todos pensaremos que estamos ante una obra de marcado carácter fantástico que versará sobre este fenómeno paranormal, sus explicaciones y su posible repetición. Sin embargo, Jon Bilbao emplea este suceso como lo que en el cine se llama “macgufin”, es decir, un hecho que sirve para que la trama avance pero que no tiene una importancia decisiva. De hecho, los ovnis sólo poseerán una relevancia secundaria en una historia mucho más realista de lo que en un principio podría parecer.

Y es que “los extraños” a los que el título hace referencia no son tanto los supuestos extraterrestres de las naves lumínicas que han surcado el cielo, sino Markel y Virginia, dos invitados inesperados que llegan a la casa familiar de Jon. Este es un escritor que sobrevive redactando textos técnicos y que ha ocupado la vivienda de sus padres aprovechando que ellos pasan los inviernos en Canarias. Le acompaña su pareja, Katharina, una alemana que trabaja como traductora mientras encuentra empleo en una productora audiovisual. Como vemos, las referencias a la biografía del autor (un escritor, nacido en Ribadesella, con formación como ingeniero) son bastantes claras y se configuran ya en una marca de su narrativa. De hecho, la casa donde se desarrolla la acción y que está situada en la localidad natal de Jon Bilbao ya aparecía en su anterior novela: Basilisco (2020).

La pareja vive una relación donde la tensión provocada por varios factores como la inapetencia sexual, el deseo de él de escribir ficción o de ella de volver a Alemania, amenazan con derivar en una crisis. En ese momento aparecen dos extraños que resultan ser Markel, un primo segundo afincado en Chile y del que apenas tiene recuerdos, y Virginia, una enigmática y fría mujer cuya relación con Markel bascula entre lo personal (como pareja) y lo profesional (su asistente). El hombre les cuenta a Katharina y Jon que están recorriendo Europa y que quería visitar la casa que su abuelo, hermano del de Jon, construyó en Ribadesella.

Los recién llegados se instalan en la casa, que queda repartida gracias a su peculiar estructura, con varias alturas y entradas para adaptarse a la ladera donde se encuentra, entre ambas parejas. Se establece entonces entre ellos una relación ambigua que va desde la complicidad de algunas cenas, la atracción sexual, los recelos y las discusiones. Es en este singular rompecabezas entre los problemas de Jon y Katharina, la peculiar relación de Virginia y Markel, el intento por parte del escritor de recordar el verano compartido con su primo y los verdaderos motivos de los visitantes para instalarse allí, que los dueños de la casa irán descubriendo poco a poco, configuran desde mi perspectiva lo mejor del libro.

En el otro lado de la balanza, en una novela interesante en su conjunto, está la falta de desarrollo de algunos temas o la precipitación del final, determinados por la brevedad de una novela a la que le hubieran venido bien algunas páginas más. Sin embargo, Bilbao opta por una narración más bien elusiva en el que algunas respuestas quedan en el aire.


Reseña publicada en El Noroeste: