sábado, 22 de junio de 2019

Las acacias del éxodo - Conchi Moya




Las acacias del éxodo, Conchi Moya, Sílex, 2019, 120 págs., 12€.


Pocos pueblos han sufrido más en el último medio siglo que el saharaui. Quizás los kurdos sean una de las pocas naciones que hayan vivido tanta represión como los habitantes de este país del norte de África. Tras el abandono español de la zona, Marruecos se apropió del Sáhara Occidental e inició una ocupación que dura hasta nuestros días. En las últimas cuatro décadas los esfuerzos diplomáticos y bélicos del pueblo saharui han sido estériles y hoy en día sus habitantes malviven en campos de refugiados, en el exilio o bajo la dominación marroquí. A pesar de ser un conflicto tan cercano geográfica y culturalmente, existe una importante literatura saharaui escrita en español, el Sáhara Occidental raramente ocupa titulares en la prensa de nuestro país, lo que provoca que el desconocimiento de la situación de este pueblo se sume al oprobio por el comportamiento de nuestros gobernantes.

Esta primera razón extraliteraria, ese abandono de una injusticia tan flagrante como olvidada, justifica ya de por sí la lectura de Las acacias del éxodo, ya que el libro de Conchi Moya es una manera estupenda de conocer de primera mano la historia, la cultura y los problemas de este pueblo. Y es que esta autora madrileña es una gran conocedora del país y de sus gentes, autora de otros libros sobre el tema, uno de ellos junto al activista saharaui Bahia Mahmud Awah. Pero, al contrario de volúmenes anteriores, Moya opta por la ficción para mostrar, de una manera tanto o más eficaz que en un ensayo, la realidad del Sáhara Occidental.

El libro está compuesto por veinticuatro relatos de diferente extensión que se alejan en su mayoría de la estructura narrativa más clásica. La autora opta por fragmentos de historias, por anécdotas o por semblanzas que buscan conformar un mosaico que acerque al lector español a la realidad saharaui. Aunque con un estilo cuidado, en  Las acacias del éxodo percibimos cierta tendencia a la oralidad, como si la escritora quisiera desaparecer y otorgarle el protagonismo a aquellas personas que le contaron las historias que ella reproduce. Moya acierta al evitar ese egocentrismo tan habitual del escritor contemporáneo y ofrecer al lector las peripecias de los saharauis desde su propia perspectiva y no desde esa perspectiva exótica tan propia del europeo.

Por supuesto, el hecho de que la autora sea española hace que el libro esté pensado para los lectores de nuestro país. Así, la presencia de personajes peninsulares es habitual en los relatos, desde los activistas que apoyan la causa saharaui, hasta los antiguos habitantes de la colonia, pasando por algún político real como Felipe González que no sale bien parado por su traición a la causa con la que se comprometió antes de ser presidente. Además, el libro es rico en referencias a la cultura, a las tradiciones y la lengua de este pueblo, que llevan a la autora a incluir medio centenar de notas a pie de página y un completo glosario.

En cuanto a la temática de los textos que integran Las acacias del éxodo, podemos citar el recuerdo (casi siempre positivo) de la época colonial, las batallas de la guerra contra los marroquíes y las penurias sufridas durante el exilio. Moya toma claramente partido a favor de la causa saharui y termina el amargo volumen con un canto a la esperanza a modo de relato sobre un futuro Sáhara independiente y próspero.

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 9 de junio de 2019

8.38 - Luis Rodríguez




8.38, Luis Rodríguez, Candaya, 2019, 190 págs. 16€.


Un lector puede comenzar la lectura de un nuevo libro con distintos niveles de conocimiento del mismo. Lo que los teóricos conocen como “horizonte de expectativas” puede ir desde la absoluta ignorancia de la trama del libro y de la trayectoria del autor, hasta el conocimiento más profundo del creador y la lectura de reseñas que orienten la lectura. En mi caso, con el libro 8.38 mi horizonte de expectativas era bastante limitado y se circunscribía al titular de un artículo de Alberto Olmos con un título tan llamativo como sorprendente: “El escritor más moderno de España tiene 60 años y se llama Rodríguez” (El Confidencial, 29/03/2019). Tras leer el libro creo que la frase de Olmos es un tanto hiperbólica, no sé si “moderno” es el adjetivo que mejor define a Rodríguez, pero sí que entiendo su entusiasmo por un libro que dinamita varios de los pilares de la literatura contemporánea.

Dinamita, en primer lugar, la estructura clásica de la narrativa; deben evitar este libro aquellos que se sienten incómodos con las novelas cuyo desarrollo argumental no es lineal y unívoco. Sin embargo, y aunque es cierto que no es una de las opciones más fáciles para atraer al público actual, no considero que este rasgo sea por sí mismo “moderno”, ya que encontramos ejemplos de tramas difíciles de seguir en libros publicados hace ya bastantes décadas, v. gr. El ruido y la furia (1930) de William Faulkner.

Dinamita ese juego entre la identidad del autor y la del protagonista que está en la base de la autoficción, tendencia que comienza a perder en los últimos tiempos esa pátina de modernidad que ha venido teniendo desde comienzos de siglo aproximadamente. En 8.38 hay un Luis Rodríguez que es escritor pero cuya biografía tiene, aparentemente, pocas similitudes con la del creador del libro. No obstante, la presencia del escritor real que está tras la génesis de estas páginas es muy importante en ellas, aunque más en lo literario (se citan con frecuencia sus libros previos) que en lo meramente personal.

Dinamita también los límites de la novela, género en el que, gracias a su proverbial heterogeneidad, podríamos incluir 8.38. Y es que si bien tiene narradores, personajes variados y una trama, no fácilmente delimitable pero sí presente, el texto emplea una variedad discursiva que lo hace muy original. Por ejemplo, en un fragmento del libro que tiene la forma de obra de teatro, uno de los personajes abandona el escenario, momento en el que el texto se convierte en relato para contarnos su itinerario.

Dinamita, para terminar, incluso la referencialidad del título con respecto al texto. Aquí, el paratexto alude, según la contraportada, a la hora en la que murió Dostoievski y en la que está parado el reloj de su casa en San Petersburgo; pero, salvo la cita del autor ruso con la que concluye el libro, no he hallado la relación directa con el texto.

 Entonces, ¿qué queda en 8.38 tras tanta demolición? Pues, en primer lugar, un texto originalísimo de carácter eminentemente metaficcional y con numerosas referencias literarias que confluyen en la prolija dedicatoria del Rodríguez a sus autores predilectos. En cuanto al argumento, aunque no sea lo más relevante del libro, podemos señalar que la primera parte retrata la imposibilidad de un autor de escribir un libro sobre unos maquis y el guardia civil que quiere, la segunda se centra en el peculiar pueblo de Soyube y la tercera en un oficinista que lleva una triple vida. 

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 27 de mayo de 2019

5 - Sergio Chejfec


5, Sergio Chejfec, Jekyl and Jyll, 180 págs., 20€.


La crítica literaria es un género parásito; sólo vive de otro texto anterior que comenta y del que depende tanto para su existencia como para su posible trascendencia, si consigue entablar un diálogo con ella. Sin embargo, en ocasiones, la labor del crítico no se limita a la mera invitación al lector a que conozca tal o cual libro o al comentario de sus rasgos fundamentales. Estoy pensando, por ejemplo, en la importancia que ha tenido Ignacio Echevarría en la publicación de algunos de los inéditos de Roberto Bolaño tras su muerte. Por supuesto que son casos extremos y que el mérito casi íntegro es del autor, pero es una muestra de que a veces ese parásito puede ayudar a vivir al ser del que se alimenta.

Sergio Chejfec plantea una nueva perspectiva de esta conflictiva pero necesaria relación entre la literatura y la crítica en 5, un libro formado por un relato (“Cinco”) y un comentario del mismo (“Nota”). El primer texto, sobre el que luego volveremos, fue publicado en 1996 fruto de una residencia artística en la ciudad francesa de Saint-Nazaire en el año anterior. “Nota” se presenta como una “explicación” (en palabras del propio autor) del relato original escrita veinte años después, pero deviene en una narración independiente que relata las circunstancias de aquella estancia. Chejfec parece concluir que esa explicación que estaba en su deseo inicial es inútil o imposible, optando por crear un texto nuevo que, si bien depende del primero, no ofrece esas respuestas que el lector podría esperar. De hecho, en un fragmento de “Nota”, el autor explicita ese desapego con el relato original con estas palabras: “de lo escrito entonces casi no guardo sentimientos” (pág. 144).

“Cinco” es una narración extraña, ambigua, en la que la trama no avanza de manera cronológica, sino que parece que vamos conociendo fragmentos de un texto previo a través de los comentarios del narrador. En lo relativo al argumento, podríamos citar la relación que establece el protagonista, una especie de vagabundo que camina sin descanso por las calles de una ciudad nueva para él, con Patricia, una panadera que le permite dormir en su tienda. Pero, como ya ocurría en otros relatos de Chejfec, ya estaba en Modo linterna (2014), el espacio posee un protagonismo incluso mayor que los personajes. El propio autor pondera en “Nota” la importancia que este posen: “en mi opinión (…) la organización física de la naturaleza, en cierto modo la geografía, era la verdadera aunque disimulada intención de la literatura” (pág. 153).

La ciudad portuaria y el personaje de Patricia vuelven a aparecer en “Nota”, que fracasa en su intento de explicar “Cinco” pero donde encontramos varias ideas de la poética, ya hemos reproducido un par de frases en párrafos anteriores, de este interesantísimo autor que es Sergio Chejfec. Si bien apenas tenemos referencias explícitas a la narración originaria, sí que se nos describe una situación muy parecida a la que vivió el autor en su concepción. Y es que en “Nota” encontramos a un escritor que es invitado a una ciudad por los responsables municipales y que debe “actuar” como se espera de él. Así, asistimos a sus paseos por la localidad con los responsables de la Residencia, a sus conversaciones con los habitantes de la localidad y a sus viajes en autobús hacia el extrarradio; todo ello con el fin de aprehender la esencia de la ciudad y hacerla protagonista del libro que escribirá, tal y como establece la invitación.

Reseña publicada en El Noroeste:


miércoles, 15 de mayo de 2019

Incidentes - Ary Malaver



Incidentes, Ary Malaver, Valparaíso, 2019, 102 págs., 15€.


Para muchos teóricos, la minificcion abarca todo texto literario de extrema brevedad. Esta definición incluiría a ensayos mínimos, teatro corto o micropoesía; sin embargo, en la práctica, el término acaba siendo un sinónimo de microrrelato y cuando hablamos de minificción solemos hacerlo de textos narrativos que no llegan a las dos páginas y que suelen  resolverse en unas pocas líneas. Creo que no hace un gran favor al género que los escritores más jóvenes sigan repitiendo un esquema que, si bien ha demostrado su versatilidad, puede acabar cansando al lector. Por eso se agradecen libros como este Incidentes de Ary Malaver en el que, partiendo de la premisa de la brevedad, y por lo tanto ubicándose dentro de la minificción, ofrece diversas variantes.

Y es que, si bien todos los textos de este breve libro se rigen por la concisión, salvo el titulado “puppa, papa” que se alarga hasta las cuatro páginas, apenas encontramos minicuentos en el sentido clásico del término ya que no siguen las pautas de maestros como Luis Mateo Díez o Ana María Shua, autora del prólogo de este Incidentes, por cierto. Malaver, escritor peruano afincado en Estados Unidos, es profesor universitario y especialista en minificción (como otros grandes cultivadores del género como David Lagmanovich o David Roas, por ejemplo) y conoce muy bien sus entresijos. De hecho, la publicación de este libro de ficción coincide con la de su ensayo sobre el microrrelato La brevedad como poética. Malaver parece optar por abrir nuevos caminos en la minificción y ofrecer un conjunto heterogéneo al lector.

Desde el punto de vista genérico, podemos agrupar los textos del libro en varios grupos bastante cohesionados entre sí que, sin embargo, se van mezclando a lo largo de las páginas otorgándole al libro esa variedad a la que antes aludíamos. En primer lugar encontramos una serie de textos que se acercan más al tipo canónico de microrrelato que todos conocemos, tienen personajes y una mínima trama, pero evitan ofrecer estructuras cerradas optando más por lo filosófico, como si de fábulas modernas se tratara. A esta sección pertenecerían, por ejemplo, “hallar, soltar” (todos los títulos están en minúscula), sobre las relaciones de pareja de una mujer, o “sueños de una camarera”, que recuerda al mundo onírico de Borges.

Otro grupo, más cohesionado que el anterior, propone la existencia de un supuesto cuaderno boliviano que el autor encontró en un autobús de este país. A lo largo de Incidentes se reproducen varios fragmentos de este manuscrito en un curioso juego metatextual. Pero como señalábamos antes, el volumen estira los límites de la minificción e incluye textos líricos, que destacan por su extrema brevedad. Esta sección poética del libro está compuesta casi íntegramente por haikus, ese tipo de poema de origen japonés que se centra en un detalle y que ocupa tres líneas. Destacan varias haikus dedicados a Ana, una monja androide. Incidentes se completa con poemas que juegan con la disposición gráfica en la página (caligramas), un relato donde lo importante es la fonética (“elevan helio segundo lores”) y fragmentos en inglés.

Como el laberinto circular que ilustra de portada parece sugerir, este libro busca sorprender al lector en cada nueva página, ofreciendo un volumen que en su eclecticismo tiene su principal virtud.


martes, 7 de mayo de 2019

Las suplantaciones - Pedro Pujante


Las suplantaciones, Pedro Pujante, M.A.R. editor, 2019, 150 págs., 14€.


Si partimos de la base de que todo escritor es, ante todo, un lector que ha decidido continuar una cadena milenaria a la que se añade como último eslabón, podemos buscar en toda obra las huellas de esas lecturas previas. Algunos las llaman influencias, otros, más teóricos, referencias intertextuales, pero todos creemos hallar en las líneas que leemos por primera vez ecos de autores que precedieron al autor. En algunos casos esta presencia es más palpable y se erige en elemento fundamental en la concepción y desarrollo del libro, que entabla un diálogo directo con la Historia de la Literatura. Este último caso es el de Pedro Pujante, cuyo último libro, Las suplantaciones, no se puede entender sin La metamorfosis (La transformación, según alguna traducción reciente) de Franz Kafka.

Este narrador murciano ya había dejado claro en libros anteriores que entiende su literatura como un homenaje a los escritores que le han influido. Por ejemplo, su reciente Las regiones inferiores de la muerte (2018) está protagonizado por un Enrique Vila-Matas a quien se le aparece el fantasma de Kafka. El relato más conocido del autor checo está en el punto de partida de Las suplantaciones, en el cual un vendedor praguense, cuyo nombre, George Simurg, remite directamente al Gregor Samsa kafkiano, despierta un día en la habitación de la casa donde vive con su hermana y sus padres convertido en una cucaracha. A partir de aquí, y salvo alguna referencia puntual (hay una chica llamada Felice y el protagonista afirma en un momento dado no conocer a Kafka), la novela adquiere independencia y se desarrolla por derroteros diferentes a La metamorfosis.

El libro pone el foco en un profesor de música madrileño de mediana edad que es primo del George Simurg transfigurado y con el que comparte nombre y fisonomía. La atribulada familia del monstruo acude a su pariente español para que les ayude a afrontar una situación que les sobrepasa. El protagonista, también narrador del texto, se dirige a Praga y poco a poco va descubriendo que la sorprendente transformación de su primo es sólo la punta de un iceberg profundísimo que incluye reuniones secretas, enigmáticos clubes, viajes a Londres para reunirse con el enigmático Rufus y más metamorfosis. El George español comenzará a indagar en los turbios y misteriosos asuntos en los que su primo estaba inmerso para tratar de conocer los motivos de su transformación en un insecto. Lo hará de la mano de diversos personajes, como la citada Felice, que tendrán en común esconder más de lo que muestran.

Con estos mimbres, Pujante desarrolla una intrincada trama en la que pone en juego algunos de los tópicos tradicionales de la novela fantástica como el doble, la flexibilidad del tiempo y el espacio, las difusas fronteras entre realidad e ilusión y la suplantación de identidad, fenómeno que da título a la novela. A partir de ahí, y sin abandonar nunca ese terreno fantástico, el autor plantea también algunas preguntas de calado más metafísico sobre quiénes somos y qué nos hace diferentes de los demás. El propio narrador sufrirá estas dudas al tener episodios de desdoblamiento de personalidad y una anagnórisis, recurso este de gran tradición en la literatura, que será fundamental en el desenlace de la novela. 

Reseña publicada en El Noroeste. 




lunes, 8 de abril de 2019

Una cierta edad - Marcos Ordóñez




Una cierta edad, Marcos Ordóñez, Anagrama, 2019, 335 págs., 18€.

Suelen poseer los diarios de madurez un tono reposado fruto de la experiencia vital del autor y de la lejanía de la agitación propia de la juventud. Libros como el de Iñaki Uriarte, reseñado en estas mismas páginas hace unos años y con el que el de Ordóñez guarda semejanzas, nos presentan a personas cuyo conocimiento de la vida otorga a sus reflexiones gran profundidad sin perder chispa ni, a veces, ironía. El propio título de este diario, Una cierta edad, hace referencia a esa época en la que se encuentra el narrador barcelonés, entre los cincuenta y tres y los cincuenta y nueve años, en la que senectud comienza a aproximarse.
El envejecimiento es uno de los temas que atraviesa las páginas del libro; si el paso del tiempo agobia a cualquier ser humano, cuando este comienza a cobrar sus facturas en la salud, el asunto deviene casi en obsesión. Si bien el ritmo de trabajo de Ordóñez es alto y su lucidez no ha tenido ninguna merma, su cuerpo ha sufrido ya varios avisos en forma de cáncer, superado poco antes de iniciar la redacción de este diario, y de ataques de pánicos, relatados con minuciosidad aquí. Muy significativa en relación con este tema es la escena en la que una chica le cede el asiento en el metro y el autor se siente en la necesidad de exagerar su vejez.
Una cierta edad recoge seis años de anotaciones ordenadas cronológicamente (de 2011 a 2016)  pero alejadas de la sistematicidad de otros diaristas, no se consigna la fecha exacta. Los textos son variados tanto en su extensión, de una sola línea a un par de páginas, como en su concepción, los hay que son meros apuntes mientras que otros podrían haber sido publicados como artículos de opinión en un periódico. En cuanto a los asuntos que trata, aunque también los hay de índole más íntima, la presencia de su mujer Pepita y de su gata Rosalía es constante, destacan los relacionados con las dos ocupaciones principales de Marcos Ordóñez: crítico teatral y escritor.
El mundo de la literatura es uno de esos temas recurrentes en las anotaciones de Ordóñez, si bien aquí las reflexiones sobre libros que le interesan se mezclan con las que tienen como objeto su propia obra. Destaca en este ámbito una entrada en la que el autor ofrece consejos para evitar el bloque creativo (pág. 283) y que se puede relacionar con otra, valiosísima para los que se inician en este campo, sobre cómo realizar una crítica teatral (pág. 251).
Las reseñas de obras de teatro que publica cada semana en el diario El País lo han convertido en un referente sobre el teatro representado en España. Como es lógico, los actores, directores y dramaturgos, las representaciones y las obras dramáticas tienen gran peso en el diario. Son múltiples las anécdotas sobre el mundillo que relata y los homenajes a gente del teatro, especialmente tras su fallecimiento, se suceden. Entre estos personajes destaca la presencia de Nuria Espert, “Lady Espert” según el cariñoso apelativo del autor.
Cuando el lector termina Una cierta edad se queda con ganas de que Marcos Ordóñez siga escribiendo en su diario y pronto nos ofrezca una continuación de este libro y es que se agradece tanto su agudeza como  la magnanimidad con la que trata a la mayoría de personas que pululan por estas páginas. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 24 de marzo de 2019

Factbook. El libro de los hechos - Diego Sánchez Aguilar



Factbook. El libro de los hechos, Diego Sanchez Aguilar, Candaya, 2018, 350 págs., 18€.


A pesar de que se trata de un periodo muy reciente y cuyas consecuencias aún estamos viviendo, la crisis económica que sufrió España entre el final de la primera década del siglo XXI y el comienzo de la segunda ha protagonizado ya varias novelas. Al corpus formado por obras como La trabajadora (2014) de Elvira Navarro o Asamblea ordinaria (2016) de Julio Fajardo se debe añadir este Factbook. El libro de los hechos de Diego Sánchez Aguilar. Se da la circunstancia de que los tres autores citados pertenecen a la misma generación, nacieron entre 1974 y 1979, una de las que sufrió de manera más directa (aunque, ¿alguna no lo hizo?) aquella época de recortes, paro y precariedad laboral.

Sánchez Aguilar, que debuta con asombrosa solvencia en la novela, ofrece una visión muy crítica y con una sólida base política no sólo de la crisis sino del sistema capitalista, sus contradicciones y servidumbres. Una de las citas iniciales, la otra es de la poeta Ana Pérez Cañamares, es nada menos que de Warren Buffet, que alardea de que los ricos van ganando la guerra de clases. El mundo que imagina Sánchez Aguilar, una especie de historia paralela de la España contemporánea que se desgaja de la actual desde el 15M de 2011, sería seguro del agrado del magnate norteamericano.

Y es que tras la victoria del partido político surgido de aquellas protestas, las élites económicas y políticas toman el control y tras anular los resultados y conseguir que Esperanza Aguirre asuma la presidencia, inician una deriva autoritaria mediante una serie de reformas políticas y económicas ultraliberales. Los recortes en los derechos sociales y en la libertad de expresión suponen, por ejemplo, la eliminación de la “deficitaria” educación pública. En este contexto surge una nueva red social, Factbook, que acoge a los indignados con el sistema y cuyo brazo armado cuelga de los toros de Osborne a los presidentes de la CEOE y del FMI y a una empresaria cuyo nombre recuerda al de Ana Botín.

Ante a esta situación Sánchez Aguilar nos muestra tres tipos de actitudes, representadas cada una de ellas por los tres protagonistas del libro. Por un lado, tenemos al colaborador con el sistema, papel que ejerce un informático innonimado que lucha desde su ordenador contra Factbook para defender la democracia que aún piensa que hay España. Conocemos sus puntos de vista sobre esta extraña red social, en las antípodas de Facebook, y sobre los disidentes, a los que no duda en calificar como terroristas, a través de sus respuestas en una entrevista cuyas preguntas no se nos muestran.

La actitud crítica frente a falta de libertades está representada por Rosa, una profesora que en su juventud militó en grupos antisistema y que se frustra al comprobar que las manifestaciones en las que participa y sus firmas en Change.org no sirven para nada. Factbook y la peculiar atracción del toro de Osborne, símbolo de la resistencia, le proporcionarán una manera de canalizar su ira. El más interesante de los tres protagonistas, por simbolizar la inacción, es Gustavo, expareja de Rosa y guionista de series de éxito cuyo egocentrismo le aleja de la actitud beligerante de ella y le lleva a elegir como salida la criogenización.

Sánchez Aguilar nos presenta un retrato nada complaciente de la sociedad española contemporánea en un libro que a pesar de su densidad ideológica y discursiva, apenas tiene diálogos, se lee con fruición. 

Reseña publicada en El Noroeste:


sábado, 9 de marzo de 2019

El animal más triste - Juan Vico

 

El animal más triste, Juan Vico, Seix Barral, 2019, 200 págs., 16€.

Las dos primeras partes de El animal más triste, la última novela de Juan Vico, se desarrollan en la misma comarca del Prepirineo catalán. Sin embargo, mientras que en la primera, que tiene lugar en la actualidad, un grupo de amigos urbanitas se reúnen en el pueblo donde dos de ellas se han instalado, en la segunda sección un maestro de la República enseña en una aldea situada en un valle cercano que en el presente ha quedado abandonada. La cercanía geográfica contrasta con la diferencia de contexto de los personajes de ambas partes, marcada por las décadas que han transcurrido. Si el docente de 1936 debe luchar contra la incultura y la cerrazón de los habitantes del pueblo, los burgueses de la actualidad se enfrentan a situaciones de índole más personal. Vico muestra cómo ha cambiado la sociedad española en este tiempo y lo que nos pueden parecer, tras conocer las cuitas del maestro, problemas sin importancia, son, en realidad, síntoma de que el país logró hace tiempo gran parte de los avances por los que luchaba el profesor en la gris España previa a la Guerra Civil.

Este es sólo uno de los temas que pone en juego un libro que, a pesar de no sobrepasar las doscientas páginas, es rico en referencias de diverso tipo, erigiéndose como un relato heterogéneo que escapa a una fácil clasificación temática. La trama, especialmente en la tercera y última parte, avanza como fuera de plano y vamos conociendo de manera indirecta las separaciones, las infidelidades y los embarazos del grupo de amigos que se reúnen en el pueblo en la primera parte. Esta forma de narrar hace que el lector pueda terminar el libro con cierta insatisfacción, como necesitando saber más de los protagonistas.

La primera parte reúne en el pueblo a tres antiguos amigos, Marta, Roberto y Jonás (el narrador), y a sus respectivas parejas, Solange, la joven Paula y Cecilia. El grupo se completará con Silvia, una tatuadora vecina del pueblo donde Marta y Solange se han establecido y al que han invitado al resto. Durante unos días disfrutan de la gastronomía local, pasean por el pueblo y por la aldea abandonada del valle cercano y desconectan de sus interesantes trabajos de la ciudad. Sobrevuela el encuentro el peso del pasado, especialmente de la obra literaria de un amigo fallecido que se hace presente con el visionado de El animal más triste, un cortometraje que Roberto, Marta y Jonás filmaron en su época universitaria. 

Tras la historia del maestro republicano, una reivindicación de aquellos héroes cuya vocación docente les llevó a los pueblos más aislados y que recuerda Historia de una maestra de Josefina Aldecoa, volvemos al presente del grupo de amigos que protagonizan el libro. En esta última sección los distintos personajes se van alternando en la narración de los meses que siguen a la reunión en el pueblo, lo que termina de otorgar al libro ese carácter proteico. Aunque los hechos relatados son similares, problemas de índole sentimental, profesional y artístico, los tonos empleados son muy diferentes. El estilo un tanto pedante de Jonás de la primera parte, con continuas referencias cinematográficas como corresponde a su trabajo como crítico, se ve sucedido ahora, por el irónico de Roberto, el lacónico de Cecilia, el erudito, plagado de citas literarias, de Marta, o el descriptivo, sin apenas verbos, de Solange.  

Reseña publicada en El Noroeste:

domingo, 17 de febrero de 2019

Hamaca - Constanza Ternicier



Hamaca, Constanza Ternicier, Caballo de Troya, 2017, 152 págs., 16€.

Narrar la infancia y la adolescencia siempre ha sido difícil. Salvo libros que poseen un enorme valor por el contexto en el que fueron escritos, pienso en el Diario de Ana Frank, o experimentos interesantes pero no del todo satisfactorios, me refiero al diario de adolescencia que recuperó Beatriz Navas en Y ahora, lo importante (2018), no escuchamos la voz real de menores de edad. Otra opción más frecuente es la creación de un narrador infantil que cuente, desde su original perspectiva, sus vivencias; a los numerosos ejemplos precedentes en la literatura en español, Caperucita en Manhattan (1990) de Carmen Martin Gaite sería un destacado ejemplo, se viene a sumar este Hamaca de Constanza Ternicier.
Se trata de su primera novela, publicada originalmente en su Chile natal en 2015 y reeditada dos años después en esta edición, pero la segunda que comentamos en estas páginas tras la notable La trayectoria de los aviones en el aire (2016). Ambas coinciden en el protagonismo femenino y en una manera de narrar pausada y no demasiada exhaustiva, que invita al lector a asomarse a episodios concretos de la vida de las protagonistas, Amparo aquí, Amaya en la otra, y a reconstruir a partir de ellos sucesos importantes para el desarrollo de la historia.
Hamaca posee un título de naturaleza metonímica, ya que hace referencia al lugar de descanso de la madre de la narradora que queda vacío tras su desaparición, inmóvil en medio del patio de la casa familiar como un recordatorio perenne de su ausencia. El libro relata el proceso mediante el cual Amparo descubre qué ha pasado con su progenitora a la vez que afronta los cambios propios de la adolescencia. Así, los habituales ritos iniciáticos propios de la edad, las primeras relaciones amorosas, las primeras borracheras y coqueteos con las drogas, deben ser afrontados por la protagonista desde la doble orfandad que vive por la desaparición de la madre y la inacción del padre, recluido en una habitación de la casa en la que se dedica a montar puzles.
Esta conflictiva etapa de su vida es narrada por la voz adolescente de Amparo, que observa el mundo que le rodea y los cambios que vive con una mirada que mezcla la inocencia y la perplejidad. Significativo de esta forma de analizar el mundo es cuando describe al dictador Pinochet como “un hombre gordo que le cae mal a toda mi familia y a mí también”.
Pero, a pesar de la dureza de la situación familiar de Amparo y de su incomprensión sobre la relación de sus padres, Hamaca no es un libro triste y ofrece en gran parte de su desarrollo una trama con episodios más desenfadados e incluso humorísticos. En esta parte más liviana del libro tienen un peso importante amigos de la narradora, como su vecina Rosario o Alberto, su estrafalaria abuela, la criada de esta, Estela, o su enigmático podólogo, Tristán, que establecerá una ambigua relación con Amparo. Todos ellos acabarán coincidiendo en la escena final del libro: una comida en la que se producirá una especie de epifanía mediante la cual la protagonista disipará las dudas que tenía sobre el pasado de su familia.


Reseña publicada en El Noroeste:



martes, 12 de febrero de 2019

Por qué la literatura experimental... - Ben Marcus y Rubén Martín



Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos. Con unos pinitos de pedantería, Ben Marcus y Rubén Martín Giráldez, Jekyll & Jill, 2018, 160 págs. 15€.

En uno de los fragmentos más delirantes de este ensayo, Ben Marcus cuenta que el escritor norteamericano Jonathan Franzen recibió un día un extraño paquete cuyo remitente firmaba como FC2. El hecho de que Franzen no lo esperara, de que el nombre recordara a firma del terrorista Unabomber (FC por Freedom Club) y, también reconozcámoslo, cierto alarmismo, le llevaron a creer que podía tratarse de un artefacto explosivo. Sin embargo, aquel paquete contenía solamente un libro editado, eso sí, por un sello, FC2, dedicado a esa literatura experimental que tanto odia el autor de Las correcciones. Cuando llegó a mi casa un paquete de parte de la editorial Jekyll & Jyll no pensé en que se trataba de una bomba, no soy tan paranoico como Franzen, pero después de leer el libro me he dado cuenta de que se trata de un artefacto de potente onda expansiva.
Ya el título es una bofetada a las convenciones de la literatura actual: un ataque directo a un autor famoso, el reconocimiento de la pedantería de uno de sus textos y una extensión que hace casi imposible citarlo en cualquier artículo o conversación. El contenido no rebaja el nivel de mordacidad e ironía a lo largo de los tres textos independientes que integran el volumen y que tienen el mismo objetivo: defender la literatura experimental frente a los ataques de aquellos que abominan de la dificultad lingüística o estructural.
He de reconocer que mi primera reacción ante el texto de Marcus fue de sospecha; me gustan las novelas de Jonathan Franzen y temía que un intelectual sabihondo destrozara la trilogía con la que tanto he disfrutado (Las correcciones, Libertad y Pureza). Sin embargo, Marcus no lanza sus dardos contra el Franzen escritor, sino a sus artículos críticos en los que ha sido especialmente beligerante con los escritores que se alejan de la claridad. El autor del texto, muy acertadamente, pone en entredicho que un grupo de literatos de escasa repercusión supongan, tal y como sostiene el afamado narrador norteamericano, un peligro para la literatura. Además, Ben Marcus lanza un ataque directo a la argumentación de su oponente dialéctico asegurando que sus novelas son, según los tests que miden la claridad de un texto (sí, los yanquis tienen este tipo de herramientas), más difíciles que las de autores supuestamente experimentales como William Gaddis.
El segundo texto del volumen es un ensayo que su autor, Rubén Martín Giráldez, define con ironía como “pinitos en pedantería”. El texto es una muestra de erudición sobre el tema: hay decenas de citas, especialmente importantes son las de Rafael Sánchez Ferlosio, y hasta 64 notas al pie de página, mezclada con altas dosis de humor y con un manejo exuberante del lenguaje que se aleja de la prosa funcionarial que tanto abunda por estos lares. Además, Martín Giráldez se adelanta a sus críticos y reconoce que no puede ofrecer un catálogo de narrativa experimental. Quizás peque aquí de exceso de humildad ya que sus últimos libros, Magistral (2016) y El fill del corrector/Arre, arre, corrector (2018), este último pergeñado junto Adrià Pujol, se encuentran entre lo más original publicado en España en esta década.
El libro, que se cierra con otro breve artículo de Marcus (una especie de captatio benevolentia irónica), es, en su conjunto, una lúcida e interesantísima defensa de la literatura más arriesgada y menos acomodaticia.

Reseña publicada en Manifiesto Azul 19.