domingo, 26 de abril de 2015

Lady sings the blues - Billie Holiday


Lady sings the blues, Billie Holiday, Tusquets, 2015 (1956), 240 págs., 9€. 

Afirman los críticos musicales que Billie Holiday tenía una forma de cantar única, muy apasionada. Gracias a su memorias podemos saber que esa personalidad que lucía en los escenarios también se refleja en su vida cotidiana, marcada por su problemática forma de ser y por la mala suerte. 

Lady sings the blues nos permite conocer, gracias a una de sus protagonistas, la época dorada del jazz norteamericano. Por sus páginas desfilan los grandes músicos, las cantantes más famosas y las salas míticas de los años treinta y cuarenta. Pero también aparece el lado más turbio del negocio: las duras giras, la precariedad económica de los contratos de los artistas y, sobre todo, el racismo. Incluso una cantante tan admirada como Billie Holiday tiene que sufrir el desprecio y las humillaciones que los afromericanos sufrían día a día en aquella época. Sobre el escenario era la estrella, pero, al bajarse, tenía que salir por la puerta de atrás para no mezclarse con el público blanco. 

No sólo el racismo influye en la vida de la cantante, la violencia, la pobreza o el intento de violación que sufre siendo una niña marcan su personalidad. Los éxitos musicales van paralelos a sus problemas con la justicia, pasa varias temporadas en la cárcel, y con las drogas, la heroína acabará con su vida con poco más de cuarenta años. 

En este libro, que tiene un tono de confesión y un discurso de narración oral, Billie nos cuenta sin tapujos su vida, sin olvidar los agradecimientos a los músicos y representantes que la ayudaron, pero pasando cuentas a los amantes, policías y jueces que empeoraron si cabe a su personalidad autodestructiva.

lunes, 20 de abril de 2015

Blitz - David Trueba



Blitz, David Trueba, Anagrama, 2015, 166 págs., 16€. 

Plantea David Trueba en Blitz varios de los problemas que afectan a toda una generación, la de los treinteañeros españoles, que se ha visto afectada, como todas, por la crisis económica. En un momento dado, Anabel, una amiga y compañera de trabajo del protagonista, define así a la gente de esta edad como “niños mimados, incapaces de afrontar las dificultades, acostumbrados a torcer todos los derechos ganados por nuestros abuelos y padres”. Esta ácida reflexión retrata parcialmente a Beto, el narrador y protagonista de la novela, que ve como al inicio de la treintena su vida laboral y personal se desmorona. Y aunque la precariedad laboral tiene un peso importante en el libro, Blitz es, ante todo, una historia sobre la pérdida del amor.

En un viaje a Munich, adonde han ido a presentar un proyecto arquitectónico a un concurso, la pareja que forman Beto y Marta se rompe cuando ella le envía un sms equivocado. Ante esa situación tan incómoda y viéndose abandonado por su pareja, a la que idolatra, el protagonista decide quedarse unos días más en la ciudad alemana. Beto inicia allí su particular descenso a los infiernos, narrado desde la ironía por él mismo, que incluirá vagar por las calles de Munich, despilfarrar sus últimos euros en un capricho e incluso un enfrentamiento con otro arquitecto. Sin embargo, será otra mujer la que le saque de ese hundimiento anímico con una breve pero intensa relación que constituye lo mejor del libro.

Pone en juego Trueba de manera muy natural una serie de sentimientos como la culpa, la vergüenza, el ridículo o el deseo en esta aventura del protagonista surgida del despecho. La intimidad de ambas relaciones, la de Marta y la de la nueva mujer, tiene como espacio común el dormitorio, lugar propicio, además de para los encuentros sexuales, para las conversaciones que dirimirán el rumbo de las dos historias contrarias. Ese espacio cotidiano, la cama de un hotel y la del apartamento de la mujer alemana, servirá como nexo entre las dos personas que representan el pasado y el futuro sentimental del protagonista.

Las primeras ciento veinte páginas de Blitz relatan los cuatro intensos días que Beto vive en Munich. A esta ciudad llega con una chica que ya está pensando en abandonarlo y con la esperanza de lograr un premio que reflote el deficitario estudio de arquitectura paisajista que comparten. Cuando vuelve a Madrid, Marta ya no está junto a él y su futuro laboral no es nada halagüeño. El resto de la novela, apenas unas cuarenta páginas, se pueden considerar como un epílogo de la historia vivida por el protagonista en la ciudad alemana. Trueba aumenta considerablemente el ritmo narrativo y resume en esas cuarenta páginas los siguientes once meses de la vida de Beto, en los que tendrá que adaptarse a los cambios que la experiencia alemana ha provocado en su vida.


Consigue el escritor madrileño que una historia cotidiana como ésta y que unos personajes comunes como los protagonistas atraigan la atención del lector, gracias a que nos podemos sentir identificados con lo que sienten y dicen en distintos momentos del libro. Blitz es, por lo tanto, un ejemplo estupendo de que la escasa extensión y la sencillez compositiva y argumental en una novela no han de ser sinónimos de levedad.


lunes, 13 de abril de 2015

Chorromoco 91 - Pepe Colubi



Chorromoco 91, Pepe Colubi, Booket, 2014, 350 págs. 9 €. 

Esconde la última novela de Pepe Colubi, tras el humor, el sexo y la escatología, un interesante retrato de una generación y de una época. El libro está protagonizado por Pepe, álter ego del autor, un atribulado veinteañero que trata de terminar Filología mientras aprovecha el final de su etapa universitaria. Aparentemente su vida está regida por las juergas y la (casi siempre infructuosa) conquista de chicas, pero Colubi nos muestra también a un joven con un miedo al futuro muy propio de su edad. 

Chorromoco 91 es la continuación de California 83, libro con el que Pepe Colubi conquistó a un número importante de lectores con su humor desenfadado y su narrativa directa y divertida. El libro que nos ocupa se estructura cronológicamente y narra los dos últimos cursos en la carrera universitaria de Pepe, pero lo hace centrándose en episodios concretos que marcan a un personaje con el que pronto nos encariñamos gracias a su entusiasmo vital y su ternura. Episodios como el campeonato de tetris, que gana haciendo trampas y ante casi ningún contrincante, provocan en el lector no pocas sonrisas y algún que otro momento de vergüenza ajena. 

Colubi también cuida, como lo hacía en su novela anterior, las referencias musicales y televisivas que nos retrotraen a una época muy concreta (el inicio de la década de los noventa). Los conciertos a los que asiste (Rolling Stone y los Ramones), las canciones que escucha en los bares que frecuenta o las que pincha en la radio y en la discoteca en las que se gana sus primeros sueldos, son no sólo una variada y abundante banda sonora para la novela, sino también parte importante de la educación sentimental del protagonista. 

El lector de California 83 encontrará aquí la tan ansiada continuación de la vida de aquel personaje, gracias a un autor que maneja perfectamente un género aparentemente menor, la novela humorística y desenfadada, pero cuya buena ejecución no está al alcance de todos. 

lunes, 30 de marzo de 2015

Piezas secretas contra el mundo - Carlos Labbé



Piezas secretas contra el mundo, Carlos Labbé, Periférica, 2014, 221 págs., 17€.

En ocasiones se agradece encontrar textos que te exijan como lector. Obras en las que el acto de recepción no se reduzca al mero hecho de pasar páginas y en las que sea necesario aportar nuestra pericia y ejercer esa figura de “coautor” que muchos teóricos actuales de la Literatura han definido. Existen muchos grados en el nivel de implicación que el receptor ha de tener en un libro “exigente” desde el punto de vista de la lectura. Un ejemplo ya clásico, se acaban de cumplir cincuenta años de su publicación, es Rayuela de Julio Cortázar, novela en la que el receptor puede elegir el orden de lectura de los capítulos. Precisamente la obra capital del narrador argentino es uno de los referentes más claros de este Piezas secretas contra el mundo del chileno Carlos Labbé.
Al final de cada capítulo, el narrador ofrece varias opciones al lector para continuar leyendo, aunque, en mi caso y supongo que en el de la mayoría, se suele optar por seguir el orden establecido por el libro. Es esta reticencia del receptor a romper la linealidad del volumen uno de los problemas que encuentro en esta novela de Labbé; el autor invita al lector a deambular a su gusto por las páginas del libro, a saltar a delante o atrás, e, incluso, a decidir los propios derroteros que seguirá la trama, tal y como ocurre en varios de los capítulos centrales. Este tipo de lectura hipertextual, propuesta ya por libros como el citado Rayuela o la colección juvenil Elige tu propia aventura, es habitual en la lectura en internet, pero aún nos cuesta aplicarla a libros impresos.
Si original y exigente es la estructura del libro y su lectura, no lo es menos reconocer el propio argumento de la novela. Labbé ofrece varias historias relacionadas entre sí pero que se alejan de la claridad en su exposición y en las que existen diferentes tipos de discurso. Por un lado tenemos la relación de una estudiante con su pareja, que discurre entre Noruega, Santiago y el pueblo chileno de Aysén. Relacionado con ambos aparece un videojuego, titulado Albur,  que discurre en un espacio similar a las instalaciones de una industria salmonera de Aysén. También leemos el diario de una adolescente, llamada Alma, que se ve envuelta en una serie de sórdidos encuentros sexuales con hombres mayores. Por último, se narran varias muertes violentas de jóvenes del mismo pueblo del sur de Chile.

Con estos mimbres teje Labbé una historia densa y exigente para el lector en el que son muy importantes los espacios, que se van repitiendo y adquieren mucho protagonismo, y los distintos tipos de discurso que posee la novela. Es de agradecer que un autor joven como éste, aún no ha cumplido los cuarenta años, apueste por una narrativa innovadora y que incluya ese tipo de recepción hipertextual y que dialogue con un fenómeno cultural de gran importancia en nuestra época como son los videojuegos, obviados por la mayoría de autores contemporáneos. Sin embargo, el carácter críptico de muchas de las páginas de Piezas secretas contra el mundo alejará a gran parte de los lectores de una novela nada complaciente.

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 20 de marzo de 2015

Vida de provincias - María Yuste




Vida de provincias, María Yuste, Honolulu Books, 2014, 83 págs., 8€. 

La nostalgia es un sentimiento que se va incrementando, por motivos lógicos, con los años. En la vejez se echa de menos y se idealiza la niñez o la juventud que, con el transcurrir de las décadas, se llegan incluso a mitificar. Pero, ¿cuándo comenzamos a sentir nostalgia o a tener la suficiente perspectiva para pensar en nuestro pasado como algo ajeno, en cierta manera, a lo que somos en el presente? Este libro de María Yuste vendría a responder a esta pregunta, ya que fue publicado cuando la autora tenía unos veintiséis años. 

Yuste retrata, en la primera parte de Vida de provincias, episodios de su infancia, pero lo hace desde el desencanto y, a menudo, la amargura. No hay en su prosa rastro de nostalgia hacia momentos que van desde lo traumático, la muerte de un familiar o el acoso por parte de una compañera de colegio, a lo divertido, la amiga perteneciente a una familia ultracatólica o los primeros novios. 

La autora retrata con frescura, acidez e ironía la dura adolescencia (¿acaso alguna no lo es?) que vivió en un barrio de Murcia en la primera década del siglo XXI. Lo hace incluyendo una serie de referencias a la cultura popular de aquella época (la revista Superpop, las teleseries americanas de los noventa, la música de Camela o Backstreet Boys) que en poco tiempo volverá a ponerse de moda. En la segunda parte del libro se mantiene el tono, pero se narran episodios más actuales; entre los que encontramos la correspondencia con un amigo canadiense, el retrato de personajes del barrio o las dificultades de las relaciones familiares. 

Tanto el estilo como el tipo de texto, que la propia autora ha definido como "autoficción" en una entrevista, están estrechamente relacionados con el blog. Se trata de una herramienta habitual en los escritores de la generación de Yuste y que, de manera natural, influye en su manera de entender la Literatura. Vida de provincias es un ejemplo perfecto del discurso propio de los autores más jóvenes y nos presenta a una escritora con un gran potencial y que nos deja con ganas de más, lo cual siempre es una buena señal. 

domingo, 15 de marzo de 2015

Andrea Jeftanovic - No aceptes caramelos de extraños





 No aceptes caramelos de extraños, Andrea Jeftanovic, Comba, 2015, 171 págs., 16€.

Los peores y más truculentos casos de violencia suelen suceder en la propia familia. El maltrato, el abuso sexual a un hijo o el parricidio son crímenes horrendos que transgreden las normas morales más básicas y que despojan al niño de la seguridad que debe tener en su hogar. En este sórdido territorio de relaciones familiares malsanas, no siempre llegando al extremo de la violencia, se mueven varios de los relatos de No aceptes caramelos de extraños, libro compuesto por once piezas narrativas de la chilena Andrea Jeftanovic.
En sus páginas encontramos historias desasosegantes como la relación incestuosa entre una chica adolescente y su padre del cuento “Árbol genealógico”; este tema deriva en el abuso sexual que aparece apuntado, nunca confirmado, en “Miopía”, protagonizado también por un hombre y su hija. La misma violencia solapada está presente en “Primogénito”, pero, en este caso, brota de un niño al que la llegada de un hermano pequeño a casa supone una agresión intolerable que rompe la armonía familiar previa.
En otras ocasiones la problemática en la relación padre/hijo no surge del interior de la familia, sino por un hecho, de nuevo violento, externo. En “Marejadas”, el terrible accidente de un chico provoca que su madre busque en su exmarido al sustituto del vástago que está perdiendo en la mesa de operaciones. El relato que da título al volumen, “No aceptes caramelos de extraños”, recoge un mantra habitual de los progenitores hacia sus hijos que no impide que una niña sea secuestrada, para desesperación de su madre. Un argumento similar, aunque ubicado junto al mar, encontramos en el cuento “En la playa, los niños…”, el texto con un tono más costumbrista de todo el volumen. Por contra, la Historia reciente de Chile es la culpable de que el protagonista de “La necesidad de ser hijo” tenga una relación difícil con sus progenitores; estos, apenas unos adolescentes cuando él nace, se consagran a la militancia comunista y olvidan sus obligaciones paternales.
Las parejas también protagonizan dos de los relatos de No aceptes caramelos de extraños. Pero el acercamiento de Jeftanovic a este tipo de relaciones dista mucho de ser condescendiente, algo acorde con el tono de todo el volumen. Así, los protagonistas de “La desazón de ser anónimos” y de “Medio cuerpo afuera navegando por las ventanas” son incapaces de llevar sus relaciones sexuales con normalidad y se valen de la distancia, de balcón a balcón en el primer caso y a través de la pantalla del ordenador en el segundo, para eliminar ese miedo al encuentro físico.
A pesar de estar protagonizado por un anciano aquejado de múltiples enfermedades, el último cuento, “Hasta que se apaguen las estrellas”, es seguramente el más optimista de todo el conjunto. La peculiar relación que establece con su hija, con la que comparte el consumo de marihuana cada vez que ella va a visitarlo a su residencia, está llena de ternura.
Además de por esta unidad temática, los relatos de No aceptes cuentos extraños comparten un estilo similar. La mayoría de los textos están narrados en primera persona por el protagonista y emplean una prosa cargada de metáforas y símiles que, en algunos casos, cuentan la historia de manera tangencial, dificultando su comprensión.

Todo ello para ofrecernos una voz, la de Jeftanovic, personal y un libro muy evocador. 

Reseña publicada en El Noroeste:

lunes, 2 de marzo de 2015

El imperio de Yegorov - Manuel Moyano



El imperio de Yegorov, Manuel Moyano, Anagrama, 2014, 187 págs., 15€.

La novela española de las últimas décadas se caracteriza, de manera mayoritaria, por una acusada tendencia al realismo. Ya sea a través de subgéneros como la novela histórica o la policiaca; de temáticas relacionadas con la Guerra Civil o la Transición; o con tendencias autoficcionales, la mayoría de ellas se desarrollan en espacios reales y en tiempos cercanos o pasados. Por eso, lo primero que llama la atención de este libro, finalista del último Premio Herralde, es que se trate de una distopía en la que la acción se alarga hasta el año 2042.
Pero El imperio de Yegorov es mucho más que eso; en primer lugar, es una novela policiaca en la que a lo largo de muchas páginas seguimos a detectives y policías de distinto origen y condición que se ocupan de desapariciones relacionadas con el hilo argumental. Éste narra el descubrimiento y posterior comercialización de un producto, originario de los bosques tropicales de Papúa, que permite evitar el envejecimiento. Sin embargo, los pacientes que no consumen esa sustancia, la elatrina, tras haber iniciado el tratamiento, mueren a los pocos días. Esto le da un gran poder al científico japonés que realiza el descubrimiento, lo que provocará una lucha encarnizada por los beneficios económicos y políticos de la elatrina que atraerá al millonario ruso Yegorov, que no dudará en usar todos los medios a su alcance para hacerse con la producción exclusiva del medicamento.
Este planteamiento, un producto que provoca la juventud eterna, adentra al libro en el terreno de la ciencia ficción, aunque también pone en juego unas preguntas de carácter ético. ¿Estaríamos dispuestos a tomar una sustancia que nos impide envejecer aún sabiendo que jamás podríamos prescindir de ella? La respuesta de muchos de los personajes del libro, artistas y políticos en su mayoría, es sí, lo que no es sino un reflejo de la obsesión por la belleza y la juventud que asola nuestra sociedad. El libro también se puede entender como una reflexión sobre el enorme poder que poseen las empresas farmacéuticas, que deciden sobre la vida y la muerte de millones de personas guiándose principalmente por motivos económicos.
La obra posee una complejidad formal que hace que su lectura, si bien vibrante y atractiva, no sea siempre sencilla. Moyano prescinde de la figura del narrador y construye la historia a través de una serie de documentos de diversa índole (informes, entrevistas, diarios, correos electrónicos, noticias, transcripciones de conversaciones) que unos supuestos editores han recopilado. Además, son muy numerosos los personajes que aparecen en una novela que no llega a las doscientas páginas y que se caracteriza por su polifonía y por su protagonismo coral. Esta abundancia provoca que al final del volumen se incluya un índice onomástico que completa de manera más sistemática lo que de forma fragmentaria y parcial vamos conociendo de los personajes a través de los treinta y dos documentos recopilados.  A pesar de esta complejidad estructural, el hecho de que la historia vaya avanzando siempre de manera cronológica y de que cada una de las tres partes del libro se centre en un personaje, hace que la lectura sea un poco más sencilla.
Tras varios interesantes libros de relatos, Moyano construye en El imperio de Yegorov una historia compleja y original que supone un rara avis en la narrativa española actual.

Reseña publicada en El Noroeste


lunes, 16 de febrero de 2015

Bienvenidos a Incaland - David Roas




Bienvenidos a Incaland, David Roas, Páginas de Espuma, 2014, 138 págs., 15€.

Dicen que la mejor manera de conocer un país es visitarlo con algún nativo, o bien, hacerlo en solitario para poder interactuar con la gente del lugar. Esta regla no escrita del perfecto viajero sigue David Roas en su último libro, Bienvenidos a Incaland, una crónica de su estancia en Perú.  Así, en la primera parte del volumen se deja acompañar por amigos peruanos que lo guían por Lima; mientras que en la segunda viaja en soledad a Cusco, la antigua capital del imperio inca.
En la sección limeña del libro, el narrador se topa con las particularidades de la vida en el Perú, esencialmente con su gastronomía y con su tráfico. Con el tono entre delirante y sarcástico que destila todo el volumen, asistimos a la demencial, desde el punto de vista europeo, danza de coches, furgonetas y autobuses que hacen de cualquier trayecto por Lima una suerte de ruleta rusa. Los amigos peruanos preparan al visitante una peculiar ruta turística que los llevará a visitar más bares que museos, aunque será en uno de ellos donde perpetren el robo de la máquina de escribir de Mario Vargas Llosa. Esta gamberrada derivará, gracias al efecto del alcohol, en una alucinada aventura que convertirá al Nobel peruano en el protagonista de El Padrino y de Pulp Fiction. La primera parte se completa con un capítulo en el que el narrador se pierde en un barrio limeño y con varios textos breves, titulados “Idiosincrasias limeñas”, que quizás desentonen con el resto.
En la segunda parte del libro, Roas nos narra su estancia en solitario en la ciudad de Cusco. Se trata éste de un enclave eminentemente turístico en el que hordas de visitantes extranjeros buscan la esencia del Perú inca y colonial. La pluma del narrador barcelonés se muestra aquí mucho más acerada que en la primera sección del libro y las páginas están repletas de un sarcasmo que ya encontrábamos en obras anteriores de Roas, como en su novela La estrategia del koala. Además de las críticas a la Iglesia y a la conquista española, los principales dardos van contra los turistas, especialmente norteamericanos, que pululan en torno a la Plaza de Armas cusqueña. Estos visitantes deambulan por el centro de la ciudad como si de zombis se tratara, así los retrata Roas, comprando compulsivamente y vistiendo ridículos chullos (gorros andinos). El protagonista se empeña en marcar continuamente las distancias con estos idiotizados visitantes, pero no siempre lo conseguirá y sufrirá la obstinada persecución de una niña que le reclama insistentemente un dólar por haber fotografiado a su llama.
Este parque temático en el que se ha convertido el centro de Cusco, el “Incaland” al que el título hace referencia, tiene su continuación en el famoso Machu Pichu. Tras un largo viaje en tren y una peligrosa ascensión en autobús, el narrador llega al monumento más famoso de Perú, pero allí no se produce la epifanía que tantos turistas buscan, precisamente por la masificación. Roas, descreído y harto de las aglomeraciones a esa altura del viaje, decide volver al pueblo a beber cerveza.

Se trata éste de un libro sarcástico, divertido, repleto de referencias históricas y culturales y que prende en el lector el deseo de visitar Perú, aún a riesgo de encontrarse con una llama, ese inquietante animal que acosa al autor durante buena parte de su periplo. 


domingo, 8 de febrero de 2015

Los extraños - Vicente Valero




Los extraños, Vicente Valero, Periférica, 2014, 171 págs., 16€.

Posee un valor polisémico el término que da título a esta primera novela del poeta y ensayista balear Vicente Valero. Por un lado, el vocablo “extraño” se puede entender como sinónimo de “diferente”, ya que los cuatro protagonistas poseen biografías que se salen de lo habitual en sus respectivas épocas. Pero Valero emplea durante el libro esta palabra con el sentido de “desconocido”, por ser también cuatro personas con las que tiene lazos familiares pero a los que, salvo un caso y brevemente, jamás conoció.
El hilo conductor de la obra es la reconstrucción de las biografías de cuatro familiares que vivieron vidas muy dispares, pero todas ellas caracterizadas por los vaivenes y por discurrir en diversos países. El narrador nos va presentando a cada uno de ellos por separado, pero siguiendo siempre un mismo método mediante el cual recopila información de las biografías de los protagonistas a través de cartas, fotografías, testimonios de quienes les conocieron o de visitas, en dos de los casos, a los países donde fallecieron. Es en esta repetición, que a veces se acerca a la monotonía, donde encontramos uno de los pocos aspectos negativos de una novela muy interesante y original.
El primero de esos cuatro “extraños” es quizás el menos estrafalario de todos; se trata del abuelo materno del protagonista, un militar que falleció sin llegar a la treintena tras varios años destinado en Marruecos. En su biografía destaca su cambio de vocación, de abogado a militar, y su breve amistad con el aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. Tras su historia, se narra la del estrafalario tío Alberto; un peculiar jugador de ajedrez con numerosos tics que, tras años emigrado, vuelve a España para reencontrarse con su hermano, el padre del autor. Esta irrupción supone un pequeño terremoto familiar para los adultos, pero una fuente de diversión para el narrador y su hermana.
También el nomadismo marca la vida del tercero de los “extraños”: Carlos Cervera. Acuciado por el deseo de vivir su vida libremente, es homosexual, y, sobre todo, de dedicarse al baile profesional, abandona siendo muy joven la Ibiza familiar para recorrer los escenarios de medio mundo con desigual suerte. Llegados a este punto el lector se extraña de que en este repaso a las biografías familiares del autor apenas haya tenido peso la Guerra Civil, omnipresente en el retrato de la mayoría de las familias españolas como muchos autores han reflejado. La historia del último de los protagonistas del libro viene a llenar este vacío y a incluir a Los extraños en la amplia bibliografía sobre este conflicto. El tío abuelo del autor puede parecer parcialmente un arquetipo de las novelas de esta temática: militar republicano exiliado tras la Guerra Civil en Francia. Sin embargo, su dedicación a la teosofía y el yoga y su carácter de vegetariano lo convierte en un personaje aún más interesante.

Estos son, el ajedrecista, los dos militares y el artista, los cuatro personajes de los que se nos cuenta sus peripecias vitales. Pero, tras finalizar el libro, el lector toma conciencia de que el único protagonista es el autor y que, más que narrar cuatro biografías de otros tantos familiares, Valero hace un ejercicio de recuperación de la memoria, si no histórica, sí familiar. Lo hace para conocer mejor un pasado, una historia que completa la suya propia. 

lunes, 2 de febrero de 2015

El impostor - Javier Cercas




El impostor, Javier Cercas, Mondadori Random House, 2014, 425 págs., 23€.

Parte Javier Cercas en El impostor de un dilema moral: ¿escribir la historia de un impostor equivale a justificar sus mentiras? Él defiende que no, que su intención al contar la vida de Enric Marco, un nonagenario catalán que durante años se hizo pasar por superviviente de un campo de concentración nazi, es simplemente conocer las razones de esta impostura. Sin embargo, da la sensación durante buena parte del libro de que Cercas trata de convencernos de que no quiere en ningún caso reivindicar  la figura de Marco, quien, gracias a la repercusión de la propia obra, va a volver a la primera plana de la actualidad casi una década después de que estallara el escándalo. Es ese tono moralizante que destila a menudo el libro lo peor de una obra compleja y en cuya lectura descubrimos diversos enfoques del tema.
El primero de estos planos en los que el libro se va desdoblando sería la propia vida de Marco, que ocupa la parte central de El impostor. La biografía del protagonista es narrada por Cercas en las tres versiones que posee y que se van mezclando para crear al personaje. En primer lugar tendríamos la historia de su vida tal y como Marco la había contado hasta que un historiador demostró que era, en parte, falsa. En segundo lugar, la biografía que el impostor, ya desenmascarado, le cuenta a Cercas en las entrevistas que tienen. Pero ésta sigue teniendo lagunas o maquillaje, Marcos sigue mintiendo, por lo que el autor realiza una labor de investigación para acercarse a la tercera y definitiva versión: la verdad.
Pero tan importante como la historia de Marco, con su discutible participación en la Guerra Civil, con su papel como líder de la CNT durante la Transición y con su ascenso y posterior caída como supuesto superviviente del nazismo, es la narración de cómo el libro se fue gestando. Cercas convierte, con su acostumbrada habilidad, en material narrativo todo el proceso que lo llevó de rechazar durante años el proyecto de la biografía de Marco a escribir finalmente El impostor. Esta estructura externa del libro es interesante en la medida en la que conocemos mejor las disyuntivas del autor sobre la consideración que le merece Marco y las opiniones de otras personas cercanas al libro. En ocasiones, sin embargo, Cercas cae en la redundancia (¿hace falta enumerar dos veces los nombres de los jóvenes que nada más acabar la Guerra Civil se opusieron a los vencedores en el extrarradio de Barcelona?) e incluye algunos de los artículos que escribió cuando estalló el tema cuya pertinencia es discutible.
En ese juicio moral sobre el gran impostor que está implícito (y a veces no tanto) durante todo el libro, Marco aparece condenado, pero Cercas quiere huir de dogmatismos y logra una descripción compleja del protagonista. Si bien jamás se justifica que inventara su paso por el campo de concentración nazi de Flossenburg, el autor llega a la conclusión de que, como un Alonso Quijano moderno, Enric Marco se inventó a los cincuenta años una nueva identidad sin otra intención que ser querido, como todo narcisista, y adquirir relevancia pública. El resto, el héroe de la resistencia antifascista, el campeón de la memoria histórica, lo creamos entre todos para satisfacer nuestras propias necesidades de conocer y enaltecer una vida tan ejemplar como la que Marco inventó. 

Reseña publicada en El Noroeste.