lunes, 10 de agosto de 2026

Principio, medio, fin - Valeria Luiselli


 El arco narrativo de la vida. 


En la página 211 de este ‘Principio, medio, fin’ de Valeria Luiselli hay un párrafo que creo resume bastante bien el espíritu del libro: “si la vida es una especie de arco y una está parada más o menos a la mitad por ahí de los cuarenta años (...) lo que se observa es (...) a los hijos entrando a la vida (...), a los padres en su camino hacia afuera, retirándose”. La autora mexicana define con bastante precisión y clarividencia la situación vital que viven aquellos que son padres de niños pequeños hacia la cuarentena al tiempo que sus progenitores van entrando en la vejez. Además, al final de ese mismo párrafo, lo acaba explicando desde un punto de vista narrativo, en una reflexión esencial para entender el título y el sentido de este libro: “La mitad es el lugar donde el principio y el final se entrelazan de manera terrible e irremediable” (211). Familia y narración son, como este importante párrafo anuncia, los ejes de una novela soberbia sobre cómo relatar las relaciones intergeneracionales. 

‘Principio, medio, fin’ está protagonizado por cuatro mujeres de la misma familia pero que se van escalonando en el árbol genealógico: la hija, la madre, la abuela y la (ya fallecida) bisabuela. La narradora pertenece a la penúltima generación y es la que se encuentra en ese punto medio al que ella misma aludía en el párrafo antes citado: tras un divorcio convulso decide dejar por un tiempo Nueva York y recorrer con su hija de doce años Europa mientras presenta su último libro en diversas ciudades del continente. Finalmente recalan durante el mes de junio en la ciudad siciliana de Catania, donde se instalan en el apartamento de un amante que está de gira, es pianista, y que acabará uniéndose a la madre y a la hija (Manuela y Ella, son los nombres que solo conoceremos casi al final). Allí se enfrentan a la nueva situación de vivir solas, tras la separación del marido y el hijastro, y al dilema de qué hacer con el mosaico de Proteo que la bisabuela robó de una excavación arqueológica un siglo atrás. Esta pieza ha pertenecido desde entonces a la familia y la cercanía del sitio donde apareció, Villa Casale, les empuja a preguntarse si deben devolverlo o quedárselo para honrar la memoria de la mujer que trabajó allí ocultando su sexo hasta que fue descubierta y expulsada, vengándose con ese robo. 

Además, Manuela y Ella mantienen constante comunicación con la abuela, que vive en Baja California y cuyo deterioro cognitivo es cada vez mayor. La narradora se encuentra en esa encrucijada vital que la hace ser responsable de su hija aún preadolescente pero también de su progenitora, que les envía mensajes cada vez más confusos en los que mezcla su activismo político con delirantes teorías de la conspiración. Además, el hecho de que los cuatro miembros de la familia que protagonizan la novela sean mujeres pone el foco en un tema asociado tradicionalmente a este sexo, el de los cuidados, y sus diferentes formas de ejercerse así como la presión que recae sobre los cuidadores. 

Esta historia familiar es el eje de la trama pero se complementa, como ya he adelantado, con un importante componente literario. Son varios los elementos que hacen de ‘Principio, medio, fin’ una obra donde la literatura, desde diferentes perspectivas y en capas que se van superponiendo, posee un gran protagonismo. En primer lugar, el libro tiene un eminente cariz metaliterario; la narradora incluye numerosas reflexiones sobre una novela que está escribiendo. Además, la hija también redacta constantemente una serie de postales que se incorporan al final del volumen. También  la autoficción es otro de los ingredientes fundamentales de la obra: estamos ante una escritora con evidentes coincidencias vitales con la propia Luiselli y en los créditos finales agradece a su propia hija “la ayuda constante, la imaginación luminosa y la tremenda inteligencia” (357). Por supuesto, no debemos olvidar que estamos ante una novela; de hecho, en el propio libro se advierte de los peligros de mezclar realidad y ficción ya que la hija confunde un episodio de otra novela de la madre, un incidente en una piscina con forma de guitarra, con sus propios recuerdos. 

Por si esto fuera poco, son numerosas las referencias literarias en la novela; especial importancia tienen los clásicos grecolatinos en una zona, Sicilia, en la que tantos pensadores griegos y romanos vivieron. En el piso de Catania madre e hija encuentran una colección de libros de autores como Plinio el Viejo que también estaba en la casa de la abuela en México. Estas obras se convertirán en una especie de oráculo para la niña, que acudirá a ellas en busca de respuestas. Por otro lado, la narración del mito de Proteo, la figura que aparece en el mosaico, por parte de la madre y las distintas metamorfosis que este realiza en su relato acaban por convertirse en una profecía del viaje de ambas, como la niña acaba descubriendo. Luiselli también otorga un lugar importante al lenguaje; son varias las reflexiones sobre la etimología de algunas palabras y el italiano va colándose de vez en cuando en el relato. Además, y como ya hiciera en su anterior y sobresaliente libro ‘Desierto sonoro’ (2019), completa la palabra con el lenguaje visual (se incluyen al final las ya citadas postales y una serie de polaroids tomadas por Ella) y el sonoro (hay un enlace a una lista de los “sonidos de este libro” grabados en Sicilia y en las islas Eólicas). 

La narración acaba derivando en una huida, de la que no daré muchos datos para no perjudicar al futuro lector, en la que se mezclan la road movie, las catástrofes naturales y la solidaridad entre desconocidos y que termina por otorgarle la voz a la hija, en una última parte en la que es ella la narradora y su abuela, desde el otro lado del Atlántico, la narrataria. Luiselli logra con éxito el reto de narrar desde la perspectiva de una niña y lo hace de manera natural y sin imposturas.


Reseña publicada en La Verdad: