martes, 14 de marzo de 2023

Las voces de Adriana - Elvira Navarro


 

Las voces de Adriana, Elvira Navarro, Random House, 2023, 144 págs., 18€. 

 

         “¿Hasta dónde nos acompañan los muertos?” se pregunta Adriana, la narradora de esta novela, al final de la primera parte. Una cuestión tan trascendental no posee una respuesta única ni un único acercamiento correcto, pero la protagonista de este estupendo libro, uno más, de Elvira Navarro, parece querer indagar en las cenizas de su familia (reducida casi a la mínima expresión) y opta por darle voz a su madre y a su abuela, ambas fallecidas.  

         Lo hace en la tercera y última parte de la novela, en la que escuchamos alternativamente las voces de las tres mujeres (Adriana también ofrece su propia experiencia) para trazar un retrato femenino de una familia que, como todas, ha sufrido diversos avatares. En el monólogo de la abuela, nacida en los años veinte y con una larga vida que la llevó a superar las nueve décadas, encontramos la visión de una mujer de pueblo profundamente cristiana que sufrió numerosas muertes en su familia (sus hermanos durante la Guerra Civil, sus hijos con el paso del tiempo). La madre de Adriana representa esa generación de mujeres que pudo estudiar y que a pesar de ser mucho más independientes que las anteriores vieron como su vida estuvo dirigida por la autoridad del padre. Adriana nos habla en esta sección del libro sobre una relación que mantuvo con un hombre casado (y luego divorciado) a través de los poemas que ella misma escribe. 

         Destaca esta tercera parte del libro, además de por la profundidad en el análisis de la incardinación de las mujeres en el sistema familiar, por la originalidad de la narración. Aunque la abuela y la madre relatan sus experiencias en primera persona, estos personajes son conscientes de que es Adriana la autora de los textos y a veces se quejan de no reconocerse en las palabras que su nieta e hija, respectivamente, pone en sus bocas. Por ejemplo, después de que se reproduzca un episodio fundamental en la familia, la abuela le reprocha a Adriana que “ha escrito lo que le ha dado la gana”. Encontramos una triple identidad autorial (los personajes, la narradora, la autora) de una gran originalidad y eficacia para construir un relato polifónico pero a la vez marcado por la visión de la generación más joven.  

         No menos destacada es la parte central del libro, dedicada a la casa del pueblo, espacio fundamental para la familia materna, pero también para Adriana, ya que pasa allí con sus abuelos gran parte de su infancia mientras sus padres trabajan en la ciudad. Navarro nos ofrece una magnífica descripción topográfica de la vivienda en la que muestra de manera detallada los sonidos o los olores que la protagonista asocia a cada estancia. Este repaso a los espacios que marcaron su infancia termina con una alusión a unas “presencias” que notaba en una de las habitaciones y que podemos identificar con los (muchos) muertos de la familia.  

         La primera parte de Las voces de Adriana, la más extensa pero la menos relevante desde mi punto de vista, nos describe cómo el padre de la protagonista asimila la muerte de su mujer. Mientras que Adriana, una investigadora que intenta terminar su tesis doctoral, se encierra en su soledad, su padre parece querer olvidar su viudedad lanzándose a una carrera desenfrenada por conocer mujeres a través de aplicaciones para ligar. Esta búsqueda compulsiva de nueva pareja se ve acompañada por el gasto irresponsable de sus ahorros y por una vida poco saludable que acabará provocándole un ictus.  


Reseña publicada en El Noroeste.




viernes, 10 de marzo de 2023

Magnífica desolación - Javier Moreno

Magnífica desolación, Javier Moreno, Candaya, 2023. 

 

Javier Moreno se ha erigido, por derecho propio, como uno de los narradores españoles más interesantes de la actualidad. El escritor murciano afincado en Madrid posee ya una solidad trayectoria de libros de narrativa, a los que debemos sumar sus poemarios y su ensayo El hombre transparente (2022), a la que debemos sumar ahora este Magnífica desolación, que viene a confirmar su madurez como literato. Al tratarse de un escritor con más de una decena de libros publicados, podemos comenzar el análisis de esta nueva obra atendiendo a su incardinación en el imaginario de Moreno. En principio se trata esta de una tarea compleja por dos motivos: la heterogeneidad que caracteriza su obra y el hecho de que aquí cultive por primera vez la novela corta. Sin embargo, en sus libros previos, tanto en las novelas como en las colecciones de cuentos, ya aparecían algunos de los temas o técnicas que hallamos en Magnífica desolación. Así, la distopía que en su día fue 2020 (2013), obra que se puede considerar como profética tras vivir el año al que el título aludía, aparece aquí especialmente en el último de los relatos, “El cielo de Madrid”. En este mismo texto se pone el foco en cómo las redes sociales influyen en nuestro comportamiento, tema sobre el que se reflexionaba ampliamente en El hombre transparente. El protagonismo otorgado a la clase media aburguesada atraviesa todo el libro, en un momento dado el narrador alude al “sereno placer de la burguesía”, como ya lo hiciera en obras previas como en los cuentos de Un paseo por la desgracia ajena (2018). La sexualidad en su relación con las nuevas tecnologías aparece en el relato ya citado de manera similar a como lo hacía en Omega (2022). Por último, las reflexiones sobre la literatura y sus límites, tema que como veremos atraviesa todo el libro, era central en Null Island (2019).

            Como vemos, Magnífica desolación entronca con la obra reciente de Javier Moreno, pero lo hace proponiendo una nueva forma de narrar determinada por la extensión de sus relatos. Los cuatro textos que componen el volumen tienen una longitud de entre cincuenta y cien páginas, lo que los hace exceder los límites del cuento y no llegar a poder ser considerados como novelas. El hecho de estar, por lo tanto, ante cuatro novelas cortas no es algo anecdótico, ya que implica que las historias narradas posean un desarrollo que el relato corto no permite, pero también que carezcan de elementos secundarios o accesorios que sí son más frecuentes en las novelas. Además de su similar extensión y unos mecanismos narrativos similares, las cuatro novelas cortas que integran el libro tienen en común la indagación sobre las posibilidades de la ficción. En todos los relatos se usan distintas técnicas para que en ellos convivan dos planos de la ficción distintos, dos niveles diegéticos en terminología narratológica. Así, en “Pentimento” se van sucediendo fragmentos de un relato y la historia de su autor; en “Los reinos de lo irreal” acompañamos a un escritor en un viaje en el que indaga sobre dos artistas cuyas vidas se van narrando también; y en “El cielo de Madrid” se alternan la vida real y una especie de videojuego que crea visiones alternativas de aquella. Algo diferente es la técnica usada en “Magreb”, en el que se cuenta en varias ocasiones, en una especie de sampleado narrativo, una misma escena, dando lugar a un relato repetitivo con leves diferencias entre las distintas versiones.

            También es interesante la importancia que posee la música en los relatos. Si bien en ninguno de los cuatro es un elemento fundamental de la trama, en todos aparece y lo hace de manera diferente. A lo largo del libro encontramos desde un personaje que durante su aislamiento solo echó de menos la música y no a las personas, otro para el que una canción (Pulaski at Night de Andrew Bird) determina la elección de un alojamiento, un tercero que ha perdido el gusto por la música y el uso de un fragmento de otro tema (If You Leave and If You Marry de Kevin Morby) como paratexto. En relación a las coincidencias que existen entre las cuatro novelas cortas llama la atención cómo la casa del bosque de la primera vuelve a aparecer al final de la última, en un guiño que otorga cierta circularidad al libro.     

            Pero más allá de estas coincidencias tanto técnicas como temáticas, las cuatro novelas de Magnífica desolación se deben considerar obras autónomas que desarrollan historias muy interesantes y bastante diferentes entre sí. En “Pentimento” un escritor se aísla en una casa en mitad de un bosque en un espacio similar a la historia del último libro que escribió y que es el único que ha llevado hasta allí. La historia de ficción, cuyos fragmentos se van intercalando, nos lleva a una guerra (posiblemente la Guerra Civil española) en la que un tenaz sargento decide buscar a un hombre que evitó elegir entre los dos bandos contendientes, escondiéndose en la montaña para no tener que alistarse en ninguno de ellos. “Los reinos de lo irreal” cuenta las vidas de la fotógrafa Vivian Maier y del escritor Henry Dager, ambos poseedores de biografías similares ya que se trata de artistas de obra reconocida de forma póstuma y de personas excéntricas; simultáneamente asistimos a la búsqueda del autor, el más parecido a Moreno de todos los personajes, tras las huellas de ambos en el Chicago contemporáneo. Por su parte, el narrador de “Magreb”, que reconoce que ha llevado una vida anodina, recuerda una y otra vez su encuentro con una mujer en el bar de un hotel de Marrakech. En “El cielo de Madrid” un profesor revive en un mundo virtual la relación que mantuvo con una alumna y cuyas consecuencias acabará sufriendo.

            Con estos mimbres Javier Moreno nos ofrece una obra estupenda sobre las posibilidades de la ficción para crear variantes de una misma historia.


Reseña publicada en La Verdad. 



lunes, 20 de febrero de 2023

Casa de nadie - Laureano Debat

 Casa de nadie, Laureano Debat, Candaya, 2022, 292 págs., 18€.

 

El argentino Laureano Debat se trasladó en 2010 a Barcelona gracias a una beca para estudiar un máster literario. Poco imaginaba que la historia que todo autor busca la iba a encontrar en el piso compartido en el que comenzó a vivir. Y qué historia.

Porque esta Casa de nadie con la que debuta en la novela Debat narra los diez meses en los que convivió en un piso del Ensanche barcelonés con una madre y una hija que ejercían la prostitución. Este mínimo esquema argumental ya demuestra las posibilidades narrativas de una historia que el narrador argentino sabe aprovechar creando una obra muy interesante y bien construida en la que evita el morbo sin dejar de indagar en todas los pliegues que una actividad tan peculiar como la prostitución posee. Debat opta por una estructura cercana al diario en el que en pequeños fragmentos va rememorando los diez meses que pasó en el piso y en los que se percibe un alto porcentaje de realidad; la nota inicial, que indica que los hechos son reales y que solo se han cambiado los nombres, parece confirmar que lo que leemos es (casi todo) lo que pasó. Los diez capítulos principales siguen un orden cronológico y se completan con otros fragmentos sobre el pasado de las protagonistas y sobre la vuelta, un tiempo después de acabar la convivencia, de Laureano al piso en lo que significó su despedida de Sonia.

Por supuesto, el gran hallazgo de Casa de nadie son las dos compañeras de piso del narrador: las chilenas Jimena y Sonia; en pocas ocasiones un escritor tiene acceso al día a día, a la intimidad de dos prostitutas. Resultan muy interesantes los entresijos de un trabajo tan peculiar y difícil como poco conocido por la sociedad, más allá de sus aspectos más sórdidos y de los tópicos asociados a él. Debat va conociendo cómo las dos mujeres consiguen a sus clientes, cómo gestionan sus visitas al piso donde viven y ejercen la prostitución, la manera mediante la cual gestionan los problemas que surgen durante el servicio (suciedad, peticiones extrañas) y las dificultades cuando la clientela escasea. Los hombres que acuden adquieren también un papel importante en la novela, configurándose como personajes secundarios que ofrecen un muestrario amplio del tipo de clientes que acuden a este tipo de pisos. 

Pero si algo nos muestra Casa de nadie es que más allá de las peculiaridades de un trabajo tan duro y denigrante, Sonia y Jimena son mujeres (relativamente) normales con problemas cotidianos. Ambas consumen numerosas pastillas y guardan una difícil relación con el resto de la familia que quedó en Chile, pero son muy diferentes. Por su lado, Jimena es un personaje complejo; tras una vida de esposa y madre de clase media alta en su país, comenzó una etapa nueva siguiendo los pasos de su hija en Barcelona y deslizándose por una vida peligrosa, consumiendo drogas y participando en orgías. Sonia actúa como una verdadera madre con su progenitora, imponiéndole normas para que no se descarríe; es ordenada y cuida su alimentación y su cuerpo en el gimnasio. Sin embargo, se percibe en ella un continuo desasosiego del que quiere escapar con nuevas parejas o convirtiendo el piso en una agencia matrimonial. Es muy definitorio de su carácter el hecho de que muestre a menudo un deseo por tener amigas que nunca puede llevar a cabo. 

Reseña publicada en El Noroeste.



martes, 31 de enero de 2023

Un reino oscuro - Alejandro Hermosilla

 



Un reino oscuro, Alejandro Hermosilla, Jekyll & Jill, 2022, 330 págs, 23€.

 

    En una época en la que gran parte de los libros “literarios” (entiéndase este adjetivo no con afán canonizador sino para definir a aquellas obras que no son de “de género”) se ubican en un cronotopo cercano (nuestro país, nuestra época) se agradecen libros como Un reino oscuro. Y es que aunque la novela de Alejandro Hermosilla acepta una lectura actual, como más tarde explicaré, en ella no encontramos referencias a un contexto actual sino que está ubicada en un espacio indefinido de un pasado impreciso. Este es uno de los múltiples elementos que hacen de Un reino oscuro un libro original en la narrativa española actual.

Aunque no encontramos referencias espaciales, ni temporales concretas, ni siquiera en los nombres de los personajes, que son definidos por su oficio, cargo o, como mucho, por una inicial, el lector puede ubicar la trama en algún punto de Europa (quizás central) en un siglo reciente pero no actual (en torno al XVIII o al XIX). La trama principal de la obra, que no sirve más que de marco a lo realmente importante que son las digresiones de los personajes, nos lleva a acompañar al narrador y a su padre, ambos arquitectos, en las cuatro visitas que realizan a clientes durante un fin de semana. Estos cuatro personajes, verdaderos protagonistas del libro, son un pintor paisajista, un pianista, un duque y un escritor y en sus diálogos, monólogos más bien, con el padre y el hijo reside la parte central del libro.

Los clientes que visitan ambos arquitectos coinciden en varios rasgos que los definen como personajes: los cuatros poseen mansiones que necesitan algún tipo de reforma, viven en un espeso bosque a las afueras de la capital del reino y, lo que es más importante, se han autoimpuesto una especie de autoexilio de la corte. Sus palabras son duras diatribas contra todo aquello que los ha llevado allí y que podemos resumir como la decadencia de la sociedad ejemplificada en unos personajes definidos como “los ilustrados”, en la arbitraria política del rey y en la violencia del pueblo, simbolizada por los jardineros (personajes negativos que remiten al anterior libro de Hermosillo El jardinero (2018)).

El narrador cartagenero nos presenta un mundo decadente, brutal y, sobre todo, oscuro. Este término que aparece ya en el título y otros sinónimos (como “negro”) aparecen de manera repetitiva en las descripciones del libro: los bosques son negros, los palacios oscuros, etc. La crítica ante un mundo en sombras se puede leer en clave actual como una sátira contra los poderes de nuestro tiempo. Esta obsesión cromática de los protagonistas se reitera hasta la saciedad en un libro cuyo estilo en ocasiones recuerda al de una letanía, por sus continuos paralelismos.

El libro se completa con unos capítulos que se van intercalando en la historia principal y que nos van contando, entre la ficción y la biografía, capítulos relacionados con la locura o la crueldad de monarcas reales. Este tipo de reyes son presentados como modelos positivos frente a la decadencia de los mandatarios que aparecen en la novela. 

Reseña publicada en El Noroeste. 



domingo, 15 de enero de 2023

La ciudad - Lara Moreno

 

La ciudad, Lara Moreno, Destino, 2022, 320 págs., 18€.

 

         La pandemia global del coronavirus que sufrimos en 2020 provocó algunas situaciones que muchos creíamos que nunca íbamos a vivir. Al temor a caer infectados por una enfermedad de la que se sabía poco se unió el encierro obligatorio para gran parte de la población. Para la mayoría fueron días de angustia y claustrofobia pero también de pausa en el frenético trajín diario. Sin embargo, hay personas para las que aquellos días de marzo del 2020 llegaron en un momento importante de sus vidas, que se detuvieron en el peor instante posible. Esta es la situación con la que termina La ciudad, con sus tres protagonistas abocadas, como todo el país, a encerrarse cuando están viviendo hechos trascendentales. 

         Por supuesto, no contaré en qué punto se encuentran Horía, Damaris y Oliva, los tres personajes principales, al final del libro para evitar al posible lector de la novela aguarle un final que, de todas formas, no es climático, sino que, como ocurrió con el confinamiento, deja en pausa a las tres mujeres. Hasta ese momento las protagonistas han vivido experiencias muy diferentes y apenas se han cruzado, pero sus vidas han coincidido en un lugar, un edificio del madrileño barrio de La Latina, y, sobre todo, en el sufrimiento.

El de Horía, una mujer marroquí, está provocado por la pobreza en la que vive y que la empuja a aceptar una ilusionante oferta para recoger fresas en Huelva con la intención de volver a casa con el dinero suficiente para mantener a su madre anciana y a su hijo adolescente. Moreno pone el foco en una realidad que a pesar de estar tan cercana muchos españoles no conocen o no quieren conocer: la explotación de mano de obra extranjera en los ferales campos españoles. Y es que Horía pronto comprobará que las condiciones de la finca onubense nada tienen que ver con lo prometido. Además, su hijo ha emprendido simultáneamente la ruta hacia España, lo que lleva a la mujer a Madrid en su busca. 

Por su parte, Damaris es la más resiliente de las tres a pesar de su edad, supera la cincuentena, sus problemas de salud y los problemas económicos que arrastra desde su Colombia natal. Quizás este carácter estoico, exagerado como le reprocha su hermana través del teléfono, tiene su origen en haber sobrevivido a un terremoto que acabó con su marido y que si bien le dio la oportunidad de ver crecer a sus hijos la empujó a emigrar a Madrid. Allí sufre algunas de las peores caras de la capital española: el clasismo de sus empleadores, una pareja de clase media alta a quienes Damaris cría sus hijos, y el racismo de los propietarios de los pisos que intenta alquilar sin éxito. 

Oliva es, a priori, la más privilegiada del trío protagonista: vive en el barrio de moda de Madrid, tiene un trabajo que le gusta y se lleva bien con su ex, el padre de su hija Irena. Por ello gran parte de los capítulos dedicados a este personaje tratan de explicar por qué una mujer independiente y moderna como Oliva acaba implicada en una relación tan tóxica como en la que se embarca con el oscuro Max, su impredecible y manipuladora pareja.

Lara Moreno nos ofrece una sólida novela que va creciendo con el paso de unos capítulos en los que, también en el estilo (cada vez con frases más cortas y fragmentos más breves) nos va llevando hacia el pozo de desesperación en el que se convierten las vidas de Horía, Damaris y Oliva.  

Reseña publicada en El Noroeste. 



viernes, 9 de diciembre de 2022

Tengo miedo torero - Pedro Lemebel


 Tengo miedo torero, Pedro Lemebel, Las Afueras, 2021 (2001), 204 págs., 18€. 

 

Existen muchas formas de ejercer la disidencia en un país que vive bajo un régimen dictatorial. Hay maneras más activas y visibles que se oponen a la injusticia institucional desde la oposición intelectual, periodística, política o, incluso, armada. Suelen ser las más peligrosas, ya que las que la ejercen pueden acabar en la cárcel, en el exilio o incluso muertos, pero también las más elogiadas por los demócratas ya que se les otorga el principal mérito cuando el tirano finalmente cae. Sin embargo, en toda dictadura existe un tipo de disidentes que ejercen su oposición a los mandatos y valores del régimen de manera menos explícita; en muchas ocasiones, especialmente en tiranías conservadoras, perfiles como el de los homosexuales o de las madres solteras, se ven abocados a vivir a la contra, ya que su mera existencia parece incomodar a los dictadores.  

En Tengo miedo torero, Pedro Lemebel crea una pareja protagonista que encarna estos dos tipos de disidencia tan diferentes pero, finalmente, tan necesarias ambas para la caída de la dictadura. Por un lado tenemos a Carlos, un joven universitario que forma parte de un movimiento revolucionario (terrorista para el Estado) que tiene como objetivo acabar con Augusto Pinochet. Por otro lado, está el personaje conocido como la Loca del Frente, un libérrimo travesti que vive de bordar primorosos manteles a las señoras de militares de alta gradación. El improbable encuentro entre dos personajes tan alejados, un chico educado con toda la vida por delante y un homosexual de terrible pasado (entre la prostitución y el acoso) que se enamora perdidamente de Carlos. Poco a poco la distancia que los separa se irá estrechando provocando que el chico, que aparece como un heterosexual poco interesado en los hombres, vaya cogiéndole cariño a la Loca del Frente y que a él (o ella, ya que su género varía a lo largo del libro) le surja una fuerte conciencia política motivada por la idealización que siente por Carlos.  

A la peculiar pareja protagonista se une en Tengo miedo torero otra mucho más tradicional: la formada por Augusto Pinochet y su mujer Lucy. Ambos aparecen retratados desde una manera un tanto grotesca, poniendo el foco en los comportamientos más ridículos (ella obsesionada por la ropa y el tarot; él, con una brutalidad que solo trata de esconder el miedo) de un matrimonio temido durante años por los chilenos. Lemebel realiza un ajuste de cuentas con la pareja y contrapone el hastío de su relación con la pasión que surge entre los protagonistas.  

El libro recoge un momento muy determinado de la historia de Chile: el año 1986. Tras década y media de terror, el régimen comienza a resquebrajarse por el progresivo aislamiento que sufre en el exterior y por el incremento de las protestas en el país. El grupo al que pertenece Carlos, y al que la Loca del Frente poco a poco irá sumándose primero dejando que guarden en su casa material o que realicen reuniones clandestinas y después de manera más consciente y activa, querrá dar un paso más en esa oposición al régimen.   

Esta atípica historia de amor en medio de un clima político tan convulso es contada por Lemebel con una prosa con un color muy especial. Al estilo poético de la narración se le suman fragmentos orales, algunos de ellos de la radio, y versos de viejas coplas, como ese “Tengo miedo torero” que se convertirá en contraseña íntima entre los protagonistas.


Reseña publicada en El Noroeste:




domingo, 20 de noviembre de 2022

La familia - Sara Mesa



La familia, Sara Mesa, Anagrama, 2022, 224 págs., 18€.

Posee la escritora Sara Mesa una especial y rara habilidad para crear historias de una gran profundidad con argumentos (aparentemente) sencillos y hasta anecdóticos. En su anterior novela, la aclamada e incómoda Un amor, ya demostró que se puede construir una trama agobiante y de una enorme tensión con situaciones cotidianas en las que los conflictos estallan por problemas aparentemente menores. En La familia, por la propia temática del libro relacionada con ese peculiar microcosmos al que el título alude, no hay ni siquiera graves conflictos, sino traumas provocados por una familia no tan normal como parece. 
Y es que el libro nos presenta una realidad que todos hemos vivido en nuestro ámbito familiar pero que difícilmente transciende las puertas del hogar. Porque ninguno de los comportamientos de Padre y Madre se pueden tachar de violentos ni su trato con los cuatro niños a su cargo se acercan al maltrato (al menos físico), pero crean una atmósfera opresiva que acaba influyendo, en mayor o en menor grado, en todos sus descendientes. Padre, el único de los personajes al que no se le dedica ningún capítulo, es un recto abogado que impone una férrea aunque no agresiva disciplina sobre los niños, pero también sobre Madre. El hombre, respetado por sus vecinos por su cordialidad, su educación y su labor filantrópica, está obsesionado con la cultura y con las enseñanzas de Gandhi y no solo prohíbe sino que vitupera en los chicos comportamientos tan normales como ver la televisión, salir con sus amigos, tener mascotas o recibir regalos. 
Esta asfixiante educación en la que se sanciona cualquier rasgo de sentimentalismo o individualidad, influye en distinto grado en los cuatro niños. Aquí, el pequeño, se muestra como el más invulnerable y desde su infancia hasta su madurez aparece como un ser pragmático y que sabe aislarse con facilidad. Martina también parece ser capaz de que no le afecte la opresiva crianza, quizás por el hecho de que se incorporó a la familia siendo ya casi una adolescente cuando su progenitora, hermana de Madre, falleció. Más huellas causan las estrictas normas de Padre en el inseguro Damián y en la errática Rosa; ambos tienen que sufrir en su vida adulta consecuencias de la malsana atmósfera de la casa donde se criaron. 
Para la creación de este microcosmos tan particular, aunque, ¿qué familia no lo es?, la autora evita la narración cronológica de los hechos y opta por una serie de capítulos breves que se van centrando en episodios importantes, o anecdóticos pero significativos, de la biografía conjunta de los seis personajes principales. Estos fragmentos abarcan desde la juventud de Madre hasta su muerte y gracias a ellos conocemos a los tres hijos y a la sobrina tanto en la infancia como en su madurez. Los capítulos funcionan casi como relatos independientes que, si bien son como teselas que van creando ese collage gracias al cual va tomando forma la historia de la familia, también podrían ser leídos de manera aislada. Desde esta perspectiva destacan “Uña y carne”, sobre el incómodo reencuentro de Rosa con una amiga de la universidad, y “Buenas personas”, en el que Martina coincide en un aeropuerto con un hombre al que conoció en el hospital cuidando a Madre. Este capítulo y el último, “La rendijita”, arrojan luz sobre el personaje más enigmático y complejo de La familia: Padre. 
Mesa muestra en este libro su habitual maestría en la creación de personajes sórdidos en su absoluta normalidad en una obra que la vuelve a confirmar como una de las narradoras más interesantes de la actualidad.   

Reseña publicada en El Noroeste:



lunes, 7 de noviembre de 2022

Un hijo cualquiera - Eduardo Halfon

 

Un hijo cualquiera, Eduardo Halfon, Libros del Asteroide, 2022, 140 págs., 15€.

 

Desde hace casi dos décadas Eduardo Halfon viene publicando una serie de libros breves con unos rasgos muy homogéneos tanto en la forma (narrador en primera persona que podemos identificar con el autor, ironía) como en la temática (relaciones familiares, judaísmo, el oficio de escritor). Esta manera de narrar episodios que van de lo más dramático (como el paso de sus antepasados por campos de concentración) hasta lo más divertido (especialmente relacionados estos con sus torpes acercamientos al sexo contrario o con equívocos identitarios) lo han situado como uno de los narradores más interesantes de la literatura latinoamericana contemporánea. En este nuevo libro introduce un tema novedoso a su mundo tan particular: la paternidad.

Y es que esta obra está recorrida desde el principio hasta el final por la relación con su hijo, desde el mismo momento de su nacimiento hasta que tiene unos tres años de edad. Un hijo cualquiera se organiza en dieciocho fragmentos de distinta extensión que se pueden leer como capítulos de una misma novela discontinua o como relatos independientes con elementos coincidentes. En varios de estos textos el autor nos va describiendo distintos episodios significativos de la crianza, como son la imitación del niño al padre (en este caso en el gesto de leer un libro), su educación musical o la difícil situación del confinamiento. Acompañamos al narrador en estas escenas íntimas que transcurren en Iowa, París o Berlín, sitios adonde la familia se va mudando, y que no son relatadas con esa mezcla de humor ácido y ternura tan propia del escritor guatemalteco. La temática paternofilial se completa en el libro con episodios en los que el autor era el hijo, ofreciéndonos una perspectiva diferente, con un padre más serio en situaciones más serias como el primer cigarrillo, el exilio familiar (el que realizaron a Estados Unidos huyendo de la violencia de su país natal), el servicio militar o la confesión por parte de su progenitor de que una vez estuvo a punto de morir ahogado. 

Junto a este asunto central en Un hijo cualquiera, Halfon vuelve a otros temas habituales en su obra narrativa, que algunos críticos han definido como una única novela escrita en episodios y a lo largo del tiempo, como son las relaciones con las mujeres, la vocación literaria o el judaísmo. El primero aparece con fragmentos de la adolescencia en los que se narran episodios iniciáticos como el primer beso. El judaísmo, fundamental en la obra de este escritor, posee aquí un peso menor que en obras anteriores, pero aparece inevitablemente cuando el hijo es circuncidado o cuando se mudan a Berlín, ciudad de terrible carga simbólica para cualquier judío. Más relevante es el tema de la literatura, en la que destaca el relato sobre cómo decidió abandonar su carrera de ingeniero, impuesta por su padre, y dedicarse en cuerpo y alma a la literatura, a la que llega de manera casual.

Además de en el tratamiento de estos temas, Halfon muestra una gran maestría en el manejo de una prosa en la que son frecuentes las paradojas con las que intrigar al lector. Por ejemplo, hablando del abuelo materno de su hijo se nos dice que “antes de ser padre él ya había sido padre” (97); o, para hablar de una obra literaria que “uno de los mejores libros que he leído es también uno de los peros” (121). 

Reseña publicada en El Noroeste:




martes, 25 de octubre de 2022

Montevideo - Enrique Vila-Matas

 


Montevideo, Enrique Vila-Matas,  Seix Barral, 2022, 300 págs., 18€.


Pocos autores son tan reconocibles en sus características literarias dentro del panorama narrativo español como Enrique Vila-Matas. Poseedor de un estilo muy personal que mezcla el ensayo con la narración más tradicional, la ficción con la tan discutida (y denostada en algunos ámbitos) autoficción y múltiples referencias a sus autores preferidos. Este cóctel que empezó a destilar en libros como Historia abreviada de la literatura portátil (1985), pilló con el paso cambiado a muchos críticos y sorprendió a los lectores, pero con los años, y especialmente gracias a su buena acogida en países como Francia, Vila-Matas se ha convertido en un referente indudable y en un maestro para las nuevas generaciones de escritores. En Montevideo recoge varias de las características que definen su obra, configurando así este libro como un ejemplo ideal de un mundo literario tan particular como el suyo. 

En primer lugar, Vila-Matas vuelve a presentarnos a un protagonista que se parece sospechosamente a él: un escritor barcelonés interesado por el mundo del arte contemporáneo. Sin embargo, se aleja de esta fácil identificación entre autor y personaje introduciendo elementos confusos sobre su vida y su obra; por ejemplo, cambia el título de alguno de sus libros y se muestra cansado de la famosa frase de Bartleby “preferiría no hacerlo” que tanto se asocia a él desde Bartleby y compañía (2000). Esta perspectiva irónica sobre su propia figura coincide con el tono socarrón que impregna gran parte del libro.

Al igual que en gran parte de su obra literaria, en Montevideo encontramos un enorme número de referencias a libros y a otros escritores como Julio Cortázar, Laurence Sterne, Paul Valéry, Antonio Tabucchi o Adolfo Bioy Casares. Además, el hecho de que el narrador sea escritor, aunque se confiese falto de inspiración tras el primer capítulo, nos permite acompañarlo en actos habituales de este oficio como charlas o participaciones en congresos que tendrán mucha importancia en la trama, que si bien existe, no es lo más relevante del libro.  

Y es que aunque la novela posee un marcado carácter ensayístico y son frecuentes las reflexiones sobre el mundo del arte, la ficción, la trascendencia o el oficio de la escritura, el narrador protagoniza dos episodios paralelos que se convierten en el núcleo de la acción. En el primero, aprovecha una invitación a Montevideo para pasar una noche en la habitación de un hotel que inspiró a Cortázar el cuento “La puerta condenada”; tiempo después, acude al parisino Museo Pompidou a una instalación de una artista llamada Madeleine Moore (trasunto de Dominique González Foester) en la que existe una habitación a la que solo él puede entrar. Estas dos escenas son fundamentales en el libro y comparten la presencia de extrañas puertas que contradicen su carácter liminar y parecen no dar a ningún sitio, no poder abrirse o desaparecer. Representan estos espacios el difuso límite entre realidad y ficción, tema central en la novela.

El libro, como hemos podido comprobar, es un repaso por distintos espacios y ciudades que no solo dan título a la novela, sino también a sus distintos capítulos. Destacan entre ellos Cascais, donde participa en un festival de cine, la ciudad Suiza de Saint Gallen, adonde acude invitado a un congreso, Bogotá, que recuerda por una situación traumática que allí vivió, y, especialmente, Montevideo y París. Si la capital uruguaya es nueva en el imaginario vilamatiano y se asocia a Cortázar y al poeta modernista Julio Herrera y Reissig, París no se acaba nunca en la obra del narrador barcelonés. En el final del libro se alude de forma amarga a los terribles atentados de 2015 que marcaron durante años a la ciudad del Sena.


Reseña publicada en El Noroeste.



jueves, 29 de septiembre de 2022

Espejos - Ary Malaver


Espejos, Ary Malaver, Valparaíso, 2022, 258 págs., 15€.

 

Con tan solo hojear este libro cualquiera descubrirá que Espejos no es una obra más. Esta primera afirmación al comienzo de una reseña crítica puede parecer demasiado hiperbólica; en un mercado saturado de nuevos títulos que luchan en las librerías por atraer la atención del lector, la originalidad es una cualidad muy valorada. Sin embargo, esa primera hojeada basta para constatar que desde la maquetación del texto Espejos posee una serie de rasgos que lo hacen sorprendente y, lo que es más importante en literatura, interesante gracias a una serie de características singulares que repasaremos a continuación.

Esa peculiar forma de los textos del libro en el papel a la que aludíamos es en forma de nota a pie de página. Los 233 fragmentos del libro de Ary Malaver aparecen en la parte inferior de la hoja, numerados y con una raya negra horizontal en la sección izquierda de la página que los separa del resto. Sin embargo, estos dos centenares largos de notas al pie no se corresponden, en principio, con ningún texto, ya que el resto de la hoja, la parte superior, queda en blanco. El autor subvierte así uno de los principios básicos de la literatura, ya que el texto no existe, o al menos no está presente de manera directa, y el paratexto, que habitualmente posee una labor auxiliar, secundaria y casi parasitaria, se convierte aquí en el protagonista.

Esta peculiar disposición gráfica de Espejos es seguramente la característica más llamativa del libro, pero no la única que hace de este un volumen original. De hecho, este tipo de modificaciones del lugar del texto en la página tiene una gran tradición en la literatura, por ejemplo, con los caligramas de los vanguardistas o con las experimentaciones del OuLiPo, un grupo francés de escritores de los años 60 y 70 del siglo XX. Sin ir más lejos, el poeta cartagenero José Alcaraz usó una estructura similar a la de Espejos en su poemario Edición anotada de la tristeza (2013).

Por eso, Malaver, va más lejos y también subvierte la relación habitual entre título y texto. Al comienzo del libro tenemos lo que podríamos considerar un índice, que se repite al final del volumen con la numeración de las páginas, con los títulos de los textos. Sin embargo, y como ya hemos señalado, en las páginas de Espejos no volvemos a encontrar esos títulos, ni los textos que el lector está acostumbrado a hallar, sino esas notas a pie de página que abandonan su lugar secundario y toman el protagonismo de la obra ante el vacío de título y texto.

Pero Malaver, autor peruano afincado en Estados Unidos, no se conforma con estas transgresiones textuales, sino que extiende su gusto por la heterodoxia al contenido de los 232 textos. No es fácil adscribir Espejos a un género literario determinado. La brevedad e independencia de la mayoría de los textos lo podría relacionar con la minificción, ese hiperónimo en el que se engloban géneros de corta extensión como el aforismo, el haiku o el microrrelato (los tres presentes en este libro). No olvidemos que Ary Malaver ha cultivado la minificción, en su anterior libro Incidentes (2019) y la ha estudiado, en su ensayo La brevedad como poética (2019). El libro culmina su apuesta por la heterogeneidad con su variedad temática (la mitología, la espiritualidad, la intertextualidad, la reivindicación del papel de la mujer en la Historia, etc.) y lingüística (además de español, hay fragmentos en inglés o francés). 


Reseña publicada en El Noroeste: