miércoles, 3 de noviembre de 2021
Signos herméticos de una nueva melancolía - Alfonso García-Villalba
lunes, 18 de octubre de 2021
Sola - Carlota Gurt
Sola, Carlota Gurt,
Libros del Asteroide, 2021, 370 págs., 18€.
Posee este Sola de
Carlota Gurt un planteamiento inicial bastante similar a una novela reciente
con la que tiene no pocas coincidencias: Un amor (2020) de Sara Mesa. En
ambas obras tenemos a una protagonista que escapa de la ciudad para
establecerse sola en una casa de campo. En los dos casos las mujeres se
enfrentan a los cotilleos de los vecinos y a un propietario de la vivienda que
han arrendado brutal y amenazante. Ambos problemas se conjugan en el caso de Sola
con otros que vienen determinados también por su edad y por su condición de
mujer.
En primer lugar, Remei (o
Mei) siente el peso que las personas que no han podido tener hijos habiéndolo
deseado deben soportar; ella acaba de rebasar los cuarenta y se aferra a las
últimas posibilidades que su cuerpo le ofrece de ser madre. En el plano
laboral, debe afrontar las consecuencias de haber dejado su trabajo en una
editorial para escribir, por fin, la novela que tanto deseaba crear. El paro
que en unos meses se le acabará actuará como una espada de Damocles, al igual
que la cuenta atrás que marca cada capítulo y que nos va acercando a un día
cuyo verdadero significado sólo conoceremos al final.
Otro campo en el que Mei
carga problemas es el conyugal; su vida junto a Guim parece haber entrado en un
momento de inflexión que la separación temporal, él en Barcelona, ella en una casa
en el monte que ha alquilado para escribir, terminará de definir como
definitiva o no. Por último, la tóxica relación con una madre a la que odia y
el recuerdo idealizado de su padre fallecido, que se hace más presente en la
masía ya que perteneció a su familia durante su infancia, terminan de
configurar el agobio de la protagonista.
Frente a esta conjunción
de dificultades que afronta Mei, la trama irá poniendo una serie de alicientes
que la ayuden a sobrellevar sus problemas. El bosque en el que se encuentra la
masía en la que se ha instalado y alguno de sus habitantes, una raposa con la
que alcanza una especie de simbiosis, la protegerán de sus propios miedos; el
color verde de la naturaleza, de gran simbolismo en la primera parte del libro,
representará un refugio para la escritora. La literatura será otro bálsamo, ya
que la soledad la ayudará a ir escribiendo su novela, con la que la propia Sola
crea un juego de espejos. Más ambivalente será la relación que establecerá con
Mercè, la tendera del pueblo más cercano de aspecto bonachón pero con tendencia
al chisme, y con Flavio, otro ermitaño en el bosque y amante de la literatura
como Mei de enigmático pasado y ambiguas intenciones.
Todos estos ingredientes temáticos, su ritmo vertiginoso y un lenguaje que combina lo poético con la aspereza de algunos pensamientos de la narradora, se conjugan en una novela excepcional en la que Gurt nos sumerge en lo más profundo de ese enmarañado bosque que es la personalidad de Mei, su protagonista.
Reseña publicada en eldiario.es
domingo, 17 de octubre de 2021
La mujer poco probable - Tatiana Goransky
La mujer poco probable, Tatiana Goransky, Tres Hermanas, 2021, 140 págs., 15€.
Sucede en algunas ediciones de grandes novelas que el editor o el autor incluye un apéndice con los nombres de los personajes o un árbol genealógico para que el lector pueda consultarlo y no perderse entre las decenas de antropónimos que pueblan sus páginas. Ocurre, por ejemplo, con Cien años de soledad, una novela larga en la que se suceden las generaciones de Buendía provocando cierta confusión en los lectores que agradecen la inclusión de esa ayuda. Sin embargo, puede parecer extraño a priori que en una novela como esta, de apenas 140 páginas, aparezca un árbol genealógico de los personajes como paratexto aclaratorio. Creo que este añadido, tanto o más necesario que en la novela de García Márquez, define bien uno de los rasgos definitorios de La mujer poco probable: la influencia de la familia.
El libro tiene como eje
central el peculiar triángulo amoroso formado por Leo, Martina y Dana. Los dos
primeros forman un matrimonio que tras un par de décadas juntos salpicadas de
crisis provocadas por las infidelidades y los altibajos emocionales, han
viajado a Rusia para conocer los orígenes de sus respectivas familias. El avión
en el que regresan a Buenos Aires comienza a tener problemas cuando se acercan
a la ciudad argentina y la inminencia de un peligroso aterrizaje y la amenaza
de un probable accidente mortal lleva a Leo y a Martina a repasar mentalmente
sus vidas. Mientras, en tierra, Dana es testigo por las noticias de la
situación del avión de sus amigos y realiza un ejercicio similar. Esta mujer ha
sido desde siempre un vértice, o un satélite más bien, del matrimonio, ya que
siendo amiga de ambos se arrepiente de haber sido la que formó la pareja al
incitar a Martina a ir a terapia con Leo, de quien estaba enamorado.
Mediante constantes
analepsis, vamos conociendo, mientras el avión sufre terribles turbulencias,
las también turbulentas vidas de los tres protagonistas. Goransky construye
tres personajes, cuatro si contamos a Shmuly, el amante de Martina,
atormentados y pasionales, que se mueven entre la enfermedad y el amor, entre
el sexo animal y la depresión. Acierta la autora argentina en completar estos
caracteres poliédricos y cambiantes con las biografías de sus padres y abuelos,
que a menudo ayudan a explicar sus comportamientos. Se construye así ese árbol
genealógico del que antes hablábamos y que convierte a La mujer poco
probable en una especie de saga en abismo, lo que otorga mayor profundidad
al relato pero también puede provocar cierta confusión en el lector por la
acumulación de personajes.
Esta saga familiar se completa con Emma y Pedro, los hijos adolescentes de Martina y Leo, que protagonizan junto a Shmuly la segunda parte del libro. En ella se observa que los dos jóvenes tienden a repetir los errores y aciertos de sus padres y abuelos, especialmente en lo relativo a enamorarse de la persona equivocada. Shmuly, por su parte, se convierte en nexo entre ambas generaciones; se trata de un personaje torrencial, marcado por su fuerza física y por su comportamiento casi animal, que lo lleva a dejarse arrastrar por Martina con una fuerza que no puede controlar y que reaparecerá más adelante de la manera más insospechada.
Mención aparte merece el manejo de la prosa de Goransky; la autora porteña usa un ritmo ágil y un lenguaje con abundantes metáforas que ayudan a definir a los personajes y que los asocian, por ejemplo como ocurre con Shmuly y Pedro con el agua, con un elemento. Estamos, en definitiva ante una interesante y compleja novela, a pesar de su brevedad, que no elude temas difíciles como el incesto, la ninfomanía o la infidelidad.
Reseña publicada en El Noroeste:
miércoles, 22 de septiembre de 2021
Arde Torrevieja - J. M. Sala
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Arde Torrevieja, J. M. Sala, Antipersona, 2021, 234 págs.,14 €.
Justo a la mitad de este
libro, una enfermera pronuncia unas palabras que creo que definen muy bien lo
que sienten los tres protagonistas de la historia: “Estamos en Torrevieja.
Tarde o temprano nos va a pasar algo. La pregunta es cuándo” (114). Esta manera
de entender la vida en la ciudad alicantina como una condena que antes o
después habrá que cumplir es la que comparten Sonia, Juan y el Rojo, pero la
diferencia es que cada uno la afronta de una forma muy distinta.
Sonia, quizás por su
juventud, apenas tiene dieciséis años, aún no ha perdido la ilusión aunque es
consciente de la mediocridad en la que viven la mayoría de los habitantes de
Torrevieja y de la escasez de oportunidades que una ciudad volcada en atraer a
un turismo de borrachera ofrece a sus jóvenes. Gracias a la inocencia que aún
conserva y a su interés por los estudios (sueña con una carrera como
astronauta), la chica confía en que podrá labrarse un futuro. Además, parece
encontrar en un foro de internet, bajo el alias de Ghost16, a una especie de alma
gemela con la que comparte unos gustos musicales que nadie parece tener en su
instituto.
Juan, el hermano de
Sonia, representa aquello de Torrevieja de lo que la chica quiere huir. Con
sólo un par de años más que ella, y aunque ha conseguido independizarse y vivir
en un apartamento inmundo junto al Tocao, un amigo que actúa como su
conciencia, el chico se siente maltratado por todos. Cree que sus jefes en las
obras en las que trabaja tratando de adecentar la ciudad para los visitantes no
lo respetan y siente que los turistas ingleses y alemanes (los chanes, en
terminología local) se burlan de los jóvenes torrevejenses como él impunemente.
Ante esta marginación, la respuesta de Juan es una creciente ira que el Tocao
irá alentando.
Por su parte, el Rojo
parece el mejor situado de los tres aparentemente. A sus veintipocos años es
capataz en las obras en las que Juan es peón y tiene una casa en una de las
nuevas urbanizaciones de la ciudad donde convive con su pareja. Sin embargo,
Arturo, su verdadero nombre, vive atenazado por un dolor de espalda que no
quiere reconocer para no perder su posición en el engranaje de la construcción
y, sobre todo, por los remordimientos. El Rojo es consciente de las penosas condiciones
laborales de sus subordinados y debe luchar contra sí mismo para no
denunciarlo, como le piden su padre y un sindicalista que acude a la obra.
Las vidas de estos tres personajes tan distintos en su manera de enfrentar las adversidades se entrecruzan en una historia que se desarrolla en un solo día: el 16 de junio de 2002. Si interesante es la manera mediante la que J. M. Sala va centrando la focalización alternativamente en Sonia, Juan y el Rojo, lo más destacado del libro es la cartografía física, moral e histórica que hace de Torrevieja, verdadera protagonista del libro. Estamos ante una ciudad muy peculiar, con poca historia y que hipotecó su futuro al turismo que buscaba su clima benigno, sus playas (alguna de ellas artificial, como la que construyen el Rojo y Juan) y sus bares con alcohol barato.
El autor nos muestra la época dorada de la burbuja inmobiliaria en una sátira despiadada contra los desmanes de los gobiernos municipales y de las grandes constructoras en un día que, poco a poco, irá encaminándose a una noche apocalíptica en la que la naturaleza parecerá querer vengarse de la acción del hombre y en la que, finalmente, los tres protagonistas conocerán su condena.
Reseña publicada en El Noroeste:
domingo, 5 de septiembre de 2021
El diablo tras el jardín - Ginés S. Cutillas
El diablo tras el jardín, Ginés S. Cutillas, Pre-textos, 2021, 255 págs., 18€.
Son muchos y muy
profundos los cambios que sufrimos entre los doce y los catorce años. Se trata
de una etapa de grandes transformaciones que hacen que dejemos de ser el niño
que ha ido aprendiendo poco a poco a vivir a convertirnos en el adolescente que
tomará su propio camino. Estos dos años, que antes se vivían al final del
colegio y ahora al comienzo del instituto, son los que retrata Ginés S.
Cutillas en su última novela en el personaje de Tito.
El protagonista de la
obra queda perfectamente definido por el autor y sufre a lo largo de las
páginas de El diablo tras el jardín una gran evolución que es narrada
con precisión y ternura no exenta de crudeza. Se trata, al comienzo de la
historia, de un niño que vive en el barrio del Cabañal de Valencia a principios
de los años 80. Tras la muerte de su abuelo, decide explorar la casa que este
les ha dejado a él y a su hermano en herencia, y a la que acceden sin que sus
padres lo sepan. Allí descubren que el recientemente fallecido les ha legado
una especie de reto en su enorme biblioteca: ir leyendo una serie de libros
iniciáticos, especialmente seleccionados para jóvenes, en los que ha escondido
unos billetes a modo de recompensa. Tito y su hermano Ximo deciden realizar
esta lectura junto a sus amigos y compartir con ellos el dinero.
Como ocurre en todo grupo
de personas, y especialmente cuando se trata de adolescentes, enseguida surgen
entre los amigos las complicidades, las risas, los piques, el amor y los celos.
Lo que durante los primeros meses serán emocionadas lecturas colectivas de
clásicos como Robinson Crusoe o los cuentos de Poe, con el paso del
tiempo, y tras el siempre difícil periodo estival en el que el grupo se
separará, se tornará pronto en una sucesión de desavenencias que llevarán a
Tito a verse arrastrado, por primera vez en su vida, por la pasión y el deseo
erótico.
En paralelo a las
fluctuaciones de sus relaciones con sus amigos, el protagonista irá
descubriendo una serie de secretos familiares que lo harán despertar, como
Lazarillo tras el golpe en la estatua con forma de toro, de la inocencia
infantil. Las fotografías de su abuelo dispersas por la casa y las
conversaciones con el fantasma del hermano de este le mostrarán las sombras de
su querido antepasado. Por otro lado, se verá involucrado en la crisis que vive
el matrimonio de sus padres y será el depositario de los secretos de cada uno
de sus progenitores, que tendrá que mantener obligado por su alto sentido del
honor.
Construye esta emotiva historia Ginés S. Cutillas con una estructura un tanto peculiar relacionada con su tendencia a escribir microrrelatos, género en el que es un consumado experto. El diablo tras el jardín está organizada en sesenta y seis breves capítulos, de unas tres o cuatro páginas de media de extensión, que funcionan también de manera aislada ya que se centran en distintas escenas de la acción. Además, el libro posee un importante componente intertextual ya que los libros que el grupo de amigos lee suelen tener su paralelismo en lo que viven; así, Romeo y Julieta se relacionará con el amor de Tito por Inma, las historias de Sherlock Holmes con su indagación sobre los secretos familiares y las relaciones entre la pandilla con El señor de las moscas.
Reseña publicada en El Noroeste:
domingo, 22 de agosto de 2021
Literatura - Daniel Remón
Literatura, Daniel Remón, Seix Barral, 2021, 222 págs., 18€.
Durante el confinamiento,
tras los primeros días de shock, fueron varias las voces que alertaron, entre
jocosas e irónicas, que seguramente se estarían escribiendo las primeras
novelas sobre el coronavirus. Se trata de un impulso normal en un arte que
tiende a reflejar, en su vertiente más realista, los vaivenes de la sociedad en
la que se inscribe. Pues bien, menos de un año después del primer estado de
alarma por el virus en España llegó a las librerías esta novela del guionista
Daniel Remón en el ese confinamiento está muy presente.
En defensa del autor
hemos de aclarar que la inclusión de la pandemia posee un carácter lógico y no
se erige como el tema central de los varios de los que se ocupa el libro. El
confinamiento que comenzó en marzo de 2020 aparece en el marco de la novela, en
el nivel extradiegético según la terminología específica de la narratología,
que cuenta el contexto de creación de Literatura. Y es que el componente
metaliterario posee una gran importancia en esta primera novela de Remón: el
libro nos cuenta cómo el autor le promete a su sobrino Teo que le escribirá un
cuento con los ingredientes que el niño ha elegido (un pirata, una bruja buena
y otra mala, una pistola, un hombre de hojalata, etc.).
Este doble componente metaliterario
y autobiográfico de la historia marco es, en mi opinión, el principal acierto
del autor, que sabe construir con precisión y soltura una estructura que en
otras manos hubiera podido convertirse en aburrida o poco creíble. La
naturaleza de esta parte del libro le vale para tratar temas como las
relaciones familiares, son frecuentes las referencias a anécdotas que Teo, por
su edad, no conoce, o el poder evocador y también curativo, la promesa al
sobrino surge durante una enfermedad del niño, que posee la literatura. Incluso
la presencia de una situación tan reciente y traumática para todos como fue el
confinamiento posee, como hemos dicho, una lógica interna inapelable y ayuda a
entender mejor ese proceso de escritura que está en la base del marco del
relato.
Sin embargo, es precisamente en la historia central del libro donde la novela flaquea. El relato se presenta como un cuento infantil que el tío escritor crea para el sobrino lector, y narratario o receptor directo de la historia, con la condición que incluya esos elementos que Teo eligió. Esta parte del libro cuenta el destino de una maleta repleta de dinero procedente de la corrupción de un político que acaba de ingresar en prisión y que pasará de mano en mano. Así, seguimos el devenir de este preciado objeto de deseo por Madrid, un pequeño pueblo aragonés y Londres. Se trata de un relato que pronto abandona ese tono infantil y que se dispersa en una sátira contra la corruptelas de la política y la defensa de valores alejados de la riqueza con una sucesión de personajes que no acaban de quedar bien definidos.
A pesar de ello, y sobre todo gracias a esa sección del libro de carácter metaliterario y autobiográfico, Daniel Remón debuta en la novela con una historia interesante sobre el poder de la narración y los vínculos que esta ayuda a establecer entre las distintas generaciones de una misma familia.
Reseña publicada en El Noroeste:
martes, 17 de agosto de 2021
Trans - Laura Jane Grace
Trans.
Confesiones de una punk anarquista y vendida. Laura Jane
Grace y Dan Ozzi, Altamarea, 2021, 306 págs., 20€.
En la música punk,
quizás por encima de cualquier otro género,
la autenticidad es un valor que se enfatiza casi tanto (o incluso más) que la
calidad. Por eso, cuando un grupo nacido en el underground alcanza notoriedad
comienza a ser sospechoso y si ficha por una gran discográfica es tachado,
definitivamente, de vendido. Es lo que le ocurrió a Against Me!, el cuarteto de
punk rock creado y liderado por Tom Gabel cuando, tras unos inicios en la
autogestión y con giras por casas okupas, fue contratado por Sire (una filial
de Warner) y amplió su público hacia el mainstream. Los punks más integristas
iniciaron un boicot que se tradujo en abucheos, pintadas e incluso
vandalización de su autobús de gira. Against Me! había perdido, a ojos de sus
primeros fans, la autenticidad. Sin embargo, Gabel vivía en su interior una
lucha mucho más violenta que el de ser o
no un verdadero punk: tratar de aceptar que era una persona transexual.
Trans
es un libro que arroja mucha luz sobre el duro y largo proceso que vive una
persona hasta realizar una transición de género. El libro recorre en primera
persona toda la vida desde el nacimiento de Tom Gabel hasta que se convirtió en
quien siempre quiso ser: Laura Jane Grace, una mujer. Así, acompañamos a la
cantante desde sus primeras dudas sobre su género, el descubrimiento de Madonna
en televisión se convierte en una epifanía de lo que quería ser, hasta que por
fin da el paso de someterse a un tratamiento hormonal cumplidos los treinta
años. Entre medias asistimos a años de dudas, compras secretas de ropa de
mujer, arrepentimientos, propósitos de enmienda, recaídas y, finalmente, la
aceptación de su identidad. A pesar de ser una persona que se movía en un
ambiente (supuestamente) tolerante, Gabel vivía su disforia con vergüenza y
como un agobiante secreto.
Y es que otro aspecto que
llama la atención es que para una persona criada en los años ochenta como lo
fue la autora, la transexualidad era un tema casi desconocido, tabú, y no
cambió mucho la situación cuando, movida por esa necesidad de encontrar su
identidad, se integró en el ambiente anarquista y punk de su estado: Florida.
Ni siquiera encuentra esa libertad para ser quien de verdad es en las
interminables giras en las que se embarca y que se convierten en un excusa para
tratar de olvidar su disforia con alcohol, drogas y sexo ocasional. Contrasta
esta lentitud en su transición con la que realizan algunos de sus fans más
jóvenes, que aceptan su verdadero género mucho más pronto gracias a la
normalización de la transexualidad que la sociedad ha vivido durante las
últimas décadas.
Este proceso de
transición es, seguramente, lo más interesante del libro; la autora explica sin
tapujos las dudas que la asaltan, los problemas físicos que vive, la caída en
la depresión durante el tratamiento y, sobre todo, el difícil momento de
comunicárselo a los demás. Al tratarse de un personaje público, Laura Jane
Grace decide hacer público su transición en una entrevista con la revista
Rolling Stone, recibiendo una gran respuesta por parte de su público y de la
comunidad trans. Más complicada es la comunicación con su padre, su hija y,
sobre todo, con su mujer; lo que en un principio es comprensión y acompañamiento,
pronto deriva en una grave crisis.
Trans
es un libro honesto, directo y esclarecedor, en el que Laura Jane Grace, con la
ayuda del escritor Dan Ozzi y con numerosos fragmentos de su diario, repasa su
vida en la música y, especialmente, nos ayuda a entender el difícil proceso que
sufrió hasta aceptar que era una mujer.
Reseña publicada en El Noroeste.
domingo, 25 de julio de 2021
La vida pequeña - El arte de la fuga, J. Á. González Sáinz
viernes, 9 de julio de 2021
Teatro fantasma - Ismael Orcero
domingo, 13 de junio de 2021
Videoclub - Aarön Sáez
Videoclub, Aarön Sáez, La Fea
Burguesía, 2021, 120 págs., 12€.
Un síntoma inequívoco de
que has dejado atrás la juventud es el hecho de que tu generación comience a
cultivar con fruición la nostalgia. Supone este ejercicio que épocas pasadas de
tu vida, la infancia y la primera juventud
normalmente, ya están a varias décadas de distancia y son percibidas con
esa óptica positiva que los recuerdos colectivos adquieren en los adultos. Es
lo que nos ha ocurrido en los últimos años a los nacidos en la primera mitad de
los 80, que comenzamos a idealizar aspectos de nuestra vida que a principios de
los 90, cuando éramos unos críos, nos parecían de lo más anodino: como los
videoclubes.
Es este espacio el que
elige Aarön Sáez como símbolo de su infancia por el claro componente
generacional que posee: en primer lugar, por la importancia que tenía para los
niños y adolescentes de aquella época como espacio donde abastecerse de
películas, videojuegos y chucherías. Y, en segundo lugar, por la práctica
desaparición de este tipo de tiendas, que quedarán para siempre, salvo
resurgimiento vintage en los próximos años, asociados a su época de
esplendor: las últimas décadas del siglo XX.
Y es que lo primero que
llama la atención de Videoclub es su reivindicación sin tapujos de esa
nostalgia reciente y poderosa por los primeros años 90. El autor llena el libro
de referentes de la cultura pop de su generación (programas de televisión,
competiciones futbolísticas, películas) y construye una historia con un pie en
el presente y con el otro en un idealizado pasado de meriendas y videojuegos
con gráficos poligonales. El espacio donde convergerán pasado y futuro será el
Teka, el videoclub noventero que el inefable David, el protagonista de la
novela, querrá reconstruir, más que como un negocio como un museo de un pasado
que echa de menos.
Este planteamiento
desenfadado del libro, que sigue las peripecias que vive el protagonista
ayudado por sus amigos y familiares para abrir el videoclub, esconde una
lectura mucho más seria. Y es que David es un treintañero sin oficio ni
beneficio, un nini, que parece querer volver al pasado porque el presente no le
satisface. Representa a esos jóvenes que no han alcanzado sus objetivos vitales
y que se ven anclados en casa de sus padres sin posibilidad de emanciparse.
Además, Sáez sorprende
con una variedad de registros asombrosa en una autor novel y en una novela tan
breve y, aparentemente, ligera. Algunos capítulos tienen un carácter casi oral,
otro refleja un grupo de Whatsapp de los amigos de David o reproduce minuto a
minuto la mañana del protagonista o se componen únicamente de diálogos de los
personajes o usan el formato epistolar. Además de las numerosas referencias a
los años noventa, el autor emplea el recurso de la hipertextualidad: imitar el
estilo del texto que toma como fuente. Es lo que hace, por ejemplo, en el
capítulo que reproduce un programa del concurso Un, dos, tres, responda otra
vez. También emplea algunos giros de la trama habituales en las comedias de
Hollywood de los ochenta y noventa, como descubrir que lo que se cree vivir se
está soñando, viajar al pasado o que un misterioso personaje aparezca en la
tienda.
En definitiva, Videoclub
es una interesante novela cuyo envoltorio pop no debe ocultarnos su variedad
compositiva y que retrata la infancia de esa generación a la que le parece una
gran idea visionar en bucle el Mundial de Fútbol de 1994.
Reseña publicada en El Noroeste:











