domingo, 13 de noviembre de 2016

Las transiciones - Vicente Valero


Las transiciones, Vicente Valero, Periférica, 2016, 116 págs., 15€.

Dueño de una sólida trayectoria poética, el escritor ibicenco Vicente Valero debutó hace un par de años en la narrativa con un libro más que interesante: Los extraños (2014). Tras la buena acogida que tuvo aquella novela, Valero publicó hace unos meses la que podemos considerar en muchos aspectos su continuación: Las transiciones. En ambas, la ficción se mezcla con los recuerdos, propios o ajenos, hasta convertir el relato en un híbrido donde es difícil saber qué hay de real y qué de inventado. Si en su primera novela, Valero narraba las vidas de varios familiares lejanos, esos “extraños” a los que el título hace referencia, en esta nueva obra es su grupo de amigos el núcleo que protagoniza la novela.
Y digo “su” porque tanto las fechas como el espacio, la isla de Ibiza, provocan que el lector identifique con facilidad al narrador con el autor. A pesar de ello, y como es habitual en este género tan propio de nuestra época como es la autoficción, debemos olvidar durante la lectura las coincidencias con la biografía del autor y disfrutar un breve pero intenso relato sobre dos transiciones que se superponen.
La primera de ellas es la política, la Transición entre el Franquismo y la monarquía parlamentaria, que se dio en España durante los años 70 y que llegó a la pequeña Ibiza de aquella época de manera un tanto amortiguada. Son años en los que la burguesía de la ciudad, a la que pertenecen los jóvenes protagonistas de la novela, vira sin complejos y en apenas unos años del respeto hacia el dictador al entusiasmo por la democracia. Estos personajes se reúnen en el casino primero para asistir endomingados a la retransmisión televisiva de los funerales del dictador y después para preparar las elecciones. Entre ellos destaca don Alfonso, el abuelo de uno de los protagonistas, que tiene a lo largo de su vida una curiosa relación con la figura de Franco.
Si esta Transición se sitúa como telón de fondo de la novela, la que de verdad protagoniza el relato es la que sufren, durante esos mismos años, el narrador y sus amigos Julio, Antonio e Ignacio. Se narran en el libro las últimas travesuras infantiles y los primeros ritos de iniciación a la juventud, en una adolescencia que acabará separándolos y marcando su futuro. Asistimos a los primeros enamoramientos, destaca el del narrador con Amelia, al descubrimiento de la pornografía y a las reprimendas de los estrictos profesores del colegio religioso al que asisten. El paso de los años irán mellando la unidad del grupo y haciendo que elijan caminos distintos.  
Los recuerdos desordenados de los acontecimientos más importantes de esta época se van insertando en la historia marco: la del entierro de Ignacio, fallecido a los treinta y tres años tras una sobredosis. En este luctuoso día, el narrador se encontrará con Antonio y Julio, junto a los que irá reconstruyendo los hechos más significativos de su adolescencia y homenajeando así a Ignacio.
Siguiendo la estela de Los extraños, Vicente Valero emplea la memoria de tiempos pasados como motor narrativo de una historia de nostalgia serena que muestra los efectos del paso del tiempo en esas amistades que parecen eternas durante la infancia. 

Reseña publicada en El Noroeste. 



lunes, 31 de octubre de 2016

Bebop Café - Luis Sánchez Martín


Bebop Café, Luis Sánchez Martín, Boria, 2016, 170 págs., 14€.
La novela negra  parece resumirse a un único argumento que se repite hasta el infinito: hay un asesinato y alguien tiene que averiguar quién ha sido el causante. A partir de  este esqueleto cada escritor aporta su maestría y ofrece diferentes variantes, temáticas, estilísticas o argumentales, para atraer la atención del lector. Éste, el de la novela negra, suele ser aficionado al género y detecta rápidamente cuando el narrador ofrece algo original. Por ello, esta obra, la primera novela de Luis Sánchez Martín y también la referencia inaugural de la editorial murciana Boria, gustará a los amantes del género negro.
Porque en Bebop Café hallaremos los elementos habituales de este tipo de novelas (misterio, asesinatos, enamoramientos) y los personajes que suelen aparecer en ellas (detectives, hombres solitarios, mujeres con fuerte personalidad) pero, además, varios elementos diferenciadores que la convierten en un relato de interés. Junto con un final sorprendente que dejará descolocado al lector, y del que no daremos más pistas, el libro apuesta por una vertiente metaliteraria que también llama la atención. La obra tiene dos planos paralelos: el de la historia principal y el de una novela, titulada también en un juego de espejos ficcional Bebop Café, que escribe el protagonista contando parte de los hechos vividos. Ambos textos quedan claramente diferenciados tanto tipográfica (el relato que escribe el protagonista está en cursiva) como discursivamente (mediante el uso de voces narrativas diferentes: la primera y la tercera persona).
La trama se centra en Fran, un joven desorientado que comienza a recibir una serie de notas anónimas y crípticas que cree obra de Ana, su antigua novia. Decidido a resolver sus dudas sobre la autoría de estos mensajes, pide ayuda a los personajes que le rodean: Esther, un antiguo ligue y dueña del café Bebop del que Fran es parroquiano y con la que ahora tiene una relación ambigua entre la amistad y el amor; a Jorge, su mejor amigo, un Peter Pan que pasa las horas muertas en el apartamento de Fran; e incluso a Genaro, un estrafalario vagabundo que cuida el coche del protagonista a cambio de unas monedas. Para terminar de aclarar el asunto, se dirige a Granada, ciudad citada en una de las notas y a la que Fran fue con Ana durante su relación, aunque él haya borrado de su memoria esa visita. Allí entrarán en juego dos oscuros y grotescos personajes, un enano llamado Facu y Trinidad, un travesti, y la vida de Fran se complicará.
Aunque la novela posee una nómina de personajes secundarios amplia y entre la que encontramos caracteres llamativos, es sin duda el protagonista el eje de Bebop Café. Se trata de un joven que está dejando de serlo, de un economista con alma de escritor, de un ser antisocial que no puede pasar sin sus amigos. Además, y conforme vamos descubriendo con el paso de las páginas, Fran tiene un pasado bastante turbio, relacionado con su familia, que acabará volviendo. También es un hombre obsesionado con Ana, que aparece de nuevo en su vida a través de las misteriosas notas, que tratará de entender mejor transformando su relación con ella en un texto de ficción.
Mezclando una historia de amor y una investigación, añadiéndole varios actos violentos, un humor cáustico y varios arriesgados giros en la trama, Luis Sánchez Martín ha creado una novela entretenida con un final inesperado. 

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 14 de octubre de 2016

Qué vergüenza - Paulina Flores


Qué vergüenza, Paulina Flores, Seix Barral, 2016, 293 págs., 18€.
Muchos lectores somos bastantes desconfiados al leer excesivos elogios hacia el libro de un autor novel. Aceptamos que las fajas con las que las editoriales envuelven un libro estén repletas de elogios desmesurados, pero si, además, es la primera obra de un escritor y éste es joven, la desconfianza se torna en aprensión. Sin embargo, a veces las loas están justificadas y, tras unas pocas páginas,  nos sumamos a la euforia de haber encontrado a una voz interesante cuya existencia desconocíamos.  Esto es lo que ocurre al leer Qué vergüenza, la opera prima de la chilena Paulina Flores que se publica en España con la expectación que ha provocado su éxito en su país natal.
Es cierto que el libro no supondrá un punto y aparte en la literatura en español, tampoco se le debe pedir esto a una autora que aún no ha llegado a la treintena, pero estamos ante una obra lo suficientemente sólida como para esperar con optimismo nuevas entregas de sus narraciones. Varios críticos chilenos han coincidido en que no parece una obra de una autora debutante, sino de alguien con mayor madurez como autor. Si bien entendemos, y compartimos, que estas frases funcionan como un elogio a su capacidad como narradora, no coincidimos en que la juventud de la autora no se vislumbre en los textos. Es cierto que el manejo del estilo es comparable al de otros escritores con carreras más longevas, pero existe en los textos un acercamiento a la juventud y, sobre todo, a la infancia, con una frescura que sólo se puede conseguir cuando aún son vívidos en el autor  los recuerdos de esta época.
Qué vergüenza está compuesto por nueve relatos de extensiones que oscilan entre las doce y las ochenta y cinco páginas, pero con varios elementos que otorgan homogeneidad al conjunto. En primer lugar, está el contexto espacial y temporal de los relatos: todos están ubicados en Chile, si bien en distintas localidades y en barrios de diferente clase social, y en el presente o en un pasado reciente: los años noventa. En segundo lugar, el ya apuntado protagonismo dado a niños y a jóvenes ofrece un nuevo elemento cohesionador. Por último, la mayoría de los relatos se mueven dentro del ámbito familiar o, al menos, íntimo, y se puede percibir en varios de ellos una tendencia a definir a las mujeres como personajes fuertes dentro de la familia, mientras que los hombres ocupan un lugar secundario o pasivo por encontrarse ausentes, en la cárcel o en el paro.
Entre los nueve textos podemos destacar el que da nombre al volumen, que muestra la vergüenza que sufre una niña al provocar, sin pretenderlo, que su padre caiga en el ridículo.  Un tema similar, un padre caído en desgracia y un niño responsable de salvarlo, se pone en juego en “Talcahuano”. Por su parte, “Últimas vacaciones” y “Tía Nana” tienen como eje la afirmación de la infancia como etapa definitoria de nuestra personalidad. Más ambiguos son “Teresa”, sobre las apariencias, y “Laika”, que trata una primera experiencia erótica. El volumen acaba con el relato más extenso y complejo, “Afortunada de mí”, en el que se narran de manera paralela dos episodios de la vida de una chica, uno en la actualidad y otro en su niñez, relacionados entre sí. 
Reseña publicada en El Noroeste:

viernes, 30 de septiembre de 2016

Ultramar - Rubén Santiago


Ultramar, Rubén Santiago, Malbec, 2016, 150 págs., 12€.
 El microrrelato es, por razones obvias, el género narrativo en el que el lector encuentra un mayor número de relatos diferentes en un mismo libro. En un volumen de apenas cien páginas podemos leer decenas de textos distintos sin relación alguna entre sí, más allá de agrupaciones temáticas o de la unidad estilística que les da haber sido creados por el mismo autor. Este hecho provoca que los libros de este género tengan cierta tendencia a la dispersión, ofreciendo a menudo un número ingente de historias protagonizadas cada una de ellas por personajes nuevos para el lector. Por ello acierta el escritor murciano Rubén Santiago al ubicar todos los microrrelatos de este, su primer libro, en un mismo contexto: el mar.
A pesar de esta unidad dada por el espacio marítimo, los textos de Ultramar se caracterizan por su heterogeneidad formal, algo lógico si se tiene en cuenta que el volumen incluye más de ciento veinte minicuentos. El autor conoce bien las distintas variantes que ofrece el género y nos presenta a lo largo de las páginas varias de las tipologías que crearon los maestros de la narrativa brevísima y que Rubén Santiago sabe utilizar con sagacidad convirtiéndose en un digno heredero. El lector agradece esa doble tendencia centrífuga, con las variantes tipológicas, y centrípeta, el contexto marino siempre está presente, que posee el libro a la hora de enfrentarse a la recepción de un volumen que se ha de degustar con calma y, siguiendo una metáfora acuática, a pequeños sorbos.
Entre esas variantes propias del microrrelato que hallamos en Ultramar podemos citar, por ejemplo, el empleo de un título larguísimo, recurso que encontramos en la página 85. Otros textos ofrecen un giro inesperado en la historia que busca sorprender al lector con un desenlace que el inicio del texto no hacía presagiar. Entre los minicuentos que mejor emplean este recurso, no siempre bien utilizado por los autores de minificción, podemos destacar “Primer naufragio” (pág. 132), en el que el último párrafo nos sitúa en un contexto totalmente diferente al esperado. Aunque no son muchos, también encontramos en el libro varios de esos microrrelatos más breves que llevan la narración a su mínima expresión sin perder su poder evocador. Un buen ejemplo de ello es sin duda “El sentido de la vida” (pág. 39), que dice así “Quiso huir; así que navegó en busca del horizonte hasta ir menguando y desaparecer en la nada”.
Entre todas las variantes de historias marinas que encierra Ultramar destacan dos disposiciones que aparecen con distinta frecuencia en el libro. La primera, y más habitual, es la recreación de episodios históricos o literarios asociados al mar. Por las páginas del libro aparecen barcos míticos como el Titanic, el Beagle, el Sirius o el Arca de Noé y personajes por todos conocidos como Miguel de Cervantes, el Dr. Livingston, Cousteau, Cristóbal Colón o Peter Pan. La otra tendencia relevante, no tanto por su frecuencia sino por tener un carácter más profundo, es la defensa ecologista del mar y el rechazo a los efectos perniciosos de la acción humana en él, que hallamos en textos como “El séptimo continente” (pág. 137).
Con todo ello tenemos un conjunto de relatos de calidad irregular, algo habitual en el género de la minificción, pero con suficientes logros para que su lectura resulte atractiva. 
Reseña publicada en El Noroeste. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Asamblea ordinaria - Julio Fajardo Herrero


Asamblea ordinaria, Julio Fajardo Herrero, Libros del Asteroide, 2016, 215 págs., 17€. 
Desde hace unos años son muchas las voces que piden, o incluso exigen, una novela que retrate la crisis económica que viene sufriendo España desde 2008. Una primera y notable aproximación al tema fue Yo, precario (2013) de Javier López Menacho, aunque se trató de un libro con un componente más autobiográfico y más cercano a la crónica que a la ficción. Con Asamblea ordinaria sí que tenemos esa novela sobre esta reciente etapa histórica que tantos demandaban.
Julio Fajardo huye de los análisis sociológicos o macroeconómicos para explicar la crisis, algo que excedería sus capacidades como narrador, y se centra en historias pequeñas, pero a la vez representativas del nuevo contexto creado por la pérdida masiva de empleos. Trenza en  el libro tres relatos diferentes, tanto espacial como discursivamente, pero que se complementan perfectamente para crear un fresco que, sin tener una pretensión globalizadora, alcanza a retratar situaciones que todos reconocemos con facilidad. Además del hecho de que lo que les ocurre a los protagonistas son situaciones cotidianas, la casi ausencia de nombres logra que el libro posea un carácter global.
Una de estas tres historias, que tienen un peso equilibrado y que se van sucediendo durante todo el libro, es la de un treintañero que le escribe en segunda persona al dueño de la empresa en la que trabajaba. En un texto cargado de ironía, el joven retrata perfectamente un perfil muy habitual en los tiempos de bonanza económica: el jefe pijo pero moderno, que esconde tras su oficina de diseño, su ropa desenfadada y su palabrería la misma obsesión por el dinero y el mismo desprecio por sus empleados que los empresarios más rancios. Además, el narrador cuenta las distintas etapas que sufrió su consideración hacia su jefe: desde idolatrarlo y sentirse atraído por él  hasta comprobar su cinismo cuando tiene que despedir a sus jóvenes empleados.
Muy diferente es la historia que está narrada en primera persona y que mediante la voz de una mujer de mediana edad cuenta el desmoronamiento de su matrimonio, tras quedar su marido en el paro. A los problemas habituales en esta situación, se une la incomprensión de ella hacia el repentino activismo político que surge en el esposo. Aunque no se nombra, podemos identificar el partido como Podemos; la narradora, por su experiencia personal, es muy crítica con los intereses  de los militantes, que identifica más con el deseo de medrar que con el de cambiar la sociedad.
La tercera trama relata uno de esos pequeños conflictos familiares que la crisis provocó y que no ocuparon los noticiarios: un joven, que ha malgastado el dinero mientras tenía trabajo, vuelve a casa de sus padres al quedarse en paro y acaba, finalmente, en la de su tía viuda. Aunque es interesante la evolución de la relación entre ambos, y el choque generacional que se produce, se trata de la historia menos atractiva de las tres, quizás porque el uso de la tercera persona en la narración no favorezca tanto la empatía. Sin embargo, posee un capítulo final, con el que también se cierra el libro, que se encuentra entre lo mejor de este estupendo tríptico sobre las consecuencias íntimas de la crisis que es Asamblea ordinaria

Reseña publicada en El Noroeste


sábado, 3 de septiembre de 2016

Magistral - Rubén Martín Giráldez


Magistral, Rubén Martín Giráldez, Jekyll & Jill, 2016, 100 págs., 12€.
 Los lectores de narrativa somos también narradores. En nuestra recepción del texto que leemos se produce una reconfiguración del discurso redactado por el autor. Además, cuando alguien nos pregunta “¿de qué va?” el libro que tenemos entre manos, nos detenemos en el relato condensado de su argumento con delectación. Pero, ¿qué ocurre cuando un texto aparentemente narrativo carece o deja en segundo plano la trama? En estas ocasiones, la mayoría de los lectores sienten una perplejidad al comienzo del libro que se torna pronto en irritación al no encontrar la esperada historia. Sólo unos pocos receptores saben ir más allá y encontrar placer en la lectura, cuando el libro la ofrece, a pesar de no hallar una trama. A estos últimos lectores está dirigido Magistral, el artefacto literario perpetrado por Rubén Martín Giráldez.
Porque aquellos que busquen un argumento en el segundo libro de este ensayista y traductor catalán se darán cuenta pronto del segundo plano, cuando no tercero, que ocupa en el orden de importancia de la obra. Lo primero que llama la atención en Magistral es su estilo; Martín Giráldez emplea un lenguaje denso, a veces retorcido, con preferencia por los juegos de palabras, las onomatopeyas, las metáforas, los neologismos y con largos fragmentos en inglés. Veamos un ejemplo del peculiar estilo del libro: “Ordeñador prostático, lalia infusa try to troll password subrosa, criptos, otrosí escaneo fonético: arcabuzos submarinos en el gunning fog index” (pág. 93). Este protagonismo dado al lenguaje, poco habitual en la narrativa española contemporánea, no es un medio, sino un fin en sí mismo por el componente metaliterario del libro. Al igual que hace Cervantes en la segunda parte del Quijote, se cita la repercusión que ha tenido Magistral en un juego temporal cargado de ironía. El narrador se dirige al lector y le habla del propio libro que tiene entre manos, diluyendo las fronteras de la ficción y dinamitando los preceptos tradicionales de la narrativa. En esta concepción lúdica y crítica de la Literatura que propone Martín Giráldez, adquieren gran importancia los paratextos, citas de otros autores, la portada y el índice de otro, y los juegos tipográficos.
Aunque, tal y como ya hemos defendido, el lenguaje y sus giros son los verdaderos protagonistas de Magistral, también podemos hallar un hilo argumental, débil y discontinuo eso sí, en la obra. El libro nos cuenta la intención de un autor español de abandonar su idioma natal y seguir la senda de Notable American Women, obra del norteamericano Ben Marcus. Este segundo texto adquiere una gran importancia en la última mitad del libro, convirtiendo a Magistral en una especie de parásito que toma fragmentos enteros de Marcus. La relevancia de este nuevo juego literario se debe relacionar con la sátira a la lengua, a la crítica y a la literatura española que aparecen en la primera parte del libro. De nuestro idioma dice el narrador que lo hemos convertido en “muelle y fantocha” (pág. 15); frente a ello, aboga por esa renovación total de la que el propio texto es ejemplo.
Apuesta fuerte Martín Giráldez con Magistral, algo poco habitual en los autores de su generación (nació en 1979). A pesar de que el libro puede indigestar, utilizando una metáfora gástrica tan del gusto del propio autor, se agradece la originalidad y la valentía en la propuesta discursiva y en la sátira.
Reseña publicada en El Noroeste:



miércoles, 24 de agosto de 2016

Los impecables - Tatiana Goransky


Los impecables, Tatiana Goransky, Comba, 2016, 173 págs., 15€.
 Abundan en la narrativa actual los relatos protagonizados por escritores. Sin embargo, las dos narraciones que se incluyen en este libro de la argentina Tatiana Goransky se caracterizan por los singulares oficios que desempeñan sus protagonistas. Se produce así un efecto de extrañamiento en el lector, que no está acostumbrado a historias protagonizadas por recogepelotas, buzos, cazatesoros o zahoríes, trabajos de los protagonistas de Los impecables.
El libro está compuesto por dos relatos que, salvo por poner ese foco en empleos poco habituales, son completamente dispares. El primero, la historia de tierra adentro, se titula “Ball boy” y retrata a Manuel, un peculiar joven obsesionado con ser el mejor recogepelotas de su club de tenis. Si logra distinguirse del resto de sus compañeros recibirá el máximo  galardón con el que el joven bonaerense puede soñar: participar en la final de Roland Garros y poder conocer a su ídolo Roger Federer.
En un mundo, el del deporte, marcado por la ambición desmedida y la despiadada competencia entre los jóvenes que aspiran a abrirse paso, Manuel despreció una prometedora carrera como tenista juvenil para dedicarse a su verdadera devoción: pasar pelotas y toallas a los jugadores. Si insólita es esta vocación, más aún lo es Manuel y todo lo que lo rodea; el protagonista de “Ball boy” es metódico en su entrenamiento y repudia todo aquello que puede alejarlo de su sueño, poniendo en un segundo plano sus relaciones personales. El relato se desarrolla parejo a la celebración del Roland Garros de 2009 y la final parisina coincide con el desenlace de la historia, protagonizada por un desquiciado Manuel. 
Si “Ball boy” puede ser considerado como un cuento largo o una novela corta, el otro relato del volumen, titulado “Don del agua”, se acerca a la extensión habitual en la novela. Mientras que Goransky acierta en la concreción del primer texto, creando a un personaje que perdura en la memoria del lector, en el segundo la estructura polifónica y  la presencia de varias tramas mezcladas va en detrimento del interés de la historia.  Aunque se trata de un texto bien escrito e interesante, la mezcla de varios narradores, de distintas modalidades discursivas (diario, narración, investigación periodística) y de saltos temporales obstruye a veces la atención en una historia original protagonizada por una familia peculiar.
“Don del agua” cuenta la búsqueda de un esquivo tesoro marino por parte de dos hermanos muy diferentes. El primero, apodado Capitán, es un carismático marino que reúne a una estrafalaria tripulación para buscar por los mares de medio mundo unos diamantes hundidos. El segundo, conocido como Buzo, es un taciturno especialista en inmersiones subacuáticas que hereda el barco, la tripulación y las ansias de su hermano mayor por encontrar el tesoro. La vocación de ambos hermanos está predestinada desde antes de su nacimiento, en una familia en la que el destino parece marcar la vida de sus integrantes. Así lo hizo con su padre, un zahorí (esos especialistas en encontrar agua de manera aparentemente mágica) cuyos remordimientos por su primer trabajo, con el que ayudó a una secta a establecerse, ha marcado el resto de su existencia. Entre lo mejor de la novela podemos citar al personaje de Oat, un príncipe africano tripulante del barco de los hermanos, y el acertado tono maravilloso, cercano a la fábula, que en ocasiones adquiere la narración.
Reseña publicada en El Noroeste:

domingo, 31 de julio de 2016

Diarios (1999-2003) - Iñaki Uriarte


Diarios (1999-2003), Iñaki Uriarte, Pepitas de Calabaza, 2010, 184 págs., 15€.

Salvo excepciones destacadas como la de Andrés Trapiello, la escritura diarística española no ha alcanzado el desarrollo del que goza en otras literatura europeas. Ni el éxito de otros géneros del yo (la autobiografía o la autoficción) ni el desarrollo de una herramienta tan cercana como el blog han supuesto un aumento del número y de la calidad de los diarios publicados en nuestro país. Por ello produce cierta sorpresa el pequeño éxito de crítica y de público (selecto, eso sí) que han cosechado los tres volúmenes de diarios de Iñaki Uriarte. Tras la lectura del primero de ellos podemos confirmar que lo que anunciaban los elogios de voces tan respetadas como las de Enrique Vila-Matas, Jordi Gracia o Manuel Jabois se cumple con creces.
En un género en el que el material narrativo proviene de la experiencia propia, el lector siente curiosidad por la biografía del autor; la que proporciona la solapa de este primer volumen es tan sucinta que más que situar, descoloca. Tan sólo se cita la fecha de nacimiento de Uriarte (1946) y los nombres de las ciudades en las que nació (Nueva York), creció (San Sebastián) y vive (Bilbao), y, sin embargo, pocas biografías son tan precisas como ésta. Urrutia, conocido en los círculos literarios vascos por su labor como crítico en un periódico, se jacta en el libro de no haber tenido jamás que realizar un trabajo serio. Su pertenencia a una familia con cierto poder económico y su propia actitud vital, entre el dandismo y la independencia, le han convertido en una especie de Bartleby que responde “preferiría no hacerlo” ante cualquier oferta de laboral.
Esta particular forma de afrontar la vida que posee Urrutia no implica que su existencia haya sido aburrida; en uno de los fragmentos recuerda que estuvo en la cárcel y que negoció con drogas, aunque con ironía señala que la mayor parte del tiempo vivido ha sido tranquilo. El pasado es uno de los temas recurrentes en este diario: la infancia perdida, los años universitarios y las vicisitudes de sus padres (españoles en Nueva York que se establecieron en San Sebastián al poco de nacer el autor) se cuentan con un tono más entrañable que el resto.
Mucho más mordaz se muestra cuando relata su vida pública el Bilbao de principios de siglo; en estos fragmentos suele satirizar, sin caer en el ataque cruel, a escritores y políticos con los que alterna y de los que cuenta anécdotas a veces hirientes, pero salvaguardando en estos casos su anonimato. El tono vuelve a ser relajado cuando narra episodios de su vida íntima junto a su mujer o a su gato y los viajes que emprende a Italia o a Benidorm. Urrutia huye de la petulancia del intelectual que despreciaría sus rascacielos y sus playas abarrotadas y describe la ciudad costera como su verdadero refugio.
La ausencia de obligaciones laborales, salvo los textos para el periódico, permiten al autor dedicarse con fruición a los libros. Se muestra como un lector voraz y desordenado que trufa sus textos de numerosas citas de sus autores predilectos: Montaigne, Borges, Machado, Proust, etc. El respeto a estos maestros parece que impele a Urrutia a escribir una serie de anotaciones con un estilo sobrio y (aparentemente) sin pretensiones, que con el tiempo se han convertido en este magnífico libro.
Reseña publicada en El Noroeste:



martes, 19 de julio de 2016

Homoconejo - Alfonso García-Villalba


Homoconejo, Alfonso García-Villalba, e.d.a., 2016, 166 págs., 14€.

Arriesga el escritor murciano Alfonso García-Villalba en su segunda novela, hace un par de años publicó en la misma editorial Esquizorrealismo (2014), y sale victorioso del envite.  Es de agradecer que autores como éste, que está comenzando a construir su trayectoria literaria, se salgan de los caminos trillados y nos ofrezcan obras tan personales y originales como Homoconejo. Bien es cierto que, al contrario que aquellos que optan por historias más previsibles y sencillas, esta novela no atraerá a un número elevado de lectores, pero, seguramente, se hará con una recepción selecta y que esperará con ansia nuevos libros de este autor.
Porque Homoconejo es una obra compleja e intrincada como un buen laberinto, concepto central en la novela, pero que, como aquel, se presenta atrayente gracias a la solidez de su estructura. Y eso que el comienzo del libro puede hacer pensar en una de esas novelas alucinadas, en las que el lector se pierde ante reflexiones demasiado abstractas que llevan la trama a callejones sin salida, tras los que hay que volver atrás. García-Villalba evita este camino y sustenta el ambiente onírico, a veces surrealista, del libro con una historia atractiva y bien contada.
Los protagonistas principales de Homoconejo son la pareja formada por M., una arquitecta obsesionada con quedarse embarazada, y el narrador, un fotógrafo que la ayuda en sus proyectos laborales. En la vida de ambos irrumpe un extraño y algo siniestro empresario llamado Cumas Baba, que le encarga a M. la construcción de un laberinto en un paraje desolado del campo murciano. Los otros dos personajes importantes en esta trama (o nivel) principal de la novela son V., amigo y consejero del narrador, y Pitia Calipso, la enigmática ayudante de Cumas Baba. M. decide construir un laberinto diferente, subterráneo, en varios planos, con escaleras que los comuniquen, y con una fuente de agua en el centro.
Esta peculiar forma que posee el proyecto que M. presenta al empresario tiene su correlato en la propia estructura de la novela, organizada también en varios planos que se interrelacionan y cuyas fronteras son porosas. Además del plano “real” que acabamos de resumir, el libro otorga mucha importancia a los sueños que tienen los protagonistas. Gracias a una droga conocida como Beta, los personajes son capaces de adquirir cierta consciencia en los sueños, que se acercan y se confunden con la vigilia de manera laberíntica. Entre las injerencias que se producen entre ambos niveles destaca la figura de W., un doble de M. del que el narrador se enamora. En un tercer plano de la historia estarían las referencias a Hombre pasea Conejo, el libro escrito décadas atrás por el padre del narrador y cuyo protagonista, un conejo llamado Sr. Kerényi, se cuela a menudo en sus sueños.
Además de temas como el desdoblamiento de la identidad, la porosidad de la frontera entre vigilia y sueño y el uso de drogas recreativas y sus consecuencias, el libro es también una sátira de los desmanes urbanísticos acaecidos en las últimas décadas en la Región de Murcia. Cumas Baba es una mezcla de empresario de la construcción murciano y supervillano con ínfulas de grandeza que vive entre el ático de una torre de pisos que se quedó a medio construir en el Campo de Cartagena y su mansión en la Isla del Barón del Mar Menor.
Reseña publicada en El Noroeste:

martes, 5 de julio de 2016

Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino - Diego Sánchez Aguilar


Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, Diego Sánchez Aguilar, Balduque, 2016, 157 págs., 12€.

            Destila ironía desde su título el primer y excelente libro de relatos del cartagenero Diego Sánchez Aguilar. El nombre del volumen, que despista apuntando a un acercamiento científico al goce femenino, ya nos muestra dos de sus rasgos fundamentales: el erotismo y la ya citada ironía. Retrata en sus páginas personajes cercanos, que pululan por una España contemporánea envuelta en la crisis económica, y que podríamos identificar perfectamente con personas reales que todos conocemos. Sánchez Aguilar no se une a esa tradición de literatura erótica de ambientación refinada y exótica, sino que retrata las pulsiones íntimas de personajes carnales y cotidianos.
            Aunque las narraciones están repletas de descripciones de encuentros sexuales y de actos onanistas, el autor las retrata con naturalidad y sin emplear esas metáforas y esa terminología tan desgastada propia de la literatura erótica más casposa. Porque el objetivo último de Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino no es excitar al lector con relatos pornográficos inanes protagonizados por atletas sexuales de apariencia inverosímil, sino ofrecer un catálogo de los comportamientos eróticos de nuestros semejantes.
            Mención aparte merece el feroz análisis de las podredumbres de una clase media española adocenada e incapaz de salirse de los parámetros sociales que aparece de manera sutil a lo largo de todo el libro. En algunas ocasiones emplea el llamativo recurso de la nota al pie de página y un narrador alejado de los personajes para explicar, de manera sarcástica, los comportamientos de los protagonistas de los relatos.
            Si el erotismo y la ironía, que a veces deviene en sarcasmo, otorgan homogeneidad al libro, la variedad la aportan los distintos personajes que convierten el volumen en un verdadero catálogo de la clase media española de entre treinta y cuarenta y tantos años. Cada uno de ellos tiene una manera muy diferente de afrontar el sexo, que va desde la inapetencia a la obsesión, pasando por varias formas de infidelidad. Hombres y mujeres; casados y solteros; exitosos y perdedores; los personajes de Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino pugnan por satisfacer sus deseos o por mitigar sus inseguridades.
            El volumen comienza con “Comida de empresa”, una afilada descripción de esas relaciones lúbricas que surgen a menudo entre compañeros de trabajo desinhibidos gracias al alcohol y a un contexto diferente y más festivo que el laboral. Sánchez Aguilar corona con una acertada elipsis un relato en el que un hombre casado flirtea, ante la complicidad de su beodo amigo, con una compañera de trabajo más joven. Otro espacio en el que se permite el desenfreno erótico de nuestra clase media es el resort caribeño. Allí viaja la protagonista de “Cuba”, en el único relato en el que la preocupación es la inapetencia sexual. En “Gemidos”, el protagonista es un solitario y virgen cuarentón obsesionado por la artista que sube a diario vídeos en los que se la oye teniendo un orgasmo. La infidelidad es el eje de “Injusticia” y “Anunciación de María”; en el primero de los casos llevado a cabo con un antiguo novio y en el segundo sospechado en la esposa. En este relato también se pone en juego el voyeurismo, que vuelve a aparecer en “Vecinos”, donde encontramos a una mojigata pareja abrumada por el sonido del goce de la pareja que vive encima, y en “El perfume”, donde un fotógrafo con ínfulas de artista emplea en su trabajo las grabaciones de sus encuentros sexuales.
Reseña publicada en El Noroeste.