viernes, 30 de septiembre de 2016

Ultramar - Rubén Santiago


Ultramar, Rubén Santiago, Malbec, 2016, 150 págs., 12€.
 El microrrelato es, por razones obvias, el género narrativo en el que el lector encuentra un mayor número de relatos diferentes en un mismo libro. En un volumen de apenas cien páginas podemos leer decenas de textos distintos sin relación alguna entre sí, más allá de agrupaciones temáticas o de la unidad estilística que les da haber sido creados por el mismo autor. Este hecho provoca que los libros de este género tengan cierta tendencia a la dispersión, ofreciendo a menudo un número ingente de historias protagonizadas cada una de ellas por personajes nuevos para el lector. Por ello acierta el escritor murciano Rubén Santiago al ubicar todos los microrrelatos de este, su primer libro, en un mismo contexto: el mar.
A pesar de esta unidad dada por el espacio marítimo, los textos de Ultramar se caracterizan por su heterogeneidad formal, algo lógico si se tiene en cuenta que el volumen incluye más de ciento veinte minicuentos. El autor conoce bien las distintas variantes que ofrece el género y nos presenta a lo largo de las páginas varias de las tipologías que crearon los maestros de la narrativa brevísima y que Rubén Santiago sabe utilizar con sagacidad convirtiéndose en un digno heredero. El lector agradece esa doble tendencia centrífuga, con las variantes tipológicas, y centrípeta, el contexto marino siempre está presente, que posee el libro a la hora de enfrentarse a la recepción de un volumen que se ha de degustar con calma y, siguiendo una metáfora acuática, a pequeños sorbos.
Entre esas variantes propias del microrrelato que hallamos en Ultramar podemos citar, por ejemplo, el empleo de un título larguísimo, recurso que encontramos en la página 85. Otros textos ofrecen un giro inesperado en la historia que busca sorprender al lector con un desenlace que el inicio del texto no hacía presagiar. Entre los minicuentos que mejor emplean este recurso, no siempre bien utilizado por los autores de minificción, podemos destacar “Primer naufragio” (pág. 132), en el que el último párrafo nos sitúa en un contexto totalmente diferente al esperado. Aunque no son muchos, también encontramos en el libro varios de esos microrrelatos más breves que llevan la narración a su mínima expresión sin perder su poder evocador. Un buen ejemplo de ello es sin duda “El sentido de la vida” (pág. 39), que dice así “Quiso huir; así que navegó en busca del horizonte hasta ir menguando y desaparecer en la nada”.
Entre todas las variantes de historias marinas que encierra Ultramar destacan dos disposiciones que aparecen con distinta frecuencia en el libro. La primera, y más habitual, es la recreación de episodios históricos o literarios asociados al mar. Por las páginas del libro aparecen barcos míticos como el Titanic, el Beagle, el Sirius o el Arca de Noé y personajes por todos conocidos como Miguel de Cervantes, el Dr. Livingston, Cousteau, Cristóbal Colón o Peter Pan. La otra tendencia relevante, no tanto por su frecuencia sino por tener un carácter más profundo, es la defensa ecologista del mar y el rechazo a los efectos perniciosos de la acción humana en él, que hallamos en textos como “El séptimo continente” (pág. 137).
Con todo ello tenemos un conjunto de relatos de calidad irregular, algo habitual en el género de la minificción, pero con suficientes logros para que su lectura resulte atractiva. 
Reseña publicada en El Noroeste. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Asamblea ordinaria - Julio Fajardo Herrero


Asamblea ordinaria, Julio Fajardo Herrero, Libros del Asteroide, 2016, 215 págs., 17€. 
Desde hace unos años son muchas las voces que piden, o incluso exigen, una novela que retrate la crisis económica que viene sufriendo España desde 2008. Una primera y notable aproximación al tema fue Yo, precario (2013) de Javier López Menacho, aunque se trató de un libro con un componente más autobiográfico y más cercano a la crónica que a la ficción. Con Asamblea ordinaria sí que tenemos esa novela sobre esta reciente etapa histórica que tantos demandaban.
Julio Fajardo huye de los análisis sociológicos o macroeconómicos para explicar la crisis, algo que excedería sus capacidades como narrador, y se centra en historias pequeñas, pero a la vez representativas del nuevo contexto creado por la pérdida masiva de empleos. Trenza en  el libro tres relatos diferentes, tanto espacial como discursivamente, pero que se complementan perfectamente para crear un fresco que, sin tener una pretensión globalizadora, alcanza a retratar situaciones que todos reconocemos con facilidad. Además del hecho de que lo que les ocurre a los protagonistas son situaciones cotidianas, la casi ausencia de nombres logra que el libro posea un carácter global.
Una de estas tres historias, que tienen un peso equilibrado y que se van sucediendo durante todo el libro, es la de un treintañero que le escribe en segunda persona al dueño de la empresa en la que trabajaba. En un texto cargado de ironía, el joven retrata perfectamente un perfil muy habitual en los tiempos de bonanza económica: el jefe pijo pero moderno, que esconde tras su oficina de diseño, su ropa desenfadada y su palabrería la misma obsesión por el dinero y el mismo desprecio por sus empleados que los empresarios más rancios. Además, el narrador cuenta las distintas etapas que sufrió su consideración hacia su jefe: desde idolatrarlo y sentirse atraído por él  hasta comprobar su cinismo cuando tiene que despedir a sus jóvenes empleados.
Muy diferente es la historia que está narrada en primera persona y que mediante la voz de una mujer de mediana edad cuenta el desmoronamiento de su matrimonio, tras quedar su marido en el paro. A los problemas habituales en esta situación, se une la incomprensión de ella hacia el repentino activismo político que surge en el esposo. Aunque no se nombra, podemos identificar el partido como Podemos; la narradora, por su experiencia personal, es muy crítica con los intereses  de los militantes, que identifica más con el deseo de medrar que con el de cambiar la sociedad.
La tercera trama relata uno de esos pequeños conflictos familiares que la crisis provocó y que no ocuparon los noticiarios: un joven, que ha malgastado el dinero mientras tenía trabajo, vuelve a casa de sus padres al quedarse en paro y acaba, finalmente, en la de su tía viuda. Aunque es interesante la evolución de la relación entre ambos, y el choque generacional que se produce, se trata de la historia menos atractiva de las tres, quizás porque el uso de la tercera persona en la narración no favorezca tanto la empatía. Sin embargo, posee un capítulo final, con el que también se cierra el libro, que se encuentra entre lo mejor de este estupendo tríptico sobre las consecuencias íntimas de la crisis que es Asamblea ordinaria

Reseña publicada en El Noroeste


sábado, 3 de septiembre de 2016

Magistral - Rubén Martín Giráldez


Magistral, Rubén Martín Giráldez, Jekyll & Jill, 2016, 100 págs., 12€.
 Los lectores de narrativa somos también narradores. En nuestra recepción del texto que leemos se produce una reconfiguración del discurso redactado por el autor. Además, cuando alguien nos pregunta “¿de qué va?” el libro que tenemos entre manos, nos detenemos en el relato condensado de su argumento con delectación. Pero, ¿qué ocurre cuando un texto aparentemente narrativo carece o deja en segundo plano la trama? En estas ocasiones, la mayoría de los lectores sienten una perplejidad al comienzo del libro que se torna pronto en irritación al no encontrar la esperada historia. Sólo unos pocos receptores saben ir más allá y encontrar placer en la lectura, cuando el libro la ofrece, a pesar de no hallar una trama. A estos últimos lectores está dirigido Magistral, el artefacto literario perpetrado por Rubén Martín Giráldez.
Porque aquellos que busquen un argumento en el segundo libro de este ensayista y traductor catalán se darán cuenta pronto del segundo plano, cuando no tercero, que ocupa en el orden de importancia de la obra. Lo primero que llama la atención en Magistral es su estilo; Martín Giráldez emplea un lenguaje denso, a veces retorcido, con preferencia por los juegos de palabras, las onomatopeyas, las metáforas, los neologismos y con largos fragmentos en inglés. Veamos un ejemplo del peculiar estilo del libro: “Ordeñador prostático, lalia infusa try to troll password subrosa, criptos, otrosí escaneo fonético: arcabuzos submarinos en el gunning fog index” (pág. 93). Este protagonismo dado al lenguaje, poco habitual en la narrativa española contemporánea, no es un medio, sino un fin en sí mismo por el componente metaliterario del libro. Al igual que hace Cervantes en la segunda parte del Quijote, se cita la repercusión que ha tenido Magistral en un juego temporal cargado de ironía. El narrador se dirige al lector y le habla del propio libro que tiene entre manos, diluyendo las fronteras de la ficción y dinamitando los preceptos tradicionales de la narrativa. En esta concepción lúdica y crítica de la Literatura que propone Martín Giráldez, adquieren gran importancia los paratextos, citas de otros autores, la portada y el índice de otro, y los juegos tipográficos.
Aunque, tal y como ya hemos defendido, el lenguaje y sus giros son los verdaderos protagonistas de Magistral, también podemos hallar un hilo argumental, débil y discontinuo eso sí, en la obra. El libro nos cuenta la intención de un autor español de abandonar su idioma natal y seguir la senda de Notable American Women, obra del norteamericano Ben Marcus. Este segundo texto adquiere una gran importancia en la última mitad del libro, convirtiendo a Magistral en una especie de parásito que toma fragmentos enteros de Marcus. La relevancia de este nuevo juego literario se debe relacionar con la sátira a la lengua, a la crítica y a la literatura española que aparecen en la primera parte del libro. De nuestro idioma dice el narrador que lo hemos convertido en “muelle y fantocha” (pág. 15); frente a ello, aboga por esa renovación total de la que el propio texto es ejemplo.
Apuesta fuerte Martín Giráldez con Magistral, algo poco habitual en los autores de su generación (nació en 1979). A pesar de que el libro puede indigestar, utilizando una metáfora gástrica tan del gusto del propio autor, se agradece la originalidad y la valentía en la propuesta discursiva y en la sátira.
Reseña publicada en El Noroeste:



miércoles, 24 de agosto de 2016

Los impecables - Tatiana Goransky


Los impecables, Tatiana Goransky, Comba, 2016, 173 págs., 15€.
 Abundan en la narrativa actual los relatos protagonizados por escritores. Sin embargo, las dos narraciones que se incluyen en este libro de la argentina Tatiana Goransky se caracterizan por los singulares oficios que desempeñan sus protagonistas. Se produce así un efecto de extrañamiento en el lector, que no está acostumbrado a historias protagonizadas por recogepelotas, buzos, cazatesoros o zahoríes, trabajos de los protagonistas de Los impecables.
El libro está compuesto por dos relatos que, salvo por poner ese foco en empleos poco habituales, son completamente dispares. El primero, la historia de tierra adentro, se titula “Ball boy” y retrata a Manuel, un peculiar joven obsesionado con ser el mejor recogepelotas de su club de tenis. Si logra distinguirse del resto de sus compañeros recibirá el máximo  galardón con el que el joven bonaerense puede soñar: participar en la final de Roland Garros y poder conocer a su ídolo Roger Federer.
En un mundo, el del deporte, marcado por la ambición desmedida y la despiadada competencia entre los jóvenes que aspiran a abrirse paso, Manuel despreció una prometedora carrera como tenista juvenil para dedicarse a su verdadera devoción: pasar pelotas y toallas a los jugadores. Si insólita es esta vocación, más aún lo es Manuel y todo lo que lo rodea; el protagonista de “Ball boy” es metódico en su entrenamiento y repudia todo aquello que puede alejarlo de su sueño, poniendo en un segundo plano sus relaciones personales. El relato se desarrolla parejo a la celebración del Roland Garros de 2009 y la final parisina coincide con el desenlace de la historia, protagonizada por un desquiciado Manuel. 
Si “Ball boy” puede ser considerado como un cuento largo o una novela corta, el otro relato del volumen, titulado “Don del agua”, se acerca a la extensión habitual en la novela. Mientras que Goransky acierta en la concreción del primer texto, creando a un personaje que perdura en la memoria del lector, en el segundo la estructura polifónica y  la presencia de varias tramas mezcladas va en detrimento del interés de la historia.  Aunque se trata de un texto bien escrito e interesante, la mezcla de varios narradores, de distintas modalidades discursivas (diario, narración, investigación periodística) y de saltos temporales obstruye a veces la atención en una historia original protagonizada por una familia peculiar.
“Don del agua” cuenta la búsqueda de un esquivo tesoro marino por parte de dos hermanos muy diferentes. El primero, apodado Capitán, es un carismático marino que reúne a una estrafalaria tripulación para buscar por los mares de medio mundo unos diamantes hundidos. El segundo, conocido como Buzo, es un taciturno especialista en inmersiones subacuáticas que hereda el barco, la tripulación y las ansias de su hermano mayor por encontrar el tesoro. La vocación de ambos hermanos está predestinada desde antes de su nacimiento, en una familia en la que el destino parece marcar la vida de sus integrantes. Así lo hizo con su padre, un zahorí (esos especialistas en encontrar agua de manera aparentemente mágica) cuyos remordimientos por su primer trabajo, con el que ayudó a una secta a establecerse, ha marcado el resto de su existencia. Entre lo mejor de la novela podemos citar al personaje de Oat, un príncipe africano tripulante del barco de los hermanos, y el acertado tono maravilloso, cercano a la fábula, que en ocasiones adquiere la narración.
Reseña publicada en El Noroeste:

domingo, 31 de julio de 2016

Diarios (1999-2003) - Iñaki Uriarte


Diarios (1999-2003), Iñaki Uriarte, Pepitas de Calabaza, 2010, 184 págs., 15€.

Salvo excepciones destacadas como la de Andrés Trapiello, la escritura diarística española no ha alcanzado el desarrollo del que goza en otras literatura europeas. Ni el éxito de otros géneros del yo (la autobiografía o la autoficción) ni el desarrollo de una herramienta tan cercana como el blog han supuesto un aumento del número y de la calidad de los diarios publicados en nuestro país. Por ello produce cierta sorpresa el pequeño éxito de crítica y de público (selecto, eso sí) que han cosechado los tres volúmenes de diarios de Iñaki Uriarte. Tras la lectura del primero de ellos podemos confirmar que lo que anunciaban los elogios de voces tan respetadas como las de Enrique Vila-Matas, Jordi Gracia o Manuel Jabois se cumple con creces.
En un género en el que el material narrativo proviene de la experiencia propia, el lector siente curiosidad por la biografía del autor; la que proporciona la solapa de este primer volumen es tan sucinta que más que situar, descoloca. Tan sólo se cita la fecha de nacimiento de Uriarte (1946) y los nombres de las ciudades en las que nació (Nueva York), creció (San Sebastián) y vive (Bilbao), y, sin embargo, pocas biografías son tan precisas como ésta. Urrutia, conocido en los círculos literarios vascos por su labor como crítico en un periódico, se jacta en el libro de no haber tenido jamás que realizar un trabajo serio. Su pertenencia a una familia con cierto poder económico y su propia actitud vital, entre el dandismo y la independencia, le han convertido en una especie de Bartleby que responde “preferiría no hacerlo” ante cualquier oferta de laboral.
Esta particular forma de afrontar la vida que posee Urrutia no implica que su existencia haya sido aburrida; en uno de los fragmentos recuerda que estuvo en la cárcel y que negoció con drogas, aunque con ironía señala que la mayor parte del tiempo vivido ha sido tranquilo. El pasado es uno de los temas recurrentes en este diario: la infancia perdida, los años universitarios y las vicisitudes de sus padres (españoles en Nueva York que se establecieron en San Sebastián al poco de nacer el autor) se cuentan con un tono más entrañable que el resto.
Mucho más mordaz se muestra cuando relata su vida pública el Bilbao de principios de siglo; en estos fragmentos suele satirizar, sin caer en el ataque cruel, a escritores y políticos con los que alterna y de los que cuenta anécdotas a veces hirientes, pero salvaguardando en estos casos su anonimato. El tono vuelve a ser relajado cuando narra episodios de su vida íntima junto a su mujer o a su gato y los viajes que emprende a Italia o a Benidorm. Urrutia huye de la petulancia del intelectual que despreciaría sus rascacielos y sus playas abarrotadas y describe la ciudad costera como su verdadero refugio.
La ausencia de obligaciones laborales, salvo los textos para el periódico, permiten al autor dedicarse con fruición a los libros. Se muestra como un lector voraz y desordenado que trufa sus textos de numerosas citas de sus autores predilectos: Montaigne, Borges, Machado, Proust, etc. El respeto a estos maestros parece que impele a Urrutia a escribir una serie de anotaciones con un estilo sobrio y (aparentemente) sin pretensiones, que con el tiempo se han convertido en este magnífico libro.
Reseña publicada en El Noroeste:



martes, 19 de julio de 2016

Homoconejo - Alfonso García-Villalba


Homoconejo, Alfonso García-Villalba, e.d.a., 2016, 166 págs., 14€.

Arriesga el escritor murciano Alfonso García-Villalba en su segunda novela, hace un par de años publicó en la misma editorial Esquizorrealismo (2014), y sale victorioso del envite.  Es de agradecer que autores como éste, que está comenzando a construir su trayectoria literaria, se salgan de los caminos trillados y nos ofrezcan obras tan personales y originales como Homoconejo. Bien es cierto que, al contrario que aquellos que optan por historias más previsibles y sencillas, esta novela no atraerá a un número elevado de lectores, pero, seguramente, se hará con una recepción selecta y que esperará con ansia nuevos libros de este autor.
Porque Homoconejo es una obra compleja e intrincada como un buen laberinto, concepto central en la novela, pero que, como aquel, se presenta atrayente gracias a la solidez de su estructura. Y eso que el comienzo del libro puede hacer pensar en una de esas novelas alucinadas, en las que el lector se pierde ante reflexiones demasiado abstractas que llevan la trama a callejones sin salida, tras los que hay que volver atrás. García-Villalba evita este camino y sustenta el ambiente onírico, a veces surrealista, del libro con una historia atractiva y bien contada.
Los protagonistas principales de Homoconejo son la pareja formada por M., una arquitecta obsesionada con quedarse embarazada, y el narrador, un fotógrafo que la ayuda en sus proyectos laborales. En la vida de ambos irrumpe un extraño y algo siniestro empresario llamado Cumas Baba, que le encarga a M. la construcción de un laberinto en un paraje desolado del campo murciano. Los otros dos personajes importantes en esta trama (o nivel) principal de la novela son V., amigo y consejero del narrador, y Pitia Calipso, la enigmática ayudante de Cumas Baba. M. decide construir un laberinto diferente, subterráneo, en varios planos, con escaleras que los comuniquen, y con una fuente de agua en el centro.
Esta peculiar forma que posee el proyecto que M. presenta al empresario tiene su correlato en la propia estructura de la novela, organizada también en varios planos que se interrelacionan y cuyas fronteras son porosas. Además del plano “real” que acabamos de resumir, el libro otorga mucha importancia a los sueños que tienen los protagonistas. Gracias a una droga conocida como Beta, los personajes son capaces de adquirir cierta consciencia en los sueños, que se acercan y se confunden con la vigilia de manera laberíntica. Entre las injerencias que se producen entre ambos niveles destaca la figura de W., un doble de M. del que el narrador se enamora. En un tercer plano de la historia estarían las referencias a Hombre pasea Conejo, el libro escrito décadas atrás por el padre del narrador y cuyo protagonista, un conejo llamado Sr. Kerényi, se cuela a menudo en sus sueños.
Además de temas como el desdoblamiento de la identidad, la porosidad de la frontera entre vigilia y sueño y el uso de drogas recreativas y sus consecuencias, el libro es también una sátira de los desmanes urbanísticos acaecidos en las últimas décadas en la Región de Murcia. Cumas Baba es una mezcla de empresario de la construcción murciano y supervillano con ínfulas de grandeza que vive entre el ático de una torre de pisos que se quedó a medio construir en el Campo de Cartagena y su mansión en la Isla del Barón del Mar Menor.
Reseña publicada en El Noroeste:

martes, 5 de julio de 2016

Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino - Diego Sánchez Aguilar


Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, Diego Sánchez Aguilar, Balduque, 2016, 157 págs., 12€.

            Destila ironía desde su título el primer y excelente libro de relatos del cartagenero Diego Sánchez Aguilar. El nombre del volumen, que despista apuntando a un acercamiento científico al goce femenino, ya nos muestra dos de sus rasgos fundamentales: el erotismo y la ya citada ironía. Retrata en sus páginas personajes cercanos, que pululan por una España contemporánea envuelta en la crisis económica, y que podríamos identificar perfectamente con personas reales que todos conocemos. Sánchez Aguilar no se une a esa tradición de literatura erótica de ambientación refinada y exótica, sino que retrata las pulsiones íntimas de personajes carnales y cotidianos.
            Aunque las narraciones están repletas de descripciones de encuentros sexuales y de actos onanistas, el autor las retrata con naturalidad y sin emplear esas metáforas y esa terminología tan desgastada propia de la literatura erótica más casposa. Porque el objetivo último de Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino no es excitar al lector con relatos pornográficos inanes protagonizados por atletas sexuales de apariencia inverosímil, sino ofrecer un catálogo de los comportamientos eróticos de nuestros semejantes.
            Mención aparte merece el feroz análisis de las podredumbres de una clase media española adocenada e incapaz de salirse de los parámetros sociales que aparece de manera sutil a lo largo de todo el libro. En algunas ocasiones emplea el llamativo recurso de la nota al pie de página y un narrador alejado de los personajes para explicar, de manera sarcástica, los comportamientos de los protagonistas de los relatos.
            Si el erotismo y la ironía, que a veces deviene en sarcasmo, otorgan homogeneidad al libro, la variedad la aportan los distintos personajes que convierten el volumen en un verdadero catálogo de la clase media española de entre treinta y cuarenta y tantos años. Cada uno de ellos tiene una manera muy diferente de afrontar el sexo, que va desde la inapetencia a la obsesión, pasando por varias formas de infidelidad. Hombres y mujeres; casados y solteros; exitosos y perdedores; los personajes de Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino pugnan por satisfacer sus deseos o por mitigar sus inseguridades.
            El volumen comienza con “Comida de empresa”, una afilada descripción de esas relaciones lúbricas que surgen a menudo entre compañeros de trabajo desinhibidos gracias al alcohol y a un contexto diferente y más festivo que el laboral. Sánchez Aguilar corona con una acertada elipsis un relato en el que un hombre casado flirtea, ante la complicidad de su beodo amigo, con una compañera de trabajo más joven. Otro espacio en el que se permite el desenfreno erótico de nuestra clase media es el resort caribeño. Allí viaja la protagonista de “Cuba”, en el único relato en el que la preocupación es la inapetencia sexual. En “Gemidos”, el protagonista es un solitario y virgen cuarentón obsesionado por la artista que sube a diario vídeos en los que se la oye teniendo un orgasmo. La infidelidad es el eje de “Injusticia” y “Anunciación de María”; en el primero de los casos llevado a cabo con un antiguo novio y en el segundo sospechado en la esposa. En este relato también se pone en juego el voyeurismo, que vuelve a aparecer en “Vecinos”, donde encontramos a una mojigata pareja abrumada por el sonido del goce de la pareja que vive encima, y en “El perfume”, donde un fotógrafo con ínfulas de artista emplea en su trabajo las grabaciones de sus encuentros sexuales.
Reseña publicada en El Noroeste. 

martes, 21 de junio de 2016

París-Austerlitz - Rafael Chirbes


Paris-Austerlitz, Rafael Chirbes, Anagrama, 2016, 153 págs., 15€. 
Existen demasiados prejuicios sobre las obras póstumas. Que una editorial publique una novela meses después del fallecimiento del autor suele provocar sentimientos encontrados entre los lectores. Por un lado, existe cierta sospecha, especialmente si se trata de manuscritos que el escritor no dio por terminados, de que el sello ha podido aprovechar el fúnebre tirón mediático para aumentar las ventas. Por otro, se suelen leer con cierta benevolencia estas obras por respeto hacia el finado. En el caso que aquí nos ocupa, una novela que Chirbes terminó tres meses antes de su fallecimiento, debemos desprendernos de estos prejuicios y disfrutar de una obra sublime.
Seguramente París-Austerlitz no alcance la excelencia de En la orilla(2013), su premiada anterior novela, pero no es una obra menor en la trayectoria de este narrador clave en la literatura española contemporánea. Chirbes, tal y como apunta al final del libro, tardó veinte años en escribir esta historia, en una labor intermitente y, suponemos, obsesiva que lo llevó a desprender al libro de todo aquello que no le era necesario. París-Austerlitz es esa pequeña y poco suntuosa joya a la que el paciente orfebre dedica un número infinito de horas de trabajo hasta que queda perfectamente engastada. Es una obra con un equilibrio interno sólido y con un acabado estilístico preciso en su aparente sencillez. Ambas características bastan para prestarle atención, pero, además, narra una historia de gran interés.
La novela cuenta la apasionada y tormentosa relación entre Michel, un obrero francés en la cincuentena, y el narrador, un pintor español de clase alta veinte años más joven. De manera desordenada, Chirbes relata desde el inicio de su amor, tras conocerse de manera fortuita en un restaurante y pasar esa primera noche juntos, hasta la separación y la posterior y fría relación, pasando por todos los vaivenes que su pasión sufre. El narrador valenciano sitúa la historia en distintos escenarios de París, en un retrato de la capital francesa que no se queda en lo meramente turístico y que amplía su mirada hacia los rincones más populares e incluso turbios.
A pesar de que el artista español es el narrador, y desde su perspectiva, a veces nostálgica, a veces descreída, conocemos los vericuetos de la relación de pareja, es el personaje de Michel el más interesante de París-Austerlitz. La solidez externa de su cuerpo, se le describe como un musculoso campesino normando curtido en las fábricas parisinas, contrasta con su vulnerabilidad sentimental. Su tendencia a entregarse sin reservas a su amante lo lleva a sufrir con los celos, mientras están juntos, o a entrar en una espiral de promiscuidad y alcoholismo, cuando es abandonado por el narrador. Es un personaje duro y tierno a la vez, pasional y obsesivo; una creación poliédrica que Chirbes nos lega en su última novela.
Además de por el desdén de su amante, Michel acaba vencido por el SIDA, que postra su sólida estructura en un hospital, en una época en la que esta enfermedad era una plaga (palabra que emplea el narrador para referirse a ella) para los homosexuales europeos. Este mal es la última cicatriz en un personaje marcado por los rechazos amorosos, por el suicidio de su padre y por el desprecio de su padrastro hacia su madre.
Reseña publicada en El Noroeste.

lunes, 6 de junio de 2016

Los huéspedes - Pedro Pujante


Los huéspedes, Pedro Pujante, Ediciones Irreverentes, 2016, 180 págs., 15€.
 Maneja con soltura la técnica y los temas propios de la narrativa el autor murciano Pedro Pujante, tal y como demostró en obras previas. Por ello, no es una sorpresa que su nueva novela, Los huéspedes, sea una obra bien construida. Si en su anterior libro, El absurdo fin de la realidad(2013), Pujante coqueteaba con la ciencia ficción, en su último lanzamiento editorial se mete de lleno en este subgénero y pone en juego varios de los tópicos que le son propios.
En primer lugar debemos citar, por su importancia en la trama, el viaje en el tiempo. Se trata de un recurso muy habitual en este tipo de narraciones porque permite subvertir una de los límites más sólidos de nuestro mundo: la inexorabilidad del paso del tiempo. En el caso de Los huéspedes, el viaje en el tiempo es doble: por un lado tendríamos la ubicación de los personajes en una época futura a la que han llegado sin tener conciencia del traslado; por otro, se presenta, como suele ocurrir en la ciencia ficción, como un superpoder que detenta uno de los protagonistas y que le ayudará a llevar a cabo sus objetivos y el de sus compañeros.
Otro de los tópicos habituales en el género es el del doble. En Los huérfanos Pujante nos vuelve a ofrecer dos variantes, si no en la entidad de los sosias, sí en la consideración que de ellos tienen los personajes. En un primer lugar, el choque con el doble causa el shock lógico en los protagonistas, ya que no comprenden la razón de esa visión de ellos mismos en otro cuerpo. La explicación técnica de esa duplicidad, la clonación, otorga al fenómeno cierta verosimilitud y lo acerca al contexto de esa ciencia disparatada que tanta importancia posee en el libro y que está personificada en el doctor Faustino, que encarna el arquetipo de científico loco.
La novela también se puede leer como una distopía, ya que el relato nos lleva hasta un mundo futuro en el que la Tierra ha quedado inundada. Ante esta eventualidad, los supervivientes se dividen entre los que se agrupan en las pocas islas emergidas y los que han emigrado a otros planetas. En los pocos espacios aptos para la vida existe la sensación de que el apocalipsis es inminente, lo que influirá en las decisiones que tomen los personajes.
Todos estos tópicos habituales de literatura de ciencia ficción se introducen en una historia que comienza siendo realista, pero que se va tornando cada vez más inverosímil y delirante. Lo que parece ser un extraño encuentro de escritores en un aislado pueblo cacereño se convierte, en la segunda parte del libro, en aquello que el protagonista, el narrador Roberto Hernández, ha ido sospechando: un experimento llevado a cabo por un científico demente con intenciones poco claras. Los protagonistas se verán inmersos en una situación disparatada que no han elegido, pero que les llevarán a vivir una serie de aventuras que jamás hubieran imaginado en sus aburridas existencias.  
Pujante enriquece esta historia de humor y ciencia ficción con numerosas referencias literarias y culturales, algo habitual en sus obras. Además del hecho de que los protagonistas sean escritores, las alusiones a autores como Borges, Lovecraft o Umbral, a libros como La isla del doctor Moreau, a series como Perdidos y a películas como El show de Truman, son frecuentes en la novela. 
Reseña publicada en El Noroeste:

domingo, 22 de mayo de 2016

Rayos - Miqui Otero



Rayos, Miqui Otero, Blackie Books, 2016, 320 págs., 21€
 El humor en la Literatura está infravolarado. En ocasiones parece como si todo libro tuviera que ser un destilado de las tristezas, deseos y pensamientos más profundos del autor, ofrecidos con un acompañamiento de lenguaje pomposo y erudito. La seriedad, que tan bien le viene a algunos autores, resulta una rémora en otras historias que ganarían con el desenfado y la hilaridad. Este camino transita Miqui Otero en su última novela: Rayos.
El autor ofrece, tras un envoltorio humorístico, un punzante retrato generacional y una vindicación de la amistad como pilar fundamental en la juventud. Rayos es una novela de la primera nostalgia, esa que se siente al entrar en la treintena y comenzar a tener distancia de épocas de nuestra vida adulta. El paso de los años contribuye a que se ponderen en su justa medida las relaciones y las experiencias que vivimos años atrás.
Rayos comienza con la accidentada emancipación del protagonista, Fidel Centella, un veinteañero que abandona la casa de sus padres (de manera literal, porque se deja las llaves dentro) para establecerse en un piso del barcelonés barrio del Raval junto a sus tres amigos de toda la vida. Con ellos forma un grupo de lo más estrafalario y divertido que ha compartido todos los ritos de iniciación desde el colegio y que afrontan juntos el último: la independencia. En su desvencijado piso, los rayos, nombre que recibe la pandilla por las luces de Montjuic, compartirán alegrías, tristezas, ligues, precariedad y una serie de bromas privadas con las que Otero refleja perfectamente la camaradería que comparten los jóvenes.
La novela destaca también por la creación de unos personajes exagerados, cercanos a veces a la caricatura, en los que suelen aflorar comportamientos hilarantes. Cada uno de los cuatro rayos poseen caracteres muy definidos y contrapuestos: Fidel es el despistado, Brais, el lúbrico, Iu, el ambicioso y Justo, el taciturno. Además de con sus amigos, el protagonista se va relacionando con otros personajes secundarios entre los que destacan Tinet, un afilador que le enseña a Fidel la jerga de la profesión; Bárbara, la excesiva amiga y compañera de trabajo con la que tiene una relación ambivalente; o Diana, una vecina perteneciente a una familia de la burguesía catalana.
Aunque la amistad entre Fidel y sus amigos es el eje del libro, la novela va más allá de ser un retrato de los rayos e introduce temas de gran calado. Por un lado encontramos una sátira contra la especulación urbanística en una época, 2007, en la que el centro de Barcelona comenzaba su proceso de gentrificación. Gracias a su puesto de becario en un periódico, a su amistad con Tinet y a su relación con Diana, Fidel intenta denunciar la trama urbanística que quiere echar al viejo afilador de su piso para enriquecerse con la finca en la que vive.  Las dificultades del protagonista para acompañar a su padre al hospital donde se trata de una enfermedad y los recuerdos de su infancia en el colegio y en la aldea gallega de sus abuelos también se encuentran entre lo más destacado del libro.
Todos estos personajes, temas e historias son tratados por Miqui Otero con un desenfado que no está reñido con la enorme sagacidad que muestra al abordar temas como la amistad, la incomunicación o el amor.
Reseña publicada en El Noroeste