miércoles, 7 de octubre de 2020

Centroeuropa - Vicente Luis Mora


 


Centroeuropa, Vicente Luis Mora, Galaxia Gutenberg, 2020, 181 págs., 18€.

              

Pocas zonas del mundo tienen un pasado tan convulso como Centroeuropa; quizás por tratarse de una encrucijada en la que han confluido numerosas tribus, imperios y estados, la gran llanura que se extiende entre los Alpes y el mar ha sido testigo de frecuentes modificaciones de sus fronteras y de numerosas guerras. Vicente Luis Mora imagina en su última novela que este territorio que ha servido en tantas ocasiones de campo de batalla, es en realidad un gran cementerio de soldados de distintos países y épocas.

Esta metáfora del pasado de la tierra centroeuropea, se convierte en palpable realidad en la finca de Redo; es este un vienés que en los años treinta del siglo XIX se establece en Szonden (Prusia) para comenzar una nueva vida y que al cavar una tumba donde enterrar a su esposa Odra, fallecida durante el viaje por una bala perdida de (precisamente) un militar francés, observa que el terreno está lleno de cadáveres de soldados. El hallazgo pasa de sorprendente a fantástico al encontrar en cada nueva prospección el doble de cuerpos, por pertenecer estos a distintos ejércitos del pasado y del futuro y por mantenerse congelados incluso cuando la primavera llega. El suceso atrae la atención de todo el pueblo, que discute con serenidad germánica qué hacer con los cadáveres, y determina la llegada de Redo al villorrio.

Sin embargo, este llamativo hecho inicial acaba adquiriendo un carácter secundario y la novela se centra en la aclimatación del protagonista al pueblo. A pesar del macabro hallazgo y del hecho de que Redo sea forastero y el primer campesino libre de la zona, el vienés es recibido cordialmente en Szonden. Allí encuentra vecinos colaboradores como Hans, jóvenes nobles atraídas por su frondosa barba como Johanna, e intelectuales con los que traba amistad como Jakob, que se convierte en su maestro. Con todos ellos Redo mantendrá una estrecha y prolongada relación marcada por el gran secreto que debe guardar. Es este, y no el descubrimiento de los cuerpos en su terreno, el leit motiv del libro; el protagonista había proyectado junto a Odra la vida que iban a llevar en Szonden y que les iba a permitir escapar de sus humildes orígenes y vivir juntos su amor. La muerte de la mujer no arredra al  protagonista, que continua con el plan establecido soportando él solo ese secreto que si bien no se explicita, el lector adivinará a lo largo del libro. Creo, por lo tanto, que el tema principal de la novela es la dificultad de llevar una vida en la que estés obligado a mantener una mentira y no poder mostrarte como realmente eres ni siquiera ante tus mejores amigos.

Además de este asunto de gran calado representado por la ambigua existencia de Redo en Szonden, Vicente Luis Mora dispone en Centroeuropa de otros temas de gran interés como la inoperancia de la burocracia, el sinsentido de la guerra y la necesidad de conocer el pasado para no repetir sus errores. La tierra fronteriza en la que Redo se establece, a orillas del río Oder, ofrece como una panoplia los estragos de las guerras del pasado en cuanto se raspa la productiva superficie de sus campos.

Otro dos aspectos que considero que ayudan a convertir a Centroeuropa en una gran novela que evita esa tendencia mayoritaria a retratar el presente que existe en la narrativa española actual, son su estilo y su estructura. El primero destaca por el uso de palabras cotidianas tanto en el siglo XXI como en el XIX, uno de los objetivos del autor como ha reconocido en una entrevista. En cuanto a la estructura, aunque se usa la primera persona y Redo es el narrador, existen varias notas de una supuesta traductora que comenta las incoherencias o errores de la historia en un juego de niveles narrativos que recuerda al Quijote

domingo, 27 de septiembre de 2020

Una amor - Sara Mesa

Un amor, Sara Mesa, Anagrama, 2020, 185 págs., 18€.  

En el ambiente rural, ser el forastero no suele resultar sencillo. En comunidades pequeñas en las que todo el mundo se conoce y que están entretejidas por una serie de relaciones familiares o de vecindad que a menudo se remontan a varias generaciones anteriores, es complicado integrarse y sólo se consigue, en el mejor de los casos, tras mucho tiempo y esfuerzo. La desconfianza hacia el que viene de fuera suele ser mayor si es una persona extranjera o una mujer sola, como Nat, la protagonista de esta estupenda y magnética novela de Sara Mesa, una de las narradoras más interesantes de la literatura española actual.  

Y es que Natalia es una mujer joven que abandona una ciudad, la ficticia Cárdenas, para instalarse en una destartalada casa de una aldea llamada La Escapa. Nat decide cambiar de aires tras una situación laboral violenta y también de profesión: de traductora técnica en una empresa a autónoma intentando abrirse paso en la mucho más artística pero también menos lucrativa traducción literaria. Su condición de forastera y de mujer independiente serán una losa para su estancia en un entorno que se le presenta más que agresivo, indescifrable; por mucho que lo intente, es incapaz de entender los códigos que rigen en La Escapa y que a menudo están motivados por situaciones del pasado que ella desconoce. La protagonista de Un amor se siente perdida y comienza a caer en un pozo de desesperación por su relación con la comunidad y, en concreto, con tres de los hombres que la forman.  

El más cercano a ella desde el principio será Píter, un vecino que le ofrece su amistad, pero que también parece obligarla a integrarse en la comunidad. Este hombre actúa con Natalia con ese paternalismo que ciertas personas usan para adultos en situaciones desfavorables y que si bien tratan de ayudar, no dejan de mostrar hacia ellos una superioridad moral que pone al ayudado en una situación subalterna.  

El casero es uno de los personajes más reconocibles del libro; Sara Mesa utiliza un estereotipo que desgraciadamente sigue siendo frecuente en nuestra sociedad. Representa el casero al misógino que desprecia en las mujeres cualquier atisbo de independencia y que siente hacia ellas un odio cerval. Su relación con Nat está marcada desde el principio por un desprecio machista mezclado con cierto interés libidinoso.  

El tercero de estos personajes masculinos de personalidad marcada sobre los que la estancia de Natalia en el pueblo gravitará es Andreas. Establece con él una relación sicalíptica y extraña, en la que el afecto parece estar desterrado y que acabará minando los nervios de Nat, incapaz de traspasar la coraza de un hombre ermitaño y callado con el que sólo parece capaz de comunicarse en la cama. La brusca manera en la que comienza esta historia entre ambos es sorprendente para ella, pero parece mostrarle que en aquel lugar se siguen aún ciertos códigos atávicos perdidos hace tiempo en la ciudad.     

Nat se sentirá impotente ante estos tres hombres y ante la cerrada e indescifrable sociedad de La Escapa y volcará su afecto en Sieso, el chucho indolente y arisco que le entrega el casero y que ella trata de educar de un modo que sabe que es incapaz de hacer con los seres humanos que la rodean.

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 14 de septiembre de 2020

Basilisco - Jon Bilbao

 

Basilisco, Jon Bilbao, Impedimenta, 2020, 290 págs., 18€.

 

En España tienen una fama terrible, al menos entre la crítica, las novelas del oeste; creadas al calor del éxito del cine de vaqueros dentro de la llamada literatura popular o de kiosco, se trata de un subgénero que pronto devino en un mero entretenimiento de evasión que disponía de unos pocos tópicos y de unos personajes estereotipados en tramas repetitivas y efectistas. Sin embargo, el territorio del oeste americano ha demostrado en el cine sus múltiples posibilidades narrativas al enfrentar a sus protagonistas a situaciones extremas en territorios despiadados.

En España, quizás por esa consideración negativa que tienen las novelas populares del oeste, los narradores actuales apenas han visitado el subgénero, salvo con contadas y curiosas excepciones como Duelo en Marilyn City (2003), donde Eduardo Mendicutti hacía una revisión del western desde una perspectiva LGTBI. Por ello, puede sorprender que un narrador de la trayectoria de Jon Bilbao, con libros que tan buena acogida han tenido entre la crítica como Estrómboli (2017) o El silencio y los crujidos (2018), opte en Basilisco por la tan denostada y apolillada novela del oeste.

Esta aparente paradoja se rechaza rápidamente tras la lectura del libro, con la que descubrimos que, en primer lugar, Bilbao evita los tópicos del género y el efectismo de sus giros más tradicionales, y que, en realidad, la historia de vaqueros de Basilisco sólo ocupa una parte de la novela. En esta sección el narrador asturiano ubica la historia en territorios como Nevada, Utah o Idaho en la segunda mitad del siglo XIX y se vale de algunos de los estereotipos del género: el pistolero solitario y atormentado, John Dunbar, el joven intelectual que deja la ciudad para vivir la experiencia del Oeste, Patrick Clement, o la prostituta que busca protección, Úrsula. De manera intermitente, en los distintos capítulos de esta parte del libro vamos recorriendo la vida del magnético y poliédrico Dunbar, desde su aparición en la vida de su hermano pequeño años después de abandonar la casa familiar, a su trabajo como guía en una expedición científica, hasta su retiro en la montaña.

A pesar de que esta novela del oeste ocupa un lugar importante en el libro, se trata de una historia del nivel hipodiegético, es decir, que depende de otra trama principal. En esta tenemos a un escritor contemporáneo a quien, en una visita a un rancho de Nevada, le cuentan la historia de Dunbar, lejano antepasado de la anfitriona. A partir de ahí, Basilisco va alternando la narración de la historia del enigmático vaquero con la de la vida del escritor. Con el paso de las páginas vamos descubriendo coincidencias entre Dunbar y el narrador: la difícil relación con la familia, la insatisfacción vital, la necesidad de aceptar trabajos alimenticios, etc. El juego de espejos va más allá con la presencia de aspectos de la vida del autor que se asignan al narrador: su formación como ingeniero, la publicación de relatos o su infancia en Ribadesella. Creo que esta “matrioshka” de personalidades es bastante evidente, por lo que considero innecesario ese episodio, entre lo fantástico y lo onírico, en el que Dunbar aparece dentro de un cuerpo que a su vez está dentro de otro.

La estructura del libro suma a la complejidad ya reseñada un relato inserto, “La playa del naufragio”, escrito en tercera persona y adjudicado posteriormente al narrador. Se trata de un cuento excelente en el que Jon Bilbao confronta al protagonista con un dilema difícil de resolver y que termina de configurar a Basilisco como una obra notable.

Reseña publicada en El Noroeste:


 

viernes, 31 de julio de 2020

Cuadernos de tierra - Manuel Moyano





Cuadernos de tierra, Manuel Moyano, Menoscuarto, 2020, 165 págs., 17€.

En 1845, el escritor Henry David Thoreau se retiró a vivir a una cabaña que había construido en la orilla del pequeño lago Walden, a las afueras del pueblo de Concord (Massachusetts). Años después publicó Walden, la vida en los bosques, un ensayo en el que cuenta los meses que pasó en aquel apartado lugar y en el que defendía que el ser humano podía sobrevivir sin muchas de las “comodidades” que acumulamos en nuestros hogares. Aunque no cita a Thoreau, sí a su mentor Emerson, Manuel Moyano sigue en cierta medida en este Cuadernos de tierra la filosofía de Thoreau ya que relata varias excursiones que realizó para alejarse por unos días de su tranquila vida, construyendo así lo que podríamos definir como un Walden en movimiento.
Cumplidos los cuarenta y cuatro años, el narrador nacido en Córdoba y afincado en Molina de Segura, se vio impelido a echarse al camino por razones que ni él mismo se llega a explicar. Quizás sea por esa crisis de los cuarenta que sufren muchos hombres cuando el vigor de la juventud parece abandonarles, o para autoconvencerse de que no son esos burgueses que parecen por su vida familiar y su trabajo estable. En cualquier caso, y como le sucedía a Ned Merrill, el nadador de Cheever, una mañana de verano emprende una aventura cuyo objetivo real es ponerse a sí mismo a prueba.
Moyano decide remontar el río Segura hasta su nacimiento en una caminata que le enfrentará con sus propios límites y que, finalmente, no podrá culminar debido a un inoportuno esguince. Sin embargo, en las jornadas en las que, siguiendo el curso del río, lo llevan a travesar las ardientes tierras murcianas y albaceteñas, en las que debe refrescarse en acequias y pozas, dormir al raso y pedir agua a desconocidos para saciar la terrible sed que el sol agosteño le provoca, el caminante logra su objetivo más profundo. Si bien no alcanza la meta geográfica, el narrador consigue olvidar las preocupaciones cotidianas para adquirir una especie de estado de trance que sólo se consigue cuando se camina varias jornadas seguidas.
Son muchas las anécdotas de este y de los otros cuatro viajes a pie que le siguen (todos por las tierras del Sureste peninsular) y que muestran que el acto de vagabundear sin un fin concreto es visto por la mayor parte de la sociedad como algo raro cuando no sospechoso. Moyano deleita al lector con minuciosas descripciones de la flora y la fauna de los parajes que recorre y, lo que es más interesante, con las personas con las que se cruza. Estas últimas y las conversaciones que el autor mantiene con ellas serán las fuentes de la otra sección de este Cuadernos de tierra que comparte el protagonismo del libro con la narración de las caminatas: el relato de varios sucesos acaecidos en los pueblos que recorre.
Nuestro autor, que gracias a su experiencia como literato sabe detectar dónde hay una historia que merece ser contada, vuelve a los pueblos para recabar más información y se entrevista con testigos y expertos. Son historias como el cruel ajusticiamiento de tres hombres durante la Guerra Civil, el asesinato de un agricultor a manos de un vagabundo alemán y las vivencias de un nazi croata durante los años cincuenta, sesenta y setenta en un minúsculo pueblo alicantino.

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 20 de julio de 2020

Las alegres, Ginés Sánchez


Las alegres, Ginés Sánchez, Tusquets, 2020, 310 págs., 18€.


            Ya en su última novela, Mujeres en la oscuridad (2018), otorgaba Ginés Sánchez el protagonismo absoluto a los personajes femeninos. Eran aquellas mujeres, Tiff, Miranda y Julia, tres desconocidas que por diversos motivos acababan emprendiendo una huida juntas y conformando un grupo, una especie de sororidad, para vengarse de una serie de hombres poderosos que deseaban recuperar el misteriosos paquete que ellas custodiaban. Aunque tiene un planteamiento y un tono muy diferentes, Las alegres mantiene el leit motiv de la sororidad como respuesta a la violencia que los hombres ejercen hacia las mujeres. Sin embargo, los casos particulares de las protagonistas de Mujeres en la oscuridad, también los hay en este libro, se trasladan en Las alegres al ámbito público, provocando que la venganza se convierta, finalmente, en una cuestión de estado.

               Sánchez crea con habilidad una ciudad ficticia, Cheetah, que aglutina rasgos de varios territorios de América Latina pero que no podemos ubicar en unas coordenadas concretas. Imagina así una megalópolis que sufre una oleada de asesinatos machistas que provoca que una parte de la población, mayoritariamente femenina, se comience a organizar para hacerle frente. El Movimiento Artemisia Gentileschi  convoca manifestaciones y caceroladas como repudia al feminicidio; dentro de él se organiza el Comité Stella Valenzuela, nombre de una de las víctimas, amparado por un sacerdote y comandado por Sofía Navarro y Fernanda Salazar, que ofrecen apoyo a las mujeres maltratadas y patrullan las calles para evitar más ataques. Entre Sofía y Fernanda se produce un enfrentamiento sobre la conveniencia de utilizar la violencia como respuesta, posición que defiende Sofía y que acaba desembocando en la creación de Las Alegres, un comando terrorista que comienza a asesinar a hombres en Cheetah.

            Como vemos, la estructura en forma de muñeca rusa de las organizaciones feministas muestra las distintas formas de implicación en la lucha contra la violencia machista: la protesta, la colaboración y la venganza. La elección de esta última por parte de Las Alegres acaba provocando la que considero que es la escena central de la historia: el maltratador Ezequiel Silva sufre un ataque de pánico al dirigirse a su coche en un oscuro aparcamiento porque cree que puede ser la siguiente víctima del comando. Esta situación nos lanza una triste pregunta: ¿acaso sólo conociendo en carne propia el mismo miedo que muchas mujeres sufren en espacios públicos solitarios acabarán los maltratadores empatizando con sus víctimas? Se nos muestra así la deshumanización que estas sufren por parte de sus verdugos y que creo que es el mensaje principal de una novela que en ningún caso, tal y como deja claro el autor en la advertencia final, justifica la violencia.

            Otro de los aciertos del libro es su carácter polifónico y su protagonismo coral. El primero muestra diversas variantes de acercamiento al tema y es creado por el autor gracias a la mezcla de capítulos de narración más tradicional, con un narrador omnisciente en tercera persona, con otros, especialmente en la sección titulada “Las alegres”, que reproducen conversaciones, entrevistas, informes o pies de foto. En cuanto al protagonismo colectivo, nos ofrece diversas perspectivas de la historia, ya que acompañamos en varios capítulos a víctimas, maltratadores o a sus hijos. A pesar de esta variedad, Sánchez parece otorgar mayor peso a varios  preadolescentes, que en una edad tan problemática ejercen la violencia contra la mujer (Luiz y Benjamín), la sufren (Cynthia) o son testigos de ella (Hugo y Alessandro).

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 5 de julio de 2020

La invención de la realidad - Pedro Pujante



La invención de la realidad, Pedro Pujante, Murcia Libro, 2020, 172 págs., 12€.

Si uno es un lector atento y tiene ciertos conocimientos de literatura, es capaz de intuir sin dificultades las influencias que han recibido la mayoría de los autores que lee. Salvo un puñado de escritores radicalmente originales o que se muestran refractarios a mostrar sus filias, la gran parte de los que escribimos transitamos sendas abiertas previamente por aquellos literatos que más nos han marcado. Es el caso, sin duda, del autor murciano Pedro Pujante, autor de una sólida trayectoria dentro de la literatura fantástica y de la ciencia ficción en cuyos libros se perciben las huellas de sus lecturas, especialmente, de Enrique Vila-Matas o de Franz Kafka. De hecho, Las suplantaciones (2019), su última novela, es una reformulación de La metamorfosis y en Las regiones inferiores de la muerte (2018) aparece Vila-Matas como personaje.
Debido a este profundo conocimiento de sus referentes que se observa en sus novelas y cuentos, no es extraño que Pujante, que también es crítico e investigador, haya publicado este ensayo titulado La invención de la realidad, que recoge treinta y ocho artículos de tema literario. Colaborador habitual de varios medios de comunicación, el autor murciano maneja un estilo divulgativo, en el que mezcla con soltura la erudición y la amenidad. Además, la breve extensión de la mayoría de los artículos y la ausencia de algunas convenciones que lastran la fluidez de la recepción del ensayo académico (notas a pie de páginas, referencias bibliográficas) convierten este libro en una obra de gran interés para cualquier aficionado a la literatura, sea cual sea su nivel de conocimiento sobre ella. Pujante, además, tiene la capacidad de trazar genealogías entre obras que aparentemente están alejadas en el tiempo, en el espacio o incluso en el género (son muchas las películas que en el volumen se citan) para crear constelaciones culturales en torno a un tema determinado.
La invención de la realidad se divide en cuatro partes, de las cuales la primera es la más extensa y heterogénea. Tomando como formato la reflexión sobre un asunto relacionado con la literatura sustentada en diversos ejemplos de obras relacionadas con el tema elegido, en esta sección, homónima al libro, repasa varias de las grandes cuestiones que han obsesionado a los especialistas a lo largo de los siglos. Así, hay artículos dedicados al tema de la ficción, los inicios, los mitos, el colonialismo, los espacios de creación de los escritores, la “muerte” de la novela o los finales. También se visitan temas más extraños como la literatura creada desde la cárcel, la publicada post mortem, los farsantes o los personajes abúlicos. No faltan textos que se detienen en un autor concreto, Shakespeare, en una obra, Rayuela, o en un personaje, Hamlet.
Las otras tres secciones del libro están dedicadas a tres de las obsesiones del Pedro Pujante autor, por lo que se deduce de sus novelas y relatos, y, por lo que se ve aquí, también de su perfil como crítico. En los cinco artículos de la segunda parte disecciona algunos aspectos de la obra de Enrique Vila-Matas, demostrando una vez más un gran conocimiento de este narrador. En “Más allá de lo fantástico”, dedicada a este género, destaca el artículo sobre el rumano Mircea Cărtărescu, autor al que Pujante le dedicó recientemente un libro teórico. Esta interesante y amena colección de breves ensayos que es La invención de la realidad finaliza con otros seis textos, agrupados bajo el título de “En un futuro imaginario”, dedicados a géneros como la distopía o la ciencia ficción. 

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 28 de junio de 2020

Vacas - José Bocanegra



Vacas, José Bocanegra, La Marca Negra, 2020, 134 págs., 15€.

Ejerce la Cornisa Cantábrica una poderosa atracción para los habitantes del sur del país. Quizás sea por el verde de sus paisajes, por la tranquilidad de su vida rural o por el embravecido mar que aparece tras sus abruptos acantilados, pero es innegable ese magnetismo de nuestras antípodas españolas. Esta atracción es la que siente Vincent, el protagonista de Vacas, que deja durante un verano el Mar Menor donde habita para disfrutar de las olas del Cantábrico, mucho más adecuadas que las murcianas para practicar su afición: el surf.

La novela relata las semanas que este personaje y su fiel perra Greta pasan en diversas localidades de Cantabria, Asturias y el País Vasco. Vincent se va alojando en todas ellas en casas perdidas en el monte o ubicadas en pequeños pueblos y en las que le dejan pernoctar a cambio de echar una mano en las labores de acondicionamiento de la vivienda. Es una manera perfecta de viajar para alguien que, como él, nunca tiene dinero suelto en el bolsillo y quiere disfrutar de las imponentes playas cantábricas donde se integra sin problemas en la “tribu” surfista.

La variedad de viviendas en las que Vincent pasa sus vacaciones norteñas y el ambiente relajado y alternativo que proporcionan la mayoría de los anfitriones permiten que a lo largo de la novela, y del verano del protagonista, vayan apareciendo una multitud de personajes interesantes. Entre ellos destaca Ron, un antiguo marino, que le cuenta sus peripecias en barcos que recorrían el mundo entero como si de un autobús de línea se tratara, en plataformas petrolíferas del Mar del Norte o en aserraderos de las selvas paraguayas. Vincent, un tipo de espíritu independiente y errante como demuestra su manera de viajar y que su principal ocupación sea jugar al póker por internet, se siente irremediablemente atraído por las historias del veterano Ron.

El continuo movimiento que durante el verano viven Vincent y Greta, como las olas en el mar los arrastra constantemente la necesidad de encontrar un nuevo alojamiento, queda reflejado también en la particular manera de narrar de Bocanegra. El libro está compuesto por numerosos y breves capítulos que, a su vez, están integrados en su mayoría por frases cortas. En Vacas se percibe la influencia de novelas de la generación beat como La carretera de Kerouac, y no sólo por el subtítulo de “road novel”, sino por la concatenación de oraciones yuxtapuestas, brevísimas como imágenes que saltan un segundo a la retina del lector y que hacen un continuo uso de la elipsis y de la interjección “hum”,  

A esta manera de narrar, que puede desconcertar a lectores habituados a relatos más tradicionales, se le une cierta tendencia a lo onírico en algunos fragmentos. Se trata, por ejemplo, de las historias de Labret, un amigo del protagonista que tiene varias experiencias en un manicomio, y de la aparición del poeta murciano Soren Peñalver acompañado por unas vacas en una playa marmenorense. Las escenas protagonizadas por ambos personajes se intercalan en varias ocasiones en el relato del verano cantábrico de Vincent. Además, Bocanegra alterna la primera persona, la tercera e incluso la segunda, provocando que se acreciente esa variedad de formas discursivas que otorgan a este peculiar e interesante libro cierta imagen de collage.

domingo, 21 de junio de 2020

Diario de Luxemburgo - Juan Antonio Franco López



Diario de Luxemburgo, Juan Antonio Franco López, Creaciones Luxemburgo, 2020, 172 págs., 15€.


Existe una palabra que en los últimos años se ha puesto de moda al hablar de psicología: empatía. Se trata de un sentimiento del que carece gran parte de la población española con respecto a los inmigrantes; por mucho que nos solidaricemos con su situación, es difícil ponernos en su lugar, porque no hemos sufrido esta experiencia tan brutal. Incluso los españoles que tuvieron que emigrar durante la reciente crisis económica lo hicieron con unas condiciones, afortunadamente, mucho mejores que los que cruzan el Estrecho. 

Para cultivar esta empatía hacia el otro, hacia el inmigrante, especialmente entre los más jóvenes, es fundamental que aparezcan libros como este Diario de Luxemburgo de Juan Antonio Franco López. Se trata de un testimonio de primera mano de una época no demasiado lejana, apenas un par de generaciones de la actual juventud, de cuando Europa recibía mano de obra barata proveniente de nuestro país. Años en los que muchos españoles huían de la pobreza y, a veces también, de la Dictadura, para prosperar igual que hoy lo intentan los sudamericanos, africanos o ciudadanos del este de Europa que eligen nuestro país como destino.

El libro recoge el diario que escribió un emigrante español, Antonio, durante los meses que pasó trabajando en Luxemburgo en 1964. El responsable de la edición es su nieto, Juan Antonio, que recibió poco antes de que su abuelo muriera el texto original que Antonio había guardado durante décadas. Dos generaciones distintas unidas por la necesidad de contar una historia que no sólo definió a su familia, sino a una parte importante de la población española de los años 60.

Antonio va contando de manera sencilla y franca las experiencias que vive desde que parte de la murciana estación del Carmen hasta que el diario se interrumpe seis meses después. Tras el extenuante viaje repleto de incomodidades, cambios de trenes, dificultades para entenderse con los franceses y el frío del invierno europeo, el protagonista y sus amigos, Paco, Macareno, Perico y el Tremendo, arriban por fin a Luxemburgo, donde con la ayuda de otros españoles encuentran alojamiento y trabajo.

A partir de ahí se suceden los días de extenuante faena abriendo zanjas, preparando canales o moviendo ladrillos. Antonio debe aguantar el trato vejatorio de los jefes, que desconfían de esos desharrapados del sur que son para él los peones españoles, y unas condiciones que hoy nos indignarían y que provocan que los accidentes laborales sean frecuentes. Pero lo peor, tal y como refleja el autor del diario en las páginas más íntimas, son los periodos de descanso en los que el recuerdo de la familia y el poco dinero que logra ahorrar provocan sus lágrimas.

Sin embargo, también se ofrece en Diario de Luxemburgo la perspectiva más positiva de la vida del emigrante. Destacan entre ellas las juergas con Walter, un trabajador alemán que hace buenas migas con Antonio, la fascinación por el paisaje centroeuropeo, el compañerismo entre los emigrantes o la sorpresa por las modernas costumbres de las mujeres luxemburguesas.

Estamos ante un libro que más que por sus méritos literarios debo recomendar por sus valores sociales y por ser un testimonio de primera mano de una parte reciente de nuestra historia, una época en la que el español era el otro.  

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 7 de junio de 2020

Búnker - Toteking



Búnker, Toteking, Blackie Books, 2020, 232 págs., 20€.


Que un escritor debutante cuente con el apadrinamiento de Enrique Vila-Matas, seguramente el autor español que más ha influido a los narradores de las últimas décadas, llama la atención. Si a este marchamo, ratificado con un elogioso prólogo, se le suma que la ópera prima es publicada por una editorial tan respetada como Blackie Books, las expectativas ante el volumen se acrecientan. Sin embargo, ninguno de estos dos hechos llamará más la atención al lector que se acerque a Búnker que la profesión de su autor: rapero. Existen numerosos prejuicios, al menos en España, con respecto a este género musical, especialmente en los ambientes más rancios, que lo consideran como una manifestación cultural inferior, incluso con respecto a otros tipos de música.

Toteking, alias del sevillano Manuel González Rodríguez, es uno de los raperos de mayor éxito y prestigio en nuestro país. Pertenece a la generación que protagonizó el despegue del hip hop español a finales de los noventa y los primeros años del siglo XXI. Sus primeros discos, junto con los de la Mala Rodríguez, El Chojin, Violadores del Verso, Nach o sus paisanos de SFDK, supusieron un salto cualitativo y lo convirtieron en un icono del rap patrio, puesto que aún hoy mantiene. Dentro de este mundo, Toteking siempre fue visto en parte como un rara avis por unos intereses culturales, estudió Filología Inglesa, que pueden llegar a ser sospechosos en una género donde la autenticidad se mide por las experiencias callejeras que acumules. Es curioso que veinte años después de su debut discográfico, Toteking vuelva a situarse como un outsider, en esta ocasión dentro de la literatura.

El autor de Búnker es consciente de su excentricidad dentro del rap y de sus rarezas, algunas de ellas relacionadas con el Trastorno Obsesivo Compulsivo que sufre, y en el libro se detallan algunas de estas obsesiones. Tote se presenta al principio como un misántropo, el título de la introducción (“Odio”) es bastante definitorio, pero tras el profundo repaso a su vida que es el libro, acaba convenciéndose de que lo único que odia son algunos convencionalismos de la sociedad que le ha tocado vivir. Estamos pues ante un libro que se puede definir como de “autoconocimiento”, pero que evita lanzar un mensaje moral ni aleccionador y en el que la conclusión es sólo una consecuencia de ese repaso vital que el autor realiza.  

En Búnker encontramos algunos de los temas que ya han aparecido en sus canciones: la literatura, de la que se define como “yonqui”, la música, mucho más allá del hip hop, el cine, posee una colección inabarcable de películas, o el baloncesto. En casi todas estas aficiones se siente la huella del padre recientemente fallecido y al que se le dedica uno de los capítulos más emotivos.

El libro gustará especialmente a los aficionados a la música de Toteking; descubrimos sus orígenes en el rap, las anécdotas de las que surgieron algunas de sus canciones más conocidas y también las miserias de la fama y de la vida del artista. Sin embargo, y más allá del interés por conocer mejor a una de las estrellas del rap del país, Búnker puede agradar a un lector ajeno a este tipo de música gracias especialmente a capítulos de aliento más literario como “Salto”, en el que la estructura discursiva imita las asociaciones de ideas que se producen en la mente del autor, o “Gansbaai Hooligan”, donde la influencia de Vila-Matas es patente.

Reseña publicada en El Noroeste:



domingo, 31 de mayo de 2020

Microrrelatos - José Moreno Villa



Microrrelatos, José Moreno Villa, edición de Darío Hernández, Málaga, Azimut, 2019, 72 págs., 15€.
El proceso de conformación del canon del microrrelato en España se ha enfrentado a dos etapas totalmente opuestas; en un primer lugar, los especialistas se topan con una gran escasez en el corpus del género en las décadas de su formación hasta su consolidación. Tras una etapa en la que esta forma narrativa es cultivada por un número cada vez mayor de autores, en los años anteriores y posteriores al cambio de milenio, entraríamos en una segunda etapa totalmente diferente a la primera. A partir de la “democratización” de la publicación que trae aparejada el desarrollo de Internet, nos encontramos con un proceso de atomización. En estos últimos años el género es cultivado por una cantidad numerosísima de autores y el corpus se convierte en inabarcable.
Este libro editado por el especialista en minificción Darío Hernández viene a ayudar con el primero de los problemas expuestos: nos ayuda a conocer los microrrelatos de un autor que, por derecho propio, debe figurar en el canon de la primera época del minicuento español: José Moreno Villa. Hernández es autor de una tesis doctoral y de una antología, Un centímetro de seda (2016), centradas en los orígenes del género en España, es decir: las Vanguardias y el Modernismo. Por lo tanto, se trata de un teórico con un profundo conocimiento de esta etapa de la minificción en nuestro país y que detectó la necesidad de que, al igual que ha ocurrido con otros autores como Federico García Lorca o Juan Ramón Jiménez, los microrrelatos más breves del autor malagueño se agruparan en un volumen.
Esta labor filológica de rescate y puesta en contexto es la primera virtud del libro; Darío Hernández rescata los textos narrativos brevísimos de un escritor con el que se enfrenta a una doble dificultad que no hallaban, por ejemplo, las editoras de la minificción de García Lorca y Juan Ramón: la menor relevancia en el canon literario de la época de José Moreno Villa y los pocos microrrelatos que publicó. La primera traba quedó solventada por el interés de la editorial Azimut, malagueña como el autor de estos textos. A la segunda se enfrenta el antólogo actuando con rigor y evitando la tendencia de algunos críticos a dar gato (cualquier texto breve) por liebre (minicuento). Así, Microrrelatos hace honor a su sucinto y definitorio nombre y nos presenta tan sólo diecinueve minicuentos que son completados con otras tantas ilustraciones de Daniela Miazzo y con una interesante y necesaria introducción crítica de Darío Hernández.
En cuanto a los textos de Moreno Villa, todos procedentes del misceláneo volumen Evoluciones. Cuentos, Caprichos, Bestiario, Epitafios y Obras paralelas (1918), se agrupan en tres secciones y un anexo. En la primera podemos incluir los dos microrrelatos que, bajo el epígrafe de “caprichos”, reducen a la extensión de la página impresa dos leyendas medievales. A continuación leemos una serie titulada “Sabandijas humanas” en la que hallamos siete retratos de otros tantos personajes de Las meninas de Velázquez. El narrador los describe con una gracia y una cercanía que provoca la sensación de que está en la misma habitación del cuadro.
Este mismo desenfado, tan habitual en la literatura de la época, está en los nueve textos del breve “Bestiario”. Además de dos textos finales sobre este género, nos encontramos con breves descripciones de animales como el perro, la rana o el asno en el que la prosa vuelve a destacar por la frescura, rayana a veces en la oralidad, que lleva al narrador a incluir frecuentes onomatopeyas o sus propias palabras hacia los animales o las reflexiones de estos. Este libro tan necesario para reivindicar la figura de Moreno Villa se cierra con “Juicio”, texto en el que el alma de un hombre debe responder a una pregunta de Dios.

Reseña publicada en la revista Quimera: