martes, 8 de septiembre de 2015

Una mariposa en la máquina de escribir - Cory MacLauchlin



Una mariposa en la máquina de escribir. Cory MacLauchlin, Anagrama, 2015, 361 págs.,  24€.


El destino de muchas obras literarias va irremediablemente unido al de sus autores. Aunque 2666 es una obra magna, el hecho de que apareciera un año después de la muerte de su creador, Roberto Bolaño, ha atraído a muchos lectores y, seguramente, ha aumentado su éxito.  A algunos lectores les fascinan las historias de escritores malditos y se acercan a sus libros con cierto morbo, para intentar encontrar en ellos rastros de las atribuladas vidas de sus autores. Sin embargo, ninguna historia personal, por muy truculenta que sea, sostiene el éxito de una obra mediocre y sólo aquellas que posean méritos intrínsecos pueden perdurar en el tiempo. Un caso paradigmático de ello lo tenemos con La conjura de los necios, la magnífica novela del norteamericano John Kennedy Toole. A la vida de este narrador, nacido en Nueva Orleans y paradigma del autor que sólo encuentra el éxito tras su muerte, está dedicado este libro de Cory MacLauchlin.
            La mayoría de los que hemos disfrutado de las desventuras de Ignatius J. Relly, el excesivo y anacrónico protagonista de esa cumbre de la sátira que es La conjura de los necios, conocíamos el tortuoso camino que esta novela tuvo que sufrir para lograr el éxito. Rechazada por un importante editor neoyorquino y abandonada por Toole hasta su suicidio, sólo pudo ver la luz gracias al empeño de la madre del autor que batalló durante más de una década hasta que el libro por fin se publicó, convirtiéndose en un éxito crítico y comercial. Esta historia parece poseer todos los ingredientes de una fábula: el artista rechazado por la industria cultural, su posterior suicidio, la lucha incansable de la abnegada madre, el triunfo del libro y el reconocimiento póstumo del autor.
            Sin embargo esta historia de buenos y malos, conocida por el público gracias a los testimonios de la madre de Toole, tiene sus matices. MacLauchlin realiza una investigación seria y documentada para mostrarnos la verdad sobre el autor y el libro. Gracias a cartas, textos de distinta índole y testimonios de amigos y familiares de Toole, se matiza la “versión oficial” de su vida. Por ejemplo, se reconoce que la madre fue un personaje clave para la publicación del libro, pero también se la presenta como una figura egocéntrica que buscaba su propia fama tanto como el reconocimiento a su hijo. Gracias a las cartas que se reproducen, se acaba con la imagen de ogro del editor neoyorquino que rechazó la obra, demostrando que reconoció la valía del libro e intentó mejorarlo. Como buen historiador, MacLauchlin huye de las elucubraciones morbosas sobre las razones del suicidio, como su supuesta homosexualidad, y nos presenta la importancia de la enfermedad mental en el trágico desenlace.

Opta MacLauchlin, como suele suceder en estos casos, por repasar de manera cronológica la vida de Toole, pero también del libro, ya que la creación y el desarrollo de La conjura de los necios es tan importante para el autor como la biografía del narrador de Nueva Orleans. Nos interesa Toole porque nos encanta su libro y eso es lo que encontrará el lector en Una mariposa en la máquina de escribir: las claves para entender mejor una novela maravillosa escrita por una persona brillante, pero cuya vida sufrió un trágico y prematuro final.

Reseña publicada en El Noroeste:


sábado, 29 de agosto de 2015

El límite inferior - Nere Basabe



El límite inferior, Nere Basabe, Salto de Página, 2015,  244 págs., 17€.
Los  pueblos de marcado carácter turístico en el verano poseen, tras la temporada estival, una naturaleza extraña, demasiado parecida a la de los lugares abandonados. El bullicio que viven durante los meses de más calor se va disolviendo poco a poco con la llegada del otoño y los pocos habitantes que quedan se ven sumidos en una especie de hibernación colectiva a la espera de que el sol traiga de nuevo a la gente y al negocio. Es en uno de estos  pueblos, la ficticia localidad de La Solana, donde se desarrolla  El límite inferior, la brillante segunda novela de la narradora bilbaína Nere Basabe.
La situación geográfica del pueblo, aislado del continente salvo por una estrecha franja de terreno, y la gota fría que sufre durante el fin de semana en el que la acción tiene lugar convierten  a los cuatro protagonistas en náufragos. Pero no es la tormenta lo que les ha llevado hasta aquel rincón del  litoral mediterráneo y a esa situación de desesperación que comparten, sino diversos avatares de la vida. Breogán, un solitario artesano que posee como única compañera a su perra Odisea, llegó huyendo del maltrato que sufría de su padre en la aldea gallega en la que creció. Brigitte, taciturna francesa que acompaña a grupos de jubilados galos en sus vacaciones españolas,  encontró en La Solana un lugar donde tratar de enterrar su sentimiento de culpa tras abandonar a su hijo. Víctor y Valeria, matrimonio madrileño que llega al pueblo a la vez que el temporal, se mueven entre el interés de él por aprovecharse de un inminente pelotazo urbanístico que prepara su oscuro socio en la zona y el desinterés de ambos por su fracasada relación.
Estos cuatro náufragos en tierra firme pero mojados, no deja de llover en La Solana, se mueven como guiados por una fuerza magnética que los hará acercarse y repelerse durante toda la trama. Además de la escasez de habitantes del pueblo durante ese fin de semana otoñal y del carácter de seres perdidos e incapaces de tomar las riendas de sus vidas, un hecho externo, una desaparición que sucede justo a la mitad del libro, hará que sus destinos acaben estando más unidos si cabe.
Es esta red de relaciones y lo equilibrado que está el peso de cada uno de los cuatro protagonistas en el libro lo mejor, pero no lo único bueno, del libro. También destaca El límite inferior por la presencia de temas de calado como la maternidad o la corrupción. Brigitte no fue capaz, diez años atrás, de afrontar el cuidado de su hijo y huyó hacia esa anónima e insatisfactoria vida que lleva en La Solana. Por su parte, Valeria, arquetipo de pija consumista que comienza a añorar su humilde infancia en el sur de Italia, piensa en la maternidad como un último y desesperado recurso para salvar un matrimonio hundido. La corrupción se presenta casi como un elemento más del paisaje: al igual que las playas o las calles empedradas del centro del pueblo, el turbio proyecto de una urbanización de lujo parece como un elemento más de esa España costera de turismo y pelotazo.
Con todos estos mimbres construye Basabe una buena novela en la que destacan una intriga bien dosificada, unos protagonistas con gran profundidad y un estilo con cierta carga poética.
Reseña publicada en El Noroeste:

viernes, 31 de julio de 2015

La mujer ajena - Ramón Bueno Tizón



La mujer ajena, Ramón Bueno Tizón, Candaya,  2014, 124 págs, 14€.

            Las prostitutas suelen ser retratadas en el cine y la literatura de manera bastante idealizada. No solemos encontrar, salvo en relatos de denuncia social, historias tan crudas como las que los periódicos nos cuentan, ya que los cineastas o narradores optan por obviar el lado más sórdido de esta profesión, y centrarse en la sensualidad de las mujeres que la ejercen. El escritor peruano Ramón Bueno Tizón parte de esta tradición y convierte a una serie de prostitutas distinguidas en protagonistas de la mayoría de los doce relatos que componen La mujer ajena.
            Ese componente de fémina que no nos pertenece que marca el adjetivo del título, lo encontramos en varios de los relatos, narrados desde la perspectiva del hombre que se encapricha o incluso se enamora de una profesional. Así, en “Verónica”, un torero maduro que huye de su decadencia con juergas, está más pendiente de buscar la presencia de la sensual Verónica, nombre de resonancias taurinas, que del propio toro al que se enfrenta en una plaza limeña. Esta misma idealización de la meretriz como mujer sensual y con un halo de misterio la encontramos en “Philippe y los náufragos”, donde es el pianista fracasado que acaba tocando en un burdel parisino el que cae rendido ante los encantos de Bijou. Estos dos relatos formarían una trilogía con “Jonás en la última”, cuento en el que el hombre maduro y perdedor es un jockey y la meretriz que se erige como única ilusión en su fracasada existencia se llama Karen. En “Weininger y yo” encontramos una variante del argumento de esta tríada: un personaje histórico, cuya identidad conocemos al final, explica como el desengaño de un amor de juventud fue el que lo llevó a frecuentar a las prostitutas. Por su parte, el protagonista de “María Ozawa”, un inmigrante latino en Texas, no llega a acostarse con la chica de la que se enamora, ya que es una estrella juvenil con la que fantasea.
            También ejercen el mismo oficio las protagonistas de “Los duros”, en el que se narra desde la perspectiva de varios personajes la visita de Mariana a un recluso, y de “La princesa china”, que cuenta en paralelo las historias de una heredera asiática de la Antigüedad y de una joven peruana que acaba en un burdel. Por su parte, el adulterio es el tema dos de otros dos relatos del libro, aunque desde perspectivas muy diferentes. Mientras que en “El almuerzo” una cita con su amante en un hotel le complica la vida al protagonista, en “La reina” la narradora aprovecha la promiscuidad del rey para conspirar contra él.
            Los dos relatos restantes, en los que las prostitutas tienen una aparición más tangencial, son, sin embargo, los más interesantes, quizás porque abandonan esa idealización romántica de la mujer que vende su cuerpo y entra en terrenos de mayor calado como son las relaciones familiares y el aprendizaje vital. En “Nacimiento” asistimos a los esfuerzos de una niña por mantener a flote a su familia y la ilusión de su hermano por la Navidad entre las violentas peleas de sus padres. Cierra el volumen “Nosotros los que miramos”, relato protagonizado por un grupo de adolescentes en pleno despertar sexual y para los que el nombre de Fermina, citado con voluptuosidad por uno de ellos, se convierte en objeto de deseo colectivo. 

Reseña publicada en El Noroeste:



martes, 21 de julio de 2015

Vicio propio - Thomas Pynchon



Vicio propio, Thomas Pynchon, Tusquets, 2009, 422 págs., 10€.


La figura del escritor norteamericano Thomas Pynchon (Nueva York, 1937) ha adquirido, por diversos motivos, un estatus de autor de culto como pocos otros artistas contemporáneos. La principal razón es la calidad y complejidad de sus novelas, que ha venido publicando desde los años sesenta del pasado siglo. Pero también ha contribuido a este enaltecimiento de su figura el misterio que envuelve a su persona. Apenas existen imágenes de Pynchon y sus declaraciones públicas son escasísimas, en una actitud de renegar del mundillo literario que nos recuerda a su compatriota J.D. Salinger. Pero, al contrario que el autor de El guardián entre el centeno (1951), Pynchon ha seguido publicando libros tan interesantes como este Vicio propio.

Según los especialistas en la narrativa del autor neoyorquino, esta novela, la penúltima de las ocho que ha publicado, es una de las más accesibles de su trayectoria. Esta sencillez es lo primero que sorprende al lector: alertado de la dificultad y la extensión (El arco iris de gravedad (1973) y Contraluz (2006) superan el millar de páginas) se encuentra con una novela de ágil lectura y fácil comprensión. Además, Vicio propio sigue los cánones de la novela de género detectivesco, introduciendo cambios por supuesto, por lo que se trata de una manera perfecta de adentrarse en la literatura pynchoniana. No es extraño que ésta haya sido la primera de sus obras adaptada al cine, en una película de 2014 con título homónimo y protagonizada por Joaquin Phoenix.

La novela narra la investigación que lleva a cabo el detective privado Doc Sportello en torno a la desaparición de un oscuro empresario de la construcción y de su pareja, la sensual Shasta, antigua amante del propio Doc. A partir de este punto inicial la trama se va complicando y retorciendo a la vez que aparece una miríada de personajes secundarios que incluye a policías corruptos, abogados sin escrúpulos, mujeres fatales, gángsters de todo tipo y empresarios con negocios turbios. A lo largo de las más de cuatrocientas páginas del libro seguimos siempre a Doc y somos testigos de su peculiar pero efectiva manera de investigar un caso cada vez más complejo. El protagonista posee algunos atributos propios de los detectives tradicionales (valentía, sagacidad, individualismo y pose de tipo atribulado y duro) pero mezclados con una memoria atroz, un gusto excesivo por las drogas y por los disfraces y una melomanía y cinefilia casi enciclopédicas. Crea Pynchon con todos esos ingredientes un nuevo arquetipo: el detective hippie que une elementos de los clásicos del género con rasgos propios de esta época.

Porque, al igual que Kerouac quiso trasladar la época dorada del jazz a su novela En el camino (1957), Pynchon hace lo mismo con la música y la cosmovisión del hipismo californiano de finales de los años sesenta y principios de los setenta. Y lo hace no sólo introduciendo todo tipo personajes propios de aquella época (músicos, groupies, surferos, yonquis, camellos, chamanes) sino con un estilo vibrante y directo que pretende trasladar a la página escrita el pop y el rock de los sesenta.

Consigue con todos estos ingredientes reformular algunos de los tópicos de la novela detectivesca y crear a un antihéroe entrañable por su mezcla de torpeza e inteligencia con un toque desenfadado como es Doc Sportello. 

Reseña publicada en El Noroeste



lunes, 6 de julio de 2015

Los asesinos lentos - Rafael Balanzá



Los asesinos lentos, Rafael Balanzá, Siruela, 2010, 156 págs., 15€.
          
En una novela de intriga es importantísimo tanto el final como el principio. La tensión que el autor ha ido dosificando durante toda la trama ha de encontrar en las últimas páginas una conclusión satisfactoria. El inicio debe, como en cualquier libro, enganchar al receptor, pero en el caso de libros relacionados con una muerte o un asesinato, como el que nos ocupa, es bueno que el lector se vea imbuido en la intriga desde el comienzo. En Los asesinos lentos, libro con el que Rafael Balanzá ganó el prestigioso premio Café Gijón en 2009, encontramos un buen final, pero, sobre todo, un magnífico comienzo.

En el primer párrafo de la novela ya se nos explica el singular eje sobre el que girará el resto de la obra: Valle, un antiguo amigo del narrador con el que se ha reencontrado años después de que abandonaran el grupo de música que compartían, le anuncia que lo va a matar. Esta brutal noticia contrasta con el contexto en el que se enuncia, una relajada charla en una cafetería entre dos antiguos amigos, por lo que el autor debe vencer tanto la incredulidad del narrador como la del lector, o, al menos, lo inverosímil que resulta la amenaza. Balanzá dedica los siguientes capítulos a que ese anuncio parezca casi lógico y que la muerte del narrador (Juan Cáceres) sea aparentemente inevitable. Acabamos convencidos de que hay un atisbo de justicia en ese asesinato que el perdedor nato que es Valle va a perpetrar y que no hay mejor cabeza de turco para vengarse de su aciago destino que el exitoso Cáceres. Además, el asesino prospectivo añade para justificar su decisión un pequeño pero doloroso episodio que sufrió en su juventud en el que su antiguo compañero le quitó una chica de la que estaba enamorado.

Pero conforme avanza la novela descubrimos junto al narrador que no es oro todo lo que reluce en su vida y que lo que, desde fuera y desde su propia perspectiva previa, parecía una existencia plácida y exitosa esconde una serie de grietas que comienzan a abrirse justo a la vez que recibe la amenaza de Valle. Por un lado, se da cuenta de que su matrimonio, en el que la pasión había desaparecido hacía años, sólo sirve ya para mantener las formas y que el alejamiento de su esposa es cada vez mayor. También descubre que sus hijos son casi unos desconocidos y que, especialmente la mayor, ya no son los niños que él creía que eran. Por último, su negocio, una próspera tienda de mascotas, comienza a sufrir las injerencias del nuevo gerente del centro comercial en el que se encuentra. Esta crisis de la mediana edad, parecida a la que sufre el Lester Burnham de American Beauty 
(1999), sume al protagonista en una melancolía de la que, sorprendentemente, poco tiene que ver la amenaza que pende sobre su vida.
Lo que podría haber sido una inane novela de intriga en la que la duda sobre si se cumple la amenaza inicial fuera el único punto de interés en el resto del libro, se convierte, gracias a las habilidades narrativas de Balanzá, en un ácido retrato de las mentiras que se esconden tras la fachada de felicidad de algunas familias.

Reseña publicada en El Noroeste


lunes, 22 de junio de 2015

Convivir con el genio - Juan Bautista Durán



Convivir con el genio, Juan Bautista Durán, Comba, 2014, 150 págs., 15€.

                Una de las claves más importantes y a menudo olvidadas del éxito de un libro de relatos es la ordenación de los textos. Al igual que ocurre con los poemarios, em las colecciones de narraciones el autor y el editor presentan al lector un itinerario que influirá decisivamente en la recepción. Juan Bautista Durán, autor de este Convivir con el genio, y los editores de Comba distribuyen los cuentos de este volumen en tres secciones con tres tonos muy diferentes. Cada una de ellas está integrada por cuatro, cinco y tres relatos respectivamente y poseen una coherencia interna que nos permite comentarlas por separado.
                El primer bloque del libro es, desde nuestro punto de vista, el que integra los textos menos logrados. Son cuatro historias que comparten la temática amorosa y una estructura un tanto desmadejada, con finales abiertos o, al menos, no conclusivos que provocan en el lector cierta sensación de levedad. Más que narraciones bien ejecutadas, como sí lo son las del resto del libro, estamos ante episodios de temática sentimental sobre las relaciones entre varias parejas. De este cuarteto inicial, que no provoca al lector el deseo de continuar con la lectura del resto, destaca “Au-pair”, protagonizado por un joven argentino que vive un amor de verano en la localidad inglesa donde cuida a las hijas de un matrimonio en cuya casa se aloja. El autor sabe caracterizar bien al narrador, incluyendo el léxico rioplatense que emplea, pero el relato no termina de proporcionarnos una historia enjundiosa.
                Mucho más interesantes son los cinco cuentos que Durán nos ofrece en la segunda sección de Convivir con el genio y que tienen como elemento común a unos protagonistas que podríamos definir como particulares y, en algunos casos, extravagantes. Son relatos con una estructura interna mucho más sólida, con historias elaboradas dentro de la sencillez que implica el género cuento y con finales cerrados y, a veces, sorprendentes. En las páginas de este quinteto encontramos a unos maquinistas jubilados que se reúnen en el metro para rememorar tiempos mejores, en “Nicolás de las doce”; la peculiar vigilancia al casi ermitaño Bonald, en “Acerca de Bonald”; las extrañas relaciones familiares que establecen los protagonistas de “Blasi a tres bandas”; y el recuerdo de un verano de juventud, en “Planchar divisas”.
                Termina el volumen con otros tres cuentos que tienen en común el tema de la identidad y la presencia de personas reales entre sus protagonistas. En el primero de ellos, “Aviario”, aparece la poeta Nora Almada y un personaje, Octavio Larralde, que centrará la atención del resto. El siguiente, “Convivir con el genio”, es el más extenso de todo el volumen y cuenta la singular historia de un argentino que desea que el narrador le apadrine para poder cambiar su nombre. Se da la circunstancia de que se llama igual que el futbolista Ariel Ortega, lo que, según él, ha marcado su devenir. En este cuento se cita a un tal Eduardo Goitia, cuyo nombre reaparecerá en el papel de un amigo del narrador que cruza media España en bicicleta en el último cuento: “Sueños con tesoro”. En él aparece también la historia real del cantante Óscar D’aniello.
                En esta docena de cuentos de irregular calidad encontramos los mimbres de un autor aún joven, tiene treinta años, pero cuya evolución como narrador seguiremos con interés. 

Reseña publicada en El Noroeste


lunes, 8 de junio de 2015

El camino de Ida - Ricardo Piglia



El camino de Ida, Ricardo Piglia, Debolsillo, 2013, 238 págs., 10€.
            Existe en la literatura norteamericana una tradición de libros ambientados en la universidad. En nuestra lengua son muchas menos las obras que integran este subgénero de novelas de campus, aunque existen algunos ejemplos recientes como Un momento de descanso (2011) de Antonio Orejudo o la obra que nos ocupa hoy: El camino de Ida del argentino Ricardo Piglia. Ambos autores poseen experiencia como docentes universitarios, precisamente en Estados Unidos, y han sabido seguir la estela de narradores norteamericanos como Philip Roth, cuya novela La mancha humana (2000) posee algunas semejanzas, más en el ambiente que en la trama, con la de Piglia.
Este contexto universitario es el escenario de la primera parte de la novela, que cuenta la llegada de Emilio Renzi, un escritor argentino sumido en una crisis existencial, a la selecta universidad estadounidense donde impartirá un curso de literatura. Allí, inicia una relación amorosa con Ida Brown, seductora y brillante profesora, que deberán mantener en secreto ante el resto de compañeros y alumnos. Esta primera sección del libro se cierra con un incidente en el que se ve implicada Ida y que se presenta envuelto en el misterio.
A partir de ese momento, la novela vira y dejando atrás las referencias literarias y universitarias, se va acercando a la novela policiaca para seguir la pista de un solitario e intelectual terrorista cuya relación con Ida tratará de descubrir Renzi. De nuevo se sitúa Piglia en esta parte del libro en unas coordenadas que nos pueden recordar a otros autores norteamericanos contemporáneos. En primer lugar, la importancia del ecologismo en una sociedad tan industrializada como la yanqui ya aparecía en la última novela de Jonathan Franzen, Libertad (2010). Por otro lado, ese terrorista salido de la universidad y que en solitario y con una sólida base ideológica pone en jaque a la sociedad, posee semejanzas con el protagonista de Leviatán (1992), de Paul Auster.
Además de estos referentes norteamericanos, Piglia también pone en juego otros recursos que lo acercan a algunos de sus coetáneos hispanos, como el uso de la meta y la autoficción. Renzi escribe en primera persona no sólo sus indagaciones sobre Munk, el terrorista, y sobre Ida, que lo llevan a hacerse pasar por un detective, sino que son también frecuentes las referencias a cómo fue redactando el libro. En cuanto a la autoficción, esa técnica mediante la cual se filtra parte la vida real del autor en la historia que él mismo inventa, la observamos en el ya citado ambiente universitario de parte del libro y que remite a la experiencia de Piglia como profesor en Princeton.
Además de por estas razones de índole más teórica, el libro es atractivo al lector por el tono ágil de su narración y por la estupenda construcción de los personajes. Además de los tres principales, Renzi, Ida y Munk, destacan algunos de los secundarios que poseen un peso menor en la trama pero a los que Piglia convierte en caracteres muy interesantes. Entre ellos estarían la profesora rusa vecina de Renzi, confidente y apoyo esencial para el narrador, el peculiar detective privado y el jefe del departamento, un antiguo soldado obsesionado con la obra de Melville.

            El camino de Ida demuestra la madurez de Piglia como narrador y justifican la importante presencia de sus obras en el canon actual de escritores en español. 
Reseña publicada en El Noroeste. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

Modelos animales - Aixa de la Cruz



Modelos animales, Aixa de la Cruz, Salto de Página, 2015, 140 págs., 15€.
 Comparten la mayoría de los personajes de Aixa de la Cruz la aceptación del dolor o de la violencia que sufren. Ya sea la drogadicción, la bulimia, el miedo o las tendencias homicidas, los protagonistas de los cuentos de Modelos animalesacatan esos instintos que rigen su vida y que se les imponen sin que ellos traten de hacer nada por cambiarlos. Este planteamiento general se vale, además, del uso del narrador en primera persona en seis de los siete cuentos que componen el volumen y que ofrecen una visión parcial y subjetiva de las experiencias terribles que viven los protagonistas de los relatos.
El libro comienza con el texto que le da nombre y que mezcla las extrañas y sádicas relaciones que establece una joven dramaturga española en Canadá con su gato y con la actriz que encabezará el reparto de su obra. Pone en juego Aixa de la Cruz, además de otras implicaciones más personales, la figura del autor como creador de mundos de ficción que acaban desbordándose a la realidad. Otro personaje femenino es el protagonista del siguiente relato: “True milk”, en el que una serie de reflexiones de la narradora sobre la maternidad primeriza y la ausencia de instinto deriva en una historia con tintes fantásticos y, de nuevo, truculenta.
No abandona este tono en “Doble”, donde una chica española vuelve a casa para pasar las Navidades con la familia tras haber vivido los últimos meses en Inglaterra huyendo de los problemas que tenía en su ciudad. Lo más destacado de este relato es su estructura: se trata de dos variantes muy similares de la misma historia que aparecen en columnas paralelas. Lo novedoso del formato dificulta un tanto la lectura de un cuento que, además de por ese tour de forcediscursivo, destaca por plantear la dificultad de huir de nuestro pasado.
Una reflexión sobre el pasado también está en la base de “El cielo de Bilbao”, cuento en el que el narrador, por primera vez un hombre, recuerda las bromas pesadas que él y su grupo de amigos gastaban cuando eran adolescentes. La aceptación de la violencia de ETA y la propia pulsión a causar daño a los demás se explican por la necesidad de sentirse aceptado por los demás. Ese mismo sentimiento es el que provoca que el narrador de “Romperse”, otro de los cuentos, acabara siendo bulímico y sufriendo terribles vómitos de sangre que le hacen sentir cercana la muerte y caer al final del relato en un estado de ensoñación.
Los otros dos textos del volumen son bastante diferentes; “Famous blue raincoat” es, además del más breve, el único de todo el libro con un narrador en tercera persona. Destaca por ese escenario que remite irremediablemente a la serie Breaking Bad (una caravana en mitad del desierto de Estados Unidos) y por el final abierto. Por su parte, “Abu Ghraib” se presenta como una carta en la que una presa, con ciertas coincidencias biográficas con la autora, relata a una periodista el crimen que cometió. Retoma Aixa de la Cruz en este último cuento algunos de los temas que aparecen a lo largo del libro, como la adolescencia, la enajenación o el asesinato. Este relato acaba por redondear un volumen cuya lectura se nos hace corta y que destaca por su coherencia interna.

Reseña publicada en El Noroeste.


sábado, 16 de mayo de 2015

Cincuenta microrrelatos de la Generación del 50 - Óscar Gallegos




Cincuenta microrrelatos de la Generación del 50, Óscar Gallegos, Trashumantes, 2014. 

Existe un corpus muy amplio de microrrelatos del siglo XX que aún no se han editado como textos pertenecientes a este género. Si bien podemos leer a los grandes nombres de la época de formación de la minificción (Cortázar, Borges, Arreola, Monterroso) en antologías de distinto tipo, otros autores menos conocidos pero muy interesantes ven como sus minicuentos aparecen desperdigados en varios volúmenes. 

Por eso se agradecen antologías como esta que acaba de publicar el especialista en microrrelato Óscar Gallegos y que recopila medio centenar de textos de autores peruanos de la Generación del 50. Apuesta el compilador por presentar el mayor número posible de escritores; un total de dieciocho autores, a los que conocemos también mejor gracias a la biografía que de cada uno aparece al final del libro. 

El amplio número de narradores provoca que la calidad de los relatos sea muy distinta, haciendo que nos preguntemos si el volumen no mejoraría incluyendo más minicuentos de menos escritores. Sin embargo, esa amplitud permite encontrar autores tan singulares como Raquel Jodorowsky, de la que leemos tres fábulas, género al que podemos adscribir varios de los textos del libro; o Antonio Gálvez Ronceros, que reproduce el habla popular, algo poco habitual en el género. 

Entre las narraciones más destacadas están "El héroe" de Luis Loayza, una historia en primera persona con referencias a la mitología; "Yo" de Felipe Buendía; que desarrolla con originalidad el tema del doble; "La historia del búho y sus lentes" de Manuel Velásquez, otra de las fábulas a las que hacíamos referencia; "El amor de una gallina" de Luis León Herrer, que mezcla surrealismo y humor; "Una madre" de Carlos Meneses, también surrealista pero mucho más amarga; y "El regresivo" de Óscar Acosta, que recuerda la historia de Benjamin Button. 

En definitiva, Gallegos nos ofrece una muestra amplia, y por lo tanto desigual, de los microrrelatos escritos por esta generación de autores peruanos. 

lunes, 11 de mayo de 2015

Sin ti no hay nosotros - Suki Kim



Sin ti no hay nosotros, Suki Kim, Blackie Books, 2015, 324 págs., 21€.

Corea del Norte provoca un interés desmedido en muchos occidentales. Sentimientos como la curiosidad, el morbo o la indignación se mezclan en las pocas crónicas periodísticas que nos llegan de lo que ocurre dentro del país más hermético del mundo. Los pocos occidentales que pueden acceder a este estado asiático lo hacen siguiendo un itinerario controlado al milímetro por un régimen obsesionado por dosificar la imagen que se proyecta de Corea del Norte. Por eso resulta tan interesante poder acceder a la experiencia de alguien que ha permanecido varios meses tras las fronteras del país como Suki Kim.
Esta periodista y escritora, nacida en Corea del Sur pero afincada en Estados Unidos desde su adolescencia, logra un trabajo en la universidad que pone en marcha una institución cristiana a las afueras de Pyonyang con la aquiescencia del régimen. Éste, envía a allí a algunos de sus mejores alumnos con el fin de que mejoren su dominio del inglés y Suki acaba siendo una de las profesoras que enseña a los jóvenes la lengua de su archienemigo. Los meses que pasa infiltrada en la universidad, sus jefes tampoco saben que es una escritora que prepara un libro sobre Corea del Norte, son los que se recogen en Sin ti no hay nosotros.
Tenemos un testimonio de primera mano y que difícilmente se podrá repetir de cómo son y estudian los jóvenes norcoreanos. La autora describe la disciplina casi militar de sus alumnos (todos chicos), que, a pesar de ser veinteañeros, tienen un sentido de la responsabilidad difícil de ver en chicos de otros países. Su obsesión por ser los mejores y por servir a su país, al que defienden a ultranza, nos muestra a unos jóvenes alienados  e incapaces de permitirse cualquier tipo de individualismo, una herejía en el país. Sin embargo, la cordial relación con la profesora Kim, una americana al fin y al cabo, abrirá pequeñas grietas en su monolítica mentalidad y las clases de inglés les provocarán, por primera vez, ciertas dudas sobre la excelencia de Corea del Norte.
Junto con la posibilidad de conocer a los estudiantes norcoreanos de cerca, el otro punto de interés del libro es la autora. Su propia biografía es un ejemplo de los vaivenes que ha sufrido el pueblo coreano en el último siglo: su familia, antes de emigrar a Estados Unidos, sufrió la guerra e incluso uno de sus tíos desapareció en el norte. Kim describe de manera precisa la asfixiante experiencia norcoreana; por un lado, debe estar siempre pendiente de lo que dice en las clases o en cualquier conversación ya que es espiada las veinticuatro horas del día; por otro, debe ocultar su condición de escritora con sus jefes y compañeros y hacerse pasar por una fervorosa cristiana. Además, la imposibilidad de salir sin permiso del recinto universitario, donde vive y trabaja, termina por aumentar la sensación de claustrofobia que acaba afectándola psicológicamente.
Aunque se eche en falta cierta crítica a la política de Estados Unidos, su cultura aparece un tanto idealizada en contraposición a la norcoreana,  Suki Kim sabe crear una narración vibrante sobre los meses que pasa en el país, en el que conoce de primera mano y gracias a sus alumnos la verdadera cara del régimen, y que terminan, precisamente, el día de la muerte de Kim Jong-il.